INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

31 de diciembre de 2016

LOCURAS CÓSMICAS DE FIN DE AÑO

En cuestiones internacionales, 2016 fue bastante horrendo. Ataques terroristas, desastres naturales, enfermedades horrendas transmitidas por mosquitos, la victoria electoral de Donald Trump, la muerte de la princesa Leia Carrie Fisher... ¡blegh! Apenas si salvaron un poco la cosa los Juegos Olímpicos. (Simone Biles, qué maravilla. Como si por dentro estuviera llena de resortes bien aceitados.)

En cuanto a mi propia vida, fue un año "meh" que se degradó poco a poco hacia un contundente "puaf". No me pasó nada espantoso, pero tampoco me pasó nada increíblemente bueno... y mis ventas de libros cayeron al subsuelo (al parecer debido a una falla en Amazon que sepultó a unos cuantos autores además de mí; todos estamos viendo qué hacer para sobreponernos).

No voy a decir que llegué a diciembre deprimida, pero sí desanimada y con muy mala leche.

Fue por eso que decidí hacer algo drástico al respecto.

¿Recuerdan cómo empecé el año 2011? OK, por si no lo recuerdan y no tienen ganas de cliquear en el enlace, la cosa fue así: me encontré con el Año Viejo y después con el Año Nuevo. Como existía una ligera posibilidad de que eso volviera a ocurrir (dado que este blog contiene mucha ficción), les pedí a mi dragón y mi unicornio que me ayudaran a construir una recia jaula mágica. Creamos la jaula, esperamos a que se acercara la medianoche... y nos fuimos a preparar la emboscada.

Entonces apareció el Año Viejo, tosiendo como si padeciera una insuficiencia cardíaca terminal. Estaba a punto de ser sustituido por el Año Nuevo, pero justo antes de que eso pasara, ¡mi dragón le dio un codazo al Año Viejo para apartarlo del camino y yo atrapé al Año Nuevo en la jaula!

¡Ja! De pronto todos los relojes se detuvieron, así como el mundo entero en un radio de diez metros en torno a Donald, Cuernito, el Año Viejo, el Año Nuevo y yo. Fue más o menos como en el episodio final de Futurama, salvo por el hecho de que el Año Nuevo se puso a berrear como el crío recién nacido que era (bueno, en realidad ya tenía algunas horas de vida, por eso de los husos horarios).

Me agaché frente a la jaula y le dije al Año Nuevo:

—Lo siento, nene. No te voy a dejar salir hasta que ocurra algo bueno que compense toda la porquería del 2016. —Me dirigí entonces al Año Viejo—: Y tú, no te quedes ahí parado como un viejo decrépito. Sigue moviendo el año hasta que pase algo maravilloso.

El Año Viejo me dirigió una mirada de sorpresa, porque obviamente no esperaba que alguien viniera a prolongar su corta existencia. Movió sus brazos, amaneció... y seguíamos en 2016.

Fue muy raro, la verdad. La humanidad entera estaba confundida, y ni que hablar de los relojes. Ocurrió todo lo que se temía que ocurriera al llegar el año 2000; ya saben, eso del caos tecnológico global.

Pasaron varias semanas de esta manera. El Año Nuevo seguía berreando en su jaula, el Año Viejo se estaba poniendo cada vez más decrépito, la gente no dejaba de preguntarse qué demonios pasaba con los relojes, y yo aún no tenía mi acontecimiento compensatorio fabulosamente sensacional.

Entonces el Año Viejo (quien, dicho sea a su favor, se estaba esforzando lo más posible) comenzó a pudrirse como los zombis de The Walking Dead. En serio. La piel se le puso verde, las moscas vinieron a zumbarle alrededor, y no tardó en rezumar un líquido asquerosillo y de olor... interesante.

Después de eso, y ahora imitando a la película 2012, el mundo entero se hizo pedazos.

De pronto todos estábamos flotando en una especie de vacío cósmico. O sea, Donald, Cuernito, el Año Viejo, el Año Nuevo y yo. No había nada más en el universo. Pensé que iba a morir por una descompresión súbita, como ocurre cuando a uno lo lanzan al espacio exterior, pero entonces escuché un carraspeo y una voz imponente que me dijo:

—Bien hecho, jovencita. Acabas de destruir la continuidad del espacio-tiempo.

Junto a mí estaba flotando un venerable anciano con una túnica y una capa doradas.


—¿Tú quién eres? —le pregunté—. ¿Y cómo sabes que he destruido esa cosa del espacio-tiempo? Suena interesante, sin embargo. ¿Qué leyes de la física regirán ahora? Estoy hablando, así que ha de haber aire a mi alrededor, o quizás sea una especie de burbuj...

—¡Silencio! Soy Chronos.

—¿Cronos? ¿El titán que tenía la mala costumbre de comerse a sus hijos?

—¡No, no Cronos, CHRONOS! ¡La personificación del tiempo mismo! ¡Odio que me confundan con ese chiflado comehijos!

—Bueno, bueno, perdón. Chronos con H. Vaaaaaaaaale. ¿Y por qué vas vestido de dorado? ¿Vienes de alguna fiesta carnavalesca?

—Me visto así para recordar a la gente que el tiempo es oro. ¿Y por qué te has peinado tú como el ratón Mickey?

—No son las orejas de Mickey, son las caracolas de la princesa Leia. Es un homenaje.

—A mí me pareces el ratón Mickey.

—Que no, ¿acaso nunca has visto...? —Ahí me di cuenta de que Chronos solamente quería hacerme rabiar, así que cambié de tema—. Uh, ¿en serio me llamaste jovencita? ¡Gracias!

Chronos puso cara de antipático.

—No te halagues sola, llamo así a cualquiera que tenga menos de mil años de edad.

—Oh.

Mientras tanto, el Año Viejo continuaba pudriéndose. Al menos ya no le sentía tanto el olor, debido a la falta de corrientes de aire en medio del vacío cósmico. Donald y Cuernito trataban de acercarse a mí, pero sus aleteos y pataleos sólo los hacían girar sobre su eje, onda Sandra Bullock en Gravedad. El Año Nuevo no dejaba de mirarme con una expresión hostil de "esto es tu culpa, cabeza hueca".

—En fin, ¿qué va a pasar ahora? —dije—. ¿Vamos a seguir flotando aquí por toda la eternidad? ¿Ya no habrá más temporadas de Juego de tronos?

—Si no arreglo las cosas, pues no. ¿Qué te llevó a causar semejante desbarajuste?

—¿El ferviente deseo de que un año de mierda terminara con alguna buena noticia súper espectacular? ¿Era eso tan reprobable?

Chronos pareció demostrar al fin un poco de compasión.

—No, no era reprobable, pero sí imposible. No puedes parar el tiempo para arreglar eso, muchacha. Tampoco puedes retrocederlo haciendo girar el planeta, por cierto.

—Eso último ya lo sé. —Y jamás entenderé cómo los guionistas de esa película de Superman pudieron escribir semejante burrada. Ya me había parecido idiota cuando vi la escena siendo una niña—. ¿Puedes arreglarlo?

—Bueno, como yo sí puedo retroceder el tiempo, nos llevaré al instante mismo en que capturaste al Año Nuevo, para que lo dejes ir.

—¿Como si fuera un punto de restauración de Windows?

Chronos sonrió.

—Oh, cuánta gente ha deseado poder retrodecer el tiempo después de una mala actualización de Windows. Pero yo no me ocupo de esas cosas, claro.

Chronos chasqueó los dedos y sucedió lo que había dicho: el espacio-tiempo se reparó, retrocedimos en el tiempo, y de pronto acababa yo de atrapar al Año Nuevo. Suspiré y abrí la jaula. El Año Nuevo siguió su camino hacia los demás husos horarios (tras lanzarme una última mirada de furibundo reproche).

Volví a suspirar.

—Ya que estás aquí, ¿puedo al menos pedirte un par de pequeños favores? —le pregunté a Chronos.

—Dime.

—¿Puedes sacarme algunos años de encima?

—No.

—Oh. Entonces... ¿podrías congelar un poquito el tiempo cada vez que en el futuro me siente a escribir o a saborear chocolate?

—Bueno... veré.

—De acuerdo. Gracias. Eh... ¿crees que al Año Viejo le gustaría un funeral vikingo? Mi dragón podría encargarse de eso. Claro que... el Año Viejo más bien se parece a Gandalf o a Dumbledore. Quizás deba limitarme a los fuegos artificiales comunes y corrientes, que son bastante mágicos a pesar del ruido infernal.

—Eso ya no me concierne. Cada quien despide al Año Viejo a su manera.

—'Tá bien.

Chronos debió de notar mi falta de ánimo, porque entonces dijo:

—Todavía queda un rato para que termine de cambiar el año en todo el mundo. Podría acompañarte hasta, no sé, las dos o tres de la madrugada, y contarte cómo ocurrieron los acontecimientos más truculentos de la historia. Sé mucho de eso, por razones obvias.

—Sí, eso estaría bien. Gracias.

—Pero será mejor que me cambie, para no llamar la atención.

Chronos volvió a chasquear los dedos... y se convirtió en un hombre bastante apuesto de unos cuarenta años, vestido con camiseta y vaqueros. De pronto mi noche acababa de volverse, si no más interesante (destruir el universo no es poca cosa), al menos más atractiva.

—¿Qué parte de la historia quieres que te cuente primero? —dijo Chronos.

—Podrías empezar por los aztecas y sus sacrificios sangrientos —dije yo—. ¿Mientras tomamos un helado?

—De acuerdo.

Empezamos a caminar, seguidos por Donald y Cuernito.

—Por cierto: a mí también me dio pena lo de la princesa Leia. Me hacía recordar a las amazonas —dijo Chronos, y nos perdimos en la noche mientras el año seguía cambiando alrededor del mundo.

G. E.

¿Buscas más entretenimiento? Haz clic AQUÍ para echar un vistazo a mis libros. ¡Cada compra me permite seguir escribiendo! ¡Gracias!

No hay comentarios:

Publicar un comentario



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D