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23 de febrero de 2016

JUGUETES SEXISTAS

Últimamente me enfado bastante cuando veo los catálogos de Navidad y el Día del Niño. "¿Y eso por qué?", se preguntarán. Ocurre lo siguiente: salvo los juguetes para bebés, que son unisex, ¡casi todos los demás parecen estar específicamente diseñados para un solo sexo!

No me parece mal que a una niña le regalen muñecas y que a un niño le regalen figuras de acción. El problema, en mi opinión, es cuando la separación se vuelve tan grande que el intercambio está mal visto. Llegamos al colmo del asunto con los productos relacionados a Star Wars VII: ¡casi ninguno representaba a la protagonista femenina de dicha película! ¿En serio? ¿Acaso a las niñas no les pueden gustar las películas con robots y naves espaciales? ¿Y a los niños no les pueden gustar las figuras de acción femeninas? ¿Por qué?

Siendo niña, mi lista de intereses era muy variada: veía las series animadas de Mi pequeño poni, Candy y Los ositos cariñosos, pero también Astroboy y Kimba, el león blanco. Y las películas de Star Wars. Y La dimensión desconocida. Tenía muñecas, ponis de plástico y una linda casita de juguete... más una pista de trenes, otra de autitos eléctricos y una caja de bloques para armar castillos. Por no hablar de mi bicicleta, mis patines de ruedas y los lápices de dibujo. Ah, y pasé más horas diseñando y cosiendo vestidos para mis muñecas que jugando con ellas.

En fin, la cuestión es que mi madre nunca consideró que tuviera que comprarme exclusivamente juguetes "para niñas". Además, cuando mi padre me llevaba a la casa de mi amigo Jorgito, jugábamos toda la tarde con sus autitos, paseándolos por las pistas de una bonita estación de servicio. O sea, allí estábamos los dos: una niña y un niño jugando juntos con autitos como si fuera lo más normal del mundo. ¡¡Porque lo era!!

Me da que, hoy en día, las decisiones en materia de juguetes las toman expertos en mercadotecnia, sin tomar en cuenta los gustos de los niños ni las opiniones de los padres. Encima, perpetúan estereotipos que ya deberían estar obsoletos.

Hubo una protesta generalizada cuando Disney le cambió la imagen a Mérida, la aguerrida princesa de Pixar, para volverla más "femenina" y que encajara en la franquicia de las princesas. Y puestos en ello, la princesa Vanellope ni siquiera está en la franquicia. Y aquí hablo de una princesa que: a) ¡¡¡conduce autos de carreras!!!, b) cambia su ridículo vestidito de volados por ropas prácticas y c) decide que, en lugar de princesa, ¡¡quiere ser presidente!! Vanellope y Mérida representan mucho mejor a las mujeres actuales que un montón de princesas cuyo mayor logro, en buena parte de los casos, es conquistar el corazón de un príncipe. Aurora sólo aparece 18 minutos en La bella durmiente, y no hace nada por sí misma salvo cantar y bailar un rato y luego caer dormida y dejarse besar por el príncipe. Y ya que estamos, el príncipe recibe un montón de ayuda de las hadas, de modo que, al final, ellas son mejores modelos feministas que Aurora: crían a una bebé en medio del bosque sin usar su magia, descubren la clave para anular una maldición y le dan las armas al príncipe para que derrote a Maléfica y salve al reino de un sueño eterno. Sin embargo, ¿han visto muñecas de Flora, Fauna y Primavera? ¡No! Será porque son señoras de mediana edad, dos de ellas regordetas, y por lo tanto no sirven para vender vestiditos, zapatitos y maquillaje (casi todo en rosa, claro, porque no se concibe que a una niña puedan gustarle otros colores). Que estas tres hadas hagan magia como Gandalf y salven reinos no tiene ninguna importancia, al parecer.

A los varones les ponen mejores modelos a seguir, la verdad; por ejemplo, Ben 10, Spider-Man y los Vengadores (por supuesto, las figuras de acción no incluyen a Black Widow, a pesar de que ella es tan fabulosa como sus compañeros o incluso más, dado que es una experta en interrogatorios y espionaje y reparte patadas sin tener superpoderes). Sin embargo, el espectro de actividades se reduce mayormente al combate y el manejo de vehículos.

Ah, y ahora también los conjuntos de bloques de Lego están separados por género, y diseñados de tal manera que ni siquiera fomentan la creatividad, sino que ponen a los niños a armar cosas predeterminadas siguiendo un manual de instrucciones. Puaf. Con lo que a mí me gustaba armar lo que me diera la gana con los bloques genéricos que se vendían cuando yo era chica. Hoy no los veo por ninguna parte.

Al final, ¿cuál es el punto de toda esta separación en materia de juguetes? ¿La misma de siempre: criar a las niñas para ser amas de casa y mamás, y a los niños para hacer actividades "de hombres"? Pero aquí está la cuestión, queridos fabricantes de juguetes y padres compradores: ¡¡ya no existen actividades "de mujeres" y "de hombres"!! Hoy en día hay mujeres ingenieras, escritoras de novelas policiales, presidentes, boxeadoras, futbolistas, camioneras y soldados. Y en cuanto a los hombres, hay bailarines de ballet, enfermeros, maestros de niños pequeños, escritores de novelas románticas, cocineros y diseñadores de moda.

A ver, ¿será que en nuestra sociedad sigue existiendo un miedo inconsciente e irracional a que las mujeres no quieran ser madres y a que los varones se vuelvan homosexuales por jugar con juguetes "para niñas"? Pues entérense de una vez, fabricantes de juguetes y padres compradores: ¡a muchas mujeres nunca les va a interesar ser madres, o podrán combinar perfectamente el boxeo con la maternidad (salvo durante el embarazo, obviamente), y a muchos hombres heterosexuales les gustarán las actividades arriba mencionadas! (Y la verdad, los bailarines de ballet me hacen babear. Súper sexis. Benditos sean por seguir su vocación.)

Y esto para los padres: si el niño o niña les salieron homosexuales, ¿qué importancia tiene? Darles juguetes de acuerdo al género o prohibirles que toquen determinados juguetes NO va a cambiar su orientación sexual. Lo mejor es dejar que sus hijos sean ellos mismos lo antes posible, porque eso los hará más FELICES. Y la felicidad de un hijo es más importante que la vergüenza que un progenitor homofóbico pueda sentir porque su hijo no sea tan "machito" o su hija no sea tan "mujercita". En serio, supérenlo. Rudolf Núreyev y Freddie Mercury eran homosexuales e hicieron historia. También es homosexual Neil Patrick Harris, a quien todos amamos porque es fenomenal. Ellen DeGeneres es lesbiana y ha donado millones de dólares a la caridad.

Una última cosa: la humanidad tiene que evolucionar hacia el trabajo en equipo para resolver problemas. Hoy en día hay grupos mixtos en todas las ramas de la investigación, y eso es grandioso. ¿Por qué no acostumbrarlos a jugar juntos ya desde chiquitos, con juguetes que los unan en lugar de separarlos? ¿Microscopios o telescopios, por ejemplo?

Esto es lo que yo pido: juguetes que permitan descubrir a los ñiños cuáles son sus gustos en lugar de imponérselos, y que faciliten la mezcla entre niñas y varones a la hora de jugar. Y de paso, también hacen falta más juguetes que fomenten la creatividad y el ejercicio, considerando que a) el sistema educativo no les está enseñando lo primero y b) tenemos un creciente problema de obesidad infantil en los países desarrollados, por tanto sedentarismo.

(Dinosaurios. Juguetes súper unisex que además podrían despertar el interés de estos dos críos por la paleontología.)

Y benditos sean los varoncitos que quieran jugar a cuidar bebés con las niñas, porque el día que sean padres de verdad, ¡sus esposas agradecerán que no chillen a la hora de cambiar pañales!

G. E.

PD: Como este artículo contiene las palabras "juguetes" y "sexo", espero que no atraiga a gente en busca de... otra cosa. Digo, es que menuda desilusión se llevarán :-D (a menos que por casualidad tengan hijos y también les interese el tema del que hablé).

19 de febrero de 2016

CARNAVAL DE RIO DE JANEIRO

Adoro adoro adoro el carnaval brasileño. Es una profusión maravillosa de música, alegría, carros alegóricos y plumas de todos colores. Por desgracia, a diferencia del año pasado, esta vez no pasaron el desfile por la tele en mi país, privándome así del espectáculo. (Y antes de que lo pregunten, sí, en mi país también se celebra el carnaval... pero simplemente no es lo mismo.)

En fin, por suerte tengo un dragón que puede llevarme a todos lados, de modo que subí a él con mi adorable unicornio Cuernito y nos fuimos juntos directo al Sambódromo.

Primer inconveniente: habíamos llegado demasiado tarde para comprar fantasías (o sea, los trajes con los que uno desfila para tal o cual scola do samba). Sin embargo, alguien se ofreció amablemente a vendernos cuantas plumas quisiéramos, y como llevábamos encima varias piedras preciosas descartadas por nuestros pequeños amigos mineros, de pronto tuvimos suficientes plumas para tapar incluso a mi Donaldito, que es bastante grande.

Fue divertido ponerle plumas a Cuernito, debido a sus poderes camaleónicos. Mi unicornio no dejaba de mimetizarse con dichas plumas, pero como éstas eran de colores variados, Cuernito pasó las tres noches del desfile probando diferentes combinaciones en su propio pelaje.

Mi Donaldito chamuscó algunas plumas por accidente (y la verdad, qué feo huelen las plumas chamuscadas), pero como dije arriba, teníamos suficientes. No fue un gran problema.

Ahora sí, segundo inconveniente: teníamos TANTAS plumas que exageré un poco con mi propio traje. O sea, apenas podía ver por dónde iba (más o menos como cuando el viento me arroja el cabello por delante de la cara). Choqué contra varios carros y paredes antes de arreglar el problema con una ligera poda.

Finalmente nos colamos al desfile, y bailamos de un extremo a otro del Sambódromo sacudiendo plumas, trasero, cola, alas, crines y etc. (OK, el "etcétera" no incluye el busto, porque ninguno de los tres tiene un busto sacudible). Mi Donaldito se posó en un carro alegórico y fingió ser parte de él. No engañó a nadie, claro, pero quedaba tan genial que tampoco lo sacaron de ahí :-D


Mientras tanto, yo aproveché para coquetearle a un brasileño negro, guapísimo y musculoso. Qué hombre tan lindo, parecía una pantera. Estaba a punto de decirle algo, aprovechando mis moderados conocimientos de portugués... pero entonces surgió el tercer inconveniente.

Las plumas. El vendedor nunca nos dijo de dónde las había sacado, y apenas terminamos de desfilar, una horda entera de ñandúes pelados y furiosos se abalanzaron sobre Donald, Cuernito y una servidora. Donald rostizó a la mitad, Cuernito se sacudió las plumas y se mimetizó con una pared, y yo... yo salí corriendo como alma que lleva el Diablo, todavía con mis plumas a cuestas.

Pernas pra que te queroooo! Ajudem-meeee!

Menos mal que me había dejado las zapatillas de deporte en lugar de ponerme tacones. No evitó que me alcanzaran los ñandúes, claro, pero estaban mucho más cansados cuando al fin me alcanzaron, de modo que no me llevé tantos picotazos :-P

De todos modos, fue divertido. ¡Volveremos el año que vieneeeee!

G. E.

14 de febrero de 2016

UNA BATALLA GRIEGAMENTE ÉPICA

Otro Día de San Valentín, otro intento para asesinar al mega-cursi-ñoño-ridículo de Cupido con sus asquerosos pañales y sus flechitas inductoras de romance acaramelado. (En serio, díganme si no da asco la imagen.)

¿Recuerdan la película Kill Bill? Uf, ¿qué estoy diciendo?; seguro que la recuerdan, es una peli fenomenal :-D En fin, que en lugar de ponerme en onda Kill Bill me puse en onda Kill Cupid, con una linda katana pero cambiando el traje amarillo de Uma Thurman (o más bien de Bruce Lee) por un atuendo más discreto de ninja. Vamos, es que con una combinación de amarillo y negro te ven llegar a medio kilómetro, y encima la gente en mi país comenzaría a preguntarme si soy de Peñarol (no, no soy de peñarol porque detesto el fútbol y a los futbohólicos).

Estuve muy, muy cerca de lograr mi objetivo esta vez. O como mínimo, de averiguar si los dioses griegos inmortales son susceptibles a las decapitaciones como Christopher Lambert en Highlander.

Casi estuve a punto de averiguarlo. Y me refiero a un "casi" tan "CASI" que varios cabellos de su rubia cabecita flotaron en todas direcciones como pelusilla de dientes de león. Así de afilada estaba mi katana. Por desgracia, el muy maldito de Cupido es rápido como un picaflor, y se apartó de mí a toda velocidad dirigiéndome, de paso, una mirada furibunda. Aquello no podía significar nada bueno...

Me había olvidado de que estaba lidiando con un dios griego, y de que los dioses griegos son muchos y suelen comunicarse entre sí. Cupido se ausentó un momento y regresó con Hades, el dios del inframundo. Hades chasqueó los dedos... y así de la nada apareció un guerrero espartano, quien al parecer se había quedado con más ganas de pelea tras la gloriosa batalla de las Termópilas. Cupido le susurró algo al oído y después me señaló. El espartano frunció el ceño y desenvainó su espada.

Ay, ay, ay. ¡Patitas, para qué las quiero!

¡¡ESTO ES ESPARTAAAAAAAAAAAA!!

Fue una larga carrera por las calles y las plazas de mi ciudad. Mientras tanto, el espartano fue cercenando varios árboles y postes del alumbrado público con su fuerte espada. No tardaría en darme alcance...

—Eh, un momento —dije, frenando de golpe—. ¡Pero si tengo un dragón! ¡Eh, Donaldito, quítame a este plomazo musculoso de encima, por favor!

Entonces mi Donaldito, quien siempre está pendiente en caso de que su mamá adoptiva se meta en problemas, acudió en mi ayuda y le arrojó unas cuantas llamaradas al furibundo espartano, quien dio media vuelta y corrió a refugiarse con Hades.

La cosa no terminó ahí. Como ese duelo entre Merlín y madam Mim en la película de Disney, Cupido contraatacó largándole a mi Donaldito un rival digno de su fuerza y tamaño: ¡una hidra!

La hidra y mi dragón se enzarzaron en una lucha épica digna de una peli de Godzilla. Destruyeron unas cuantas fachadas en el centro de Montevideo, pero bueno, esa parte de la ciudad ya se encontraba en un estado calamitoso, de modo que nadie notará la diferencia :-P El monstruo lanzó dentelladas, mi dragón largó zarpazos, rodaron unas cuantas cabezas de hidra. Pero ya sabemos cómo son las hidras, así que al rato teníamos un enemigo con veinte o treinta cabezas más que al principio.

—¿Qué haces, Donaldito? —exclamé—. ¡Ya viste la película de Hércules en el canal Disney, sabes que así no se puede matar a una hidra!

No obstante, yo había subestimado a mi dragón. Sí, él sabía perfectamente cómo matar a una hidra, y hasta el momento sólo había estado jugando un poco con ella. De pronto le lanzó una llamarada al corazón, y la hidra cayó muerta en medio de una nube de humo con olor a carne chamuscada. Donald y yo nos miramos.

—Oye, ¡huele delicioso! —dije, y algunos observadores opinaron lo mismo—. ¡¡PARILLADAAAAA!! —exclamé entonces, y llamamos a los cocineros de varios restaurantes para que nos ayudaran a rebanar y asar el voluminoso cuerpo de la hidra. Mi Donaldito, de paso, comenzó a vender las cabezas cortadas como trofeos. (Es un dragón con buen olfato para los negocios.)

Lástima que Cupido aprovechó para escapar mientras ocurría todo esto. En fin, otra vez será. Asamos a la hidra, la acompañamos con verduras, patatas, chorizos y vino, e hicimos algo así como una fiesta tradicional uruguaya para contrarrestar la cursilería romántica del Día de San Valentín.

Ah, por cierto: la carne de hidra no sabe a pollo sino a puerco, para variar :-D Reservamos algunas porciones para ver si nos sale algo parecido al jamón serrano, porque el que se vende en los supermercados de Uruguay viene de España y sale carísimo. También limpiaré un cráneo de hidra para decorar la mesa de mi sala de estar.

Pero esto no termina aquí, Cupido. ¡No escaparás de mi furia homicida contra el romanticismo ñoño! ¡Hasta el año que viene!

G. E.

5 de febrero de 2016

LA TERCERA ES LA VENCIDA... PARA MANDAR AL CUERNO

Para evitar alarmas, aclaro desde el principio: no estoy hablando de este blog. Las aventuras con mi dragón Donald y mi unicornio Cuernito se prolongarán por tiempo indefinido. O sea, es posible que siga hablando de ellos hasta mis 98 años, si llevo en mi interior los genes de longevidad de mis abuelos y no me fallan las articulaciones de las manos ni la vista. (Lo que sí espero es que siga habiendo gente interesada en mis aventuras fantásticas. Pero bueno, eso no depende de mí, así que no voy a preocuparme por ahora.)

Tampoco voy a mandar al cuerno la escritura de libros, porque si me dieran a elegir entre seguir escribiendo libros o perder una pierna, es muy probable que eligiera perder una pierna (total, hay buenas prótesis hoy en día, y podría fingir que soy una cyborg como Terminator).

Lo que sí voy a mandar al cuerno es todo el proceso de buscar editoriales y agentes literarios.

No me voy a poner a despotricar en contra de las editoriales. Son negocios que dependen de las ganancias, y yo respeto eso. Simplemente voy a explicar por qué ya no me interesa trabajar con ellas. Lo resumiré en una sola palabra: OBSTÁCULO. Y no en el sentido de un listón que hay que saltar después de mucho entrenamiento. Ése sería un obstáculo de excelencia. En mi caso, más bien lo veo como... un hipopótamo muy gordo desparramado en medio de un puente. Tengo que cruzar un puente, el hipopótamo me lo impide... y la única manera de pasar es que el hipopótamo decida moverse.


Francamente, no me apetece que mi contacto con los lectores dependa de un hipopótamo caprichoso. Sobre todo porque ya tengo unos cuantos muy fieles a los que no me gusta hacer esperar.

¿Por qué puse en el título que "la tercera es la vencida"? Pues porque es la tercera vez que una editorial me cancela una obra por razones ajenas a la calidad de la misma. Primer caso: un relato en una serie de librillos escritos por varios autores; lo cancelaron antes de su publicación porque los primeros números de la serie no vendieron bien. Segundo caso: una novela de 50.000 palabras que me cancelaron, en teoría, porque se trataba de una pequeña editorial extranjera y yo no estaba disponible en carne y hueso para hacer la promoción (esa editorial quebró un tiempo después). Tercer caso: una novela de 80.000 palabras que cancelaron junto con las de otros autores por una decisión ejecutiva (luego de una espera de TRES AÑOS desde que les envié el manuscrito).

Podría añadir un cuarto caso, ligeramente distinto: un relato publicado por otra editorial a la que tuve que mandar numerosos mensajes para que al fin me pagaran, varios meses después de la fecha que marcaba el contrato.

Voy a ponerme en la onda de L'Oréal: porque mi obra lo vale... y mis lectores también. (Añadiría que yo también lo valgo, pero en realidad no me considero importante en la ecuación, más allá del hecho de que necesito que me paguen para poder alimentar mi cerebro.)

¿Qué significa todo esto? Primero: que sin las editoriales he llegado a mucha más gente que sin ellas. ¡Gracias, Amazon! Segundo: que seguirán sin ver mis libros en las librerías. Pero esto es relativo, porque hoy en día, si no eres muy famoso, los libreros pondrán tus libros en estantes poco visibles, de modo que no se venderán y a las pocas semanas serán devueltos a las editoriales para su destrucción (sí, esto es lo que pasa con los libros nuevos que no se venden; muy antiecológico, por cierto). Y tercero: que si me siguen apoyando como hasta ahora (o sea, comprando mis libros electrónicos y recomendándolos a otros), yo seguiré escribiendo para ustedes. Escribiré mucho, escucharé peticiones y trataré de darles las mejores historias posibles, a precios muy accesibles.

En cuanto a mi novela más recientemente cancelada: ahora que ya no está en espera de ser evaluada o publicada por una editorial, voy a publicarla muy pronto. Le haré una nueva revisión, más una linda portada, más unos lindos dibujitos interiores, y saldrá a la venta por Amazon o algún sitio de crowdfunding (el dinero no sería para mí, por cierto; ando con ganas de juntar fondos para algún refugio de animales). Si quieren saber de qué va, bien, es sobre una criatura de los bosques, algo así como un lémur inteligente, que adopta a un lobezno perdido de otra dimensión. Lo sé, suena loco, pero a las pocas personas que han leído la novela hasta ahora les ha encantado :-D

Al diablo con el hipopótamo metafórico. Desde ahora sólo tendré un listón metafórico: el de complacer a mis lectores :-)

¡Aquí voy con otro libro, lectores míos!
¡¡Yujuuuuuuuuu!!

G. E.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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