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29 de diciembre de 2010

EL CASTILLO DEL GHM

¡Continuamos preparando el Gran Hermano con monstruos! Tal como lo prometí, hoy toca hablar sobre el castillo donde se llevará a cabo el espectáculo. Recuerdan cómo era el castillo por fuera, ¿verdad?


Debo admitir que esos cocodrilos del foso son muy útiles. Desde que empezamos a trabajar en el castillo, no hemos tenido que pagar ni una sola factura; ¡los cobradores simplemente desaparecen! (Cuando todo esto termine, llevaré un par de cocodrilos a mi casa. No para espantar a los cobradores, sino para comerse a los idiotas que roban la fruta de mis limoneros.) Lo malo del foso es que ahí se incuban unos mosquitos del tamaño de gorriones, y basta con que a uno lo piquen dos o tres veces para necesitar una transfusión. Tendremos que añadir más ajo a nuestra dieta, al menos hasta que empiece el GHM; entonces aprovecharemos para cazar a todos esos mosquitos y servírselos a Drácula a la hora de la merienda, como si fueran palomitas de maíz. A los murciélagos vampiro habrá que tolerarlos. Son parte de la decoración. Eso sí: los hemos vacunado contra la rabia; que no se diga que no respetamos las normas sanitarias. (Tenemos la sospecha de que hay en el castillo una momia errante. Apenas la encontremos, la vacunaremos también contra la rabia y algunas enfermedades producidas por hongos.)

Por dentro el castillo es típicamente medieval, con sus tapices, sus retratos y sus fantasmas que arrastran cadenas. La cuenta de los fantasmas se ha elevado a cinco. Pensamos que serían aristócratas muertos hace varios siglos, quizás por alguna peste, pero investigando un poco más nos dimos cuenta de que en realidad fueron en vida un grupo de turistas japoneses. Parece que los pobres se refugiaron en el castillo una noche de tormenta, y estaban tan atareados sacando fotos que no pudieron evitar un trágico final en manos de... bueno, eso ni ellos lo saben. Seguiremos averiguando. Mientras tanto, hete aquí la foto que pudimos sacar a tres de ellos con nuestras propias cámaras:


Lo bueno de estos fantasmas es que son inofensivos, siempre y cuando no haya cámaras fotográficas a la vista (los japoneses son capaces de flashearlo a uno hasta la muerte).

Como dije antes, el castillo también tiene una maldición fatal: si uno usa la expresión "¡por la espada de sir Gandolfo!" para demostrar asombro, la armadura de sir Gandolfo cobrará vida y perseguirá al desdichado hasta decapitarlo con su tremenda espada de acero inoxidable. Supongo que se preguntarán quién carajo usa una expresión tan arcaica, pero hay algo en el castillo que impulsa a la gente a decirla en lugar de otras expresiones más comunes como "¡me lleva el Diablo!" o "¡la pu** que lo parió!" Resultado: tres de los técnicos del GHM han perdido sus cabezas. Tardamos un buen rato en encontrarlas. Por suerte el pariente del dr. Frankenstein, el dr. Roderic Frankenheimer, se ha ofrecido amablemente para suturar, a mitad de costo, las cabezas desprendidas. ¿No es un encanto?

¡¡Por la espada de sir Gandolfooooo!!

Todavía no hemos podido averiguar qué clase de criatura carnívora es la del sótano. Para mantenerla a raya le hemos estado arrojando carne fresca. Debido al alto costo de la carne de vaca, hemos sustituido dicho alimento por algunas plagas que nadie echará de menos: ratas, palomas, gaviotas, políticos incompetentes, terroristas de toda clase y funcionarios de ADEOM (les explicaría qué es ADEOM, pero es una larga historia; baste decir que nadie en Montevideo extrañará a esos funcionarios).

Pero hablando de vacas, sí hemos conseguido una para el GHM. Se llama Florinda. En realidad no sé para qué queremos una vaca en el GHM, pero supe que incorporaron un animal de esta especie a una versión con personas de Gran Hermano, así que me pareció interesante imitar el experimento. Al fin y al cabo, Uruguay es un país ganadero y tenemos vacas a montones. Es una vaca normal, por cierto. Teníamos vacas mutantes devoradoras de personas, pero conseguimos deshacernos de esa plaga. Bendita sea la demanda actual de commodities.


Hemos acondicionado el castillo para los futuros ocupantes, así que tenemos un par de piscinas para Bublob (el monstruo del pantano) y Bernarda (la científica mitad caracol). Es que esos dos son bastante susceptibles a la deshidratación. Otras comodidades: un gimnasio, una sala multimedia, un salón de baile y unas cuantas mazmorras equipadas con instrumentos de tortura (por si alguien rompe alguna regla del GHM).

Por último, están las numerosas cámaras que han de grabar el espectáculo. La mayoría están escondidas en grietas y detrás de los cuadros, pero también tenemos unas horripilantes cámaras con patas que seguirán a nuestros monstruos a los lugares más insospechados, a fin de no perder detalle.


Y esto es todo por ahora. En la próxima entrega: los últimos participantes para el GHM. ¡Pronto comenzará la diversión!

G. E.

Siguiente entrada: ÚLTIMOS PARTICIPANTES DEL GHM.

25 de diciembre de 2010

¡FELIZ NAVIDAD!

Es cosa rara cómo se pasa la Nochebuena aquí en Uruguay. No es como dice la canción esa, "noche de paz... noche de amor...", porque aquí se recibe al niño Jesús a medianoche ¡¡con una tremenda explosión de fuegos artificiales!! En serio, que no me parece la manera más sensata de celebrar la llegada de un recién nacido; vaya lío que se armaría si los padres hicieran algo así en las salas de maternidad.

Bueno, si acaso podríamos decir que los uruguayos somos unos herejes, y por eso, en lugar de festejar la versión cristianizada de la Navidad, más bien preferimos la celebración pagana original. Las orgías de comida, desde luego, no faltan, y luego las mujeres se quejan de que ya no caben en sus trajes de baño.

Una tercera interpretación podría ser que la Navidad en Uruguay es una simple celebración del consumismo. Lo cual no está mal tampoco, si uno lo piensa detenidamente: en estos tiempos que corren, hay que celebrar que uno tenga dinero para gastar.

Como sea, no es fácil celebrar la Navidad en pleno verano. Por estos días en Europa la gente tiene que marchar al trabajo atravesando montones de nieve de dos metros de altura, y supongo que no les hará gracia la idea de cantar "Navidad, Navidad, blanca Navidad", pero aquí estamos con temperaturas de 30 grados, una sequía bien molesta y platos típicos de las fiestas que no sientan bien con el calor. ¿Pavo asado, turrones, pan dulce y bebidas alcohólicas? Uf. Me inclino más bien por una ensalada y dos frutas. Y agua. Mucha agua fría. La beberé despatarrada en el suelo y con el ventilador soplándome en la cara (igual que mi pobre gato, quien no puede deshacerse de su espeso abrigo de pieles; quizás debería afeitarlo y hacerlo pasar por un gato esfinge).

En fin. Este año pasé la Nochebuena espantando mosquitos y poniendo CDs de música navideña, ya que es la única época en que no desentonan (los CDs de música navideña, no los mosquitos; y no es que los mosquitos desentonen en verano, pero ojalá se fueran a la m...). Igual sigue siendo raro escuchar canciones sobre la nieve cuando hace un calor infernal. Oh, bueno, si me concentro un poco puedo imaginarme en la nieve, algo así como una especie de autohipnosis. "No me estoy cocinando. No me estoy cocinando. Hay nieve en los pinos y dentro de un rato me iré a patinar a un lago congelado. Llevaré un almohadoncito para no reventarme el trasero cada vez que me caiga. Ommmmmmm..." (Maldición, no funciona. Todavía tengo calor.)

Después de ver el hermoso despliegue de fuegos artificiales (= miles y miles de pesos uruguayos quemándose en el cielo), me senté a terminar unas tareas. Total, nadie puede dormir con tanto jaleo.

Entonces escuché ruidos en el fondo de mi casa. ¡Alguien estaba tratando de entrar!

Tomé una de las pesas que utilizo para hacer ejercicio. En realidad no es una pesa sino una enorme piedra de cuarzo, pero yo la uso como pesa. Da igual. Me deslicé hasta el fondo de la casa, y cuando vi una silueta moverse por el pasillo, ¡bam!, le tiré la piedra. Se oyó un grito y el intruso cayó al suelo. Encendí la luz.


Ay, no. ¡Ay, no! ¡AY, NO! ¡Acababa de dejar knock out a Papá Noel! ¡Al viejito más querido de todo el mundo desde que murió Juan Pablo II! (seamos realistas: el nuevo Papa no es precisamente popular). ¿Qué iba a hacer? ¿Llamar al 911? ¿Esconder el cuerpo? ¿Ponerme yo el traje de Papá Noel y repartir sus regalos? ¡Qué dilema!

Papá Noel soltó un quejido y se sentó, frotándose la cabeza.

—¿Qué pasó?

—¡Ay, disculpe, Papá Noel! ¡Lo confundí con un ladrón! ¡Es que en este país tenemos una plaga de bandidos!

Le pasé unos cubitos de hielo al pobre Papá Noel para que se los pusiera en el chichón de la cabeza.

—Gracias —me dijo—. ¿Tan mal está la cosa?

—Oh, sí, muy mal —contesté—. Si yo ya no esperaba que usted viniera por este país. Encima, con esta sequía seguro que sus pobres renos no tienen mucho para comer. ¿Les gustará la comida para gato?

—Mejor unas verduras, m'hijita.

Me fui a la azotea y les di unas zanahorias a los renos. Mañana tendré que limpiar el excremento. (Maldición. Bueno, quizás pueda venderlo como fertilizante, igual que el excremento de mi dragón.)

Volví con Papá Noel. Ya se veía un poco mejor, pero tenía el rostro pálido y sudaba.

—Oiga —le dije—, mejor quítese el abrigo, que estamos a 30 grados. No querrá que le baje la tensión arterial... A ver, espérese aquí que ya le traigo una limonada fría. Con este calor hay que cuidar de no deshidratarse.

Papá Noel se sacó el abrigo y empezó a abanicarse con una revista que estaba en la mesa de la cocina. Le di la limonada.

—Debería bajar un poco de peso —aconsejé—. La obesidad no es buena para la salud, ¿sabe? Así no llegará a viejo.

Papá Noel parpadeó y me miró como si yo fuera idiota. Luego señaló su barba blanca. Me sonrojé.

—Bueno —continué—. Y... ¿qué lo trae por aquí?

—¿Cómo que qué me trae por aquí? ¡Vengo a traer regalos!

—Ah, pero... ¿a esta casa? Mire que no nos hemos portado muy bien... Hemos deseado que a los políticos les caiga un rayo en la cabeza, le dije a la vieja miserable de al lado que es una vieja miserable, mi dragón se comió los pantalones del cartero, mi gato araña la alfombra y mi madre compra películas pirateadas. Además...

—Oh, m'hijita, no se preocupe por nada de eso. Como va el mundo, he tenido que cambiar mis estándares de bondad para ajustarlos a los tiempos actuales. Así que todos en esta casa están en mi lista de gente buena.

Di unos saltitos de felicidad. Papá Noel fue a buscar su bolsa de regalos, que repartió mientras nos deseaba una feliz Navidad. A mi gato le dio un ratón de juguete. A mi dragón Donald le dio un manual de vuelo (el pobre todavía no despega del suelo, pero es cuestión de tiempo), a mi madre le regaló un libro bien grueso, y a mí me entregó... un paquete de bolígrafos. Lo miré enarcando una ceja.

—Gracias, pero... eh... esperaba un contrato editorial —dije, tratando de que no sonara a reproche. Papá Noel se encogió de hombros.

—No hago milagros —me respondió—. Sigue escribiendo. Y felicidades por lo del concurso de cuentos sobre zombis.

Tuve que conformarme con eso. Antes de que Papá Noel se fuera, sacamos algunas fotos. El único que no aparece en ellas es mi gato, a quien los fuegos artificiales asustaron tanto que probablemente no salga de debajo de la cama hasta después de Año Nuevo. Pobrecito.


¡Feliz Navidad! o<]:-)

G. E.

17 de diciembre de 2010

¡MÁS PARTICIPANTES PARA EL GHM!

¡Pues sí, mis queridos lectores, tenemos otros cuatro participantes para el Gran Hermano con monstruos! ¡Aplausos, por favor! Hete aquí los nuevos seleccionados:

MEDUSA — ¡Sííííí! ¡Recién llegada desde algún templo griego en ruinas, aquí tenemos a la diva de la mitología, la horrible, malvada e incomprendida Medusa! Recordemos la historia de Medusa: el dios Poseidón la violó en un templo de Atenea, y Atenea, en una actitud sorprendentemente machista para una diosa de tendencias más bien feministas, convirtió a Medusa en un horrible monstruo con cabello de serpiente. (Qué mala leche, esa Atenea. ¿Andaría justo ese día con calambres menstruales?) Después de convertir a unos cuantos hombres en piedra con su fealdad, Medusa fue decapitada por el héroe mitológico Perseo, quien usó su cabeza para derrotar al Kraken (quise incorporar al Kraken al GHM, pero no cabía en el castillo). Sin embargo, nuestro amigo pariente del doctor Frankenstein logró restaurar la cabeza de Medusa, utilizando espejos durante la cirugía para no convertirse en piedra. Eso sí: como estaba usando espejos, todos los puntos de sutura le quedaron al revés. No importa. Contamos con que la cabeza de Medusa no se desprenda a lo largo del GHM. Le pedimos a Medusa que se cubriera el rostro con una máscara y a las serpientes con una gorra de baño, porque de lo contrario el GHM terminaría con un montón de monstruos convertidos en piedra.


EL MONSTRUO DEL PANTANO — Lo sacamos de los Everglades en Miami, Florida. Su inclusión fue recomendada por los cocodrilos del foso del castillo: parece que son viejos conocidos. El monstruo se llama Bublob. Su lenguaje es un poco difícil de entender porque suena a burbujeos y gárgaras, pero no se preocupen, que traduciremos para el público todo lo que diga.


ATATRIX LA EXTRATERRESTRE — Viene de una ciudad subterránea en Marte. Allí también tienen acceso a Internet, y cuando Atatrix se enteró del concurso, de inmediato quiso participar por la gloria del planeta rojo. Por cierto: ella es una activista en contra de la colonización de Marte u otros cuerpos celestes. Dice que nosotros hemos contaminado nuestro planeta y que no tenemos el derecho de colonizar y contaminar planetas ajenos. Francamente, tiene razón. Más tarde repartiremos una petición para quienes estén de acuerdo con ella. Necesitamos recolectar 100.000 firmas para enviar a la NASA.


BERNARDA LA CIENTÍFICA MUTANTE — Cuando Bernarda Jones viajó a Chernóbil con la intención de buscar un método para eliminar la contaminación radiactiva, poco se imaginaba que eso cambiaría su destino. La radiación alteró su ADN, y ahora ella es una científica mutante medio humana y medio caracol. Esto no ha afectado mucho sus investigaciones, excepto por el hecho de que ahora las hace muuucho más despacio, y tiene problemas con la baba que deja en el piso del laboratorio (sus colegas tienen que usar calzado especial para evitar los resbalones). Bernarda sigue buscando métodos para eliminar la contaminación radiactiva. No le preocupa demasiado ser caracol, puesto que las empresas cosméticas le están pagando por su baba. Por razones obvias, fue una de las primeras en firmar la petición de Atatrix en contra de la colonización espacial; Bernarda dice que todavía no somos lo bastante responsables con la Tierra, y por lo tanto no tenemos los recursos mentales para hacernos cargo de otros mundos. De nuevo, estoy totalmente de acuerdo.


Para la próxima entrega del GHM, y mientras seguimos reclutando participantes, les hablaré un poco del castillo donde se llevará a cabo el espectáculo. ¡Sigan visitando este blog para mantenerse informados!

G. E.

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11 de diciembre de 2010

GRAN HERMANO... ¡CON MONSTRUOS!

Antes que nada, ¡celebremos! Es que ¡uno de mis cuentos va a aparecer en una antología de relatos sobre zombis! ¡Yupiiii! Les iré contando más a medida que avance la cosa. Pero ¡vaya con las vueltas del destino! Parece que todos esos sueños sobre zombis que he tenido últimamente presagiaban buenas noticias :-D ¡No hay que subestimar el poder de los monstruos!

Aquí estoy de nuevo, bailando en mi fiesta zombi con una pata de pollo en la mano:


Y puestos en ello, también reviviré mi gloria como la Reina de los Zombis:


En este momento no seré una zombi feliz, pero pueden apostar a que soy una persona muy feliz en general :-)

En fin, por todo lo anterior, he decidido iniciar un nuevo proyecto para este blog. ¡Una versión de Gran Hermano con monstruos! (Si todo apunta a que tengo un talento especial con respecto a los monstruos, más me vale explotarlo.) GHM, para abreviar. Mi dragoncito Donald y yo nos encargaremos de llevarlo a cabo.

Por cierto, mi dragoncito Donald también está feliz. Le di una copita de licor de limón para celebrar mi victoria literaria, y se puso un poco borrachín. Nota: no es del todo conveniente emborrachar a un dragón. El alcohol es inflamable. Por suerte pude apagar las cortinas y no hubo que llamar a los bomberos.

Volviendo al GHM, Donald y yo comenzamos buscando el lugar apropiado para instalar a los monstruos participantes. Buscamos y buscamos, y luego de visitar varios lugares con tradición monstruosa, entre ellos Transilvania, Japón y Maine, encontramos este hermoso castillo embrujado:


Fue buena idea llevar a Donald conmigo para la preparación. Conté por lo menos tres fantasmas diferentes y una maldición fatal, varios cocodrilos en el foso de la entrada, y creo que en el sótano hay una criatura carnívora de tamaño respetable (aún no la he visto, pero sí se escuchan sus gruñidos y el sonido que hace al arrastrarse por las piedras). Por suerte mi dragoncito me salvó a tiempo de varias calamidades, aunque dos de los electricistas que instalaron las cámaras para el GHM desaparecieron sin dejar rastros. Oh, bueno. Así no tendré que pagarles.

Finalmente puse un anuncio en Facebook reclutando monstruos de diversas clases para el GHM (asumí que los monstruos, a estas alturas del siglo XXI, deben de haberse modernizado, como esas niñas japonesas fantasma que se graban en las cintas de vídeo para luego amargarle la vida a todo el mundo). Y así aparecieron varios aspirantes. Hete aquí los que quedaron seleccionados hasta ahora:

EL CONDE DRÁCULA — Debo decir que es todo un honor poder contar con semejante celebridad. A pesar de los rumores sobre su fallecimiento en manos del doctor Abraham van Helsing, Drácula está vivito y coleando y muy dispuesto a ser el ganador del GHM. ¡Un aplauso, por favor!


Por cierto, se presentaron otros vampiros. Uno de ellos no tenía colmillos, brillaba al sol y no hacía más que quejarse de que no era bueno para una chica llamada Bella. Lo arrojamos al foso de los cocodrilos. Otro de los vampiros era, curiosamente, un cobrador de impuestos. Me parece que entendió mal el significado de "chupasangre". También lo arrojamos al foso de los cocodrilos.

RODOLFO EL HOMBRE-LOBO — La historia de Rodolfo es muy conmovedora. Rodolfo era un trabajador mexicano que estaba residiendo ilegalmente en Alaska, EUA. Allí fue mordido por otro hombre-lobo, y de pronto el pobre Rodolfo tuvo más complicaciones de las que podía manejar: ausencia de papeles, licantropía y las matanzas aéreas de lobos (esto último por culpa de Sarah Palin; si será antiecológica, la muy podrida).

En fin, Rodolfo atravesó una larga distancia de bosque en bosque para llegar hasta el castillo. No fue fácil, por supuesto, porque ya no quedan muchos bosques donde esconderse. De todas maneras, como Rodolfo es mexicano tiene una actitud muy positiva, y hasta se trajo un loro de la Amazonia. El loro se llama Paquito y tiene vocación de mariachi.


Se presentaron otros hombres-lobo para la selección. Uno de ellos era muy guapo, y como no llevaba camisa se le veían sus bien formados abdominales. Iba con una niña vampiro muy extraña llamada Renesmee (¿habían escuchado un nombre más ridículo?). Tiré a la niña al foso de los cocodrilos e invité al hombre-lobo a una parrillada. Lo pasamos fenomenal.

EL MONSTRUO FRANKIE JUNIOR — Un familiar del famoso doctor Víctor Frankenstein ha seguido su línea de investigación, y nos proporcionó a Frankie Junior. Es un monstruo más moderno que el del antiguo dr. Frankenstein: tiene baterías de litio que se cargan con paneles solares o un simple enchufe (desde luego, supera en practicidad a las tormentas eléctricas). Su cerebro obtenido de un cadáver no tiene la funcionalidad completa de un cerebro vivo, pero Frankie Jr. es capaz igualmente de hacer tareas simples, como subir/bajar escaleras, limpiar las alfombras con una aspiradora o enfrentar multitudes enfurecidas y prejuiciosas. Tiene un vocabulario de veinte palabras, así que no es precisamente parlanchín.


MATILDA LA ZOMBI — La historia de Matilda es extraña, pero no tan conmovedora como la de Rodolfo. Matilda era una funcionaria pública que atendía a las personas con su monótona voz y apática actitud. En algún momento, y por razones aún sin determinar, se convirtió en zombi, pero como estando viva ya actuaba como zombi, nadie se dio cuenta de la diferencia hasta que Matilda se comió el cerebro de un pobre señor que estaba ahí para un trámite. En fin, Matilda tampoco habla mucho. Todavía es capaz de hacer trámites burocráticos, lo cual confirma que para ciertos trabajos no es necesario un cerebro. (Mmmm, ¿significará eso que existen políticos zombis y no nos hemos dado cuenta? Habrá que investigar esa cuestión, podría ser de vital importancia.)


Seguiré adelante con la selección de participantes para el GHM. Los mantendré informados.

G. E.

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5 de diciembre de 2010

¡ESTO ES ESPARTA... DIGO, URUGUAY!

Es que a veces uno tiene que tomar medidas extremas para defender a la nación, como el rey Leónidas en la peli 300. Cuando un país grande o una corporación gigantesca se meten con tu pequeño e inocente país, simplemente no te puedes quedar de brazos cruzados.

Les cuento: resulta que la tabacalera Phi*** Mo**** ha decidido demandar a nuestro país por violar ciertos acuerdos comerciales. Básicamente, lo que las autoridades de Salud Pública de Uruguay hicieron fue poner unas enormes advertencias en las cajetillas de cigarrillos. ¡Y todo es absolutamente cierto! Fumar es malo para los pulmones, los dientes, las erecciones y los bebés, entre un largo etcétera. Y con estas advertencias, nuestro gobierno por una vez hizo algo bien, alertando a los fumadores de que su vicio es una soberana estupidez, aunque ellos sigan fumando igual (bah, si lo que en realidad los disuade es que les aumenten el precio y/o les prohíban fumar en todas partes). De hecho, es más de lo que hacen las tabacaleras, quienes no respetan los sagrados derechos del consumidor. ¿O acaso han visto en un paquete de cigarrillos la lista de ingredientes, como se supone que debe aparecer en cualquier producto? Nah, la lista se la guardan bien guardadita porque contiene unos cuantos elementos tóxicos, entre ellos veneno para ratas.

Y la codiciosa tabacalera en cuestión decide demandarnos a nosotros por incumplir condiciones. Cuánta hipocresía.

Así que, en plan de defensora acérrima de mi patria y del sagrado bolsillo de los contribuyentes (porque cualquier demanda que perdiera el Estado la pagaríamos con nuestros impuestos), cambié mi atuendo habitual por un atavío de guerrera espartana.


De guerrera espartana en onda peli 300, por supuesto, porque en realidad los espartanos usaban unas tremendas armaduras. Claro que eso no habría quedado tan bien en la peli, y la verdad es que yo agradezco el enfoque artístico. ¿Qué mujer no quiere apreciar los abdominales de Gerard Butler?

Lamentablemente, en Uruguay no tenemos guerreros espartanos con buenos bíceps y abdominales. La gente es medio sedentaria y los hombres andan con sus barrigas fofas, comiendo asado y bebiendo cerveza mientras miran algún partido de fútbol. (Estúpidos futbohólicos que no tienen los músculos para defender a su país. Tsk, tsk.)

De todas maneras, se me ocurrió que quizás podría encontrar tipos musculosos en algún gimnasio, y ¡eureka!, ahí estaban. Conseguí unos cuantos y los armé para la batalla. Luego tuve que gritarles para que prestaran atención a mis órdenes, porque estuvieron media hora comparando el tamaño de sus lanzas, a ver quién la tenía más grande (¡pfff, hombres!).

¡Y partimos hacia la batalla!


Después de correr varios días de aquí para allá por las praderas uruguayas sin encontrar a ningún abogado de la tabacalera, caí en cuenta de que tal vez había cometido un tremendo minúsculo error estratégico. ¡Ésta es una pelea que se ha de librar en los tribunales, no en las praderas llenas de vacas y ovejas! Qué despiste. Por suerte la cosa tenía arreglo, así que cambiamos un poquito los planes: vamos a acechar los juzgados, y cuando aparezca la jauría de abogados extranjeros los vamos a secuestrar, luego los arrastraremos a las canteras del Parque Rodó, y entonces...


G. E.

EDITADO EL 13/8/16 PARA AÑADIR:

¡Uruguay no perdió la demanda en los tribunales! ¡Yuju! (Y menos mal, porque nuestro gobierno ya nos está sacando un montón de dinero para cubrir déficits varios del período anterior.)


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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