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18 de noviembre de 2014

TITANES DEL RÍO DE LA PLATA

Sí, sí. Mucho éxito tuvo la película Titanes del Pacífico, pero ni se menciona que hubo una segunda brecha por estos lares. Porque todas las cosas emocionantes de las películas pasan en las urbes famosas, no en un paisito diminuto y mayormente rural como Uruguay. Buf.

En fin, menos mal que me tienen a mí para contarles lo que pasó :-)

La verdad, no sé qué buscaban los kaiju por aquí. Si no era parte de su estrategia de dominación mundial, quizás pretendían probar la carne de exportación que se produce en Uruguay y Argentina, y la verdad es que no los culparía por ello, porque bien tentador que resulta un filete bien jugoso ahumado a la parrila :-D

Peeeeero... bien, no podíamos dejar que un montón de monstruotes anduvieran circulando por ahí, porque ya bastantes estragos causan las ineficiencias de nuestros gobernantes como para encima añadir aplastamiento de ciudades más las montañas de excremento dejadas ahí por esas bestias voluminosas. O sea, alguien tenía que poner manos a la obra en el asunto, y los candidatos más adecuados para hacer frente a la plaga éramos... mi dragón y yo. Y el dinosaurio, por razones que no tardaré en explicar.

Sinceramente, no estaba muy feliz de tener que encargarme del asunto. Bastante tiempo ocupan ya mis proyectos artísticos y literarios como para meterme a pelear con monstruos de otra dimensión. Pero entonces apareció Idris Elba (¿qué clase de nombre es Idris, por cierto?) y me vociferó en plena cara:

—¡¡¿¿Dónde prefieres morir??!! ¡¡¿¿Ahí sentada o en un Jaeger??!!

—¿Son mis únicas opciones? —pregunté yo—. ¿Puedo terminar de ver la película y comer mis palomitas de maíz, al menos? Y la verdad, preferiría morir a mis 90 años, atragantándome con un pedazo de chocolate por haberme reído a destiempo leyendo un libro de Christopher Moore...

—¡¡Los kaiju están a punto de destruir Montevideo!!

—Diablos. Podrían haber pasado por Buenos Aires primero, como en la película Starship Troopers. Y de paso tal vez liquidarían a Marcelo Tinelli...

Pero no hubo caso. Idris Elba me lanzó una mirada asesina y tuve que levantarme de mi cómodo sofá. Unf. Estúpidas invasiones monstruosas que caen justo cuando una está viendo la película de estreno en HBO. (Oh, bueno, la puse a grabar.)

No es que me eligieran a mí por mis habilidades para la lucha (perfeccionadas durante años de perseguir cucarachas por mi casa para aniquilarlas en forma cruel e inmisericorde). En realidad me eligieron a mí porque el nuevo prototipo de Jaeger era especialmente complicado y necesitaba un sistema nervioso adicional y muy resistente que sólo podía proporcionar... mi Donaldito :-) (eso incluía también las neuronas de su aparato digestivo, porque, como ya puse en otro artículo, al parecer los organismos "superiores" tenemos más neuronas en las tripas que en el cerebro). Y siendo yo la mamá adoptiva de Donald, ya éramos perfectamente compatibles, por no hablar de que mi dragón no quería a nadie más en su cabeza dado que tiene algunos malos hábitos que prefiere mantener en secreto.

La verdad, quedé impresionada cuando nos presentaron al Jaeger...


Enseguida me enteré de que el diseño tenía una cierta inspiración lovecraftiana, y de que lo habían hecho unos científicos japoneses con una fuerte aleación de adamantium y vibranium. ¿Y todo gracias a quién? Al dinosaurio. Porque el dinosaurio tiene unos contactos que me dejan incluso a mí de boca abierta :-D Por cierto, el Jaeger funcionaba con un motor de fusión, o sea que además de potente era ecológico. Si íbamos a salvar el planeta (o como mínimo Punta del Este, que es la Meca del turismo en Uruguay), más nos valía hacerlo con todas las garantías de protección ambiental.

Bautizamos al Jaeger Tentáculos Rápidos y Furiosos (Tentáculos, para abreviar), y ya sólo nos faltaba vestirnos para pilotar el gigantesco robot.


(No sería mala idea usar esos trajes en otra ocasión, junto con una réplica más pequeña del Jaeger. Quizás en alguna fiesta de Halloween o una Comic-Con. Seguro causaríamos sensación... y unos cuantos destrozos en la vía pública, pero no importa porque el dinosaurio conoce a un buen contratista.)

Ya estábamos listos para irnos. No hizo falta que nos transportaran porque vivo cerca de la playa, así que empezamos a caminar y pronto estábamos en medio del Río de la Plata, vadeando sus aguas cristalinas amarronadas y llenas de basura (puaj, y menos mal que el robot contaba con buenos filtros para no atascarse con tanta porquería).

Otra ventaja del Jaeger: tenía un buen sistema de sonido, de modo que, a modo de preparación mental para la batalla, pusimos la banda sonora de Titanes del Pacífico. Esa música siempre da ganas de subirse a un robot gigante para patear traseros de monstruos igualmente gigantes :-D (Gracias, Ramin Djawadi. Y de paso, también me encanta tu trabajo en Juego de tronos. Si alguna vez convierten uno de mis libros en una película, espero que te contraten para componer la banda sonora. Aunque también me gustaría tener a Hans Zimmer o Danny Elfman. Decisiones, decisiones...)

El primer kaiju apareció a unas veinte millas náuticas de Montevideo. Era verdeazulado y andaba con cara de pocos amigos, aunque quizás fuera porque lo estaba persiguiendo un buque ballenero japonés. Algunos de los japoneses le disparaban arpones, mientras que otros no paraban de sacarle fotos al tiempo que gritaban "¡Gojira, Gojira!" (psss, japoneses antiecológicos Y despistados).

Lo primero que hicimos mi Donaldito y yo fue arrojar al estúpido buque ballenero fuera de las aguas territoriales de Uruguay. Me da igual cómo haya caído. De hecho, espero que a todos esos japoneses se los haya comido Godzilla (seguramente mientras ellos le sacaban más fotos).

Donald y yo entrechocamos los puños y tentáculos del Jaeger, generando un hermoso e impresionante estruendo metálico (adoro los efectos de sonido en una batalla, ¿ustedes no?).

—Ahora sólo estamos tú y nosotros, estúpido monstruo —dije—. ¡Esto es Esparta! ¡Digo, Uruguay! —Cambiamos la banda sonora por la de 300.


A puntapiés devolvimos el kaiju muerto a su brecha, y desde un barco argentino nos gritaron "¡¡¡goooooool!!!" (típico).

La aventura no terminó ahí, por supuesto. Estabamos esperando a que nos trajeran una bomba para cerrar la brecha, la cual, mientras tanto, taponamos con una enorme roca. Luego Donald y yo nos sentamos a escuchar, riéndonos a carcajadas, cómo los kaiju se daban de cabezazos al tratar de subir. ¡Bonk, bonk, bonk! Después de un tiempo la roca se partió (los kaiju tienen cabezas muy duras, al parecer), y mi dragón y yo volvimos a la carga cuando el siguiente monstruo asomó la cabeza.

—Tú lo sostienes y yo lo reviento —le dije a Donald—. O yo lo sostengo y tú lo estrangulas con los tentáculos. ¿Lo echamos a suertes?

Yo gané y puse la banda sonora de Rocky.

Pow! Boom! Crack! Splat!
(Perdón, es que sentí nostalgia por la vieja serie de Batman.)

Nos llevó aproximadamente 45 minutos convertir al kaiju en carne molida, ideal para hamburguesas, que tostamos en el reactor de fusión de nuestro Jaeger. (Es que ya era hora de almorzar. Acompañamos las hamburguesas con pan tostado, lechuga y limonada.)

Mi dragón y yo volvimos a sentarnos a esperar que nos trajeran la bomba. Aquí puse la banda sonora de Cómo entrenar a tu dragón, porque es una de mis favoritas y también de mi Donaldito. (Gracias a ti también, John Powell. Estás en mi lista de compositores favoritos, ¿eh?)

—Por cierto —le dije a mi dragón—, ahora que estoy en tu mente veo que fuiste tú quien se comió a escondidas mis panecillos de queso.

—Que no. —Mi dragón no habla en la vida real, pero sí en la conexión mental del Jaeger. Y sí, suena un poco como un pato.

—Que sí.

—Está bien, me los comí. Pero el viernes pasado tú [aquí va un secreto mío que no pienso revelar].

—Sí, sí, pero tú [aquí va algo muy reprobable que hizo Donald que tampoco puedo revelar].

—¡Más vale que no lo digas o volaré por ahí con una pancarta que muestre esa foto donde tú [ni piensen que voy a describir qué estoy haciendo en la foto]!

—Gissel a la base, Gissel a la base —dije en el intercomunicador—. ¿Está bien si la próxima vez me ponen de compañero a Charlie Hunnam, preferentemente sin camisa? Mi compañero actual se está poniendo algo latoso.

Pude sentir que Idris Elba me echaba una mirada fulminante, aunque no nos viéramos las caras.

—De acuerdo, olvídenlo. ¿Qué? —le dije entonces a mi dragón, quien también me estaba echando una mirada fulminante—. Charlie Hunnam se ve más lindo que tú sin camisa. Y seguro que no se robaría mis panecillos de queso. —Bueno, tal vez sí se los robaría. No conozco a Charlie Hunnam en persona. Pero le perdonaría el robo si pudiera verlo unas cinco horas al día sin camisa. Sí, soy así de babosa :-D

Donald me sacó la lengua. Yo le di un puñetazo a su lado del Jaeger. La pelea podría haberse salido de control, pero justo entonces apareció otro kaiju, uno especialmente grande, rojo y con pinta de querer hacer trizas cualquier cosa que se interpusiera en su camino...

Aquí está el kaiju rojo. 3.500 toneladas de "mis nudillos se mueren por aplastar tu cara".

—Eh... Houston, digo, señor Elba, creo que tenemos un problema. ¿Instrucciones?

Nadie me contestó.

—¿En serio? ¿Nada? ¿No pueden siquiera mandarme al Crimson Typhoon? —(Es que ese Jaeger de tres brazos es fenomenal. Quería verlo en persona.)

De nuevo, cero respuesta. Podría haber pensado que estaban todos durmiendo una siesta, pero los escuchaba respirar.

—Qué vergüenza, señor Elba. Usted debió prever esto, que para algo es Heimdall en las películas de Thor.

Ahí tuve la impresión de que Idris Elba se hacía el distraído, silbando y mirando para otro lado.

—Bue. En fin, Donaldito, tendremos que arreglárnoslas sin ayuda.

Puse la música de Gladiador. Donald y yo entrechocamos de nuevo los puños y tentáculos del Jaeger. Lo que siguió a continuación fue una pelea muy sucia, con patadas a la entrepierna y picaduras de ojos. Cayó un brazo cortado. Por suerte no era del Jaeger. Luego cayó otro brazo. Ése sí era del Jaeger (damn!). Tentáculos empezó a llenarse de agua, pero sellamos a tiempo las aberturas y seguimos peleando. Menos mal que nos quedaban suficientes tentáculos...

Hartos ya de tanta pelea, encendimos los cohetes del brazo restante del Jaeger y le perforamos el pecho al kaiju de un solo puñetazo. El Río de la Plata se tiñó de azul, y en ese momento pensé que más les valía a los argentinos no protestar por eso, porque ellos no destacan precisamente por cuidar la higiene de sus propios cursos de agua (ejem-Riachuelo-ejem).

—¿Y bien? ¿Para cuándo esa bomba? —dije en el intercomunicador—. Es que como nos manden un kaiju todavía más grande, ni siquiera este Jaeger de adamantium y vibranium va a poder con él. Y puestos en ello, ¿dónde están los X-Men y los Vengadores? ¿No podrían venir a echar una mano?

—¡¡Están filmando sus siguientes películas!! ¡¡Menos charla y más combate!! —rugió Idris Elba.

—Qué caracter —le dije a mi dragón. Él se mostró de acuerdo.

Acabó la banda sonora de Gladiador y pusimos algo de Enya, para variar. Entonces notamos algo curioso: del otro lado de la brecha se escuchaban... ronquidos.

—¡Eh, los monstruos se han dormido! —anuncié—. ¡Hay que aprovechar la ocasión! ¡Mándenme esa bomba ya mismito!

—¡¡La bomba aún está en camino!! —gritó Idris Elba (y yo empezaba a pensar que ese hombre tenía un serio problema de control de la ira)—. ¡¡Hagan explotar al Jaeger!!

—¿Al Jaeger? Seriously? Pedazo de ignorante, ¡los reactores de fusión no explotan! ¡Los que explotan son los de FISIÓN, o las bombas de hidrógeno! Estúpidos militares que no saben de física...

—¡Oh! ¡Ups!

Hubo un silencio muy incómodo al otro lado del intercomunicador. Luego se escucharon voces discutiendo por lo bajo, considerando otras opciones.

Pensando a toda velocidad, llamé a los directores de McDonald's y Coca-Cola.

—¡Hola! —dije con voz alegre—. ¿Qué les parecería mejorar la estropeada reputación de sus empresas salvando al mundo de una invasión alienígena?

Horas después llegaron un montón de submarinos cargados con robots de trabajo. Entraron a la brecha llevándose consigo partes del kaiju rojo, y al cabo de dos días habían construido sucursales de McDonald's por toda la dimensión de los invasores. Pasaron unos días más, y cuando al fin nos trajeron la condenada bomba para cerrar la brecha, los alienígenas y sus kaiju estaban felizmente tirados por ahí, comiendo comida chatarra y bebiendo gaseosas endulzadas con jarabe de maíz de alta fructosa. Mientras tanto, mi dragón y yo pusimos la canción Bajo el mar de la película La sirenita e hicimos bailar al Jaeger antes de regresar a la base.

Bajo el mar, bajo el mar,
hay bailarines, son las sardinas, ¡ven a bailar!

Estoy segura de que los kaiju no volverán a molestarnos. Y en caso de que lo hagan... probablemente estarán demasiado gordos como para atravesar las brechas interdimensionales. ¡Ja!

El Jaeger es ahora una pieza de museo, aunque Wolverine y el Capitán América se llevaron algunas partes para reponer sus garras y escudo respectivamente (sí, aparecieron una vez que terminó la batalla, los muy cretinos). Yo volví a mis proyectos literarios, y mi dragón... mi dragón siguió robando mis panecillos de queso. Grunf >:-|

Y así fue como salvamos al Río de la Plata de la plaga de kaiju.

G. E.

PD: Antes de que lo mencionen, todo esto ocurrió en el futuro, igual que la película. El dinosaurio se apoderó temporalmente del DeLorean, y así pude venir a esta época a contar la historia. Y no, no puedo decirles los futuros números ganadores de la lotería. Se los pasé todos a mi yo del presente :-PPPPPP

PPD: La carne de kaiju sabe a pollo rociado con pipí de gato. (Y lo digo por el tufo amoniacal, no porque alguna vez haya probado el pipí de gato. Soy rara pero no TANTO.)

FRAGMENTO DE LA MALDICIÓN DE LA BESTIA

Tal como en el bosque, la mujer se esfumó en un parpadeo y el conde pudo moverse. Entonces él contempló sus manos... y vio que ya no eran las de un hombre, sino garras afiladas con un pelaje casi negro en el dorso. Sus pantalones y zapatos rotos también dejaban ver unas piernas que más bien correspondían a un animal. Lucien trató de hablar, pero todo lo que pudo emitir fueron gruñidos, estrangulados a medias por la confusión. ¿Qué le había hecho esa maldita bruja?

Corrió por el salón de baile espantando a los pocos invitados que aún trataban de salir por las puertas abarrotadas. A su paso levantó mesas, partió sillas en pedazos y derribó candelabros, enloquecido y cegado por un montón de sensaciones incomprensibles. Rugió de nuevo, a propósito, y esta vez hizo vibrar los cristales de las ventanas. Recién entonces se acordó de que había un espejo en el salón de baile, y tambaleándose fue hacia él, temiendo a su propio reflejo.

Un monstruo, había dicho la bruja. Sí, en eso se había transformado: una criatura bestial, con colmillos en el hocico y ojos de pupila vertical, más alta que cualquier hombre. El pelaje oscuro e hirsuto que había visto en sus manos cubría todo su cuerpo, desde las orejas hasta la punta de su cola. Se mantenía erguido en dos pies, sin embargo, como hacían a veces los osos, excepto que su apariencia era aún más aterradora que la de dicho animal.

¿Dónde estaba la bruja? Lucien giró sobre sí mismo, rayando el suelo con sus uñas, pero ya no quedaba nadie en la estancia. Daba igual, la encontraría. Perseguiría a la bruja hasta el fin del mundo de ser necesario, y la torturaría para obligarla a romper el encantamiento. Paradójicamente, sus garras le serían de utilidad en esa tarea.

Antes de que pudiera decidir cualquier otra cosa, todos los guardias del castillo irrumpieron en el salón de baile armados de pies a cabeza... y liderados por Jacques. Éste señaló a Lucien y gritó:

—¡Ahí está el monstruo! ¡Acabadlo, deprisa!

Lucien no se detuvo a pensar. Los guardias ya le estaban apuntando con mosquetes y rifles, y si no se daba prisa en salir de ahí, pronto sentiría decenas de balas entrando en su nuevo y peludo cuerpo. Corrió en la dirección opuesta, entonces, y saltó a través de una ventana creando una lluvia de vidrios rotos. Aterrizó en el patio. Los guardias le dispararon desde arriba, pero debían de estar muy impresionados por aquella visión sobrenatural, porque ninguno dio en el blanco. Por una vez, Lucien agradeció su ineptitud. Se lanzó a la carrera a lo largo del patio, inclinando el cuerpo hacia delante, y se sorprendió al hallarse muy pronto frente al portón del castillo. Grotesco o no, por lo menos era rápido. En cuanto al portón, estaba aún cerrado a pesar de la fuga de invitados. Lucien creyó ser capaz de arrancarlo de sus bisagras, pero eso eliminaría un obstáculo del camino de los guardias, de modo que dio un salto empleando toda la fuerza de sus piernas. Llegó casi hasta arriba. Bajar al otro lado fue mucho más fácil, y entonces corrió a la mayor velocidad posible, internándose en el bosque y en la oscuridad.

Siguió corriendo hasta el amanecer, arrojando saliva, sin pensar en nada más que en sobrevivir.

2 comentarios:

  1. Leí la entrada el día que me entró el aviso al mail, me reí una barbaridad con ella (Qué tipo de nombre es Idris?jajaja) menos mal que al final pudísteis salvar Montevideo de los kaiju. Por cierto, la peli mola mucho y los dibujos que has hecho para este post son tremendos. Se nota el curro que le echas y personalmente, agradezco que compartas el proceso de tus obras.
    Un abrazo!!Muuuuak!

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    1. ¡Me alegra mucho que te hayas reído, gracias! :-) Ésa era la idea. ¡Besotes!

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