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[Primera parte de la historia aquí , segunda parte de la historia aquí .] Para Hamza Okoro, Nueva York no podía ser más diferente de la...

[Primera parte de la historia aquí, segunda parte de la historia aquí.]


Para Hamza Okoro, Nueva York no podía ser más diferente de la pequeña aldea africana donde había nacido. Incluso en la época actual, el hogar de sus padres carecía de electricidad y agua corriente, y la ciudad más cercana se hallaba a muchos kilómetros de distancia. Sin embargo, según su abuelo, la civilización los había alcanzado de otras maneras, y no precisamente favorables.

¿Qué quedaba de las grandes sabanas que solían recorrer los ñus y los elefantes, los leones y las hienas? Poca cosa. Excepto por las reservas, donde nadie entraba salvo los turistas, las tierras vírgenes habían sido dedicadas a la ganadería o convertidas en campos pobres de cultivo. En otros lugares había fábricas y ciudades, o extensos basureros que alojaban los desperdicios del mundo moderno.

A pesar de todo, Hamza era un cazador. Su abuelo le había enseñado a seguir rastros, aunque fuera de pequeños roedores, y él había practicado el tiro al blanco con objetos inanimados, móviles o inmóviles. No obstante, a diferencia de su colega Randy Winston, él nunca había matado un solo animal. Su vocación de cazador era puro instinto, como los gatos domésticos que juegan con bolas de lana en lugar de ratones. Estaba bien así. Perseguir animales para protegerlos era igual de satisfactorio.

Hamza había atravesado medio mundo para llegar a Nueva York, obedeciendo un pedido de lo más extraño. Bueno, el pedido no era tan extraño, pero sí las explicaciones que llevaban a él. ¿La misión? Capturar un tigre. ¿Lo raro del asunto? Para empezar, se trataba del mismo felino que le había destrozado los brazos a su colega Winston, quien no sólo había sufrido la amputación de uno de ellos, sino que se hallaba también en un estado delirante para el que los médicos no tenían respuesta alguna. Básicamente se lo pasaba diciendo incoherencias sobre reyes de la selva y precios a pagar por la osadía de mancillar lo que era sagrado.

En segundo lugar, el felino se había extraviado en plena Ciudad de Nueva York, y llevaba así varias semanas sin que nadie hubiera podido atraparlo. De algún modo había llegado hasta el mismísimo Parque Central, y todos los equipos destinados a recuperarlo habían desaparecido en él como si fuera la antigua Amazonia. Eso no tenía ningún sentido, pero más increíble era la siguiente pieza de información: una de las veterinarias del zoológico, la doctora Susan Dale, se las había arreglado para liberar a los demás animales encerrados, y éstos también se habían refugiado en el Parque Central.

Hamza había pensado que le estaban jugando una broma, pero no, la cosa iba en serio, y ahora él tenía que capturar al tigre fugitivo y posiblemente al resto de la fauna del zoológico. Para redondear la situación, nadie había contestado sus llamadas durante las últimas cinco horas. Hamza, por lo tanto, se dirigió primero al zoológico, donde se suponía que un grupo de expertos lo estaría esperando para ayudarlo en su tarea.

Mucho antes de llegar a destino, el hombre se dio cuenta de que algo no estaba bien. Era apenas la segunda vez que visitaba Nueva York, pero la recordaba como una ciudad ruidosa y ajetreada, con peatones que iban de un lado a otro muy concentrados en su objetivo. Esa tarde, en cambio, había muy poco tráfico, y las pocas personas que caminaban por ahí parecían deambular sin rumbo fijo. Hamza vio a varios ejecutivos detenerse poco a poco, mirar en derredor y continuar la marcha en otra dirección, como si hubieran olvidado su propósito original. El cazador disminuyó la velocidad. Tenía miedo de atropellar a alguien o de chocar con otro automóvil.

Una sorpresa todavía mayor lo esperaba en el zoológico: las puertas estaban abiertas y al parecer no había nadie en su interior, ya fueran hombres o animales. El cazador bajó de su camioneta. Ahora sí que no entendía nada, por lo que ahuecó las manos frente a su boca para llamar a gritos a quien pudiera escucharlo. Nadie le respondió, tampoco a sus llamadas telefónicas.

El hombre frunció el entrecejo. Estaba más confundido que nunca y no sabía qué hacer a continuación. ¿Debía aguardar hasta que alguien fuera a buscarlo o marchar al Parque Central en busca del tigre perdido? Tal vez los empleados del zoológico estuvieran ahí... si bien Hamza comenzaba a dudarlo. El hombre no era supersticioso, pero de pronto sintió que estaba tratando con un poder más allá de su comprensión.

Volvió a la camioneta y arrancó de nuevo. Recordando los delirios de Randy Winston, se le ocurrió que hallaría las respuestas junto al animal que lo había iniciado todo.

Un rato más tarde, Hamza detuvo el vehículo frente al Parque Central, no porque hubiera llegado a él, sino porque los árboles habían avanzado a su encuentro. El hombre bajó de la camioneta una vez más y contempló el extraordinario paisaje, tan asombrado que por un instante se quedó sin aliento.

El pavimento y los edificios estaban llenos de grietas, y la vegetación surgía de ellas como si la ciudad hubiera estado abandonada durante siglos. Los automóviles circulaban evitando las raíces y los troncos, pero allí donde no era posible, sus conductores se apeaban y continuaban a pie sin demostrar sorpresa o fastidio. Muchos de ellos abandonaban sus bolsos o portafolios, y Hamza vio a un hombre interrumpir una conversación por su móvil, contemplar el aparato unos segundos y dejarlo caer al suelo. Luego ese hombre se quitó los zapatos y la corbata y penetró en la arboleda, donde no tardó en desaparecer.

¿Qué clase de embrujo era ése?, se preguntó el cazador. Una especie de selva se estaba apoderando de Nueva York y parecía lo más natural del mundo. Hamza volvió a pensar en Randy Winston y un escalofrío recorrió su espalda. Tenía que dar la vuelta y huir. Tenía que marcharse de ese lugar antes de que el embrujo lo afectara a él también. Retrocedió hasta su camioneta... y se detuvo, porque se dio cuenta de que otra parte de su ser se moría de curiosidad. Aquello era... fascinante. Hacía tiempo que no veía tantos árboles juntos, y francamente había olvidado cuánto le gustaban. Estiró un brazo para retirar del vehículo su rifle de dardos; luego lo pensó mejor y colgó de su cinturón un cuchillo grande, de doble filo. Equipado de esta manera, se metió al parque siguiendo a las demás personas.

Lo primero que llamó su atención fue el clima: hacía calor ahí dentro, y la humedad era sofocante. Hamza abrió los botones de su camisa hasta dejar su pecho al descubierto, pero eso no le bastó para refrescarse, de modo que se quitó la prenda y la ató a su cintura. Una mariposa grande pasó frente a él. Por lo que el hombre sabía, esa especie no existía en Nueva York. Hamza pasó una mano por su frente y siguió caminando, atento a cualquier movimiento o sonido amenazador.

Las construcciones humanas del parque seguían en su sitio, pero había que prestar atención para verlas porque estaban cubiertas de hojas y enredaderas. De los senderos no quedaba mucho a estas alturas, y Hamza se preguntó si a la mañana siguiente sería capaz de distinguirlos. Probablemente no.

El cazador sintió que alguien lo observaba, pero tardó un poco en descubrir la figura oculta entre las ramas. Era una mujer joven, desnuda, cubierta de barro. Sus ojos azules destacaban como zafiros en la penumbra, y no había nada humano en su expresión. Aun así, Hamza creyó reconocerla por una foto que Winston le había enseñado.

—¿Doctora Dale? —preguntó el cazador. Ella no respondió. Se lo quedó mirando un poco más, evaluándolo en silencio, y luego escapó con la agilidad de un simio, saltando de árbol en árbol. Algunas aves chillaron a su paso.

Hamza secó de nuevo el sudor en su frente, aunque empezaba a acostumbrarse al calor. Sospechaba que muy pronto se sentiría cómodo ahí, y tal vez no le parecería mala idea quitarse toda la ropa, igual que la mujer.

Unos gruñidos y ronroneos llegaron a él. Apretando el rifle en sus manos, el hombre continuó avanzando en esa dirección. Sentía que estaba a punto de ver algo temible y maravilloso al mismo tiempo, algo que cambiaría su vida para siempre. Dar la vuelta ya no era una opción.

Los árboles se abrieron un poco, dejando entrar la luz del sol, y ahí, sobre la hierba, estaba el tigre. Su pelaje brillaba con colores intensos, y su presencia llenaba el claro más allá del espacio que realmente ocupaba su cuerpo. Sentado sobre sus patas traseras y agitando su cola anillada de un lado a otro, le dirigió al recién llegado una mirada de advertencia. El hombre levantó su rifle y apuntó, pero su dedo no oprimió el gatillo. El tigre era muy hermoso.

Había una hembra en la periferia del claro. Ésta se aproximó al tigre y restregó la cabeza contra su costado, y él le respondió con un gruñido afectuoso. El rey y la reina del Parque Central, pensó el cazador; Adán y Eva de un nuevo mundo. ¿O sería de un viejo mundo que volvía a nacer? Daba lo mismo. No sería él quien perturbara la escena, de modo que bajó el rifle y lo depositó en el suelo, como una ofrenda de paz. La mirada del tigre se suavizó. Parecía satisfecho.

Tanta belleza, pensó el hombre, retrocediendo paso a paso. Tanta belleza al borde de la extinción, rescatada en el último minuto por un milagro. Los labios de Hamza se curvaron en una sonrisa cuando un pavo real se cruzó en su camino, deslumbrándolo con los destellos de sus plumas. Ninguna obra de arte humana había llegado a superar eso.

El cazador se desvistió por completo. Ahora el calor le resultaba agradable, así como el tacto de la tierra bajo sus pies. ¿Qué necesitaba un hombre para vivir? ¿Computadoras, dinero, automóviles caros? Bah. La especie había existido miles de años sin nada de eso, y sin destruir su entorno para crear un ambiente artificial.

Lo único que Hamza conservó fue el cuchillo. Por unas horas, al menos, hasta que lo usara para afilar un palo. Necesitaba una lanza.

Esa noche cazaría su propia comida.

G. E.

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[Primera parte de la historia aquí .] El avión cruzaba el Atlántico sin tropiezos de ninguna clase, rozando apenas con su vientre metál...

[Primera parte de la historia aquí.]


El avión cruzaba el Atlántico sin tropiezos de ninguna clase, rozando apenas con su vientre metálico algunos montones de nubes aborregadas. A la doctora Susan Dale no le gustaba mucho el transporte aéreo, pero ese día tuvo que admitir que estaba bastante cómoda en el compartimiento de carga, sola en la penumbra. Bueno, no exactamente sola. Ella cuidaba a cierto pasajero peludo, y aunque éste no hablaba, su compañía le resultaba más satisfactoria a la mujer que la de muchas personas.

El tigre descansaba en su jaula, despierto pero en calma. Era un poco extraño; después de haber mandado a Randy Winston al hospital con heridas gravísimas, no había dado un solo problema desde su captura a pesar de ser un animal salvaje. La doctora Dale había traído suficientes tranquilizantes para todo el viaje, pero ya pensaba que no tendría que usarlos. Mejor así, por supuesto. Bastante malo era haber tenido que sacar al animal de su entorno como para encima mantenerlo drogado. Esa mirada inteligente, su indolencia gatuna, la elegante pose de esfinge... ella no quería arruinar eso. Y la forma en que el tigre la miraba de reojo la hacía estremecerse, pero no de miedo sino de emoción. Susan estaba frente a una de las especies más bellas del planeta, y cada vez que el tigre le prestaba atención era como un obsequio. Ella no tenía la obligación de cuidarlo, tenía el privilegio de cuidarlo, igual que un tesoro. Además, ya podía verse supervisando a los nuevos cachorros que el animal engendraría, los cuales serían sin duda tan magníficos como él. Las cosas no podían salir de otra manera.

El felino bostezó y luego se dio la vuelta en la jaula para mirar a Susan fijamente, transmitiéndole su fuerza y serenidad. De pronto ella se sintió parte del tigre y su mundo: oculta entre los árboles, escuchando el canto de las aves mientras esperaba a que algún herbívoro incauto se pusiera a su alcance para saltar sobre él y devorarlo. Era el llamado de la naturaleza, exhortándola a convertirse en lo que su propia especie había sido alguna vez, cuando los seres humanos aún no conocían el lenguaje escrito y vagaban por el mundo en grupos, recolectando frutos y cazando animales sin más ayuda que palos y piedras. Era una existencia dura pero sin artificios, y los hombres y mujeres formaban parte de la tierra en lugar de explotarla según su conveniencia. El ciclo de la vida y la muerte en su forma original.

La aversión de Susan por los aviones regresó en toda su intensidad. ¿Qué hacía en una máquina voladora? Ella no tenía alas propias, y sólo así concebía la idea de remontarse en el aire. Se quitó los zapatos. Ahora le molestaban, ya que no le permitían sentir de qué estaba hecho el suelo bajo sus pies. Sin embargo, no se sintió mucho mejor después de quitárselos, debido a la superficie lisa y dura que la sostenía. En ese momento habría dado cualquier cosa por caminar sobre la hierba o la arena, atravesando las distancias con el esfuerzo de su propio organismo. Las máquinas no tenían alma, eran cosas frías y muertas que sólo producían contaminación y ruido.

El tigre ladeó la cabeza. Susan tenía muchas ganas de tocarlo, de acariciar con sus dedos el hermoso pelaje y disfrutar al mismo tiempo de su calor, pero le daba un poco de miedo. O quizás fuera respeto. En comparación con el tigre, ella era muy poca cosa.

El resto del vuelo pasó sin que la mujer lo notara, como si hubiera retrocedido en el tiempo a una época anterior a los relojes, las horas y los minutos. Lo que importaba en ese entonces eran los ciclos de la noche y el día, las estaciones, el hambre y los latidos del corazón. ¿Qué falta hacían los calendarios? Parecía tonto medir lo que no se podía cambiar.

La luz del exterior penetró el compartimiento de carga cuando la puerta se abrió, y Susan vio un par de rostros conocidos pero que le costó muchísimo identificar, dado que sus nombres no significaban nada para ella. En lugar de eso tuvo que recurrir a los olores y las voces, y recién entonces pudo responder con un gesto a los hombres que la saludaron. Ellos se detuvieron y la miraron con extrañeza.

—Doctora Dale, ¿se encuentra bien? —preguntó el que se hallaba más cerca. Susan tuvo que abrir la boca varias veces antes de conseguir articular unas palabras.

—Yo... estoy... bien.

—Ah. ¿Por qué no le avisó al piloto de que hacía calor aquí dentro?

¿Calor? ¿Hacía calor? Ella no se había dado cuenta. ¿De qué estaba hablando el hombre? Susan percibió una brisa fresca en sus brazos, piernas y estómago, y al verse a sí misma descubrió que apenas estaba vestida. Se había quitado la chaqueta además de los zapatos, y había usado las tijeras de su equipo quirúrgico para recortar su blusa y pantalones. No recordaba nada de eso, pero, pensándolo bien, no había sido tan mala idea. Se sentía... más libre.

—Bueno, da igual —continuó el hombre—. El camión está esperando para trasladar la jaula. Ya tenemos los permisos de aduana. ¿Está sedado? Se ve muy tranquilo.

Susan miró al tigre. No había cambiado de posición ni de actitud, aunque sí parecía más alerta que antes. Como si esperara... algo.

Por centésima vez, Susan reprimió las ganas de acariciar al tigre y se dijo que no debía sentir lástima por el hecho de que fuera a pasar de una jaula a otra. Al fin y al cabo, pronto estaría con dos bellas compañeras, en un espacio grande y adecuado a sus necesidades. Viviría muchos años disfrutando todas las comodidades posibles, querido y admirado por los visitantes del zoológico, y... y...

Pero ya no sería un rey, pensó la mujer. Y si la especie no se recuperaba, el tigre se convertiría en una reliquia. No era el destino apropiado para semejante maravilla.

Una hora después, la jaula estaba en el camión y éste se dirigía al zoológico por una calle gris flanqueada por edificios igualmente grises. Las personas circulaban como en manadas de un lado a otro, ajenas a la ausencia de árboles. Había algunas plantas en tiestos, pero eran parte de la decoración.

Susan se percató de lo mucho que odiaba las grandes ciudades. ¿Cómo podía siquiera haber aire respirable entre tantos muros de concreto? El cielo era apenas una franja grisácea allá en lo alto, como si las construcciones humanas también se lo hubieran tragado. La mujer sintió que se ahogaba, por lo que abrió otro botón de su blusa. Ya se le veía el sujetador, pero no le importaba; era su cuerpo, algo perfectamente natural de lo que no tenía por qué avergonzarse. Que el conductor la mirara, si eso lo hacía feliz.

Un sonido empezó a elevarse desde la parte trasera del camión. Al principio era un murmullo suave, pero luego fue creciendo hasta convertirse en un poderoso ronroneo. Susan estuvo a punto de preguntar si algo le pasaba al motor del vehículo, pero entonces supo que el sonido provenía del tigre. No, no podía ser, se contradijo después; los tigres no ronroneaban... ¿o sí? Daba igual. Como fuera, el sonido había opacado el bullicio de la ciudad, desde el tráfico hasta las maquinarias de construcción. Susan no escuchaba otra cosa, y poco a poco el ronroneo se apoderó de ella haciéndole olvidar todo lo demás. El conductor tampoco parecía ajeno a su influencia, ya que a menudo giraba la cabeza hacia atrás, cada vez más distraído.

Susan dejó de ver los edificios. Tenía la mente llena de hojas verdes, lluvia, flores y monos. Sus oídos percibían, por debajo del ronroneo, cantos de pájaros y el croar de las ranas. Le gustaba todo eso. La hacía sentir como en casa.

La mujer apoyó una mano en la de su compañero y lo miró sin decir palabra. No hacía falta. El conductor adivinó lo que ella quería decirle y se limitó a girar el volante, desviando al camión del flujo de vehículos. De esta manera llegó a una calle poco transitada, y ahí pisó el freno. El ronroneo era más fuerte que nunca, y ahora también lo acompañaba el latido de un corazón. Susan pensó que era como una especie de música. Música de vida salvaje.

El hombre y la mujer descendieron del camión y fueron hasta la parte de atrás. En la jaula, el tigre se lavaba una pata con la mayor tranquilidad del mundo, aunque dejó lo que estaba haciendo y se puso en pie al ver a ambos humanos. No intentó hacerles daño cuando ellos se acercaron para abrir la puerta de la jaula.

Segundos después, Susan tenía al tigre justo frente a ella, sin barrotes de por medio. No había agradecimiento en los ojos del felino sino más bien una profunda soberbia. El orgullo de un rey. La mujer se puso de rodillas y extendió una mano. Estaba indefensa y lo sabía, pero no le importaba; se sacrificaría de buena gana en caso de que el tigre tuviera hambre y decidiera tomarla como su próximo alimento.

El animal acercó el hocico a la mano y permitió que Susan lo acariciara. Ella inclinó la cabeza y miró al suelo, y sus dedos recorrieron el pelaje del animal pasando por su frente, sus orejas y los mechones blancos a ambos lados de su cara. No era suave sino áspero y recio, la mejor protección contra los elementos. La mujer habría podido quedarse así durante horas.

El tigre se apartó y luego Susan percibió una corriente de aire a su derecha. Cuando ella se giró, el animal había desaparecido entre los edificios como si la urbe fuera otra especie de jungla. Susan lo habría seguido... pero tenía algo más que hacer.

La mujer le indicó al conductor que regresaran al vehículo y ambos continuaron de camino al zoológico.

G. E.

Siguiente entrada: LA MALDICIÓN DEL TIGRE (3).

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[Nota: Escribí este cuento en 2011 y lo publiqué en un blog que ya no existe porque no lo visitaba casi nadie. En fin, aquí les va de nuevo,...

[Nota: Escribí este cuento en 2011 y lo publiqué en un blog que ya no existe porque no lo visitaba casi nadie. En fin, aquí les va de nuevo, espero que tenga más lecturas esta vez :-D]


Los sonidos de la selva llenaban el aire tanto como la humedad y el calor, completando aquel entorno salvaje por el que los humanos se desplazaban con el mayor sigilo posible. Esto último no resultaba nada fácil; la vegetación era espesa y a menudo obstruía el camino, y los insectos picadores no dejaban de acosarlos. A Randy Winston, sin embargo, nada de eso le importaba. Hacía más de diez años que no pisaba una selva de verdad, y tal ambiente reconfortaba su espíritu de cazador. O mejor dicho, su espíritu de ex cazador.

La expansión humana había reducido los espacios vírgenes a unos pocos parches aislados. Existían reservas y zoológicos, por supuesto, pero sin las grandes extensiones que permitían la diversidad genética, buena parte de las especies grandes se hallaba al borde de la extinción. Era por eso que Winston ya no cazaba. Simplemente no quedaban presas, y el hombre había puesto sus servicios a la orden del World Wildlife Fund for Nature con la esperanza de que algún día sus animales favoritos volvieran a recorrer el mundo con libertad. Los activistas del WWF no lo tenían en muy alta estima debido a sus intenciones, pero hacían buen uso de su habilidad para el rastreo y su puntería con el rifle de dardos.

Winston apartó una mosca que zumbaba frente a su cara y usó un pañuelo para secar las gotas de sudor que se le metían en los ojos. Necesitaba ver con claridad, dado que las huellas eran muy sutiles y cualquier distracción era suficiente para que se confundieran con otras depresiones del terreno. Además, a sus cincuenta y cuatro años Winston ya no tenía la agudeza visual de su juventud. Debía ser cuidadoso o el animal escaparía. Otra vez.

Los granjeros locales lo llamaban Muerte Silenciosa en hindi. El tigre salía de la selva por las noches, atrapaba a alguien y desaparecía con su víctima en la espesura. Nunca se encontraban los restos del cadáver, salvo quizás algún zapato o pedazo de tela. Sólo un niño había visto al animal, la noche en que éste se llevó a su hermanito de cinco años cargándolo en la boca igual que una gata a sus bebés. Era un gigante, le había dicho el niño a Winston; un gigante del color del fuego, con rayas negras como la noche y ojos amarillos y relucientes como el sol. Y hermoso, muy hermoso. Ése era un detalle que a Winston le había llamado la atención: que el niño alabara la belleza del tigre aunque hubiera devorado a su hermano. Sin embargo, el hombre podía entenderlo. Pocas cosas en el mundo eran más perfectas que un tigre, un ser que reunía gracia, fuerza y astucia en un solo cuerpo, pintado a su vez por la naturaleza con un diseño exquisito. Quien jamás hubiera visto un tigre y lo tuviera ante sí por primera vez, sin duda pensaría que algo tan magnífico no podía ser del todo real.

Quedaban apenas cincuenta y ocho tigres en el mundo, confinados en dos estaciones de cría. El animal de esa selva era el primer ejemplar en estado salvaje del que se tenía noticia en los últimos veinte años, y dado que al parecer estaba solo, el objetivo era capturarlo con vida, trasladarlo a Nueva York y ponerlo ahí con dos hembras fértiles y sanas a fin de obtener cachorros. Era crucial obtener sangre nueva; la endogamia había vuelto a los tigres muy susceptibles a una enfermedad viral, y un nuevo brote de la misma podría matarlos a todos en menos de una semana. Eso había pasado con los guepardos, que ahora sólo existían en los documentales. Era una pena. Nunca más volverían a correr detrás de las gacelas, aunque a decir verdad tampoco quedaban muchas de ellas para perseguir.

Winston se detuvo un momento. Acababa de encontrar una huella muy clara en el barro: cinco almohadillas perfectamente dibujadas. El primer pensamiento del hombre fue que el niño había tenido razón, pues un cálculo rápido le permitió saber que el animal sí era grande, más que el promedio. Algo así como trescientos kilogramos de puro músculo, dientes y garras. Randy Winston se moría de ganas por enfrentarse a él cara a cara, aunque no fuera a matarlo. Sería toda una experiencia.

Por fin llegó el momento en que la nariz del hombre captó su objetivo: el olor de la guarida. Su instinto más primitivo, el de supervivencia, le indicó que retrocediera, ya que ese olor significaba peligro; sin embargo, Winston se había entrenado para desoír ese tipo de advertencias, y lo que mandó fue la voz de su intelecto diciéndole que él era el depredador. La bestia no lograría vencer su inteligencia superior... ni al anestésico que pronto recibiría a través del dardo. Ya eres mío, pensó el hombre, y una sonrisa cruzó su rostro de barba incipiente.

Winston hizo un gesto a sus colegas: tenían que moverse con mayor sigilo todavía para no alertar al felino, cuyo sentido del oído debía de ser muy agudo. El cazador esperaba que, por causa de la hora, el calor y el festín que seguramente se había dado con el último granjero, el animal estuviera durmiendo o por lo menos aletargado. Podría dispararle desde una buena distancia; sólo necesitaba un blanco nítido y medio segundo para oprimir el gatillo. Pan comido.

Winston avanzó unos pasos más. Ya creía ver algo a través de la maleza, unos... ¿muros de piedra? Sí, eso eran, pero no se sorprendió. Había muchos templos abandonados en la región, y a los animales les gustaba usarlos como refugio. El tigre debía de hallarse en algún lugar entre las piedras, a la sombra, en el fresco. Winston rodeó los pocos restos de la construcción... y no vio más que un montón de hojas aplastadas. El hombre titubeó un instante. Luego hizo una mueca de enojo: el tigre los había escuchado llegar. ¡Demonios! No podía estar demasiado lejos, sin embargo, ya que el lecho vegetal se veía como recién abandonado y había huellas muy recientes en su periferia. Sólo tenían que seguirlas y...

Un minúsculo crujido fue el único aviso antes del ataque. Cualquier otra persona habría sucumbido en ese preciso instante, pero los reflejos de Winston estaban a la par de sus sentidos, y el hombre tuvo tiempo de darse la vuelta y dispararle a la mole que estaba cayendo sobre él con las garras desenfundadas y los dientes expuestos, una larga y borrosa mancha anaranjada y negra. El dardo pegó en el blanco; Winston lo vio clavarse en la piel del tigre, y como no había tiempo para nada más, cruzó los brazos ante él para defenderse de la embestida que ya no podía frenar. El dolor fue inmediato, intenso, y le arrancó un grito antes de que el tigre lo aplastara contra el suelo, dejándolo sin aire. La cabezota del felino llenaba todo su campo visual: ojos dorados fijos en él con hambre y furia. Voy a matarte, le decían esos ojos; has invadido mi territorio y pagarás por ello con tu sangre. Aun así, Winston se perdió en la mirada del tigre como si fuera un hechizo, dado que tenía frente a sí a la bestia más admirable que hubiera visto en toda su existencia. Le estaba desgarrando los brazos con una facilidad pasmosa, iba a morderle la garganta a la menor oportunidad y entonces sólo le quedarían unos segundos de vida; no obstante, lo que Winston pensó fue que ojalá sus compañeros no mataran al tigre para salvarlo a él, ya que estaba dispuesto a sacrificarse por aquella criatura tan magnífica. Nunca antes había pensado semejante cosa.

Hubo una confusión de voces y más disparos retumbaron en la selva. El tigre no había soltado a Winston, y sus garras dejaban largas y profundas marcas en su pecho. Los brazos del hombre eran sendos despojos de carne ensangrentada. Winston seguía gritando de dolor. Ya no le quedaba mucho tiempo, lo sabía, y sólo esperaba que el sufrimiento acabara pronto y que el tigre sobreviviera. No era una mala forma de morir, como un cazador cazado.

Las mandíbulas del animal aflojaron la presión. Los dardos estaban haciendo efecto, y poco a poco el tigre perdió fuerzas, derrumbándose sobre su presa como un peso muerto. Winston aún contemplaba los ojos dorados del felino, que se vaciaron de expresión al tiempo que la droga se apoderaba de la criatura, dominándola en silencio. El tigre se había dormido.

Winston se quedó ciego un momento, por la falta de aire y la pelambrera del animal que tapaba su cara. Luego sus compañeros empujaron al tigre a un lado y el cazador vio el primer rostro que se inclinaba sobre él manifestando preocupación.

—Randy, ¿puedes hablar?

El aludido no entendió la pregunta. Giró la cabeza hacia el felino, el cual yacía de costado, respirando suavemente. Sí, era hermoso. Una obra de arte maravillosamente letal.

—Es un rey —balbuceó Winston—. El rey de los tigres.

—¿Qué has dicho? —preguntó el otro hombre.

—Nos estamos llevando el corazón de esta selva—murmuró Winston mientras su propia conciencia se desvanecía—. Habrá... consecuencias.

Después de eso lo invadió la oscuridad.

G. E.

Siguiente entrada: LA MALDICIÓN DEL TIGRE (2).

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[Nota: esta entrada debe leerse con un tono de voz muy, muy malhumorado, como el de J. Jonah Jameson o el jefe de policía de la serie Sledge...

[Nota: esta entrada debe leerse con un tono de voz muy, muy malhumorado, como el de J. Jonah Jameson o el jefe de policía de la serie Sledge Hammer! (la cual probablemente nadie recuerde a estas alturas, pero bueno, la cosa es que el jefe era muy gritón).]

¿Recuerdan mi artículo sobre la importancia de hacer caso a los cerebritos? Pues mucha agua ha corrido desde entonces... ¡¡PARA QUE NADA CAMBIARA EN ABSOLUTO!!

En serio, ¿qué parte de "la presión de la especie humana sobre la naturaleza nos expondrá a patógenos nuevos" era tan difícil de entender? ¿Y por qué cuernos los brotes de SARS y MERS no sirvieron como tremendas banderas rojas en materia de enfermedades infecciosas?

"Bah, bah, pa' qué vamos a invertir en crear vacunas contra esas enfermedades si ya hemos contenido los brotes", dijeron los gobiernos y las compañías farmacéuticas; sin embargo, las causas de dichos brotes no se atendieron, por lo cual era sumamente esperable que volviéramos a tener problemas. Y aquí estamos, medio mundo en cuarentena por el dichoso SARS-CoV-2 del carajo.

Mientras tanto, por más que los científicos siguen explicando cómo han rastreado los pasos del virus en sus saltos de una especie a otra, la gente sigue erre que erre con las teorías conspiranoicas. ¡Ay, ya, corten con eso, que no todas las tragedias tienen que tener un villano detrás como si fuera una película! ¡A veces las cosas malas simplemente ocurren por culpa de la estupidez humana, LA CUAL ABUNDA! A ver, ¿a quién se le ocurre meterse con los murciélagos y los pangolines, para empezar? ¡Uno de esos bichos tiene alas de dragón/demonio y el otro es demasiado adorable y está en peligro de extinción!

Y hablando de estupidez... ¡hay que ver la cantidad de gobiernos y ciudadanos que han ignorado las recomendaciones de los expertos para evitar la propagación de la enfermedad! Esto ya parece una de esas historias de ficción en las que los protagonistas son demasiado tontos para vivir, como las novelas de Crepúsculo o las películas de Mundo Jurásico. Joderrr, ni que fuera TAAAN DIFÍÍÍCIL seguir las instrucciones y hacer bien estas cosas súper sencillas:

lavarse las manos
desinfectar las superficies potencialmente infectadas
salir lo menos posible
ponerse un barbijo correctamente
mantener dos metros de distancia o más
toser/estornudar en el hueco del codo

¡Que no es mecánica cuántica, por el amor de Richard Feynman!

¿Y cuántas veces más hay que repetir que los antibióticos NO FUNCIONAN CONTRA INFECCIONES VIRALES y que NO, LA VACUNA CONTRA COVID-19 NO ESTARÁ LISTA PARA EL MES QUE VIENE? (Que alguien incluya conceptos básicos de microbiología e inmunología en los programas de educación secundaria, por favor; eso también ayudaría a contrarrestar el estúpido movimiento antivacunas.)

Si sueno enfadada ¡¡es porque tengo un cabreo de mil demonios, leñe!! ¡Esto se podría haber evitado prohibiendo mucho antes el comercio de animales exóticos en condiciones antihigiénicas! Puestos en ello, me imagino que los científicos que advirtieron sobre la posibilidad de una nueva epidemia han de estar súper enfadados también, más o menos como esto:


Lo peor es saber que la humanidad seguirá empeñada en no hacer caso a los cerebritos, y en aprender solamente por las malas o no aprender en absoluto. ¿Advertencias sobre el cambio climático? "Nah, es solamente un ciclo, no tiene nada que ver con las emisiones humanas de CO2, ya pasará"... hasta que empiece a subir el nivel del mar y las condiciones climáticas se vuelvan incompatibles con la agricultura normal y la subsistencia de buena parte de las especies animales y vegetales. Entonces los científicos (en este caso los climatólogos) volverán a decir...


¡Y yo también!

G. E.

¿Recuerdan mi teoría sobre cómo acabará el mundo ? ¿Esa que involucraba cucarratas (cucarachas cruzadas con ratas) y visitantes extraterrest...

¿Recuerdan mi teoría sobre cómo acabará el mundo? ¿Esa que involucraba cucarratas (cucarachas cruzadas con ratas) y visitantes extraterrestres? Pues bien, tras haber leído recientemente un par de artículos científicos, me di cuenta de que mi teoría necesita un reajuste. Sí, la especie humana morirá de todas maneras, pero... ¡el planeta Tierra podría salvarse!

El primer artículo (pueden leerlo aquí, si saben inglés) iba sobre arañas enojadas. La cosa es así: resulta que los huracanes favorecen la supervivencia de las arañas más agresivas, las cuales a su vez heredarán su comportamiento a las futuras generaciones.

Y claro, si a eso sumamos la contaminación y la alta capacidad de supervivencia de las cucarachas y las ratas, lo que obtendremos de todo eso serán enormes cucarañas, arañatas ¡o incluso cucarañatas! (Esto no impedirá que surjan las paloviotas, aunque probablemente las habrá en menor número debido a los nuevos híbridos con componente arácnido.)

Considerando este nuevo factor... ¡el final de la humanidad será aún más épico que en mi predicción anterior!


(Diablos, ahora quiero que alguien haga una película basada en esta escena. Preferentemente los creadores de Big Ass Spider! o Castores zombis. ¿Hay algún productor de cine entre mis seguidores? ¡¿Hola?!)

"¿Y qué hay de los extraterrestres?", se preguntarán. Pues... en este nuevo escenario, lo más probable es que evalúen la situación de lejos y no se atrevan a venir. Y en caso de que vinieran, serán devorados rápidamente por las nuevas especies aracnoides.


Pobrecitos... a menos que sean como los de la película ¡Marcianos al ataque!, en cuyo caso me burlaré de ellos con un buen "¡ack, ack, ack!" >:-D (Ah, cuánto gusto da el schadenfreude.)

¿Y qué hay de lo que dije arriba sobre que la Tierra podría salvarse? Ahí es donde entra el segundo artículo (de nuevo, pueden leerlo aquí, si saben inglés). ¡Resulta que una planta muy antigua creció por primera vez en el Reino Unido en lo que va de la historia humana! Culpa del cambio climático también. En fin, podría ser que, al tiempo que las cucarañas, arañatas y cucarañatas tomasen el control del planeta, ocurriera eso con las plantas primitivas. Y quién sabe, de igual manera los animales actuales podrían retroevolucionar a sus formas primitivas. No todos ellos, claro, ya que no podrían convivir con la nueva fauna aracnoide. Digamos que quizás reaparecerían los bichos más malotes, como los tiranosaurios, los tigres dientes de sable, varias especies de pterosaurios como el Quetzalcoatlus y por supuesto los temibles fororracos. El planeta se limpiará poco a poco, además, ya que tanto las cucarañatas como las paloviotas (y quizás algún híbrido mitad cuervo y mitad carancho, al que llamaríamos "cuervancho") aprenderían por fin a digerir el plástico. En ese sentido serían un poco como los ascosos de los que habló Terry Pratchett en su libro Dioses menores.

Y claro, finalmente el sol explotará y destruirá el sistema solar, así que el mundo acabará de todas maneras. ¿Tal vez en medio de una lucha épica de cucarañatas en un coliseo, con un público de cuervanchos y gigantopitecos?


¡Qué pena que no estaré ahí para sacar fotos de todo eso mientras mastico una pierna de dinopollo asado!

G. E.

(Dinopollo: Nombre que dio Isaac Asimov a la carne de dinosaurio en su relato Una estatua para papá. Según el narrador de dicha historia, la carne de dinosaurio tiene aspecto de carne de pollo pero es muchísimo más deliciosa, hasta el punto de que nada se le compara en exquisitez. ¿Ñam ñam, pues, salvo para los veganos?)

Cuando estaba en el colegio, en dos años distintos tuve una maestra llamada Estela que fue muy especial para mí. En primer lugar, solía leer...

Cuando estaba en el colegio, en dos años distintos tuve una maestra llamada Estela que fue muy especial para mí. En primer lugar, solía leernos capítulos de un libro unos minutos antes de terminar la jornada de clase.

En segundo lugar, el día que terminamos la primaria nos regaló a todos una fotocopia del famoso discurso (o carta) del jefe Seattle. Las palabras allí me impresionaron tanto a mis once años que guardé la fotocopia y luego la transcribí a mi computadora para no perderla (los fragmentos abajo corresponden a mi transcripción, no a la de Wikipedia; hay varias versiones circulando por ahí).

La verdad, me importa muy poquito la autenticidad del texto (si leen la ficha en Wikipedia, sabrán que hay dudas sobre la misma). La cuestión es ésta: todo lo que dice es absolutamente aplicable al día de hoy, y vaya que el mensaje se escribió muchísimo antes que los discursos de Greta Thunberg. O sea, ya antes de que empezaran el cambio climático y la extinción masiva de especies había personas a las que les importaba el daño al ambiente.

Tantos años han pasado y los gobiernos (por no hablar de buena parte de sus votantes) siguen sin hacer caso, y un montón de gente se burla de Greta en lugar de concentrarse en lo que DICE, por no hablar de lo que informan los científicos. En serio, qué maldita costumbre la de no escuchar a los cerebritos (tema sobre el cual escribí esta entrada en 2010). ¿Cuántos desastres más van a ocurrir antes de que nos pongamos firmes con el tema? ¿Cuántas personas y animales más van a tener que morir?

Somos una parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas. Los ciervos, el caballo, la gran águila son nuestros hermanos. Las alturas rocosas, las praderas jugosas, el calor del poni y del hombre, todos ellos pertenecen a la misma familia.

Sabemos que el hombre blanco no concibe nuestro modo de ser. Una parte del país le es igual a cualquier otra, pues es un extraño: viene de noche y extrae de la tierra lo que precisa en el momento. La tierra no es su hermano sino su enemigo, y cuando la ha conquistado sigue su rumbo. Sin preocuparse abandona las tumbas de sus padres y el derecho de nacimiento de sus hijos. Sin preocuparse roba la tierra de sus hijos.

Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo como objetos que se compran y se saquean, como ovejas que se venden, o como perlas brillantes que se codician y se poseen. Su hambre devora la tierra y sólo restarán desiertos.

El viento es precioso para el hombre rojo porque todos los objetos comparten idéntico respiro. El animal, el árbol, el hombre comparten el mismo hálito. El hombre blanco no parece tener conciencia del aire que respira, como un ser muerto hace días está obtuso ante el hedor.

Soy un salvaje pero no lo concibo de otro modo. He visto miles de búfalos en desintegración, la acción del hombre blanco, baleados desde el ferrocarril. Soy un salvaje y no llego a comprender cómo puede ser más importante el caballo de hierro que el búfalo, al que sólo sacrificamos para mantenernos en vida.

¿Qué es el hombre sin los animales?

Si todos los animales desaparecieran moriría el hombre por soledad de su espíritu. Lo que se hace a los animales, muy pronto se resiente de ello el hombre.

Todo está entrelazado como la sangre que une una familia. Lo que se hace a la tierra, eso también recae sobre sus hijos. El hombre no creó la trama de la vida, él es sólo una hilacha de ella. Lo que le hacéis a la trama, eso también lo hacéis a vosotros.

Cuando todos los búfalos estén sacrificados, amansados todos los caballos salvajes, irrespirables todos los refugios de los bosques por emanaciones humanas, y mancilladas las fértiles colinas por tanto alambre que habla, ¿dónde estará la espesura? No estará. ¿Dónde el águila? No estará. ¿Y qué significa dar el adiós al poni veloz y a la caza? El fin de la vida y el comienzo del sobrevivir.


¿No es básicamente lo mismo que está diciendo Greta, lo mismo que estamos diciendo todas las personas a las que nos duele ver la destrucción de la joya que es nuestro planeta?

Políticos que manejan los países: DEJEN DE PRETENDER QUE EL PROBLEMA NO ESTÁ CRECIENDO. En el discurso se menciona el exterminio irracional de los búfalos (bisontes americanos). El ser humano tuvo que llevarlos al borde de la extinción hasta que al fin alguien tomó medidas y rescató la especie. Sin embargo, muchas otras se han perdido, y se seguirán perdiendo si la humanidad sigue con una venda en los ojos, pensando solamente en la economía.

Y conste que en realidad proteger el ambiente BENEFICIARÍA MUCHO MÁS A LA ECONOMÍA, si bien en un plazo un poquito más largo que el consumismo desenfrenado.

Greta no es una sola, SOMOS MILLONES. Sigamos machacando con el mensaje hasta que cale bien hondo. Copien el discurso en la ficha de Wikipedia y, si es necesario, imprímanlo en una hoja y péguenlo con cola o cinta adhesiva en la frente de quienes están en negación (tal vez en algunos casos no sería mala idea pegarlo con una pistola de clavos, pero traten de que no los pillen porque asesinar con pistolas de clavos a la gente dañina sigue siendo ilegal).

Todavía estamos a tiempo de rescatar la mayor parte de lo que estamos destruyendo. No perdamos la oportunidad.

G. E.

PD: Si quieren mi copia de la supuesta carta del jefe Seattle, la pueden bajar desde aquí.

PPD: Lo de la pistola de clavos era un chiste macabro. La autora de este blog no incita a matar a nadie salvo tal vez a las cucarachas y los mosquitos, ya que son un puñetero incordio del carajo.

VÍNCULO DE LA IMAGEN EN PIXABAY
https://pixabay.com/photos/bison-buffalo-herd-wildlife-1581895/

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Decenas de miles de años atrás, el ser humano primitivo aprendió a encender fogatas, cocinar su comida, crear armas y pintar en cavernas. Mi...

Decenas de miles de años atrás, el ser humano primitivo aprendió a encender fogatas, cocinar su comida, crear armas y pintar en cavernas. Miles de años atrás, el ser humano fue capaz de crear pirámides y trepanar cráneos sin haber inventado aún las grúas, los anestésicos ni los antibióticos.

O sea, hubo gente muy, pero que muy lista a lo largo de toda la historia de la humanidad. Y también hubo gente muy, pero que muy estúpida. Sin embargo... bueno, creo que la estupidez tenía mucha más excusa en tiempos pasados, cuando no había bibliotecas, periódicos ni Internet.

Hoy en día estamos viendo niveles inexcusables de estupidez. Vamos, que una cosa era meter la pata en épocas en las que no se sabía casi nada sobre nada, pero ¿meter la pata cuando tenemos 6.000 años de registros históricos acumulados e información científica de todo tipo, ya comprobada, al alcance de unos pocos clics?

Veamos unos pocos ejemplos:

1) Los antivacunas. Personas que, a pesar de décadas de registros históricos sobre cómo las vacunas han bajado la mortalidad infantil, CREEN QUE LAS VACUNAS SON MALAS PARA SUS HIJOS.

2) Jóvenes que van a fiestas y se drogan con cualquier cosa que les pongan delante. Vamos, podría dejar pasar que se intoxicaran con el alcohol normalito de siempre (hasta el punto de acabar en el hospital con una intoxicación etílica), pero en serio, ¿consumir cualquier pastilla sin saber lo que contiene? ¿¿¿En qué rayos están pensando??? (si es que piensan algo). Y ni hablar de los que empiezan a fumar sabiendo lo dañino (¡y caro!) que es.

3) Personas que sufren accidentes, dañándose a sí mismas o a gente inocente, por conducir o caminar mirando el puñetero móvil en lugar de prestar atención al entorno. Motociclistas que se matan por conducir sin casco. Automovilistas que se matan por no usar el cinturón de seguridad. Personas que se ponen en el camino de un tren (¡ni que fuera imposible saber por dónde van a pasar los mismos!).


4) Los bug chasers. ¿No saben qué son? Pues SON PERSONAS QUE BUSCAN TENER SEXO SIN PROTECCIÓN CON SEROPOSITIVOS, O QUE INCLUSO BUSCAN INFECTARSE A PROPÓSITO CON EL VIRUS DEL SIDA. Qué. Carajo. Tienen. En. El. Cerebro.

5) Quienes simpatizan con Donald Trump y Nicolás Maduro. SIN PALABRAS.

6) Personas que se apuntan a cualquier reto estúpido de Internet, como el de tragar cápsulas de detergente o el de andar por ahí con los ojos tapados igual que en la película Bird Box. Díganme si no merecen un premio Darwin en caso de morir sin haber procreado aún.

7) Mujeres occidentales que, tras haber disfrutado toda su vida de los derechos conquistados por el feminismo, se unen a grupos terroristas islámicos o se van con sus maridos a países musulmanes donde tendrán menos derechos que una patata.

8) Quienes mueren en accidentes bobos por sacarse selfies.

9) Quienes se revientan contra el piso haciendo balconing (consiste en saltar desde los balcones a las piscinas de los hoteles).

¿En serio la humanidad es TAAAAAN estúpida, después de tantos millones de años de evolución y conocimiento acumulado? ¿O acaso está pasando algo más, una especie de fenómeno invisible e indetectable por métodos convencionales?

Ahí es donde surge mi teoría: esta ola de estupidez es INTENCIONAL. Pero no intencional por parte de nuestra especie, sino que... ¡LA ESTÁ PROVOCANDO EL PLANETA TIERRA A FIN DE REDUCIR LA POBLACIÓN HUMANA QUE TANTOS DESASTRES AMBIENTALES HA CAUSADO!

Quizás la Tierra está emitiendo una onda de energía que perturba el funcionamiento cerebral del Homo sapiens. O quizás se trate de una espora. ¿Han visto la película The Happening, de Shyamalan? En serio, cada vez estoy más convencida de que se trata de algo así.

Tierra: ¡GGGGNNNN, TENGO QUE LIBRARME DE TODOS ESTOS ESTÚPIDOS HUMANOS QUE ME ESTÁN INTOXICANDO!
Luna: Ya, ya, no sufras. Sabes que siempre estoy a tu alrededor.
Sol (al que no le importa nada porque es muy grande y está muy lejos): ¡Mmmmmm, chorizos!
Terraplanistas (señalando al espacio exterior con el dedo): ¡Eh!, ¿vieron? ¡La Tierra es plana!
Quienes leemos a Terry Pratchett: ¡No, ése es el Mundodisco, ignorantes!
Mundodisco: ¡Yujuuuuuuuuuuuuuuuuu!
Estrellas (cantando a coro con voz infantil): Brilla, brilla, estrellita...

Pero bueno, no todo está perdido. Es posible que las personas que usamos la lógica y nos preocupamos por el planeta seamos inmunes a este fenómeno. ¡Sigamos aguantando, y en un futuro no muy lejano tal vez podamos convivir en paz con la Tierra, sin tanta gente dañinamente estúpida o estúpidamente dañina! :-)

G. E.

PD: No incluí a los terraplanistas en la lista de gente estúpida porque la ignorancia de éstos no los está matando directamente. Aunque, ¿quién sabe?, tal vez sean también antivacunas o tarados que se sacan selfies riesgosas. Ojalá.

Hace un tiempito escribí un artículo sobre mis organismos exitosos favoritos . Hoy, como pone en el título, toca escribir uno sobre mis anim...

Hace un tiempito escribí un artículo sobre mis organismos exitosos favoritos. Hoy, como pone en el título, toca escribir uno sobre mis animales raros favoritos, sólo porque sí :-D ¿Listos? ¡Aquí van!

PANGOLÍN — Parece un extraño caballero con armadura, pero se trata de un animalito adorable y pacífico. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Por desgracia, esta preciosura de animalito está en peligro debido a la caza indiscriminada :-(

Foto de Piekfrosch, página alemana de Wikipedia, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1788311.

EQUIDNA — Este bichito parece un simple puercoespín, pero es mucho más interesante que eso. ¡Se trata de una de las dos únicas especies de mamíferos ovíparos que existen en todo el mundo! (la otra es el ornitorrinco). Sí, es un mamífero que pone huevos, y además es marsupial.


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=670107.

ORICTEROPO — También llamado cerdo hormiguero. Curiosamente, solía aparecer en el programa de la Pantera Rosa, donde perseguía a una hormiga al estilo Tom y Jerry :-D Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de Scotto Bear (North Beach, MD, EUA), CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3622805.

MANTIS ORQUÍDEA — ¿Han visto mantis religiosas alguna vez? ¡A mí me encantan! ¡Son como los leopardos del mundo de los insectos! Resulta, sin embargo, que las mantis pueden ser todavía más asombrosas... ¡hasta el punto de disfrazarse de flores!


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Luc Viatour, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5187230.

CARACAL — Es un felino africano-asiático poco conocido pero muy bonito, como una especie de puma pequeño con orejas rematadas en mechones de pelo oscuro (está más emparentado con los servales que con los pumas, sin embargo).


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto presumiblemente de Inkbacker~commonswiki, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1799844.

FENECO — Se trata de un bonito zorro del desierto, con enormes orejas para disipar el calor y otras características que le permiten sobrevivir en su ambiente cálido y seco.


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Tim Parkinson (Sheffield, Reino Unido), CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2490268.

LICAÓN — Es una especie de perro africano salvaje. Estos animales cazan en jaurías y son muy eficaces, aunque están amenazados por la destrucción de su hábitat y la competencia con carnívoros más grandes. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de Derek Keats (Johannesburgo, Sudáfrica), Parque Nacional Chobe, Botswana, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=61458838.

AGUARÁ GUAZÚ — Parece una especie de zorro, pero no está emparentado con ningún cánido moderno. Vive en Sudamérica. Es una especie protegida, dado que sufre por la destrucción de su hábitat y la cacería debida a las supersticiones (no ataca al ganado ni a los humanos).


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=73999.

ÁGUILA ARPÍA — Es una de las rapaces más impresionantes, en mi opinión. Habita las pluviselvas de América. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de http://www.birdphotos.com, trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3785263.

AYE-AYE — Es otro bichito adorable que tiene una mala fama injustificada debido a su aspecto raro. Uno de sus dedos es más largo que los demás, y lo emplea para sacar insectos de los agujeros en los troncos. O sea, ¡cumple una función útil de control de plagas vegetales!


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Frank Vassen, Flickr, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19600466.

BABIRUSA — El babirusa es una especie de cerdo con unos colmillos muy particulares: éstos crecen y crecen como si fueran cuernos de carnero, hasta el punto de que pueden llegar a clavarse en la frente del animal. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de Terence Ong, trabajo propio, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1418136.

SEPIA — La sepia es algo así como un primo divertido del calamar. Se desplaza muy rápido, sus cromatóforos le permiten mimetizarse según lo requiera la ocasión, e incluso puede modificar su textura. ¡Lo que sea con tal de no morir devorado! :-D


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Diliff, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=533810.

PEZ DRAGÓN — Es uno de los peces más raros que conozco. ¡Pasa toda su vida fingiendo ser un montón de algas!


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de James Rosindell, trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=45692802.

DRAGÓN VOLADOR — No, no es un dragón (ya le gustaría a mi dragón Donald), sino una especie de lagarto que parece un dragón debido a sus membranas laterales, las cuales usa para planear.


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de H. Zell, trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=56541388.

MWANZA AGAMA CABEZA PLANA — Es un lagarto africano que se parece a Spider-Man. A SPIDER-MAN. ¡Díganme si no es fenomenal! :-D


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Christian Mehlführer (Chmehl), trabajo propio, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2134899.

FOSSA — Es otro de esos bichos que parece una cosa pero en realidad se trata de una especie distinta. O sea, el fossa parece un felino pero se trata de un euplérido (no me pregunten qué carajo es un euplérido, no tengo ni la más repajolera idea). Aun así es bonito, ¿verdad? :-)


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Chad Teer, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4436196.

Si en algún momento encuentro otro animal raro para mi lista de favoritos, vendré a añadirlo :-)

G. E.

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Ésta será una entrada muy, muy nerd, pero dedicada a algo que a muchos nos gusta: ¡los animales! (y algunas plantitas). Para ser exactos, de...

Ésta será una entrada muy, muy nerd, pero dedicada a algo que a muchos nos gusta: ¡los animales! (y algunas plantitas). Para ser exactos, describiré a mis criaturas exitosas favoritas; o sea, aquellas que, a pesar de la intervención humana o incluso gracias a ella, viven sin problemas en nuestro planeta. ¿Empezamos?

EL GATO DOMÉSTICO — Bueno, por algo los gatetes han llegado a ser los reyes en YouTube :-D El gato doméstico es una de las criaturas más exitosas del planeta, por no hablar de que también es un animal precioso, adorable, inteligente y suavecito.

El gato doméstico tiene unas cuantas características biológicas que le permiten ser exitoso:

a) Garras y dientes, una visión estupenda, un oído muy desarrollado y unos riñones ahorradores de agua que le permiten sobrevivir en ambientes semidesérticos.
b) Una tremenda facilidad reproductiva.
c) Cuida mucho su higiene, con lo cual mantiene en buen estado su pelaje aislante y se protege de los parásitos externos.
d) Su inteligencia le permite resolver problemas de todo tipo en cualquier tipo de ambiente. Encima, los gatos se las han arreglado para conquistarnos de tal manera que, a diferencia de los perros, NOSOTROS trabajamos para ellos :-D


EL HALCÓN DE HARRIS — También llamado aguililla de Harris, busardo mixto o gavilán mixto. ¿Que qué tiene de especial esta ave? Para empezar, se las arregla sin problemas para vivir en CIUDADES, aprovechando la capacidad de supervivencia de otro organismo exitoso: las palomas. El halcón de Harris, además, caza en grupos y es fácilmente domesticable, por lo que se usa mucho en cetrería.

Hay unos cuantos en mi ciudad, por cierto. Aprovecho para observarlos cuando salgo a caminar. He llegado a ver alguno a menos de cuatro metros de distancia, y créanme, impresiona.


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de A. Savin, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=31624573.

EL CARANCHO — También es posible ver a esta ave a menudo en mi ciudad, sobre todo en la playa, dado que los caranchos son carroñeros y no dudan en comer pescado muerto (u ofrendas de pollos que dejan los umbandistas). Como pueden ver, es un bicho muy bonito e impresionante.


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de Fedaro, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37910909.

EL BENTEVEO — Es un ave muy común en América, y se encuentra por todos lados en mi ciudad. Al principio no estaba en mi lista de favoritos, pero luego descubrí un par de cosas interesantes sobre la especie:

a) Hace en los árboles unos nidos muy fuertes con ramitas, capaces de resistir tormentas y vendavales.
b) No se acobarda a la hora de enfrentar a los halcones de Harris para ahuyentarlos de su territorio. En serio, más de una vez he visto a alguno ir a chillarle a la cara a dicha ave de rapiña, a pesar de que ésta es unas cuantas veces más grande.


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de Mike y Chris, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15574732.

LOS HORNEROS — Estas aves también se encuentran por todas partes en mi ciudad. Su característica principal es la que les da el nombre: hacen unos nidos de barro que parecen hornos. Y los hacen EN CUALQUIER PARTE: árboles, cornisas, alféizares, columnas. Estos nidos resisten TODO, incluso la lluvia. Duran años, y por donde vivo se considera de buena suerte tener uno en la casa.

Anécdotas personales:

a) Más de una vez he visto a un hornero con una sola pata. No sé si se trata de la misma ave o dos o tres distintas; la cuestión es que el bicho se las arregla sin problemas andando a pata coja :-D
b) Una vez estaba cortando a mano el pasto en mi jardín. Dejé a la vista unas cuantas babosas, y entonces vino un hornero a picotearlas. Se acercó a menos de un metro de mí, sin miedo alguno. En ese momento consideré al hornero uno de mis mejores amigos emplumados :-)


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de Fernando da Rosa Morena Fedaro, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8385069.

LOS TORDOS — Son unas aves paseriformes un poco más grandes que los gorriones. Los machos tienen un plumaje negro brillante como los cuervos, mientras que las hembras son de color pardo mate. Cantan muy bonito; al atardecer suelen reunirse todos en un mismo árbol y comparten cantos como hacemos las personas en Twitter :-D Curiosamente, estas aves ponen sus huevos en nidos ajenos igual que los cucos. Eso incluye los nidos... de los horneros. Más de una vez he visto a un hornero alimentando a un pichón de tordo. ¡Hijito adoptivo! :-D


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de Marina Torres.

LA COTORRA MONJE — Es un tipo de perico nativo de Sudamérica. A diferencia de otros loros, que están en peligro de extinción, la cotorra monje es un organismo altamente prolífico, inteligente y adaptable, que además construye nidos comunitarios. ENORMES nidos comunitarios en los árboles, a los que he visto resistir vendavales de más de 100 km/h.

De todas las aves no depredadoras en mi ciudad, las cotorras monje son las únicas a las que NO he visto buscar comida en la basura. Ellas picotean frutos de cualquier tipo (incluso los del árbol Melia azedarach, que son tóxicos), o se reúnen para alimentarse en el pasto (supongo que pillan bichos).


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de Lip Kee Yap, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5033536.

LAS RATAS — Sí, han leído bien. Las ratas. Sé que son plaga, que causan destrozos y que transmiten enfermedades. Peeeeero... ¡las ratas son también unos organismos admirables! Tomen en cuenta estos datos:

a) Son altamente prolíficas.
b) Comen casi cualquier cosa.
c) Son inteligentes. Por ejemplo, si ven a un congénere morir rápidamente a causa de un veneno, evitarán probar dicho veneno. También se pueden tener como mascotas.
d) Saben nadar, incluso por las tuberías (pueden contener la respiración por un buen rato).
e) Se han adaptado a cualquier ambiente donde haya humanos, incluso ambientes tóxicos para muchos otros organismos.

Y, la verdad, me parecen simpáticas :-)

LAS GAVIOTAS COCINERAS — Otro organismo considerado plaga. No son aves particularmente vistosas, pero, al igual que las ratas, tienen unas características biológicas realmente impresionantes:

a) Excelentes habilidades de vuelo y natación.
b) Comen casi cualquier cosa.
c) Poseen glándulas para desalinizar el agua de mar.
d) Aprenden a no temer a los humanos.

Anécdota personal: Cuando estaba en Disney World, comiendo una pierna de pavo con mi madre, una gaviota se posó frente a nosotras y esperó tranquilamente a que le regaláramos unos pedazos de carne (sí, más o menos como un perro... o un perro caníbal).

LOS CUERVOS — Tal vez pensaría distinto si tuviera un cultivo, ¡pero me encantan los cuervos! Y no sólo por ese maravilloso plumaje negro e iridiscente, sino también por estas otras razones:

a) Según los científicos, los cuervos se encuentran entre las aves más inteligentes DE TODO EL PLANETA.
b) Comen casi cualquier cosa.
c) También aprenden a no temer a los humanos.

Anécdota personal: Cuando estaba en Disney World, vi a un niño alimentar con patatas fritas a un cuervo; el bicho las pillaba en el aire, haciendo gala de tremendas habilidades acrobáticas.

LAS ARDILLAS — Bueno, las ardillas son algo así como ratas bonitas, en el sentido de que también roen cosas y pueden convertirse fácilmente en plaga. Pero... pero... ¡son adorables! Encima, contribuyen a la dispersión de semillas en los bosques. También son excelentes trepadoras.

LAS CABRAS — Las cabras son las primas inteligentes de las ovejas, en cuanto a habilidades mentales y de alpinismo. Las cabras son organismos altamente adaptables y prolíficos, capaces de digerir pastos de muy bajo valor nutricional y de sobrevivir en terrenos pedregosos y montañosos. De hecho, son tan buenas para trepar ¡que hasta hay cabras capaces de subirse a los ÁRBOLES!

No me sorprendería si algún día un alpinista subiera al Everest y se encontrara allí con una cabra especialmente atrevida :-D

LOS CANGUROS GIGANTES — El canguro gigante es un animal extraordinario. La hembra puede controlar su reproducción, los machos se enfrentan en combates de boxeo (donde se valen los puñetazos y también las patadas), y todos ellos tienen unas patas como resortes que les permiten desplazarse saltando a alta velocidad. Por no hablar de su aspecto súper simpático :-)

LOS MAPACHES — Rocket Racoon es un estupendo Guardián de la Galaxia, pero los mapaches comunes no se quedan muy atrás en cuestiones de grandiosidad. El mapache es un animal inteligente, capaz de aprender por sí solo a abrir cerrojos de jaulas y a colaborar con otros mapaches para resolver un problema. O sea, los mapaches son prociónidos con un comportamiento no muy distinto al de los simios :-D Encima, se las arreglan para habitar áreas urbanas (cosa que no gusta mucho a las personas, dado que estos bichitos pueden llegar a ser un tanto destructivos).

EL JABALÍ — El jabalí es el pariente badass del cerdo doméstico. Sí, constituye una presa común para los depredadores, pero ¡no se los hace nada fácil! El jabalí es muy capaz de defenderse de cualquier tipo de ataque, usando su fuerza corporal y sus colmillos. Encima, el bicho tiene una dieta omnívora y una resistencia que le permite adaptarse a un buen número de ambientes. O sea, ¡no es bonito pero sí admirable!

EL BÚFALO CAFRE — También llamado búfalo de agua o búfalo africano. El búfalo cafre me gusta por las mismas razones que el jabalí, pero aumentadas: es un herbívoro muy, pero que muy badass. El búfalo cafre es uno de los herbívoros más exitosos de África. No duda en defenderse, o a su manada, de los grandes depredadores, y es capaz de matar leones adultos con sus fabulosos cuernos. Cuando un depredador ataca a la manada, los adultos rodean a los terneros. Por si lo anterior fuera poco, las hembras utilizan una especie de votación silenciosa para decidir hacia dónde debe dirigirse la manada.

Un macho adulto puede llegar a pesar hasta una tonelada. O sea, el doble de un toro de lidia... ¡y con su mismo carácter! En serio, no se metan con esos bichos si no quieren terminar convertidos en puré.


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de Yoky, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4362008.

LA HIENA MANCHADA — Es el carnívoro más exitoso de África. Tampoco es un animal particularmente bonito, pero vaya que impresiona. Para empezar, ¡se organiza en una sociedad auténticamente matriarcal! Las hembras son más grandes que los machos, pueden controlar la reproducción (no se dejan preñar por cualquier macho), y establecen una jerarquía así como las jaurías de lobos. Tienen una fuerza mandibular extraordinaria, capaz de romper huesos de hasta 7 cm de diámetro. Estos animales rompen los huesos, los devoran... ¡y los digieren!

A diferencia de lo que mucha gente cree, las hienas manchadas NO son principalmente carroñeras sino unas cazadoras muy eficaces, con una alta inteligencia para la colaboración. Son capaces de enfrentar a los leones cuando ellos vienen a robarles las presas (sí, lo más común es que los leones vayan a robarles las presas, no al revés), y tampoco tienen problemas en enfrentar leopardos, guepardos y perros africanos salvajes (estos últimos son bastante temibles, por cierto, o sea que no es poca cosa enfrentarlos).

EL CABALLO ÁRABE — Ahora toca un animal súper hermoso, para variar :-) El caballo árabe prácticamente no existe como especie salvaje hoy en día, sino que se cría porque, a pesar de su aspecto delicado, es una raza muy fuerte y resistente. Esto lo vi yo misma cuando llegó a mi facultad una yegua árabe preñada a la que habían tenido que amputarle una pata trasera debido a una fractura accidental. La yegua era capaz de echarse sobre el pasto y volver a levantarse sin ayuda, y se desplazaba por el terreno con sus tres patas, lo cual es muy sorprendente para un caballo. No les contaré el final de la historia porque es muy triste; basta con decir que esa yegua es uno de los equinos más admirables que he llegado a observar en persona.

EL DROMEDARIO — Otro animal árabe que tampoco existe ya como especie salvaje (salvo en Australia, donde fue implantado por el humano y técnicamente se ha vuelto plaga), pero que se cría por su tremenda resistencia al ambiente desértico. Reúne unas cuantas características extraordinarias:

a) La capacidad de almacenar y ahorrar agua, lo que le permite aguantar largos períodos sin beber; una vez que encuentra agua, sin embargo, puede engullir montones de litros de una sola vez sin problema alguno. Soporta un grado de deshidratación mucho mayor que otros mamíferos.
b) Patas especialmente adaptadas para caminar por la arena.
c) Almacena grasa en su joroba.
d) Sus pestañas filtran la arena y la luz solar.
e) Puede cerrar voluntariamente las narinas.
d) Es un bicho muy fuerte, de ahí que los beduinos lo usen como vehículo.

LAS ARAÑAS — Ya escribí un artículo sobre lo mucho que me gustan las arañas, pero son tan asombrosas que merecen un lugar en esta lista. Las arañas son como los grandes felinos entre los bichos, con la diferencia de que no las estamos extinguiendo. Algunas características impresionantes de las arañas:

a) Hay arañas con una visión estupenda y la capacidad de saltar sobre sus presas.
b) La seda arácnida es, para las tensiones que aguanta, más fuerte que los cables de acero.
c) ¡Tienen venenos de toxicidad diversa!
d) ¡Ciertas especies poseen pelos urticantes!
e) Algunas arañas crean trampas en el suelo en lugar de telarañas.
f) Las arañas recién nacidas sueltan hilos de seda al aire y luego se van volando sobre ellos como si viajaran en cometas.

Y qué quieren que les diga, ¡a mí me parecen bonitas! Sobre todo la araña pavo real (Maratus volans), con esos colores y esos ojazos :-D


Foto de Jurgen Otto, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=31209998.

LAS MEDUSAS — Los bañistas no son muy amantes de las medusas debido a las lesiones urticantes que producen. Sin embargo, las medusas de todo tipo tienen características que las hacen muy interesantes, a pesar de que, técnicamente hablando, son bolsas de gelatina sin mucho sistema nervioso :-D Veamos algunas de sus cualidades:

a) Son DEPREDADORAS. Sí, estas bolsas de gelatina CAZAN su comida, valiéndose de tentáculos con células urticantes cargadas de veneno. Algunas son tan tóxicas que pueden matar rápidamente a un ser humano.
b) Están prosperando gracias a las actividades humanas (en el sentido de que estamos eliminando a sus competidores y enemigos naturales).
c) La especie Turritopsis dohrnii podría ser, por su ciclo de vida alterno (regresión a un estado de pólipo), potencialmente INMORTAL.

Encima, hay medusas gigantes realmente bonitas :-)


Foto de wrda, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3360387.

EL PULPO — El pulpo es un enorme molusco resbaloso con tentáculos, pero resulta que es un molusco INTELIGENTE. El pulpo es capaz de destapar un frasco desde fuera ¡y desde dentro!, y una vez vi un documental sobre un pulpo de acuario que, por las noches, se salía de su tanque e iba a cazar peces a un tanque vecino, para luego volver al suyo (igualito que un humano cuando sale a comer a un restaurante).

Los pulpos son capaces de escurrirse por aberturas diminutas, tienen cromatóforos que les permiten cambiar de color y mimetizarse, lanzan "tinta" para distraer a los depredadores, y hasta pueden desprenderse de algún tentáculo para escapar de los depredadores, tal como hacen las lagartijas con sus colas.

Encima, ¡el pulpo tiene nueve cerebros! O sea, un cerebro central y ocho para los tentáculos. (Y pensar que algunos políticos me hacen sospechar de que ni siquiera tienen medio lóbulo funcional. En fin.)

EL PEZ LEÓN — Este bicho no sólo es bonito, sino que además tiene espinas venenosas. A diferencia de otras especies tropicales, amenazadas por el blanqueamiento de los corales, el pez león ha invadido (por culpa de la gente) otras áreas, convirtiéndose en plaga por falta de depredadores. Le queda bien el nombre, puesto que se trata de un depredador territorial y agresivo. Todas estas características explican su éxito. (Por cierto: también son sabrosos. Lo digo por si tienen la oportunidad de pescar alguno. La carne se puede comer una vez removidas las partes tóxicas, y de este modo se contribuye a erradicarlos de los sitios donde no pertenecen.)


Para más información, aquí está la ficha en Wikipedia. Foto de Fernando21, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8786052.

LOS DIENTES DE LEÓN — En serio, no puedo dejar de sentir admiración por esta humilde plantita. Crece donde le da la puñetera gana :-D

LANTANA O CAMARÁ — Es otra planta súper exitosa, hasta el punto de que también puede convertirse fácilmente en plaga. Al principio no me gustaba mucho porque tiene un olorcillo medio desagradable, pero luego vi que poseía estas otras características:

a) Ramas con espinas y hojas urticantes, todo lo cual le permite resistir el ataque de los herbívoros (incluyendo los caracoles).
b) Flores que proveen néctar a colibríes y mariposas. El período de floración es bastante extenso, además.
c) Una vez polinizadas, las flores se convierten en frutos de color oscuro que sirven de alimento a los pájaros. (Decidí probarlos. Su sabor es parecido al de las uvas.)


Como planta ornamental, es decididamente estupenda.

ESTAS FLORES, SEAN LO QUE SEAN — Si alguien me puede ayudar a identificar esta especie, doy las gracias por adelantado:


¿Por qué las he puesto en mi lista de organismos exitosos favoritos? Más allá de que son bien bonitas a pesar de su pequeño tamaño, estas flores se han expandido rápidamente y sin ayuda por todo mi vecindario. Son como los dientes de león: crecen en el pasto o en cualquier grieta. Voy a ayudarlas a que se expandan un poco más por mi jardín, donde también aparecieron por su cuenta :-)

Fin de mi lista, al menos por ahora. Si a ustedes les gustan otros organismos exitosos, ¡no duden en comentarlo!

G. E.

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