INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

7 de diciembre de 2016

ESTÚPIDA SIRENITA ARIEL

Leí El principito siendo una niña. Luego volví a leer esa novela siendo adulta. Me gustó en ambas ocasiones, pero, debido a los años entre una lectura y otra, mi perspectiva sobre la historia cambió bastante. Por ejemplo, entendí los simbolismos detrás de las situaciones fantásticas, lo cual aumentó mi respeto por el autor.

Lo mismo me pasó con la película La sirenita... salvo por el hecho de que, como adulta, mi opinión se volvió completamente desfavorable.

Les juro que yo AMABA esa película. Debo de haberla visto más de cien veces, hasta el punto de que sabía todo el guion de memoria. Muchas cosas de ella me siguen gustando, como la animación, la música y unos cuantos personajes (Úrsula, Sebastián, Eric, Flounder, la gaviota Scuttle, el perro Max, Tritón e incluso el cocinero psicópata).

Pero en cuanto a Ariel... lo siento, hoy en día pienso que Ariel era demasiado estúpida para vivir. Tiene más cabello que neuronas, al menos en la primera película (quizás fuera un poco menos tarada en la serie, pero hace mucho que vi esta última y ya no recuerdo los detalles).

Hay una crítica popular que NO voy a hacerle a la chica, sin embargo: eso de que ella cambia su cuerpo para conquistar a un hombre. No es verdad. Antes de conocer a Eric, Ariel ya tenía ganas de mudarse a la superficie porque la vida acuática no la hacía feliz (vaya usted a saber por qué; en la película nos muestran que hacen muy buenas fiestas, y nadie menciona la existencia de catástrofes, hambrunas, pestes o guerras en progreso).

Sin embargo... ¡encuentro mal casi todo lo demás que hace a lo largo de la película!

En su primera escena, ella se pone en riesgo, y también a su amigo Flounder, al inspeccionar un cementerio de barcos ¡donde merodean los tiburones! Ariel y Flounder escapan por un pelo de uno de esos animales, ¡y luego ella tiene el descaro de llamar "infantil" a su amigo por asustarse! ¿En serio, Ariel? ¿Qué tiene de infantil tenerle miedo a un enorme depredador? ¡Infantil es ignorar un peligro real para satisfacer un capricho!

Su padre y Sebastián la regañan por haber faltado al espectáculo (no les falta razón; da la impresión de que hubo mucho ensayo detrás, por no hablar de los cientos de invitados que asistieron al palacio). ¿Y qué responde Ariel? Primero con un simple "lo olvidé", lo cual ya es bastante malo, pero luego protesta diciendo: "¡Ya tengo dieciséis años, no soy una niña!" ¿Pues sabes qué, Arielita? A LOS DIECISÉIS AÑOS TAMPOCO ERES ADULTA, SOBRE TODO SI OLVIDAS TAN FÁCILMENTE TUS OBLIGACIONES (y si encima vas y te expones a lo tonto a ser devorada por tiburones). Si quieres que te traten como adulta, ¡tienes que comportarte como tal, nena!

Después Ariel se va a su cueva, donde ha almacenado un montón de objetos cuya función desconoce... y que, francamente, podrían haber sido peligrosos. Menos mal que Ariel vive en una época preindustrial, porque si su historia hubiese transcurrido en la actualidad, bien podría haber recogido algún recipiente con desperdicios tóxicos o incluso algún misil listo para detonar a la menor sacudida. Sebastián le suelta otra regañina muy bien merecida... y Ariel, una vez más, decide ignorar el consejo de un adulto como si fuera una nenita caprichosa de cinco años.

Lo siguiente que hace ella es subir a un barco... y de inmediato se queda embobada por un hombre sólo porque le parece lindo. Vale, el barco se incendia y Eric se arriesga para salvar a su perro (punto a favor para el muchacho), pero Ariel nunca menciona eso. Su primer comentario, después de llevar a Eric a la playa, es que él "es hermoso". Argh, típica adolescente superficial. Apuesto a que nunca se habría fijado en Eric si él hubiera sido feo. Le doy, sin embargo, crédito a la chica por rescatar al príncipe. Lástima que sea lo único útil que hace en toda la película.

Ariel vuelve al mar y se pone a pensar en la manera de conquistar al joven del que está "enamorada". Y pongo "enamorada" entre comillas ¡porque aún no ha intercambiado ni una palabra con el príncipe! Eso no es amor, es amor platónico. Otro típico capricho de adolescente inmadura.

En fin, más adelante Ariel se enfada porque su padre le destruye toda su colección de objetos humanos, pero ¿alguien puede culpar a Tritón por eso? Pongámonos en el lugar del pobre Tritón: su hija es imprudente, irresponsable e irrespetuosa, y encima colecciona objetos que provienen de unas criaturas hostiles para la vida acuática. Tritón le hace notar a Ariel que los humanos comen pescado, ¡y Ariel sigue en sus trece! A ver, Arielita, ¿qué hace falta para que entiendas los argumentos de tu padre? ¿Que un pescador arponee a tu amigo Flounder y se lo coma? ¡Ni siquiera sabes si Eric come pescado! (más adelante nos muestran que, efectivamente, el príncipe no es vegano ni nada por el estilo).

El equivalente de esa escena en la actualidad sería que un padre le quitara a su hija toda la parafernalia de alguna secta, y la verdad, ojalá yo hubiera tenido un padre que se preocupara tanto por mi seguridad (el mío era bastante indiferente).

Dando más muestras de estupidez adolescente, Ariel sigue a las anguilas a la cueva de Úrsula, sabiendo que la bruja es peligrosa y que su padre la ha exiliado (en la película no se menciona el motivo del exilio, pero seguro que fue algo bastante malo). La bruja convence a Ariel de convertirse en humana. Podríamos entender por un segundo que Ariel quisiera renegar su padre por el trauma de la situación violenta que acaba de sufrir (de la cual no culpo a Tritón, sin embargo, porque ya le había dado tropecientas advertencias a su hija), pero ¡va a marcharse del océano sin siquiera despedirse de sus hermanas, quienes parecen ser unas chicas muy agradables y cariñosas! (una vez más, ojalá yo tuviera hermanas así; tampoco me ha ido bien en cuestiones fraternales). ¡Y todo por un hombre lindo del que no sabe CASI NADA!

En serio, en la vida real ha habido chicas que terminaron violadas y asesinadas por fugarse de esta manera. Si Ariel fuera una adolescente hoy en día, Tritón se vería obligado a supervisar todas sus interacciones en Facebook.

Otro error de Ariel: ¡FIRMA UN CONTRATO SIN LEERLO! ¡NUNCA hay que hacer eso, pues podría tener alguna cláusula abusiva en letra pequeña!

Bien, Ariel se convierte en humana, tiene la suerte de encontrarse con el príncipe, y poco después la invitan a almorzar. ¿Y qué pone la criada en la mesa? Cangrejos con ensalada. CANGREJOS. O sea, como Sebastián, el cual, dado que habla, técnicamente es una PERSONA.

¡Ariel ve cangrejos en los platos y no se le mueve un pelo porque está demasiado embobada mirando al príncipe! Cualquiera de esos cangrejos podría haber sido Sebastián, puestos en ello; pero aunque ninguno lo fuera, ¿por qué diablos Ariel no se indigna ante el asesinato de los parientes de su amigo? Yo les voy a decir por qué: ¡porque Ariel es una adolescente tonta, con el cerebro nublado por las hormonas, que sólo piensa en sus propios intereses!

Esto queda aún más claro en la escena del dormitorio, donde Sebastián se está quejando de la horrible situación por la que tuvo que pasar y Ariel no le da ni puta bola. ¡Qué espantoso! Si un psicópata hubiese perseguido a MIS amigos con intenciones de partirlos en dos con un objeto afilado, desde luego que yo no reaccionaría con semejante indiferencia.

Y ahora repasemos un pequeño detalle: Ariel firmó un contrato. Eso significa que, en teoría, no es analfabeta. Entonces, ¿por qué no le escribe una nota a Eric para explicarle la situación? O podría haberle hecho un dibujito. La chica solamente tiene tres días para conseguir el beso de amor, por lo que debe darse un poco de prisa. Buf. Encima de tonta y egoísta, ni siquiera tiene una pizca de ingenio.

Volviendo a la historia, pasan más cosas y Úrsula finalmente se apodera del tridente de Tritón. O sea, por culpa de todas las malas decisiones de Ariel, el reino se encuentra ahora en manos de una bruja perversa. ¿Oímos disculparse a Ariel en algún momento por eso? Vagamente, y por la mitad. Nada de disculpas elaboradas y sinceras como la de Mérida a su madre.

Ahora voy a darle otro punto a favor a Eric, por acudir al rescate y empalar a la bruja. Si hubiera dependido de la inútil de Ariel, todo el reino de Tritón se habría ido al cuerno.

¿Y qué hace Ariel después de todo este embrollo? Pues se va a suspirar por el príncipe en lugar de terminar la disculpa que no llegó a formular antes. Porque es así de "adulta".

Al final, esta tonta princesa es PREMIADA por todas sus decisiones imprudentes. Tuvo suerte de que las cosas le salieran bien (eso se ve en la secuela), porque en realidad debería haber terminado así a los cinco minutos de empezada la película:


También podrían haberla arponeado algunos pescadores, o incluso podría habérsela comido la planta Audrey II de la película La tiendita del horror (no me miren así; es que los compositores de ambas bandas sonoras son los mismos: Alan Menken y Howard Ashman).

He leído por ahí que van a hacer una remake de La sirenita con actores de carne y hueso. Espero que Ariel sea un poco menos estúpida en ella. Y si no, me quedaré con las protagonistas animadas de Disney que sí tienen cerebro: Rapunzel, Mulán, Bella, Vanellope, Elena de Avalor e incluso Cenicienta.

G. E.

PD: No llores, Flounder. Ariel era una mala amiga. Si hubieras sido tú el almuerzo del tiburón, ella habría inventado alguna excusa en lugar de admitir que moriste por su culpa.

PPD: Como cerebrito, mi mente sigue protestando ante la visión de tantas burbujas en la película. Los animadores se esforzaron mucho por dibujarlas, ¡pero el aleteo de un pez en las profundidades NO GENERA BURBUJAS, LEÑE!

PPPD: En el cuento original, lo que quería la sirenita era un alma inmortal. Las cosas no le salen bien, pero queda más o menos en camino de conseguirla. Es un mensaje mucho mejor que el de la película animada de Disney.

¿Buscas más entretenimiento? Haz clic AQUÍ para echar un vistazo a mis libros. ¡Cada compra me permite seguir escribiendo! ¡Gracias!

No hay comentarios:

Publicar un comentario



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D