¡Válgame, cómo pasa el tiempo! Primero mi dragón es un simple (pero enorme) huevo que alguien deja en mi puerta, y de pronto está cumpliendo cuatro años. (Me siento vieja. O tal vez no, porque no puede sentirse del todo vieja una persona que tiene un dragón.)
Este año me estrujé de nuevo los sesos pensando en qué podía regalarle. Es que un dragón de cuatro años no es como un niño de cuatro años, empezando porque mi Donaldito ya es un adulto joven, biológicamente hablando, y los regalos convencionales para humanos simplemente no van con su monumental y dragonesca persona.
Finalmente decidí llevarlo a uno de los mejores sitios del mundo: ¡Disney World! :-D O mejor dicho, él nos llevó volando hasta ahí porque es mucho más cómodo y barato que ir en avión, y luego yo me dediqué a pasearlo por los diferentes parques dado que ya había estado ahí. Dos veces. Sí, envídienme :-PPPP
Y lo pasamos genial. Digo, ya es bastante genial ir a Disney World, pero la diversión se multiplica aproximadamente por 10 cuando vas con un dragón. Al principio los turistas pensaron que él era una nueva atracción de los parques, tal vez el personaje de alguna película animada en progreso, y le sacaron tropecientas fotos (sobre todo los japoneses). Cuando al fin entendieron que Donald también estaba de visita, nos acompañaron a todas partes y entramos juntos a las diferentes atracciones de los parques. Hicimos como cien amigos nuevos de diversas nacionalidades :-D Algunos animadores de Disney también anduvieron detrás de nosotros dibujando a mi dragón, así que no se sorprendan si en algún momento crean un personaje sospechosamente parecido a él (en tal caso, más vale que nos paguen las regalías correspondientes).
La enorme estatura de Donald representó un ligero problema. Digo, era evidente que no iba a caber en los cochecitos de algunas atracciones, pero en otros lugares no querían dejarlo entrar de buenas a primeras. Tuve que hacerles notar dos cosas: que ellos sólo fijan una estatura MÍNIMA de 1,20 m, y que en los Estados Unidos hay gente tan, pero tan GOOOOORDA que no tenía sentido que discriminaran a mi dragón (quien no está gordo en absoluto, además).
En fin, una vez solucionado el inconveniente, nos metimos en todos los lugares posibles, incluyendo la mansión embrujada, el paseo de los piratas del Caribe y los simuladores de vuelo. Vimos todos los desfiles (nos colamos en algunos de ellos y nadie nos dijo nada, aunque bueno, mi dragón tiene garras y dientes y seguro que eso detuvo a los guardias en cada parque) y nos sacamos fotografías con la mayoría de los personajes de las películas de Disney. De hecho, los perseguimos a lo loco por todos lados. "¡Ahí está Cenicienta!", "¡ahí está el Capitán Garfio!" (adoro al Capitán Garfio), "¡ahí está Donald!" (me refiero al PATO). Luego encontramos a Mickey y...
Eh... bueno... ji ji... he de aclarar que mi dragón y yo DETESTAMOS al ratón Mickey. Es súper ñoño. Él y Winnie Pooh (este último se salvó de que le chamuscáramos el trasero simplemente porque no lo encontramos por ningún lado). Mickey salió corriendo y lo perdimos de vista. Luego detectamos una nube de gaviotas y cuervos revoloteando por ahí, pero quizás estuvieran devorando el cadáver de alguien más, o robando patatas fritas a los turistas. En todo caso, la compañía Disney no ha largado ningún comunicado oficial anunciando la muerte del personaje, pero por si acaso me alegra que no hayamos dejado evidencia física de la chamuscada. Es que los abogados de Disney no son ñoños, sino tremendos tiburones...
Regresamos a casa una vez terminado el paseo, y mi dragón me regaló una taza con esa inscripción de LA MEJOR MAMÁ DEL MUNDO. Gracias, Donaldito. Ya lo sabes, mami también te quiere :-) ¡Feliz cumpleaños!
G. E.
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¡Válgame, cómo pasa el tiempo! Primero mi dragón es un simple (pero enorme) huevo que alguien deja en mi puerta, y de pronto está cumpliendo...
¿Dónde me quedé en el artículo anterior ? Ah, sí, estaba hablando de la comida y el clima. Ahora falta decir qué hay para ver y hacer en Pit...
UN PASEÍTO POR PITEÅ, SUECIA (2)
¿Dónde me quedé en el artículo anterior? Ah, sí, estaba hablando de la comida y el clima. Ahora falta decir qué hay para ver y hacer en Piteå. Como es una ciudad pequeña, no hay mucho más que un museo dedicado a la fabricación de ladrillos y una iglesia bastante antigua, pero eso quedó bastante compensado por un festival de espectáculos públicos (conciertos de diversos grupos de música locales y extranjeros). Además, son muchos los suecos que tienen casas de verano, y la familia con la que pasé esos dos meses no era la excepción. Ellos tenían esa segunda casa a unos minutos de viaje, y allí pasamos unos cuantos días.
Ah, se me olvidaba, en Suecia es costumbre quitarse los zapatos al entrar a cualquier casa. Es muy higiénico. En Uruguay no se hace, pero al menos en mi casa yo me quito los zapatos y me pongo unas pantuflas, así que no me supuso ningún inconveniente adaptarme a tal exigencia (donde fueres, haz lo que vieres).
Bien, la parte trasera de esa casa de verano daba a un lago muy bonito:
Se podía nadar ahí como si fuera una playa. La casa estaba ubicada en medio de una zona boscosa, y todas las casas tenían una separación bastante grande entre sí, de modo que en ningún momento hubo visitas de los vecinos (me dio la impresión de que los suecos son muy sociables, pero sólo con la familia; pero claro, no puedo sacar conclusiones sin un análisis estadístico, así que me limitaré a contar lo que yo viví). Pasé ratos muy buenos en las caminatas por la carretera, y todo estaba lleno de flores, pájaros, unas mariposas azules diminutas, alguna serpiente y una ardilla a la que cada tanto veía saltar de árbol en árbol cerca de la casa donde yo estaba (bueno, quizás no era la misma, ya que todas las ardillas se parecen bastante). La mayoría de las flores silvestres eran como éstas:
De todas maneras, se ve que los suecos se hartan tanto de la nieve en el invierno que apenas viene el calor tratan de llenar de flores cualquier rincón disponible. Había flores por todos lados, incluso en la ciudad; las plantan de cero todos los años. (Esto me pareció hermosamente primermundista. En Uruguay no se podría hacer porque la gente tiene la mala costumbre de robar plantas, incluso en propiedades privadas. A una de mis vecinas le robaron los pensamientos que había plantado la tarde anterior, con tierra y todo. Y ni les cuento todas las cosas que han robado de mi propio jardín.)
Hicimos excursiones a varios lugares de los alrededores. Aquí van más fotos...
Sí, es un cementerio. Le saqué una foto porque me llamó la atención lo bien cuidado que estaba todo. Hasta había palas y regaderas disponibles para que la gente atendiera las plantitas en las tumbas.
La mayor parte de las iglesias que vi eran en este estilo: muy pintorescas, de madera. (La mayor parte de las casas también son de madera. Es que en Suecia tienen árboles de sobra, como dije antes.)
Este arroyo se encuentra junto a un museo al aire libre con cabañas antiguas llenas de muebles también antiguos. Después de estar ahí e imaginar cómo vivían las personas, aprecié mucho más las comodidades de la vida moderna :-D
Estos músicos estaban tocando en ese museo al aire libre. Y el bebé en el cochecito siguió durmiendo felizmente durante todo el concierto :-D
La foto de arriba es de un parque que visitamos. Era muy bonito, ¡y hasta había unas ranitas no más grandes que la uña de un pulgar!
Un día hicimos un largo paseo hasta Noruega. El paisaje se volvió más montañoso hasta convertirse en lo que ven arriba. Era una vista impresionante. Vimos renos salvajes por la carretera, además. Hubiera querido ver alces, también, pero al parecer andaban en otros quehaceres :-P Otro dato: en Suecia el tráfico es ordenadísimo... pero como los animales salvajes no saben nada sobre las leyes de tránsito, cada tanto hay algún choque contra renos y alces en las carreteras. Malo para los animales... y malo para los ocupantes del auto. Un alce es más o menos tan grande como un caballo de carreras.
Al parecer, estas casitas con pasto en el techo son comunes en esa parte de Noruega. Si agrandan la segunda, verán que en el techo hay, además, un pedazo de madera pintado que parece una cigüeña creada por Tim Burton. Me hizo mucha gracia :-D
Y para terminar con las fotos, éste es un reno bebé que andaba con su madre por un camino de tierra. ¿No es bonito? (un poco desgarbado, eso sí). Por cierto, los renos no me parecieron animales particularmente inteligentes sino algo atolondrados, como las ovejas. Quizás los de Papá Noel sean la excepción.
¿Qué me falta por contar? A ver, yo no sabía sueco cuando hice este viaje, pero no fue ningún problema porque hasta los niños hablaban inglés. De hecho, los programas de televisión están subtitulados para que la gente los vea en su idioma original (así se aprende inglés muy fácilmente). El sueco no es un idioma muy difícil, sin embargo, sobre todo si uno ya tiene conocimientos de inglés. La gramática y muchas palabras son similares.
La gente en general me pareció muy sencilla, educada y respetuosa. Al menos la mitad tenían el pelo rubio, pero había personas de cabello castaño y también vi muchos extranjeros, incluso de países musulmanes (Suecia acepta refugiados). Me pregunto qué harán si alguna vez se pierde una niñita en un lugar público, porque ahí sí me dio la impresión de que todas eran rubias y que todas vestían de rosa. Y ya que estoy con lo del pelo rubio, me pregunto si Suecia es el único lugar del mundo donde las rubias se tiñen de negro (aunque no sé si las chicas góticas cuentan).
Y hay reglas. Reglas por todos lados, para mantener el orden. Me pareció... liberador. Incluso en los conciertos, donde cada tanto se veía gente bastante borracha, no presencié ningún incidente digno de mención. Como máximo, un hombre se puso a bailar encima de una mesa, pero enseguida le ordenaron que se bajara. (Contrasta mucho con la realidad de Uruguay, donde cada vez que hay más de tres borrachos juntos, jóvenes o adultos, se arma una riña callejera.) Los suecos pagan impuestos altísimos, pero se nota la devolución en servicios.
Lo único que no me gustó de Suecia, y esto ya lo había mencionado aquí... ¡fueron los malditos mosquitos!
En fin, si piensan que los suecos son unos aburridos porque nunca oímos hablar de ellos... es porque están demasiado ocupados viviendo bien :-P Como debería ser en el resto del mundo, puestos en ello...
G. E.
Ah, se me olvidaba, en Suecia es costumbre quitarse los zapatos al entrar a cualquier casa. Es muy higiénico. En Uruguay no se hace, pero al menos en mi casa yo me quito los zapatos y me pongo unas pantuflas, así que no me supuso ningún inconveniente adaptarme a tal exigencia (donde fueres, haz lo que vieres).
Bien, la parte trasera de esa casa de verano daba a un lago muy bonito:
Se podía nadar ahí como si fuera una playa. La casa estaba ubicada en medio de una zona boscosa, y todas las casas tenían una separación bastante grande entre sí, de modo que en ningún momento hubo visitas de los vecinos (me dio la impresión de que los suecos son muy sociables, pero sólo con la familia; pero claro, no puedo sacar conclusiones sin un análisis estadístico, así que me limitaré a contar lo que yo viví). Pasé ratos muy buenos en las caminatas por la carretera, y todo estaba lleno de flores, pájaros, unas mariposas azules diminutas, alguna serpiente y una ardilla a la que cada tanto veía saltar de árbol en árbol cerca de la casa donde yo estaba (bueno, quizás no era la misma, ya que todas las ardillas se parecen bastante). La mayoría de las flores silvestres eran como éstas:
De todas maneras, se ve que los suecos se hartan tanto de la nieve en el invierno que apenas viene el calor tratan de llenar de flores cualquier rincón disponible. Había flores por todos lados, incluso en la ciudad; las plantan de cero todos los años. (Esto me pareció hermosamente primermundista. En Uruguay no se podría hacer porque la gente tiene la mala costumbre de robar plantas, incluso en propiedades privadas. A una de mis vecinas le robaron los pensamientos que había plantado la tarde anterior, con tierra y todo. Y ni les cuento todas las cosas que han robado de mi propio jardín.)
Hicimos excursiones a varios lugares de los alrededores. Aquí van más fotos...
Sí, es un cementerio. Le saqué una foto porque me llamó la atención lo bien cuidado que estaba todo. Hasta había palas y regaderas disponibles para que la gente atendiera las plantitas en las tumbas.
La mayor parte de las iglesias que vi eran en este estilo: muy pintorescas, de madera. (La mayor parte de las casas también son de madera. Es que en Suecia tienen árboles de sobra, como dije antes.)
Este arroyo se encuentra junto a un museo al aire libre con cabañas antiguas llenas de muebles también antiguos. Después de estar ahí e imaginar cómo vivían las personas, aprecié mucho más las comodidades de la vida moderna :-D
Estos músicos estaban tocando en ese museo al aire libre. Y el bebé en el cochecito siguió durmiendo felizmente durante todo el concierto :-D
La foto de arriba es de un parque que visitamos. Era muy bonito, ¡y hasta había unas ranitas no más grandes que la uña de un pulgar!
Un día hicimos un largo paseo hasta Noruega. El paisaje se volvió más montañoso hasta convertirse en lo que ven arriba. Era una vista impresionante. Vimos renos salvajes por la carretera, además. Hubiera querido ver alces, también, pero al parecer andaban en otros quehaceres :-P Otro dato: en Suecia el tráfico es ordenadísimo... pero como los animales salvajes no saben nada sobre las leyes de tránsito, cada tanto hay algún choque contra renos y alces en las carreteras. Malo para los animales... y malo para los ocupantes del auto. Un alce es más o menos tan grande como un caballo de carreras.
Al parecer, estas casitas con pasto en el techo son comunes en esa parte de Noruega. Si agrandan la segunda, verán que en el techo hay, además, un pedazo de madera pintado que parece una cigüeña creada por Tim Burton. Me hizo mucha gracia :-D
Y para terminar con las fotos, éste es un reno bebé que andaba con su madre por un camino de tierra. ¿No es bonito? (un poco desgarbado, eso sí). Por cierto, los renos no me parecieron animales particularmente inteligentes sino algo atolondrados, como las ovejas. Quizás los de Papá Noel sean la excepción.
¿Qué me falta por contar? A ver, yo no sabía sueco cuando hice este viaje, pero no fue ningún problema porque hasta los niños hablaban inglés. De hecho, los programas de televisión están subtitulados para que la gente los vea en su idioma original (así se aprende inglés muy fácilmente). El sueco no es un idioma muy difícil, sin embargo, sobre todo si uno ya tiene conocimientos de inglés. La gramática y muchas palabras son similares.
La gente en general me pareció muy sencilla, educada y respetuosa. Al menos la mitad tenían el pelo rubio, pero había personas de cabello castaño y también vi muchos extranjeros, incluso de países musulmanes (Suecia acepta refugiados). Me pregunto qué harán si alguna vez se pierde una niñita en un lugar público, porque ahí sí me dio la impresión de que todas eran rubias y que todas vestían de rosa. Y ya que estoy con lo del pelo rubio, me pregunto si Suecia es el único lugar del mundo donde las rubias se tiñen de negro (aunque no sé si las chicas góticas cuentan).
Y hay reglas. Reglas por todos lados, para mantener el orden. Me pareció... liberador. Incluso en los conciertos, donde cada tanto se veía gente bastante borracha, no presencié ningún incidente digno de mención. Como máximo, un hombre se puso a bailar encima de una mesa, pero enseguida le ordenaron que se bajara. (Contrasta mucho con la realidad de Uruguay, donde cada vez que hay más de tres borrachos juntos, jóvenes o adultos, se arma una riña callejera.) Los suecos pagan impuestos altísimos, pero se nota la devolución en servicios.
Lo único que no me gustó de Suecia, y esto ya lo había mencionado aquí... ¡fueron los malditos mosquitos!
En fin, si piensan que los suecos son unos aburridos porque nunca oímos hablar de ellos... es porque están demasiado ocupados viviendo bien :-P Como debería ser en el resto del mundo, puestos en ello...
G. E.
¿Han leído ya mi artículo sobre el paseo que hice a Casapueblo ? Eso fue por Uruguay, pero la verdad es que a lo largo de mi vida he tenido ...
UN PASEÍTO POR PITEÅ, SUECIA (1)
¿Han leído ya mi artículo sobre el paseo que hice a Casapueblo? Eso fue por Uruguay, pero la verdad es que a lo largo de mi vida he tenido la suerte de viajar a unos cuantos países extranjeros, ya sea en autobús o por avión. La última vez que salí de Uruguay fue para ir a Suecia. No fue un paseo turístico, sin embargo, sino que fui a visitar a alguien. Aun así resultó ser una experiencia turística estupenda, especialmente por mi mentalidad más afín al funcionamiento ordenado de los países de primer mundo; es decir, me siento más a gusto en ellos que sumergida en la mediocridad tercermundista de Uruguay (sí, es lo que pienso de mi país; desearía no pensarlo, pero las cosas están como están y no voy a andar por ahí diciendo que vamos bien si los hechos dicen lo contrario).
Tuve que tomar tres aviones distintos para llegar hasta ahí: de Uruguay a Madrid, de Madrid a Estocolmo y de Estocolmo a mi destino final, Piteå (se pronuncia Píteo). La agencia de viajes coordinó los dos primeros vuelos, mientras que el tercero lo agendé a través de Internet y por pago electrónico. Ventajas de la tecnología moderna :-) Debo decir que, por más emocionante que suene lo de viajar en avión, en realidad es un sistema que con el tiempo ha dejado de gustarme. ¡Es que resulta cansador e incomodísimo! (Lo de morir en un avión no me preocupa. Tengo más probabilidades de que me atropelle un auto en Uruguay, dado que nuestro tráfico es caótico.) Encima, el tercer avión que tomé en este viaje era DIMINUTO, tanto que incluso yo, con mi metro y medio de estatura, apenas cabía en el asiento. Sin embargo, el último vuelo también fue el más bonito en cuanto a la vista, porque la Península Escandinava se ve FENOMENAL desde arriba.
¿No les encanta todo ese verde? Era puro bosque, con lagos, más bosque, alguna ciudad pequeña, luego más lagos y más bosque. En la foto también se ven algunas turbinas eólicas, puesto que los suecos le apuestan mucho a las fuentes de energía renovables.
En fin, de esta manera llegué a Piteå, donde me recibieron las personas a las que había ido a visitar. Piteå es una ciudad bastante pequeña, como una de esas ciudades del interior de Uruguay, salvo que en Piteå están rodeados de bosques en lugar de praderas suavemente onduladas. Fui a mediados de año, o sea que era verano y por lo tanto no había nieve por ninguna parte. Era puro verde, verde, verde. Supongo que hay mucho verde para compensar por los meses en que los suecos sólo ven nieve, nieve, nieve :-D
Lo primero que me llamó la atención acerca la ciudad fue la LIMPIEZA, pero claro, la ciudad donde yo vivo está tan mugrienta últimamente que cualquier otro lugar del mundo me parece más limpio :-P Aquí van las primeras fotos de Piteå:
Las dos primeras son del centro de la ciudad, la tercera es de un parque que hay no muy lejos de allí. En ese parque se llevó a cabo una celebración tradicional veraniega, con bailes y canciones.
Por cierto, en esta última foto se encuentra la segunda cosa que me llamó la atención: personas en sillas de ruedas. En Uruguay hay muchas personas discapacitadas (en parte debido a la gran cantidad de accidentes de tráfico), pero raramente salen a la calle porque la ciudad no está adaptada para su libre circulación. Es decir, casi no hay rampas, muchas aceras están rotas, y hay tantas subidas y bajadas que resulta tremendamente difícil empujar una silla de ruedas. (Tomen nota, gobernantes de Uruguay: vamos muy mal parados en cuanto a la igualdad de derechos para los discapacitados.) En Piteå, sin embargo, sí hay rampas y senderos para la circulación de sillas de ruedas, peatones y bicicletas. Es sumamente cómodo desplazarse por cualquier lado.
Aquí van algunas fotos más de la ciudad:
Pintoresco, ¿verdad? Y tranquilo. La tercera cosa que me llamó la atención fue esa tranquilidad. Sí, la ciudad donde yo vivo es una capital y las capitales tienden a ser más ruidosas que las ciudades periféricas, pero algunas personas tienen la mala costumbre de hacer ruidos innecesarios, por ejemplo poniendo la música a todo volumen en plena calle o recortando los caños de escape de las motocicletas para dejar sordos a todos los vecinos. La polución sonora es un verdadero problema por estos lares. O sea, en Piteå mis oídos disfrutaron de un merecido descanso :-D
Animales que vi en la ciudad: gatos, perros, muchas aves y... erizos. Sí, en dos ocasiones vi unos simpáticos erizos caminando de un lado a otro sin ninguna preocupación aparente. Claro que si yo estuviera cubierta de púas tampoco me preocuparía por casi nada :-P
Bien, para los que se estén preguntando qué se come en Suecia, les diré que el menú fue bastante variado en la casa donde yo estuve :-D Comí muchas patatas hervidas o al horno, tacos, carne de alce y reno, salmón al horno, pescado a la plancha, hamburguesas, frutas varias (incluyendo naranjas, manzanas y piñas), ensaladas, fresas recolectadas del jardín, unas bolas hechas de masa de patata y harina (hervidas y rellenas de jamón; es el platillo local), diversos tipos de pan, queso, pasta con carne picada, panqueques, helado, arroz, quinoa, y seguramente unas cuantas cosas más que no recuerdo en este momento. Y para beber había té, café, leche, cada tanto vino, y también era una costumbre de fines de semana hacer brindis con licor :-P (De paso les cuento el siguiente dato: en Brasil y España también se come de maravilla, mientras que los Estados Unidos son el peor lugar que he conocido en cuestiones culinarias, al menos para los turistas de clase media.) Por cierto, no vi mucha gente gorda en Suecia. Se ve que comen bien en el verano y luego adelgazan todas esas calorías cuando viene el clima frío. Y para que tengan una idea sobre el frío, les diré que los termómetros estaban regulados para marcar hasta 30 grados sobre cero... y 30 grados bajo cero. ¡Brrrrr! Las temperaturas veraniegas eran de moderadas a cálidas, como una primavera en mi ciudad (o sea, no tuve que comprarme más ropa que la que uso en mi propio país).
Bien, corto por aquí y les contaré el resto en la siguiente entrada :-)
G. E.
Tuve que tomar tres aviones distintos para llegar hasta ahí: de Uruguay a Madrid, de Madrid a Estocolmo y de Estocolmo a mi destino final, Piteå (se pronuncia Píteo). La agencia de viajes coordinó los dos primeros vuelos, mientras que el tercero lo agendé a través de Internet y por pago electrónico. Ventajas de la tecnología moderna :-) Debo decir que, por más emocionante que suene lo de viajar en avión, en realidad es un sistema que con el tiempo ha dejado de gustarme. ¡Es que resulta cansador e incomodísimo! (Lo de morir en un avión no me preocupa. Tengo más probabilidades de que me atropelle un auto en Uruguay, dado que nuestro tráfico es caótico.) Encima, el tercer avión que tomé en este viaje era DIMINUTO, tanto que incluso yo, con mi metro y medio de estatura, apenas cabía en el asiento. Sin embargo, el último vuelo también fue el más bonito en cuanto a la vista, porque la Península Escandinava se ve FENOMENAL desde arriba.
¿No les encanta todo ese verde? Era puro bosque, con lagos, más bosque, alguna ciudad pequeña, luego más lagos y más bosque. En la foto también se ven algunas turbinas eólicas, puesto que los suecos le apuestan mucho a las fuentes de energía renovables.
En fin, de esta manera llegué a Piteå, donde me recibieron las personas a las que había ido a visitar. Piteå es una ciudad bastante pequeña, como una de esas ciudades del interior de Uruguay, salvo que en Piteå están rodeados de bosques en lugar de praderas suavemente onduladas. Fui a mediados de año, o sea que era verano y por lo tanto no había nieve por ninguna parte. Era puro verde, verde, verde. Supongo que hay mucho verde para compensar por los meses en que los suecos sólo ven nieve, nieve, nieve :-D
Lo primero que me llamó la atención acerca la ciudad fue la LIMPIEZA, pero claro, la ciudad donde yo vivo está tan mugrienta últimamente que cualquier otro lugar del mundo me parece más limpio :-P Aquí van las primeras fotos de Piteå:
Las dos primeras son del centro de la ciudad, la tercera es de un parque que hay no muy lejos de allí. En ese parque se llevó a cabo una celebración tradicional veraniega, con bailes y canciones.
Por cierto, en esta última foto se encuentra la segunda cosa que me llamó la atención: personas en sillas de ruedas. En Uruguay hay muchas personas discapacitadas (en parte debido a la gran cantidad de accidentes de tráfico), pero raramente salen a la calle porque la ciudad no está adaptada para su libre circulación. Es decir, casi no hay rampas, muchas aceras están rotas, y hay tantas subidas y bajadas que resulta tremendamente difícil empujar una silla de ruedas. (Tomen nota, gobernantes de Uruguay: vamos muy mal parados en cuanto a la igualdad de derechos para los discapacitados.) En Piteå, sin embargo, sí hay rampas y senderos para la circulación de sillas de ruedas, peatones y bicicletas. Es sumamente cómodo desplazarse por cualquier lado.
Aquí van algunas fotos más de la ciudad:
Pintoresco, ¿verdad? Y tranquilo. La tercera cosa que me llamó la atención fue esa tranquilidad. Sí, la ciudad donde yo vivo es una capital y las capitales tienden a ser más ruidosas que las ciudades periféricas, pero algunas personas tienen la mala costumbre de hacer ruidos innecesarios, por ejemplo poniendo la música a todo volumen en plena calle o recortando los caños de escape de las motocicletas para dejar sordos a todos los vecinos. La polución sonora es un verdadero problema por estos lares. O sea, en Piteå mis oídos disfrutaron de un merecido descanso :-D
Animales que vi en la ciudad: gatos, perros, muchas aves y... erizos. Sí, en dos ocasiones vi unos simpáticos erizos caminando de un lado a otro sin ninguna preocupación aparente. Claro que si yo estuviera cubierta de púas tampoco me preocuparía por casi nada :-P
Bien, para los que se estén preguntando qué se come en Suecia, les diré que el menú fue bastante variado en la casa donde yo estuve :-D Comí muchas patatas hervidas o al horno, tacos, carne de alce y reno, salmón al horno, pescado a la plancha, hamburguesas, frutas varias (incluyendo naranjas, manzanas y piñas), ensaladas, fresas recolectadas del jardín, unas bolas hechas de masa de patata y harina (hervidas y rellenas de jamón; es el platillo local), diversos tipos de pan, queso, pasta con carne picada, panqueques, helado, arroz, quinoa, y seguramente unas cuantas cosas más que no recuerdo en este momento. Y para beber había té, café, leche, cada tanto vino, y también era una costumbre de fines de semana hacer brindis con licor :-P (De paso les cuento el siguiente dato: en Brasil y España también se come de maravilla, mientras que los Estados Unidos son el peor lugar que he conocido en cuestiones culinarias, al menos para los turistas de clase media.) Por cierto, no vi mucha gente gorda en Suecia. Se ve que comen bien en el verano y luego adelgazan todas esas calorías cuando viene el clima frío. Y para que tengan una idea sobre el frío, les diré que los termómetros estaban regulados para marcar hasta 30 grados sobre cero... y 30 grados bajo cero. ¡Brrrrr! Las temperaturas veraniegas eran de moderadas a cálidas, como una primavera en mi ciudad (o sea, no tuve que comprarme más ropa que la que uso en mi propio país).
Bien, corto por aquí y les contaré el resto en la siguiente entrada :-)
G. E.
Una de las pocas cosas que me enorgullecen de Uruguay en este momento es que tengamos al artista Carlos Páez Vilaró, creador de numerosas y ...
UN PASEÍTO POR CASAPUEBLO
Una de las pocas cosas que me enorgullecen de Uruguay en este momento es que tengamos al artista Carlos Páez Vilaró, creador de numerosas y maravillosas obras de arte pictóricas e incluso arquitectónicas. Con esto último me refiero a Casapueblo, que se ha convertido en un punto de visita obligado para cualquier turista que pase por Uruguay.
Hacía mucho tiempo que yo quería ver Casapueblo en persona. Por lo tanto, me apunté a una excursión a la primera oportunidad.
Llegamos ahí después de un viaje en autobús no demasiado largo pero sí algo fastidioso, porque mi compañera de asiento era una señora que no paraba de hablarme tonterías como si me conociera de toda la vida (es lo malo de viajar en autobús o en avión; puede tocarte un compañero pasable, pero si te toca uno malo, tienes que aguantarlo durante HORAS sin poner mala cara).
Ésta es una foto de la entrada de Casapueblo:
Sí, hay que pagar para entrar, pero no cuesta mucho :-)
A medida que recorría el lugar (la compañera de asiento del autobús se me había pegado como una lapa, menudo incordio), me dediqué a sacar fotos en un estado de fascinación arquitectónica como no había sentido desde mi visita al Museo del Prado o al Palacio Real de Madrid. Aquí van algunas...
Precioso, ¿eh? Si algún día me vuelvo millonaria (por algún golpe de suerte cósmico, quizás), me haré una casa igualita a ésta.
En fin, había más muestras de arte por los rincones del edificio, como esto:
(Por cierto, menudas tetas la sirena ¿no? Si no fuera una sirena, pensaría que son implantes de silicona.)
En las paredes había unos cuantos cuadros del artista, algunos relacionados a la cultura africana y el candombe (Carlos Páez Vilaró viajó a África), otros similares a éstos:
¡Ahí me di cuenta de que a Carlos Páez Vilaró le gustan los gatos, igual que a mí! ¡¡Otro motivo para sentir aprecio por él!! (Y si me fío de los otros cuadros, quizás también le guste Madonna, aunque en realidad yo paso de Madonna.)
Por supuesto, también había una tienda de recuerdos...
No veo las firmas, pero imagino que los mandalas son obra de la hija del artista, cuyo nombre es Agó Páez Vilaró. Es una mujer tan talentosa como su padre, y a quien también admiro muchísimo.
En fin, después de esta inolvidable visita a Casapueblo nos fuimos a hacer un recorrido por Punta del Este, una zona de la costa uruguaya mundialmente reconocida por sus hermosas playas y los dedos que salen de la arena. A los argentinos les encanta, y a nosotros nos encanta que vengan los argentinos porque gastan un montón de dinero :-)
El hotel más famoso de Punta del Este es el Conrad, que además tiene un casino.
Dentro del hotel encontré una obra más de Carlos Páez Vilaró: un precioso mural que ocupaba toda una pared.
Si algún día estoy aburrida, tal vez me ponga a pintar algo así en mi casa. Queda genial :-D
Por cierto, una vez dentro del Conrad me metí a una tienda de joyas Tiffany para averiguar por qué es tan famosa. Ahí una de las empleadas tuvo la cortesía de mostrarme una hermosa pulsera de diamantes y platino que brillaba como las estrellas y costaba... 23.000 dólares. (Casi me desmayo. Aunque debo admitir que la pulsera era divina.)
Para terminar este artículo turístico, aquí les va una foto de algo que vimos en la costa: unos lobos marinos descansando en un área de pesca.
Al parecer, cuando los lobos marinos están muy viejos, van a descansar cerca de la gente en lugar de quedarse en su isla, y ahí aprovechan los residuos de la pesca. A los pescadores no los hace muy felices que digamos, pero bueno, a los pescadores no les agrada nada que compita con su área de trabajo. (Sorry, pescadores, las demás especies también tienen derecho a vivir.)
Es lindo haber cumplido con uno más de mis objetivos turísticos :-) Y ustedes, ya saben a dónde ir si alguna vez vienen a Uruguay.
G. E.
Hacía mucho tiempo que yo quería ver Casapueblo en persona. Por lo tanto, me apunté a una excursión a la primera oportunidad.
Llegamos ahí después de un viaje en autobús no demasiado largo pero sí algo fastidioso, porque mi compañera de asiento era una señora que no paraba de hablarme tonterías como si me conociera de toda la vida (es lo malo de viajar en autobús o en avión; puede tocarte un compañero pasable, pero si te toca uno malo, tienes que aguantarlo durante HORAS sin poner mala cara).
Ésta es una foto de la entrada de Casapueblo:
Sí, hay que pagar para entrar, pero no cuesta mucho :-)
A medida que recorría el lugar (la compañera de asiento del autobús se me había pegado como una lapa, menudo incordio), me dediqué a sacar fotos en un estado de fascinación arquitectónica como no había sentido desde mi visita al Museo del Prado o al Palacio Real de Madrid. Aquí van algunas...
Precioso, ¿eh? Si algún día me vuelvo millonaria (por algún golpe de suerte cósmico, quizás), me haré una casa igualita a ésta.
En fin, había más muestras de arte por los rincones del edificio, como esto:
(Por cierto, menudas tetas la sirena ¿no? Si no fuera una sirena, pensaría que son implantes de silicona.)
En las paredes había unos cuantos cuadros del artista, algunos relacionados a la cultura africana y el candombe (Carlos Páez Vilaró viajó a África), otros similares a éstos:
¡Ahí me di cuenta de que a Carlos Páez Vilaró le gustan los gatos, igual que a mí! ¡¡Otro motivo para sentir aprecio por él!! (Y si me fío de los otros cuadros, quizás también le guste Madonna, aunque en realidad yo paso de Madonna.)
Por supuesto, también había una tienda de recuerdos...
No veo las firmas, pero imagino que los mandalas son obra de la hija del artista, cuyo nombre es Agó Páez Vilaró. Es una mujer tan talentosa como su padre, y a quien también admiro muchísimo.
En fin, después de esta inolvidable visita a Casapueblo nos fuimos a hacer un recorrido por Punta del Este, una zona de la costa uruguaya mundialmente reconocida por sus hermosas playas y los dedos que salen de la arena. A los argentinos les encanta, y a nosotros nos encanta que vengan los argentinos porque gastan un montón de dinero :-)
El hotel más famoso de Punta del Este es el Conrad, que además tiene un casino.
Dentro del hotel encontré una obra más de Carlos Páez Vilaró: un precioso mural que ocupaba toda una pared.
Si algún día estoy aburrida, tal vez me ponga a pintar algo así en mi casa. Queda genial :-D
Por cierto, una vez dentro del Conrad me metí a una tienda de joyas Tiffany para averiguar por qué es tan famosa. Ahí una de las empleadas tuvo la cortesía de mostrarme una hermosa pulsera de diamantes y platino que brillaba como las estrellas y costaba... 23.000 dólares. (Casi me desmayo. Aunque debo admitir que la pulsera era divina.)
Para terminar este artículo turístico, aquí les va una foto de algo que vimos en la costa: unos lobos marinos descansando en un área de pesca.
Al parecer, cuando los lobos marinos están muy viejos, van a descansar cerca de la gente en lugar de quedarse en su isla, y ahí aprovechan los residuos de la pesca. A los pescadores no los hace muy felices que digamos, pero bueno, a los pescadores no les agrada nada que compita con su área de trabajo. (Sorry, pescadores, las demás especies también tienen derecho a vivir.)
Es lindo haber cumplido con uno más de mis objetivos turísticos :-) Y ustedes, ya saben a dónde ir si alguna vez vienen a Uruguay.
G. E.
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