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18 de noviembre de 2012

FORMULARIO PARA DELINCUENTES

En Uruguay vamos MAL MAL MAL con la cuestión de la inseguridad ciudadana. Los asaltos y robos se han ido por las nubes, los delincuentes son cada vez más violentos, nuestros gobernantes todavía no saben qué hacer (no me sorprende; algunos de ellos fueron delincuentes en su momento), y por si todo lo anterior fuera poco... ¡los ciudadanos honrados ahora tenemos que preocuparnos de que nos encarcelen o demanden por defendernos!

No bromeo. Si uno le dispara a un delincuente porque tiene una pistola, y al final resulta que la pistola del delincuente era de mentira, uno puede ir preso por uso desproporcionado de la fuerza. Encima, el delicuente puede acusarnos por daño patrimonial (¿de sus bienes honestamente robados?) y pedir una indemnización por gastos médicos. ¡Y hablo de casos reales!

Por eso, he decidido tener un formulario a mano para la próxima vez que alguien llegue a mi casa o me pesque en la calle con intenciones poco honestas. Es que, visto el panorama, no está de más cubrirse de alguna manera...


FORMULARIO PARA DELINCUENTES

1. ¿Su arma es real o de mentira? [Es importante aclarar esto desde el principio. Podría significar la diferencia entre permanecer libre por actuar en defensa propia o ir preso por lesionar/matar a un delicuente "desarmado".]

2. ¿Se metió a mi casa para robar o simplemente desea ir al baño? [No bromeo: fue la excusa real de un ladrón.]

3. En caso de que me dispare/apuñale, ¿su intención es matarme, incapacitarme o simplemente causarme un buen susto? [Tampoco bromeo aquí: un delicuente le disparó como diez veces a un guardia de seguridad, pero alegó que sus intenciones no eran homicidas. Ya, si cuando uno le pega varios tiros a alguien en realidad es de buena onda, qué joder...]

4. ¿Es usted menor de edad? [No está de más preguntar: si uno le causa una lesión a un menor de edad, es muy probable que uno vaya preso, aunque el menor de edad parezca adulto.]

5. ¿Tiene usted seguro médico de alguna clase? [También es importante dejar esto bien claro desde el principio, por si el delicuente pide la dichosa indemnización.]

6. ¿Tiene usted esposa/o y/o hijos? [Es que si luego te demandan, igual te obligan a indemnizar a toda la familia.]

7. ¿Tiene usted parientes que se tomen las venganzas en serio? [Por si uno hiere al delicuente y luego sus parientes vienen a cobrarse la revancha.]

8. ¿Está ahora mismo bajo el influjo de alguna sustancia psicotrópica? ¿O sea, de alguna droga? [Hay que explicar bien, porque la mayoría de los delicuentes no tienen un vocabulario amplio. En cuanto a la cuestión de las drogas, también puede hacer una diferencia en el tribunal.]

9. ¿Me va a disparar/apuñalar aunque no me resista?

10. ¿Sería mucha molestia si, después de darle lo que pide, usted me diera unos metros de ventaja antes de dispararme?

11. ¿Tiene usted abogado?

12. En el caso de que volvamos a vernos en un tribunal...

No, esperen, ¿qué estoy haciendo? ¿ES QUE LOS CIUDADANOS HONESTOS NO TENEMOS DERECHO A DEFENDERNOS NI A SER PROTEGIDOS POR EL GOBIERNO SEGÚN LO QUE ORDENA LA CONSTITUCIÓN? ¡¡ESTO ES EL COLMO!!

Dejaré el formulario así, y se lo daré al próximo delicuente que trate de asaltarme... a fin de distraerlo mientras le echo a mi dragón encima (para que lo rostice bien y no deje evidencias de ninguna clase que puedan usarse en mi contra en un tribunal).

¡Que soy una ciudadana honrada que paga sus impuestos, carajo!

G. E.

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FRAGMENTO DE ENTRE REJAS

Solo de nuevo en la enfermería, el doctor Davis se preparó para examinar el cuerpo, poniéndose su bata y unos guantes. Tarareaba un poco para sí, pero no era una contradicción a la reprimenda dirigida al guardia, sino una manera de disipar el aburrimiento ante un trabajo sucio y monótono.

Como estaba de espaldas al muerto, no lo vio moverse por debajo de la sábana.

Lentamente, el cadáver se incorporó en la camilla hasta quedar sentado. La sábana cayó al suelo con un susurro, llamando al fin la atención del médico. Éste se dio vuelta, y su expresión pasó de la curiosidad a la sorpresa, y luego al horror, cuando se halló ante un muerto viviente con los ojos inyectados en sangre. El cadáver sonreía. El médico hubiera podido pensar que los guardias se habían equivocado en su diagnóstico, pero aquella sonrisa no tenía nada de humano.

—Dios mío —balbuceó el hombre.

—Dios está muy lejos de aquí —replicó el cadáver, y saltó de la camilla hacia el doctor con las manos extendidas para agarrarlo del cuello. El médico trató de escapar, pero el cadáver se interponía entre él y la puerta y se movía como un leopardo. Las manos se cerraron sobre su garganta, levantándolo del piso. Hubo un momento de lucha y patadas inútiles, y luego el cuerpo del médico dejó de moverse para siempre.

El prisionero muerto soltó a su víctima sin fijarse dónde caía. Aún había una sonrisa en su cara.

4 comentarios:

  1. Este zombi es medio canchero, me da curiosidad el porqué de esa risa. Y ya que estamos, no sé si será un zombi el muy desgraciao. ¿Es el comienzo de Entre rejas?, porque me deja con una intriga tremenda, en serio, ¿qué pasó acá? ¿Será un virus al estilo resident evil, o algo satánico o tal vez la vieja magia vudú? (no confundir con el vino)
    Estoy ahorrando para comprarme un Kindle, así que ya veré cómo hago con eso de la compra por internet, porque o los leo o los leo. Ya me voy a leer en La Narradora la continuación de "El tren de las once", que me encantó. Y a todo esto, ¿no pensás escribir una novela con esta historia?
    En cuanto al formulario, está muy bueno, jejeje, es tal cual. Aunque para mí esto viene pasando desde hace tiempo (viví y nací en la Teja, aunque ahora resido en el interior), contrariamente a lo que los "medios" de comunicación quieren hacer creer a la gente. Claro que jamás se vio este nivel de violencia (ni de armamento), y menos en el interior, pero pienso que es algo incubado desde hace tiempo. Basta ver lo que pasó en el Marconi; nunca se había entrado en ese barrio, era un "viva la pepa".
    Uffff, los medios, ¡qué tema! Te cuento que yo trabajo en uno desde hace más de veinte años y te ayudaría con gusto a matar políticos... y algunos periodistas también. De hecho podríamos contratar el muerto viviente de Entre Rejas para que nos de una mano XD.
    Ahora que no entiendo cómo no has llegado a una editorial con esta prosa y esta narrativa, habiendo tanto porquería en las estanterías. en fin, sé que el camino es tortuoso. En definitiva sigue siendo un libro, por más electrónico que sea. Y en estos casos he visto mucho pichaje vendiendo en amazon cualquier pelotudez con vergonzosas faltas de ortografía, sin contar con que son historias recontra trilladas. Y tus textos estás re prolijos y bien trabajados.
    Bueno, perdón por quitarte este tiempo, siga escribiendo nomás.

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    1. ¡Gracias por leer y comentar! Sí, los "zombis" de mi historia tienen un sentido del humor bastante sarcástico :-D No necesitas específicamente un Kindle para leer mis libros; como no tienen DRM, pueden convertirse a cualquier formato con el programa gratuito Calibre, o se pueden leer en aplicaciones gratuitas de Amazon para tabletas, PCs o celulares. Y no, no pienso escribir una novela de "El tren de las once". La gracia de los relatos es justamente su brevedad, y además ya tengo un montón de proyectos largos para entretenerme :-P Conseguir editorial está muy difícil en estos días. En Uruguay no hay mercado como para que una editorial se interese en lo que yo escribo, y las editoriales de otros países me ponen la pega de que soy extranjera (es que ahora cuentan con que el autor haga presentaciones y firmas de libros en persona, y obviamente me queda un poco lejos). Sigo intentándolo, sin embargo. Avisaré de mis progresos :-)

      Es verdad que la delincuencia en Uruguay estaba instalada hace rato, pero se ha expandido tanto que ahora existe en barrios que antes eran muy seguros (y esto lo digo a partir de lo que veo a mi alrededor, no de lo que leo en los periódicos). En el mío ya no conozco a nadie que no haya sufrido algún delito en los últimos 5 años. Diría que los gobernantes dejaron que el problema creciera y creciera y ahora no saben cómo resolverlo. Y la ineptitud del gobierno actual no ayuda mucho para empezar a arreglar las cosas (mucho diagnóstico errado, pocas soluciones).

      No te preocupes por la longitud de los comentarios, no me quitas tiempo de nada :-) ¡Saludos!

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  2. Vaya...me he reído mucho con el post aunque realmente no tenga ni pizca de gracia el asunto. Manda cojones la cosa!
    Una amiga mia, que vive en Méjico, dice que casi la matan a tiros por pulsar el claxon a un coche que no se movía ante ella.

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    1. Pos menuda gracia escuchar ruidos en la madrugada, mirar por la ventana de tu casa y ver que dos ladrones están bajando algo desde la azotea de la vecina (me pasó hace pocos días). México está peor que Uruguay, lo cual es decir mucho. A estas alturas, cada vez que un delincuente cae muerto, todos los demás pensamos "qué bien, uno menos". Lo cual es horrible, por supuesto. Pero bueno, daba para algo de humor negro el asunto :-P

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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