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24 de marzo de 2019

RECETA FÁCIL DE HELADO CASERO SIN MÁQUINA

Cuando era chica, había una heladería cerca de mi casa. Se llamaba La Dolce Vita. Era uno de mis sitios más visitados en el verano, sobre todo cuando volvía de la playa (en esa época en la que todavía me gustaba ir a la playa).
Dicha heladería fabricaba el mejor helado de vainilla de todas las heladerías de la ciudad. O sea, HELADO DE VAINILLA CON SABOR A VAINILLA DE VERDAD, a diferencia de las otras versiones tirando a desabridas. Encima, el helado de La Dolce Vita se derretía DESPACIO, lo cual me permitía disfrutarlo por más tiempo, sin tener que comerlo a toda prisa para evitar que chorreara al piso.

La Dolce Vita dejó de existir hace muchos años. Hoy en día venden helado en el supermercado y puedo guardarlo en el congelador de mi refri, pero el helado comercial sigue teniendo los mismos problemas que me molestaban de chica: se derrite demasiado rápido y el de vainilla no tiene sabor a NADA.

Por todo lo anterior es que decidí aprender a fabricar mi propio helado. Mis primeros experimentos fallaron estrepitosamente, pero descubrí algo interesante: podía replicar el sabor del helado de vainilla de La Dolce Vita con dos ingredientes simples: chocolate blanco y extracto de vainilla en alcohol (o sea, vainilla de verdad, no el insípido sustituto sintético que suele hallarse en el supermercado junto a la vainilla de verdad).

Hacer helado es toda una ciencia. Los problemas principales son: 1) evitar que las grasas se separen de los líquidos, 2) evitar la formación de cristales grandes de hielo y 3) airear la mezcla lo suficiente para que sea posible servirla.

En fin, después de muchos más experimentos fallidos (pero relativamente comestibles, de modo que nada se desperdició), por fin encontré la receta perfecta para mí. ¿En qué se diferencia de las recetas que se encuentran en Internet? Tres cosas: 1) lleva grasas de cacao en lugar de grasas lácteas, 2) no requiere más maquinaria que una simple batidora y el congelador del refri y 3) es un helado que se derrite maravillosamente despacio. La razón para reemplazar las grasas lácteas es la siguiente: la crema de leche (también llamda nata) deja una pátina grasosa muy desagradable en la lengua. Esto se puede evitar usando menos crema de leche, pero entonces el helado contiene demasiada agua y ello favorece la aparición de cristales de hielo y/o hace que el helado quede duro como piedra después de congelado. Aj :-D

Bien, fin de la charla introductoria. ¡Pasemos por fin a la receta!

INGREDIENTES

160 ml de leche
200 g de chocolate blanco
2 cucharadas de extracto de vainilla natural en alcohol
4 huevos
2 cucharadas de alcohol etílico rectificado

Esto es para el helado de vainilla. Para el helado de chocolate hay que reemplazar las tabletas de chocolate blanco por 100 g de chocolate con leche + 100 g de chocolate semiamargo, y usar 3 cucharadas de alcohol en lugar de 2 (el helado de chocolate queda más firme que el de vainilla, tal vez porque las tabletas de chocolate blanco contienen más azúcar, el cual funciona como anticongelante). Antes de que me pregunten por el alcohol rectificado, el mismo funciona también como anticongelante; o sea, previene la formación de cristales de hielo. Las yemas de huevo se suman a tal efecto, aparte de que contienen lecitina, un emulsionante (un emulsionante evita que las grasas se separen de los líquidos; las tabletas de chocolate también suelen contener lecitina).

PREPARACIÓN

Esta receta demanda claras de huevo crudas, así que usen huevos con inspección sanitaria y lávenlos bien antes de romperlos, a fin de evitar cualquier posible contaminación con Salmonella. Hecha la advertencia, hay que separar las yemas y las claras. Guardar las claras inmediatamente en el refrigerador (se añadirán más tarde a la mezcla).

Meter en una cacerola las yemas de huevo, el chocolate partido en trozos, la leche y las cucharadas de vainilla (prescindir de la vainilla en el helado de chocolate). Poner a fuego lento y remover suavemente hasta que se derrita todo el chocolate y la mezcla espese (el calor pasteurizará las yemas de huevo). Esto tarda unos minutos, sin llegar al hervor. Colar la mezcla para retener cualquier posible grumo, llevándola a un recipiente de 1 litro en el que se pueda usar la batidora de aspas. Una vez a temperatura ambiente, meterla al refrigerador.

Al día siguiente, añadir a la mezcla las claras y las 2-3 cucharadas de alcohol (según el sabor de helado elegido). Mezclar bien y meter por fin al congelador.

Ahora viene el truco para evitar la formación de los dichosos cristales de hielo :-) Dependiendo de la potencia del congelador de cada uno, el helado empezará a congelarse desde los bordes. Cuando esto ocurra, hay que batir la mezcla con una cuchara y volver a meterla al congelador. Cuando el helado alcanza la consistencia de masa de torta (o sea, bastante espesa), es hora de enchufar la batidora y darle una buena batida para que se llene de aire y aumente su volumen (las claras de huevo en la mezcla ayudarán a retener las burbujas). Meter de nuevo al congelador. Batir la mezcla una última vez a mano al cabo de un rato. Este lapso dependerá una vez más de la potencia del congelador de cada uno (en mi caso, dos horas); basta con que la mezcla esté demasiado firme para la batidora pero no tanto para el brazo propio. Meter al congelador una última vez y dejarla ahí hasta que termine de congelar (una noche).

Listo, ya está hecho el helado :-) No tendrá tanto aire como el helado comercial (el cual llega a tener hasta un 50% de aire), pero sí tendrá suficiente como para que se pueda levantar con la cuchara y servirlo. Si se batió bien, quedará suave (sin cristales de hielo) y muy cremoso pero sin llegar a grasoso (bendita manteca de cacao en las tabletas chocolate). El helado de chocolate queda especialmente "chocolatoso" gracias a los 100 g de chocolate semiamargo (probé hacerlo con 200 g de chocolate con leche, pero con la mezcla de chocolate con leche y chocolate semiamargo queda todavía mejor). El helado no se pondrá más duro ni se aplastará con el paso de los días dentro del congelador del refri.

Las cantidades de la receta dan para 5 porciones de este tamaño.

¡Que lo disfruten! (con moderación, ya que es una bomba calórica).

G. E.

PD: No me hago responsable por cualquier desviación de la receta, pero si alguien quiere experimentar con otros sabores (por ejemplo, reemplazando la leche por zumos de frutas) y la cosa sale bien, vengan a decirlo en los comentarios. El chocolate blanco es bastante neutro en ese sentido, probablemente combine bien con cualquier fruta.

18 de marzo de 2019

LINUX MINT VERSUS WINDOWS 10

Ésta es la última entrada sobre mi mudanza de Windows 10 a Linux Mint, lo prometo :-)

Bien, después de varios meses trabajando con Linux Mint en lugar de Windows 10, me pareció buena idea hacer un resumen de cómo funciona todo en Linux Mint, por si alguien más quiere hacer la mudanza y le preocupa que todo sea terriblemente distinto (con la pérdida de tiempo que algo así conllevaría).

En fin, la cosa es así: Linux Mint NO es muy distinto a Windows 10, y lo que es distinto... es distinto para MEJOR en la mayoría de los casos.

Al momento de encender la PC, lo primero que hace Linux Mint es pedir la contraseña (establecida durante la instalación). Muy útil si a uno le preocupan la privacidad o el robo de datos en caso de que alguien afane el equipo. Ciertas tareas administrativas también requieren ingresar la contraseña, de modo que es difícil estropear algo por accidente (digo, por si alguien tiene hijos con la mala costumbre de toquetear lo que no deben dentro de un sistema operativo).

Una vez encendida la PC, me espera el escritorio de Linux Mint Cinnamon (ya personalizado por mí), muy parecido al de Windows 10:


Algo que me ENCANTA del menú: los programas están ordenados por categoría. Esto es personalizable, además (se pueden ocultar los programas que uno no usa, por ejemplo).

Lo segundo que más me molestaba de Windows 10 (después de las actualizaciones forzosas) era que tenía que meterme a cada rato en la configuración para que Windows 10 dejara de darme la lata con esto y aquello; en Linux Mint, en cambio, las características preconfiguradas son aceptables, pero en caso de que uno quiera revisar/cambiar algo, las opciones se encuentran en los submenús Administración y Preferencias. Todo muy claro y accesible.

El botón para la actualizaciones figura en el panel (el equivalente a la barra de tareas en Windows 10). Cada tanto avisa sobre las nuevas actualizaciones, o las mismas se pueden buscar manualmente. Todo es configurable, de modo que se pueden revisar las actualizaciones y decidir cuáles instalar y cuáles no, y cuándo. Encima, nunca hay que reiniciar el sistema. Las actualizaciones del kernel de Linux se acumulan y cada tanto hay que eliminar las viejas, pero esto es muy fácil (aunque creo que Linux Mint lo hace automáticamente en la versión más nueva, que todavía no he instalado).

Las funciones del teclado y el ratón son idénticas a las de Windows 10, cero problemas ahí (mismos atajos para cortar, copiar, pegar y etc.). También se pueden crear accesos directos a los archivos (opción Crear enlace en el menú del botón secundario del ratón). Cuando uno presiona el botón ImprPant, aparece una ventana que pregunta dónde guardar la imagen capturada y con cuál extensión. Súper práctico.

El editor de texto simple de Linux Mint (o sea, el equivalente al Bloc de notas de Windows) es ESTUPENDO. Lo menciono porque trabajo mucho con él. Se le puede cambiar el fondo a gris oscuro con letra en gris claro (muuuuucho más cómodo para la vista), se puede configurar para que los documentos se guarden automáticamente cada pocos minutos, recuerda la última posición del cursor en el documento, funciona con pestañas en lugar de ventanas distintas, y podría seguir enumerando características pero creo que ya se entendió la idea :-)


En cuanto al funcionamiento de las carpetas, básicamente es igual que en Windows pero más cómodo. Los contenidos de cada carpeta se pueden ordenar por nombre, tipo, fecha y etc., a las carpetas se les pueden asignar iconos y colores distintos, y hay una columna a la izquierda que enumera las carpetas principales de la PC, para facilitar la navegación.

Algo que ADORO: para encontrar algo dentro de una carpeta, se puede presionar el botón de búsqueda (aparece una barra de búsqueda) o directamente ESCRIBIR el nombre del archivo que uno está buscando, con lo cual aparece un pequeño casillero en la esquina inferior derecha.


En Linux Mint también funcionan los comodines, de modo que si uno ingresa *.jpg en la barra de búsqueda, automáticamente se buscarán las imágenes con esa extensión (por ejemplo).

La opción preconfigurada de Linux es que las carpetas se abran siempre en el centro de la pantalla, independientemente de adónde las haya movido uno antes. Me gusta eso :-)

Cuando uno manda algo a la papelera (con el botón Supr), el archivo todavía se puede abrir desde ahí. ¡Muy cómodo para verificar que uno esté eliminando el archivo correcto! En el menú del botón secundario del ratón aparece esa opción o la de eliminar definitivamente, sin pasar por la papelera.

El conjunto de programas de LibreOffice tiene todo lo que un usuario básico o incluso bastante avanzado necesita para trabajar. Las barras de botones son personalizables (personalicé la de LibreOffice Writer, el programa que más uso). No he tenido problemas de compatibilidad con documentos de Microsoft Word. LibreOffice Writer puede crear directamente archivos PDF y EPUB. Instalé Calibre para convertir mis libros electrónicos, y Xournal para firmar PDFs (lo cual hago con mi tableta de dibujo).


En cuanto a la conexión a Internet, configuré el sistema para que se conecte automáticamente apenas enciendo la PC. En caso de que la conexión se pierda, es muy fácil volver a conectarla, aunque me tomó un tiempito averiguar qué botones tenía que cliquear (es más fácil configurar una conexión de wi-fi que una de ADSL de fibra óptica, que es la que tengo yo).

Firefox (mi navegador favorito) ya viene con el sistema operativo; instalé Chrome por mi cuenta. Adobe Flash Player no funciona en Firefox para Linux, pero sí en Chrome. Sé que se considera que Flash causa problemas de seguridad, pero bueno, me gusta jugar a Angry Birds Friends en Facebook :-P Linux Mint viene con Thunderbird para el correo electrónico; es muy fácil de configurar.

Para instalar/desinstalar programas, la primera opción es siempre el gestor de software que aparece en el menú. Ahí están, ordenados por categorías, todos los programas GNU disponibles para Linux Mint, los cuales han sido revisados para que no haya conflictos con el sistema operativo. Es posible instalar programas por fuera del gestor de software. Hay menos garantías ahí, pero no he tenido problemas de compatibilidad. Si uno desinstala algo, la desinstalación es limpia y no deja cosas colgadas como suele pasar en Windows.


Técnicamente Linux no necesita antivirus porque hay muy pocos virus para Linux, pero como instalé Wine para manejar dos programas de Windows, y encima tenía la licencia de NOD32 pagada hasta finales de este año, lo instalé de todas maneras. NOD32 es el mejor antivirus de pago para Linux, y no enlentece para nada el sistema (es la razón por la que lo tenía instalado en Windows).

No sé si en Windows 10 existe ahora esta función, pero mi teclado tiene dos botones para subir y bajar el volumen, y cuando los presiono en Linux Mint, aparece la imagen de un altavoz en la pantalla y suena un ruidito para que uno sepa cuánto está subiendo o bajando el volumen.

Siguiendo con el sonido, mi reproductor favorito de música (archivos MP3, WMA y MID) y vídeos es VLC. Instalé también Audacity (para subir o bajar el volumen de algunos MP3) y MusicBrainz Picard, que sirve para etiquetar archivos de audio y añadirles/modificarles la imagen de portada. Las listas de reproducción con extensión M3U funcionan perfectamente en VLC. Instalé dos programas para grabar archivos en CDs y DVDs (Brasero y Xfburn), pero confieso que todavía no los he probado :-P

Programas que uso para la edición de gráficos: GIMP, MyPaint, Inkscape, XnView y Krita. También instalé Birdfont (para crear fuentes tipográficas) y Open Stereogram (para crear estereogramas). Todos funcionan correctamente. El visor de imágenes que viene con Linux Mint se parece al de Windows 10, pero me gusta un poquito más.

Linux Mint ya viene con un administrador de fuentes tipográficas, pero no tenía muchas opciones, así que instalé uno más: Font Manager. Linux Mint tiene el Mapa de caracteres igual que Windows. También incluye el Gestor de archivadores para crear archivos ZIP (con contraseña si hace falta), una calculadora (muy bonita), un programita para pegar notas a la pantalla (ése ya no es tan mono como el de Windows 10, pero sirve) y un calendario. Aparte de eso, instalé un reloj con alarma, un medidor para el tráfico de Internet, un programa para cambiar automáticamente el fondo de pantalla (Variety) y una aplicación para el clima (que raramente da en el clavo, pero bueno, la de Windows 10 tampoco acertaba mucho).

El hardware se administra más o menos igual que en Windows. Cuando instalé Linux Mint, el sistema operativo reconoció todo a la primera, incluyendo la impresora láser (una Samsung), la unidad de DVD, mi tableta de dibujo (Wacom Bamboo), la tarjeta gráfica y la tarjeta de sonido. Linux Mint viene con su propia herramienta para hacer copias de seguridad, pero se le puede instalar alguna otra según lo que necesite uno.

¿Qué más? Bueno, no soy una gamer, así que sólo instalé dos juegos desde el gestor de software: Palapeli (convierte cualquier imagen en un rompecabezas para armar en la pantalla) y SuperTuxKart (carreras de autitos).


Bien, básicamente he cubierto la mayor parte de las funciones del sistema operativo. Casi todo es muy práctico y bonito :-) Si Windows 10 les da mucho la lata, no duden en cambiarse. Pueden hacer una instalación doble en caso de necesitar Windows 10 sí o sí (la cuestión es no volver a conectarse a Internet desde Windows 10, para evitar que sus actualizaciones descalabren el sistema).

¡Feliz mudanza para quienes se atrevan a decir adiós a Microsoft!

G. E.

25 de octubre de 2018

DE WINDOWS 10 A LINUX MINT

Como puse al final de mi artículo sobre los problemas que tuve con Windows 10 (específicamente, con su estúpida manía de descargar actualizaciones y otros paquetes de datos sin mi consentimiento o previo aviso), decidí borrar por completo ese sistema operativo de mi computadora nueva y pasarme a Linux. Ahora bien, ¿cómo fue el proceso? Lo pondré aquí por si alguien más está interesado en hacer lo mismo, por las razones que sea.

PRIMER PASO: PREGUNTAR A GENTE QUE YA USA LINUX

Es que las redes sociales sirven para más cosas que comentar Juego de tronos y compartir fotos de gatitos :-) Buscando en Google me enteré de que Linux tiene una enorme cantidad de versiones, o sea, "distribuciones" o "distros", así que me fui derechita a Facebook a preguntar cuál me convenía instalar a fin de hacer la transición lo menos traumática engorrosa posible. Si había algo de lo que NO tenía ganas era de pasar demasiado tiempo aprendiendo a hacer tareas básicas de manera radicalmente distinta.

En fin, dos de mis muy amables y considerados amigos me recomendaron instalar Ubuntu o Linux Mint. Antes de todo este rollo yo ya sabía que se podía grabar cualquier distro de Linux en un pendrive y cargarla en una computadora sin instalar nada (pasando temporalmente por encima de Windows), así que busqué la página web de Linux Mint (https://linuxmint.com/download.php) y elegí la distro correspondiente para mi sistema de 64 bits.

SEGUNDO PASO: ¡LEER EL MANUAL DE INSTRUCCIONES!

Bien, la cosa no era tan fácil como grabar el sistema operativo en un pendrive y ya. Había todo un procedimiento a seguir:

1) Descargar la distro (directamente o por BitTorrent).
2) Asegurarse de que la distro se descargó sin errores.
3) Usar un programita gratuito (Etcher Portable) para grabar el archivo ISO como una imagen en el pendrive.

En caso de descargar la distro directamente, conviene hacerlo con un administrador de descargas para evitar que el archivo se dañe en caso de interrupciones. Mi conexión a Internet es de fibra óptica, bastante rápida, y aun así la descarga se me cortó a los dos tercios. Tuve la suerte de que Firefox la retomara sin problemas, pero si hay una próxima vez, definitivamente instalaré primero un administrador de descargas. Bajé la distro desde un servidor ubicado en una universidad de Brasil.

El paso dos fue un poquitín más complicado, puesto que la explicación del manual no era muy detallada (al menos para mí, una completa novata en el tema). Para verificar la integridad del archivo ISO había que comparar su file checksum (traducción aproximada: suma de verificación de archivo) con la de un registro en un archivo de texto descargable desde el mismo servidor del que se obtuvo el archivo ISO. Este registro consistía en una extraña línea de código con letras y números. ¿Qué qué qué?

Bien, googleando un poco más, encontré un servicio en línea que sirve para tal propósito: http://onlinemd5.com/. Uno le señala el archivo ISO que debe analizar, el sitio hace su trabajo, y a los pocos minutos larga el código que corresponde al tamaño del archivo analizado. Entonces, en una casilla más abajo, uno pega el código del archivo de texto bajado del servidor y pide que se haga la comparación (si la descarga salió bien, ambos códigos ya se verán idénticos a primera vista, pero bueno, tiene que aparecer el simbolito de aprobación).


¡Mi descarga había salido bien a pesar de la interrupción!

Grabar el archivo ISO como imagen en un pendrive fue más fácil: bajé el programita, lo abrí (no necesita instalación) y le pedí que efectuara dicha tarea. Segundos después ya tenía Linux Mint en el pendrive, listo para ser usado :-)

TERCER PASO: PROBAR EL SISTEMA OPERATIVO SIN INSTALARLO

Esto requería ir al panel de control de Windows 10, buscar la opción RESTAURAR SISTEMA y pedirle que reiniciara la PC desde la unidad USB. Facilito.

Y así fue como entré a Linux Mint (Cinnamon).


El escritorio no era muy diferente al de Windows 10: barra de tareas (Panel) con un botón similar al de Inicio (Menú), el icono de la PC (Equipo) y el icono de la carpeta para archivos propios, similar a Mis documentos (Carpeta personal). Al ser una prueba, por el momento todo estaba en inglés, pero yo me manejo súper bien con el inglés, así que no problem.

Como nada de lo que hiciera iba a ser permanente, estuve toqueteando cosas aquí y allá, viendo si funcionaba todo mi hardware (impresora, tableta de dibujo, tarjeta de sonido, grabadora de DVD y etc.). No hubo conflictos por ninguna parte. Conectar a Internet fue un poquito más complicado (tuve que eliminar la conexión de red local para que funcionara la de ADSL, ya que ambas usan el mismo puerto), pero también lo conseguí.

Dado que había leído el manual de instrucciones (lo sé, soy una persona rara que acostumbra leer los manuales), ya me había familiarizado un poquito con dos particularidades de Linux:

1) el gestor de software
2) la terminal

El gestor de software es una herramienta de administración. Uno hace clic en el botoncito en el Menú y aparece una pantalla que da acceso a todos los programas gratuitos disponibles para Linux Mint, incluyendo estos que yo ya usaba en Windows 10: Firefox, Thunderbird, Calibre, Inkscape, Krita, GIMP y MyPaint. Para instalar cualquier programa desde el gestor de software basta con seleccionarlo y oprimir el botón Instalar. Se pueden buscar los programas por categorías o por nombre. Súper fácil y directo.


Lo de la terminal es un poquito más enrollado. Consiste en una ventana estilo DOS en la que uno escribe comandos directamente. Para quienes no sepan qué carajo es DOS, bueno, se parece un poco a las ventanas con fondo negro que usan los hackers en las series de TV. No hace falta escribir todo a mano, se pueden copiar y pegar los comandos. Volveré a eso en un rato.

En fin, tras un par de días de pruebas ya estaba bastante conforme con el sistema operativo como para instalarlo definitivamente, así que pasé al...

CUARTO PASO: INSTALACIÓN

Tenía dos opciones: instalar Linux Mint como sistema operativo único, borrando Windows 10 y todo lo demás en el disco duro (yo ya había hecho copias de seguridad en mi disco duro portátil), o instalar Linux Mint junto con Windows 10 a fin de alternar sistemas operativos. Lo segundo tiene una razón de ser: hay programas diseñados exclusivamente para Windows que NO funcionan bien con Linux, sobre todo los juegos. Hay otros programas para Windows (como Photoshop) que sí se pueden hacer funcionar en Linux mediante un software llamado Wine. No, no tiene nada que ver con el vino, es un acrónimo :-D

De hecho, yo usaba/uso dos programas que no tienen un buen equivalente en Linux: Ultra Fractal y PhotoScape. El primero sirve para crear fractales, el segundo me sirve para diseñar portadas y crear GIFs animados (podía prescindir de la primera función gracias a Inkscape, pero no de la segunda). La página web de Wine tiene una base de datos donde figuran todos los programas que han sido probados dentro de Linux (https://appdb.winehq.org/), y los míos estaban ahí con buena calificación (si pone Platinum o Gold, es que marchan bien; por debajo de eso funcionan con problemas, funcionan mal o no funcionan en absoluto).

Podía despedirme sin problemas de MS Office. Linux Mint viene con LibreOffice precargado, y por lo que había estado mirando, no echaría de menos casi ninguna función. Encima, justo el antivirus que había instalado en Windows 10 era el que mejores resultados ha dado en Linux (ESET NOD32), y yo ya tenía la licencia pagada hasta diciembre de 2019. ¡Yay!

Entré a Linux Mint una última vez como invitada, conecté a Internet y le di el visto bueno a la instalación como sistema operativo único, borrando todo el disco duro (¡adiós, Windows 10!). El proceso fue sencillo: tuve que configurar algunas cosas como el idioma, el teclado y la región geográfica, establecer una contraseña para el sistema (Linux Mint es bastante estricto con la seguridad), y esperar un ratito a que el instalador hiciera su trabajo. Por último, reinicié la computadora.

QUINTO PASO: PERSONALIZAR EL SISTEMA OPERATIVO Y MUDAR MIS ARCHIVOS

Me alegró encontrar en Linux Mint unas cuantas opciones de personalización que ya no estaban presentes en Windows 10 (no sé por qué las quitaron, eran necesarias). Sobre todo ésta: ¡poder cambiar el tamaño de la letra en las ventanas! Es que, en serio, mi vista es buena, pero si las pantallas van a ser cada vez más grandes, lo cual demanda sentarse a cierta distancia de ellas, más vale tener la opción de agrandar la letra. ¡Ni ganas que tengo de inclinarme hacia la pantalla o usar un telescopio para leer letras diminutas!

Encima, no había tantas ventanas con fondo blanco. El fondo blanco es como mirar al sol. Cansa horrores después de varias horas de trabajo, por muchos descansos que una se tome (conste que para los sitios de Internet donde el fondo blanco es inevitable, como Facebook, me pongo unas gafas ligeramente ahumadas). Las pantallas de LibreOffice Writer y el editor de texto simple se pueden configurar para que tengan fondo gris, además.

Bien, después de personalizar el sistema operativo, mi escritorio se ve así:


Instalé una aplicación llamada Variety que cambia el fondo de pantalla cada pocos minutos, así no me aburro :-D Se pueden elegir carpetas locales y/o pedir a la aplicación que baje fondos desde sitios diversos, incluyendo la NASA y Unsplash.

SEXTO PASO: INSTALAR LOS PROGRAMAS FALTANTES

Linux Mint ya instala de buenas a primeras un conjunto de programas, incluyendo LibreOffice, GIMP, Thunderbird y Firefox, pero me hacían falta algunos más, de modo que poco a poco los he ido instalando con el gestor de software o desde sus respectivas páginas web. La instalación de programas fuera del gestor de software puede funcionar como en Windows, en el sentido que sólo hacen falta unos pocos clics después de descargar un archivo, pero otros requieren un poquito más de trabajo o el uso de la terminal. No he tenido problemas, sin embargo, dado que uno puede mirar en los foros y por algún lado se encuentran las instrucciones. Basta con copiar las líneas de comando correspondientes, pegarlas en la ventana de la terminal y presionar Intro. Es posible que la terminal demande la contraseña que uno estableció durante la instalación; en tal caso, hay que escribirla y presionar Intro una vez más (la contraseña no aparece en la pantalla, ni siquiera como asteriscos, pero funciona).

Ahora mismo estoy usando un programa que, de hecho, funciona solamente desde la terminal: el medidor de tráfico de Internet (dado que tengo un plan con tráfico limitado y me sale caro pasarme). Entro a la terminal, escribo "vnstat", y de pronto aparecen un montón de números que me indican el consumo de datos del mes y el día. Ya me he acostumbrado a eso.

El antivirus tuve que reinstalarlo de nuevo desde su archivo de instalación para Linux, con extensión LINUX en lugar de EXE, pero el proceso no fue muy diferente a lo que se hace en Windows (clics y más clics, y por último ingresar mi clave de licencia). Para los programas que funcionan con Wine, hay que hacer clic con el botón secundario sobre el archivo EXE y luego clic en Abrir con / Wine Cargador de programas de Windows. De nuevo, clics y más clics.

El administrador de actualizaciones funciona como funcionaban las actualizaciones antes de Windows 10: muestra las actualizaciones nuevas (junto con su tamaño y descripción) y da la opción de descargarlas cuando uno quiera o no descargarlas en absoluto. Como este sistema al parecer no da ningún problema, hasta ahora he aceptado todas actualizaciones menos la de una función que no uso y que, según la descripción, podía ser algo riesgosa en caso de tener bugs.

CONCLUSIÓN

Hasta ahora todo va bien, y ya no tengo que preocuparme por lo que Windows 10 haga o no haga a mis espaldas en cuanto a actualizaciones forzadas o descargas de datos a lo bestia (y sin ningún propósito aparente, además). Las amenazas de seguridad serán menos que antes, hay programas compatibles con Linux para todas las tareas que hago en la PC, y ya he entendido cómo funciona el sistema operativo (para mi condición de usuaria promedio). Lo mejor es saber que tampoco tendré que preocuparme en el futuro por cualquier otra burrada que a Microsoft se le ocurra hacer con Windows.

¡¡ME SIENTO LIBREEEEEEEEEEEE!! :-D

En caso de que ustedes también se harten de Windows y no puedan pagar una Mac, sepan que Linux es una buena alternativa en este momento, y no cuesta tanto hacer la transición. Y en cuanto al precio... ¡no cuesta NADA!

G. E.

PD: Que te den otra vez, Microsoft.

PPD: El sistema operativo y los programas que funcionan en Linux son gratuitos, pero sus creadores agradecen la donaciones. O sea, ¡compren mis libros para que yo pueda a mi vez colaborar con toda esa gente! :-D (también me gusta donar a Wikipedia y los refugios de animales).

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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Soy una mujer de intereses variados, incluyendo el chocolate, los dragones, la películas de superhéroes y las novelas de horror. Escribo porque no concibo la vida sin escribir.