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9 de octubre de 2018

EXPLICANDO A LOS GATETES

He notado que muchas personas no entienden a los gatos. Sobre todo los propietarios de perros que nunca en su vida han tenido que lidiar con un felino. En defensa de todas esas personas diré que en parte tienen razón: los gatos pueden ser algo desconcertantes a veces, pero a quienes sí estamos familiarizados con sus particularidades nos parecen unas criaturas absolutamente maravillosas.

¿Cómo empezar a entender a los gatetes? En respuesta a esa pregunta (partiendo de mi experiencia como propietaria de gatos y amiga de gatos ajenos), hete aquí una guía simple para llevarse bien con ellos :-)

OLVIDA TODO LO QUE SABES SOBRE LOS PERROS

Como dice la última canción del famoso musical Cats, un gato no es un perro. Suena obvio, pero no lo es. Mucha gente extrapola a los gatos el enfoque para trabar amistad con un perro, ignorando un par de datos esenciales: a diferencia del perro, el gato es un animal solitario y PRUDENTE.

Los perros sociables van por la vida olisqueando a todo el mundo con actitud de "¿quieres ser mi amigo, quieres ser mi amigo, quieres ser mi amigo?", y apenas uno les presta un poquito de atención, memorizan tu olor y están dispuestos a tratarte como un miembro más de su jauría.

Los gatos muy sociables no hacen esto. Mucho menos los gatos poco o nada sociables. Como los gatos son solitarios en la naturaleza, y la domesticación no ha cambiado mucho su comportamiento, el gato NO NECESITA ser parte de un grupo. Entonces, mientras que el perro va por ahí trabando amistad con otras personas y perros, el gato pasa de la gente extraña a menos que dicha gente a) demuestre que no es una amenaza para su seguridad y b) haga algo para caerle bien.

Voy a observarte desde una distancia prudencial hasta asegurarme de que eres una criatura civilizada.

Yo ya he decidido que eres una criatura civilizada, pero no pienso darte bola hasta que me veneres un poco. Tal vez con un plato de atún.

Alimentar al gato no es obligatorio para ganar su amistad (a la mayoría les basta con unos mimos), pero puede ser necesario como primer paso cuando se trata de un gato muy, muy arisco. La comida da a entender al bicho que uno está ahí para proveer, no para arrebatar; recuerden que en la naturaleza es muy común que los depredadores se roben las presas unos a otros.

¿Cómo hacer para no espantar al gato? Básicamente hay que plantarse a cierta distancia del mismo (entre tres y cinco metros) y llamarlo con voz normal o baja, sin hacer movimientos bruscos. Si el gato no viene, NO HAY QUE SEGUIRLO. Si el gato huye a su refugio, TAMPOCO HAY QUE SEGUIRLO. Pueden hacer falta dos o tres sesiones de interacción, incluso en días distintos, para ganarse la confianza del minino.

EL PRIMER CONTACTO

Sí, es válido pretender que el gato es una criatura alienígena y que por lo tanto hace falta cierta cautela a la hora de tocarlo :-D Para empezar, el gato está ARMADO: diez garras afiladas en las patas delanteras y un hermoso juego de dientes.


En serio, hay perros grandes y fuertes que no se atreven a molestar a un gato. Al ser cauteloso, lo primero que hace un gato es huir, pero si tiene que plantar cara, pues planta cara y se defiende.

Si el gato ha decidido acercarse a uno, hay que quedarse quieto y dejar que el bicho EXPLORE primero. No les molesta el olor a perro. Se vale extender la mano y dejar que el gato la examine, como si estuviera saludando con la nariz a otro individuo de su propia especie.

Ahora, ¿cómo les gusta a los gatos que los acaricien? La cuestión es así: hay zonas seguras, otras que el animal sólo se dejará tocar por personas en las que confíe, y otras que en general no les gusta que les toquen, punto.

La zona más segura es la cabeza: la frente y el espacio entre las orejas. Después de eso el gato permitirá que le toquen las mejillas y la garganta. Hay una razón por la que el gato restriega sus mejillas contra las personas y objetos: tiene unas glándulas ahí que le sirven para marcar territorio. O sea, si uno empieza a acariciar un gato y el gato restriega las mejillas contra uno, el bicho está declarando algo así como "este humano me cae bien, así que ahora es mío".

La siguiente zona segura es el lomo hasta donde empieza la cola. Curiosamente, conocí un gato que sólo permitía que le tocaran la cabeza, pero fue una excepción memorable.

Zonas que no hay que tocar a menos que el gato confíe en uno: el pecho y la barriga. Mi gato anterior demoró unos cuantos años en permitir que le acariciara la barriga, y mi gato actual me ataca cuando lo intento. Hay que respetar eso, son límites personales.

Y por último, las patas y la cola suelen ser un gran NO NO.

EL LENGUAJE CORPORAL DEL GATO

Los gatos se expresan muy claramente a través del lenguaje corporal, pero casi siempre en forma sutil. O sea, hay que aprender a leerlos.

Cuando uno se encuentra por primera vez con un gato, el bicho puede reaccionar de tres maneras:

1) Miedo. El gato se pondrá tenso, con los ojos muy abiertos, y escapará a la menor oportunidad.

2) Curiosidad. El bicho mantendrá la distancia y esperará a que mostremos nuestras intenciones. Lenguaje corporal en este caso: mirada atenta pero no atemorizada, cola en alto, cuerpo relajado.

3) Indiferencia. Suele ser lo más común, sobre todo si el bicho se encuentra en un lugar seguro, como detrás de una reja. Mirará a las personas con cara de "me importas un pito" y seguirá en lo suyo. Si uno lo llama repetidamente y el gato nunca viene, hay que dejarlo así. Es un bicho antisocial, punto.

Es muy raro que el gato reaccione con pánico ante una persona. Esta reacción más bien la reservan para los perros: orejas hacia atrás, vientre pegado al suelo, pelos del lomo y la cola erizados (todo esto antes de escapar corriendo hacia el refugio más cercano). No conviene tocar a un gato en pánico (incluso si es de uno); hay que esperar a que se tranquilice.

Una vez que hemos conseguido trabar amistad con un gato, hay otras posturas que no está de más conocer.

1) Gato contento de ver a la persona: vendrá hacia uno con la cola en alto y permitirá que la persona lo toque; habrá mucho ronroneo.

2) Gato cómodo en un ambiente: se sentará tranquilo con las patas bajo el cuerpo y mirará en derredor con aparente interés; también es común que aproveche para asearse.

3) Gato en actitud de juego/cacería: saltará sobre cualquier cosa que se mueva, después de haberla acechado con la panza pegada al cuerpo y agitando la cola de un lado a otro.

Mmmmmm, esa paloma parece apetitosa. O como mínimo torturable.

4) Gato que empieza a sentirse incómodo después de una sesión de mimos: estando cómodo es normal que mueva solamente la punta de la cola; cuando se ha cansado de que lo toquen, dejará de ronronear y moverá la cola entera repetidamente en forma brusca (en este momento conviene dejar en paz al minino).

5) Gato durmiendo panza arriba (sobre todo bajo el sol): ¡es la máxima actitud felina de felicidad! (no hay que molestarlo cuando está así, es de mala educación).

6) Gato que se aísla y permanece acurrucado con la cabeza inclinada, las patas delanteras bajo el cuerpo y los ojos cerrados: es posible que esté enfermo, en cuyo caso hay que llevarlo al veterinario (nota: los gatos son animales muy resistentes y no suelen mostrar dolor a menos que se sientan realmente mal; a menudo pasa que cuando el gato exhibe síntomas de enfermedad, ya es demasiado tarde para curarlo).

Eeehhh... no tengo idea de qué significa esta postura. ¿Que el gato está feliz viendo vídeos de gatos en Animal Planet?

LA MALA FAMA INJUSTIFICADA DEL GATO

"Los gatos son huraños y egoístas", bah. NO ES VERDAD. ¡Justamente mi característica favorita de los gatos es que son AFECTUOSOS! No al estilo ruidoso y agobiante de los perros, claro; el gato es cariñoso de manera tranquila y a menudo sutil. Un gato puede pedir mimos insistentemente con roces y maullidos, o conformarse con estar en la misma habitación que uno. Cuando un gato le ha tomado cariño a alguien, se aproximará sin necesidad de llamarlo, e incluso demostrará que está feliz de ver a la persona en cuestión. Algunas de mis amistades gatunas en el vecindario han durado años. Jamás hubo comida de por medio, además. A los gatos domésticos simplemente les gustan los humanos que los tratan bien.

Mi gato Osito necesita estar conmigo. Todas las mañanas espera junto a mi cama, y se asoma y me llama apenas nota que he despertado (aun teniendo comida en su plato). Me sigue de un lado a otro. Me pide que juegue con él aunque haya cucarachas para cazar en el fondo de mi casa. Viene a saludarme cuando vuelvo de alguna parte. O sea, se comporta casi de la misma manera que un perro pero con maullidos y ronroneos en lugar de ladridos.

En cierta forma, el amor del gato es más auténtico que el del perro, dado que se trata de un animal solitario. El perro está programado para buscar una jauría; el gato está programado para valérselas por sí mismo... y aun así establece lazos con las personas. Eso sí: hay que ganarse su afecto, pues no lo otorgará a ciegas (lo cual es muy sabio, si me lo preguntan).

En cuanto a la reproducción, las gatas son unas madres estupendas, aunque hay gatos machos que no dudan en cuidar a su pareja y sus gatitos como si se tratara de una familia de tigres.

LA COMIDA, EL JUEGO Y LA SIESTA

Salvo casos aislados, los gatos no son tragones. Apenas se dan cuenta de que no les faltará la comida, o de que nadie vendrá a robársela, darán bola a su plato solamente cuando tengan hambre. A algunos gatos les gusta pillar cosas por diversión, sin embargo, de modo que suele ser mala idea distraerse en la cocina cuando hay carne o pescado al alcance del minino.

El gato es un depredador. En la naturaleza caza roedores y pájaros para comer; en un ambiente doméstico es probable que siga haciendo estas cosas, pero ya no para vivir sino para calmar sus instintos. Como la mayoría de los propietarios de gatos no tenemos graneros susceptibles de ser atacados por ratas y ratones, nos toca jugar con nuestros mininos a fin de que no salgan a liquidar pajaritos. (Mi gato Osito atrapó un colibrí hace tiempo y lo hizo trizas dentro de mi casa. No fue nada agradable. También destruye todas las cucarachas, lo cual sí me viene bien.) Una señal bien clara de que el gato quiere jugar: saltará a las piernas de uno como si uno fuera una gacela :-D

¡Jugueteeeeeeeee!

¡Jugueteeeeeeeee!

En cuanto a la siesta, bueno, todos lo felinos son dormilones. Los gatos suelen tomar varias siestas al día, preferentemente bajo el sol en verano, junto a una estufa en invierno, o sobre las personas de su agrado. Les gusta tener más de un sitio para dormir, preferentemente donde nadie los moleste. Pueden ser lugares insólitos, además, como macetas, tazones, ramas de árbol o el lomo del perro grande que vive en su misma casa (nota: los gatos y los perros pueden aprender a convivir, y en general será el minino quien domine la relación, ya que los gatos son más asertivos que los perros).

Dormiré una siesta aquí apenas encuentre una posición lo bastante cómoda.

Gato sesteando. No perturbar salvo en caso de terremoto, incendio o inundación. Y quizás ni siquiera entonces.

Gato: Hola, amigo. Te quiero. Y estás calentito, así que más tarde dormiré una siesta sobre ti.

¿Algo más? Oh, sí: LOS GATOS SUELTAN MILLONES DE PELOS ¡Malo para mí, que suelo acariciar gatos de todos colores cuando llevo ropa negra!


Oh, al diablo, es un precio pequeño por tanto amor felino :-)

G. E.

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2 de octubre de 2018

¡ESTÚPIDO WINDOWS 10 CHUPADATOS!

Existe un dicho popular que me encanta: "Si no está roto, no lo arregles."

Me pregunto si los programadores de Microsoft lo habrán escuchado alguna vez. Pero si lo escucharon... ¡es evidente que no les da la puñetera gana de hacerle caso!

Antes de que me pregunten a cuál inconveniente técnico de Windows me estoy refiriendo (porque suele haber muchos), empezaré diciendo que acabo de cambiar la PC. No tuve más remedio: la pobre ya estaba muy viejita y el disco duro se estaba bloqueando a menudo, ya fuera al encender la computadora o en medio de alguna tarea. Encima, el sistema operativo y varios componentes del
hardware estaban obsoletos. En fin, no me puedo quejar. La PC aguantó bastante y no me dio ningún problema durante tantos años de uso.

Por lo que estoy viendo, Windows 10 tiene algunas cosas mejores y otras peores que los sistemas operativos anteriores. En serio, no entiendo cuál era la necesidad de cambiar todo de lugar, y esconder funciones esenciales de tal manera que ahora me toma varios clics más hacer exactamente las mismas tareas. Qué ganas de romper las pelot...

En fin, decidí tomarme la cosa con calma... hasta que descubrí, de la peor manera, la mayor desventaja de Windows 10: ¡¡LAS %#$ARGH!$%#CARAJ$%! ACTUALIZACIONES FORZADAS Y VAMPIRESCAS DEL SISTEMA OPERATIVO!!

Ya había asumido que tendría que actualizar la computadora nueva. Incluso me resigné a que se chupara casi todo lo que restaba de mi plan de datos hasta fin de mes. Sin embargo, una vez actualizado el sistema operativo, había un proceso de Windows 10 que no dejaba de bajar megabytes apenas volvía a conectarme a Internet (aun a pesar de que encontré la manera de deshabilitar el servicio Windows Update). Este proceso terminó por comerse los últimos gigabytes de mi plan... y otros cuatro gigabytes adicionales (los cuales, al estar por fuera de mi plan de datos, me costaron más del doble que los gigabytes de mi plan de datos).

A estas alturas comenzaba a sentirme así con respecto a Windows 10:

¡¡MUERE, WINDOWS 10, MUEREEEEEEEEEEE!!

Encendí mi agonizante computadora vieja a fin de averiguar qué cuernos estaba pasando. Vamos, que entiendo la necesidad de mantener actualizado el sistema operativo, pero esto ya era DEMASIADO.

Me enteré así de que no era la única persona que estaba teniendo este problema... y de que no era fácil de solucionar.

Primera maniobra que no me sirvió: establecer mi conexión como limitada. El botoncito para hacer eso simplemente no figura en mi versión de Windows.

Segunda maniobra que no me sirvió: deshabilitar cualquier otra cosa relacionada a la actualización de Windows, incluyendo el orquestador de actualizaciones, el servicio de transferencia inteligente en segundo plano (BITS) y el servicio facilitador de actualizaciones de Windows 10.

Y entonces... ¡por fin encontré una solución para el problema! Estaba en una de las respuestas en Quora. (Amo Quora. Es como un paraíso donde los cerebritos podemos contestar dudas de la gente y esa gente ESCUCHA. También es un paraíso donde los cerebritos podemos aprender cosas de otros cerebritos.)

Nombre de la solución: NETLIMITER 4 PRO.

¿Qué hace este programita? Pues resulta que detecta cuáles aplicaciones están conectadas a Internet, muestra su consumo de datos y permite limitar dicho consumo de datos o incluso bloquearlo.


¡Santo remedio! Busqué en la lista el proceso de Windows que estaba chupando datos a lo loco, establecí una regla para bloquearlo y fue como ponerle una pinza hemostática a una hemorragia arterial.

El programa no es gratuito pero tampoco es caro, ¡y definitivamente vale cada dólar, por el ahorro que representa! Vamos, que no me molesta actualizar Windows 10 cada tanto, ¡pero no voy a permitir que Microsoft me robe los gigabytes que necesito para trabajar, entrar a mis redes sociales y ver algún vídeo en YouTube de vez en cuando!

¡Que te den, Microsoft! [Insertar gesto poco apropiado para una dama.]

G. E.

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24 de junio de 2018

ALMA DE OCÉANO

Bueno, tal como había prometido en la entrada sobre mi librito Corazón de verano, aquí está la continuación: Alma de océano.


Haz clic en la portada para empezar a leer la muestra gratis.

Sinopsis:

Algún tiempo después de enfrentar al monstruo invernal que atacó su bosque, la elfa Isala viaja al reino de las hadas. Allí van a buscarla unos elfos marinos que necesitan su ayuda para derrotar una nueva amenaza: una criatura mágica que está expulsando del agua a todas las naves.

Por ahora está solamente en Amazon (seguir este enlace: http://leer.la/B07DYTRR2V), pero luego vendré a añadir las demás opciones de compra y descarga gratuita.

Si les gustó Corazón de verano, espero que les guste esta historia también. ¡Y ahora me voy a trabajar en la tercera y última parte!

G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D