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19 de diciembre de 2016

POR QUÉ NO ES MALO QUE PASEN COSAS HORRIBLES... EN LA FICCIÓN

Empezaré por aclarar que estoy absolutamente en contra de cualquier delito, ya sea en contra de las personas, los animales o la propiedad privada/ajena.

Listo. Ahora sí puedo meterme de lleno en el tema del título :-)

La cuestión es ésta: me he cansado de escuchar quejas sobre determinados tipos de ficción. Las dejaría pasar si sólo fueran opiniones, pero últimamente apuntan a que los autores deberíamos aplicar algún tipo de "reflexión" antes de escribir, a fin de no herir sensibilidades o incluso fomentar conductas nocivas.

Tengo razones para creer que esta premisa no sólo refleja un profundo desconocimiento de las funciones de la ficción, sino que además nos lleva a un terreno muy peligroso: el de la autocensura o incluso de la censura a secas.

A ver, gente: NO SE SUPONE QUE EL ARTE DEBA SER AGRADABLE TODO EL TIEMPO. TAMPOCO SE SUPONE QUE EL ARTE DEBA SER POLÍTICAMENTE CORRECTO. Y NO, LOS ARTISTAS NO SOMOS RESPONSABLES DE LO QUE HAGAN O DEJEN DE HACER OTRAS PERSONAS.

Esto se parece un poco a la cuestión de la violencia en los videojuegos y la TV. He buscado información al respecto, y contrariamente a lo que la gente cree, no hay un vínculo sólido entre dicha violencia y los comportamientos violentos de las personas en la vida real. Hay factores que pesan mucho más: los vínculos familiares en la infancia, la educación y el tipo de sociedad.

Volviendo al propósito del arte, el mismo puede hacer sentir bien a las personas, pero también es válido que las inquiete, escandalice o incluso entristezca. Piensen en El Guernica, por ejemplo. O el libro 1984.

El arte se alimenta de TODO lo que fluye alrededor del artista. El artista toma dichos elementos, los interpreta, los mezcla, y larga al mundo una obra que puede incluso NO reflejar sus puntos de vista personales.

En cuanto a la literatura en concreto, una historia ficticia satisface necesidades en el lector que pueden ser las siguientes:

1) Simple entretenimiento o distracción. Como dijo un tal Pedro Ruiz: "Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros."
2) Un mejor entendimiento de la humanidad.
3) En el caso del humor, el horror y el drama, ayudan a lidiar con las partes más dolorosas de la realidad (nadie necesita aprender a lidiar con las cosas buenas, justamente porque son buenas).
4) Catarsis (las historias de venganza, por ejemplo).
5) Emociones fuertes (piensen que satisfacer dichas emociones fuertes con literatura es muchísimo más saludable que hacerlo con acciones imprudentes en la vida real).
6) Perspectiva (sobre la dimensión de los problemas).

Y los escritores escribimos historias de ficción por estas razones:

1) La dicha de la labor creativa.
2) Despertar emociones en el lector.
3) Transmitir un mensaje a través de una historia.
4) Expresar una crítica a través de una historia.

Piensen en cómo Jane Austen y Charles Dickens reflejaron tan bien las sociedades en las que vivieron, o en cómo George Orwell advirtió sobre los peligros del comunismo. Claro que hay una línea difusa entre la ficción con mensaje y la ficción como excusa para hacer propaganda; cuando un escritor sólo quiere expresar sus convicciones personales, más bien le recomendaría escribir un ensayo (la ficción con mucha moralina cae bastante pesada en general).

Y sí, los escritores de ficción podemos llegar a tener una veta muy sádica, por lo del "complejo de Dios" y todo eso. No importa. Seguimos siendo, en la vida real, seres razonables y pacíficos. Vale, quizás haya escritores criminales, pero como en general los escritores necesitamos un trabajo que pague las cuentas, la verdad es que, aunque quisiéramos, tampoco nos quedaría mucho tiempo para salir a cometer delitos :-D

Como sea, los escritores usamos en la ficción CUALQUIER cosa mala que ocurre en la vida real. Alguien ha dicho que somos algo así como proxenetas, lo cual me parece una descripción acertada. Pero cuando escribimos una escena muy, muy chunga, casi siempre tenemos una buena razón para hacerlo. Véase lo que puse arriba sobre satisfacer las necesidades de los lectores.

Por eso es que no encuentro sentido a las quejas, y mucho menos estoy a favor de evitar temas en la ficción. Y hablo de cosas realmente feas, como las violaciones, la tortura, los genocidios y así por el estilo. Usar estos temas NO ES UNA EXPLOTACIÓN GRATUITA DE LAS DESGRACIAS, no es ensañamiento ni mucho menos contribuye al machismo, el racismo, la violencia o la maldad en general. Más bien al contrario: estos temas se usan para exponer lo que no nos gusta de nosotros mismos como especie, y ése es el primer paso para crear conciencia y ayudar a que la humanidad progrese en cuestiones de derechos humanos.

O sea, destruir personajes ficticios puede servir a un propósito útil: crear empatía en los lectores. Si los lectores se sienten espiritualmente heridos por una escena súper cruenta, entonces vamos bien. Y si son lectores de horror y se entretienen con la misma escena súper cruenta, ¡entonces vamos bien también! No, no es una paradoja. Los aficionados al horror procesamos el miedo a través de ese género literario o cinematográfico. Está explicado científicamente :-D

La serie de TV más apedreada en estas cuestiones ha sido Juego de tronos. George R. R. Martin ha dicho, muy acertadamente, que quien se escandalice con su obra no sabe mucho de historia, y tiene toda la razón. Además, la serie está dirigida a la clase de personas que en el pasado habrían ido a mirar las peleas de gladiadores, con la diferencia de que ¡nadie muere de verdad en la serie! (Diría que refleja el progreso de la humanidad en cuestiones de entretenimiento. Ahora, si pudiéramos eliminar las corridas de toros...)

Lo que más me desconcierta en las críticas a Juego de tronos es el doble estándar en cuanto a la supuesta violencia machista de la trama. En serio, TODO EL MUNDO LO PASA MAL AHÍ, no sólo las mujeres. Bueno, todo el mundo salvo el maldito de Petyr Baelish (Meñique), a quien estoy esperando que le pase algo horrible porque odio al personaje :-D A ver, un poquito de cultura: las violaciones han sido (y por desgracia, lo siguen siendo) súper comunes a lo largo de la historia. No las veo raras en una serie de época preindustrial tan bestia como Juego de tronos. Y si nos vamos a poner en la onda de chillar, que sea por todo, ¿no? ¿Por qué nadie se escandaliza por la cuestión de las castraciones masculinas? ¡Ya lo dije, doble estándar! (Honestamente, creo que algunas feministas se están poniendo pesadas con estas cuestiones. Chicas, concentrémonos en conseguir la igualdad de derechos y de sueldos, no en ver machismo donde no lo hay. Gracias.)

¿Entonces qué hacemos? ¿Reprender a los escritores/guionistas por utilizar cualquier situación de la vida real, por horrenda que sea, para contar una historia? ¿O simplemente advertir del tipo de contenido de una obra y dejar que el lector/espectador decida qué quiere consumir?

Yo prefiero lo segundo. Sobre todo porque NO EXISTE LA FICCIÓN SIN CONFLICTO, y cualquier tema es válido para crear conflicto y expresar una idea. Si nos pusiéramos a moderar un tema en particular, terminaríamos moderando un montón porque cada persona tiene sus propias sensibilidades. (En lo personal, no leería historias donde torturaran gatitos. O minions.)

¿Han visto la serie Mom, con Anna Faris? Va sobre una mujer y su madre, ambas alcohólicas en recuperación. Es una comedia, pero los guionistas han conseguido enchufar situaciones muy dramáticas: la violencia de pareja, el desalojo por falta de dinero, el embarazo adolescente e incluso una muerte por sobredosis. Esto último le ocurrió a un personaje secundario, y a muchos no les gustó, pero a mí me pareció bárbaro que incluyeran algo así en la serie. No porque yo no sintiera lástima por el personaje, sino porque leí los comentarios sobre el episodio y algunos televidentes expresaron su aprobación, dado que les había pasado lo mismo con algún familiar o conocido. Anna Faris dijo que la gente la ha parado en la calle para hablarle, por haberse sentido identificada con los problemas que refleja la serie. Según la actriz, eso no le pasaba con la franquicia Scary Movie.

¿Entienden ahora a lo que me refiero? Ahí tienen un buen ejemplo de cómo se puede usar una realidad fea en la ficción para servir al público.

Ahora les pasaré otro ejemplo literario: La chica de al lado. Va sobre una jovencita que es torturada por un montón de chicos, a quienes una mujer perturbada ha convencido de que eso está bien. ¿Suena escandaloso? ¿Piensan que su escritor se ensañó con la pobre chica ficticia por cuestiones comerciales o de morbo? Pues sepan que dicha novela está basada EN UN CASO REAL. Y el libro, aunque horrible, pone en evidencia qué clase de barbaridades puede llegar a cometer un ser humano cuando lo convencen de que dichos horrores son moralmente aceptables (otro caso similar de la vida real: el de los nazis).

Y seré radical, pero yo haría ver La última casa a la izquierda a muchas jovencitas que se ponen, a pesar de las advertencias de los padres, en situaciones de riesgo. Que sí, que hay que enseñar a los hombres a respetar a las mujeres y todo eso, pero mientras haya violadores sueltos por ahí, las advertencias deben mantenerse.

No pienso que ninguna de las obras mencionadas arriba vaya a causar daño por representar situaciones espantosas en general o de violencia hacia la mujer en particular. Me preocuparía más bien si una obra de ficción hiciera pasar por normales, inocuas, aceptables o incluso buenas las situaciones en las que se cometen delitos. De hecho, a menudo he protestado por muchas novelas "románticas" en las que se hace pasar por amor una relación tóxica o abusiva (Cincuenta sombras de Grey, por ejemplo; y no hablo de la cuestión del sadomasoquismo, sino de la manipulación psicológica). Sobre todo porque muchas jovencitas y mujeres adultas confunden ambas cosas en la vida real, y más bien necesitan que las ayuden a ver la diferencia.

La libertad de expresión tiene un límite: cuando se incita al odio o se hace apología del delito. Ambas cosas son ilegales en los países más o menos civilizados. O sea, ÉSAS son las obras que legalmente se pueden censurar. Las demás, NO. Si un libro tiene contenidos que rozan lo cuestionable, lo máximo que corresponde hacer es alertar al público sobre el contenido, ponerle la etiqueta de "no apto para menores de [insertar edad]", y ya. Y si el libro contuviera escenas horribles "gratuitas" (= que no aportan nada a la trama), ÉSA ES OTRA CUESTIÓN Y NO VIENE AL CASO. También es otra cuestión lo que a la gente le parezca de "mal gusto". Vuelvo a que cada uno tiene la libertad de leer o mirar en la tele lo que le apetezca. O de no leer o mirar lo que no le apetezca.

Porque en serio, podríamos terminar como en China, donde, "por el bien de la sociedad", ya no se pueden representar escenas de adulterio ni de homosexualidad en las películas. (Típico del gobierno chino, reprimir o esconder todo lo que no le parece bien según su absurdamente contradictorio código moral.) Podríamos terminar con los gobiernos occidentales prohibiendo, en nombre de la salud pública, que en la ficción se representen delitos, drogadicciones o alcoholismo. O también podrían chillar los veganos, exigiendo que nunca más se asesine a un gato (de mentira) en las películas de horror. (No bromeo. A una conocida mía la criticaron feo por una escena de su libro en la que murió un pajarito.)

Como puse arriba, cada cual tiene sus sensibilidades, y los artistas necesitan trabajar libremente, no como si el mundo fuera un campo minado de corrección política. Esto último no hace bien al arte ni a las personas. Díganme cómo fomenta la tolerancia decirle a una escritora caucásica que simplemente no tiene el derecho de escribir una historia desde el punto de vista de una persona de color para expresar lo que siente sobre el racismo (caso real, le pasó a una conocida mía). Y todo esto a pesar de que dicha escritora sufrió discriminación y abuso por motivos no muy distintos. Como yo lo veo, la corrección política se está volviendo una forma de dictadura que sólo barre los problemas bajo la alfombra, acallándolos sin solucionarlos. Y fíjense: tanta corrección política en los Estados Unidos, ¿y a quién votaron como presidente? A DONALD TRUMP.

En cuanto a mí, seguiré usando los recursos que considere convenientes para mis respectivas historias. O sea, mis personajes seguirán sufriendo de lo lindo en mis historias de horror. Avisaré para que no me lean por error las personas hipersensibles :-)

Hoy me siento con ganas de torturar protagonistas. ¡Muajajajaja!

Y como sólo soy sádica en la ficción, en la vida real seguiré aportando mi granito de arena para que no pasen tantas cosas feas en ella.

G. E.

PD: Ah, no, espérense. En la vida real sí soy sádica. ¡Con las malditas cucarachas que entran a mi casa!

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2 comentarios:

  1. Hola
    Pues aunque a mí suele desagradarme leer historias como "Heridas abiertas" en la que todo es horrible y parece que el mundo esta podrido cada quien saca de un libro lo que quiere y ciertamente el mundo real es mucho peor de lo que lo pinta cualquier ficción.
    Para no ir más lejos mi país esta ardiendo por todos lados y ya por ahí se gastan tristes bromas que estamos en medio de los juegos del hambre.

    Pero hablando de Juego de Tronos, ¿es en serio?, la violencia descrita ahí no le llega ni a los talones a la Inquisición, además el estilo de George R.R. Martin no te deja estancado en la violencia, por lo menos yo me concentro en otras cosas cuando leo sus libros.

    Y en fin, esto se esta haciendo largo (risas) excelente escrito, besos

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    1. Muchas gracias por la visita y el comentario. Sí, a veces la gente se olvida de que la realidad puede ser mucho peor que cualquier horror literario, y de que, en todo caso, la ficción es ficción y no hay que tomarla tan en serio. Por no hablar de que uno es libre de leer o no leer lo que le dé la gana. ¡Besos! :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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