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31 de octubre de 2017

EL BAILE DE HALLOWEEN

Había una vez una hermosa joven a quien su madrastra le había prohibido que fuera a un baile de Halloween en el palacio de un príncipe. Apareció entonces un hada madrina y...

Bueno, no fue así como pasó la cosa. La protagonista de la historia era yo (nunca hermosa y ya no tan joven), y hace años que mi madre no me prohíbe nada. Además, no necesito un hada desde que tengo a mi unicornio :-)

Empecemos de nuevo: había una vez una escritora muy excéntrica (con un dragón, un gato, un unicornio, un dinosaurio y un monstruo bajo la cama) que había escuchado algo sobre una fabulosa fiesta de Halloween, pero no podía asistir a la misma porque no la habían invitado, de modo que decidió colarse... con un poco de ayuda mágica.

—¡Cuernitooo! ¿Dónde estás, maravilloso y colaborador unicornio mío?

Mi unicornio apareció deslizándose por el suelo como si estuviera patinando en hielo. Hizo dos twizzles y un salto triple Axel antes de aterrizar frente a mí con la suavidad de una semilla de diente de león (cosas chulas y un poco cursis que hace Cuernito para impresionar, lo cual siempre consigue).

—Cuernito bonito —dije yo—, quiero asistir a una fiesta de Halloween pero no tengo invitación ni un atuendo apropiado. ¿Podrías ayudarme con eso? Necesito algo macabro pero elegante.

Y claro, mi unicornio estuvo más que feliz de ayudarme, puesto que me adora. Para empezar, me mandó a buscar una calabaza para convertir en carroza, pero como en Uruguay no venden calabazas en los supermercados, lo que hice fue conseguir una piña de buen tamaño.

—Espero que sirva —dije—. Pero ten en cuenta que quiero comérmela cuando esto acabe, ¿eh? No me gusta desperdiciar alimentos. Sobre todo las frutas tropicales importadas.

Mi unicornio se encogió de hombros como diciendo "no hay problema" (sí, es un cuadrúpedo y puede encogerse de hombros; es normal que las criaturas mágicas se muevan/flexionen en formas inesperadas para su anatomía). Saltaron unas chispas de su cuerno y... voilá, de pronto había frente a nosotros una bonita carroza de color verde oscuro, rugosa y con un olor exquisito a jugo de piña :-D Sin embargo, en lugar de transformar ratones en caballos al estilo Cenicienta, lo que hizo mi unicornio fue crear un par de thestrals usando los restos de aceite de motor en la avenida más cercana a mi casa (la avenida quedó limpísima después de eso, por cierto). Por último convirtió a mi dragón en el cochero, y a mi gato... a mi gato en un almohadón peludo para el interior de la carroza.

—No creo que a Osito le guste lo de ser un almohadón —observé en tono diplomático—. Mejor dejarlo en casa para que cace cucarachas en el fondo, ¿sí?

Cuernito volvió a encogerse de hombros y devolvió a Osito a su forma gatuna. Osito escapó corriendo y se metió bajo un mueble, desde donde le dirigió a mi unicornio unas cuantas miradas furibundas.

En fin, ¡ya sólo faltaba mi atuendo! Iba a pedirle a Cuernito que me disfrazara de Morticia Addams, pero él ya se había entusiasmado con nuestra versión macabra del cuento de hadas, y por lo tanto convirtió mis ropas de andar por casa en un precioso vestido violeta oscuro, quizás inspirado en la serie de TV Once Upon a Time (que a él también le gusta). ¡Con unas zapatillas de obsidiana sorprendentemente cómodas y suaves por dentro, además!

—¡Oh, esto me gusta! —exclamé—. ¡Gracias, Cuernito lindo! ¡Lo pasaré genial esta noche!

Me despedí de Cuernito, subí a la carroza, y mi dragón Donald hizo avanzar a los thestrals de camino al sitio de la fiesta. La invitación estaba en mi bolso... entre unos cuantos bombones con forma de brujitas, los cuales lancé a los niños que estaban pidiendo dulces por ahí (salvo los que guardé para mí porque, ya saben, chocolate).

La fiesta era en una mansión abandonada. Había allí un montón de gente, todos disfrazados en forma macabra: vampiros, momias, asesinos raros de películas de terror (Jason, Freddie, Michael Myers, Jigsaw), y así por el estilo. En los altavoces sonaba música bailable pero tenebrosa, onda Inkubus Sukkubus. O sea, ¡una fiesta súper genial y aterradora! A quienes preguntaron sobre mi disfraz les contesté que era Erzsébet Báthory, inquiriendo a mi vez si habían visto por ahí alguna virgen en cuya sangre pudiera bañarme para borrar mis arrugas (hizo bastante gracia mi pregunta, y aunque al parecer no había jóvenes vírgenes entre la concurrencia, algunos me sugirieron que probara bañarme en sangre de políticos tarúpidos, en caso de que tuviera el mismo efecto rejuvenecedor).

De pronto me encontré bailando con un tipo disfrazado de monstruo. Un monstruo bastante raro, con cuernos, espinas y una cola enorme, como la de un dinosaurio pero con pelo en lugar de escamas y plumas.

—¿Cómo te llamas? —le pregunté, y él gruñó—. Te tomas muy en serio tu disfraz, ¿eh? —Mi pareja de baile volvió a gruñir pero no me importó demasiado, dado que no soy muy aficionada a las charlas casuales.

Seguimos bailando, luego paramos para comer algo... y mi pareja se abalanzó sobre una mesa como si realmente fuera un monstruo hambriento. Devoró la mitad de los bocadillos en tres segundos, lo cual le ganó miradas de desaprobación y extrañeza a partes iguales.

—Oye, oye, no hace falta que te tomes taaaan en serio tu disfraz. Ven, vamos afuera a tomar un poco de aire.

Salimos de la mansión. Mi acompañante olfateó el aire, persiguió a un par de ratas que merodeaban el jardín y afiló sus garras falsas en un árbol. A continuación... orinó al pie de otro árbol.

Esto ya se estaba poniendo demasiado raro. Le tironée de la cola a mi pareja... ¡y él pegó un rugido de dolor! ¡Joder, ERA UN MONSTRUO DE VERDAD! Sin embargo, como hasta el momento nos habíamos llevado bien y a mí me gustan los animales, le dije:

—¿Qué, decidiste aprovechar el Halloween para pasearte por la ciudad de incógnito?

El monstruo asintió. Yo puse los brazos en jarras y lo miré de arriba abajo.

—Pues no te voy a mentir, estoy bastante sorprendida. Pero bueno, me llevo bastante bien con los monstruos desde que uno se mudó al espacio bajo mi cama, y la verdad es que tienes buena onda, así que no veo por qué no deberíamos seguir juntos hasta que acabe la noche.

El monstruo sonrió, enseñando sus numerosos y afilados dientes.

—¿Qué tal si damos una vuelta por la ciudad para espantar en serio a aquellos que lo merezcan? —sugerí—. Podríamos empezar por la vieja miserable que vive junto a mi casa.

El monstruo sonrió todavía más. ¡Menudas fauces tenía, demonios! Me dieron ganas de arrojarle un filete crudo de vaca, o quizás un lechón entero.

Fuimos a asustar a mi odiosa vecina, pues, y luego a todos los malditos vándalos que salen por la noche en Montevideo a dañar propiedad pública y privada. ¡Y vaya que fue divertido! Detuvimos vándalos en las avenidas desiertas y en las plazas, y mejor no les cuento qué les hizo mi monstruoso amigo con las latas que estaban usando para pintarrajear paredes y esculturas, dado que éste es un blog más o menos apto para todo público.


Los vándalos huyeron aterrados, y como aún era de noche, el monstruo y yo nos dedicamos a buscar búhos, atrayéndolos con ratas. O sea, ¡al monstruo le gustaba observar aves tanto como a mí! En serio, qué monstruo tan cool. Mejor que muchas personas, y además no aturdía con conversaciones irrelevantes :-D

Por desgracia, no tardó en llegar el amanecer, y entonces el monstruo me hizo señas de que tenía que irse a casa.

—No quieres que te descubran, ¿eh? —El monstruo negó con la cabeza—. Ya, te entiendo, hay mucha gente intolerante por ahí. Imagino que tampoco me dirás donde vives. —El monstruo volvió a negar. En un arrebato de inspiración, me quité uno de los zapatos de obsidiana y se lo entregué—. Toma. Tiene mi olor, por si quieres volver a encontrarme. Podríamos, no sé, ir juntos al interior del país y asustar a las personas que cazan ilegalmente, ¿te parece bien? Y creo que les agradarías a mi dragón y al resto de mis otros amigos raros.

El monstruo asintió, sonriendo. Más adorable imposible.

—Bueno, adiós. Que tengas una linda semana y todo eso.

Nos despedimos agitando la mano (o sea, una mano y una garra) y yo volví a la mansión, donde mi dragón NO me estaba esperando... ¡porque se había colado él también a la fiesta a beber vino y comer pastelitos con forma de critters, tras haberle robado su disfraz de Voldemort a uno de los invitados! Sonreí. No esperaba menos de mi irreverente hijo adoptivo :-D

—Tenemos que irnos, Donaldito. Espero que te hayas divertido. —Donald asintió—. Yo conocí a un monstruo de verdad, por cierto. Te contaré todo por el camino.

Así fue como regresamos a casa, tras una fiesta de Halloween estupenda :-) Conservaré el vestido y el zapato; el primero por si aparece otra ocasión para usarlo, y el segundo como recuerdo.

¡Y espero que mi nuevo amigo monstruoso venga a visitarme alguna vez!

G. E.

PD: Dejamos que los thestrals se marcharan volando, puesto que habría sido una pena convertirlos de nuevo en aceite usado. Ojalá no alteren el equilibrio ecológico de la región.

PPD: Me comí la piña. Estaba deliciosa.

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21 de octubre de 2017

MI REVISTA DIGITAL GRATUITA

Durante meses me he devanado los sesos buscando una manera de conseguir más lectores. Alguien me sugirió que hiciera vídeos para YouTube, pero no estoy nada segura de que dirigirme al público que pasa tiempo en YouTube lleve a ventas de LIBROS, y crear vídeos consumiría un tiempo que apenas si me está alcanzando para escribir (culpen por eso a las reparaciones domésticas, las cuales estoy haciendo yo mismita a falta de obreros de confianza; lado bueno del asunto: ¡músculos más tonificados!).

La otra opción era crear una lista de correo, pero tantos de mis colegas están teniendo problemas con ellas que por ahora voy a dejar la idea de lado. Además, imagino que los lectores en general ya reciben suficientes correos electrónicos y no quieren apuntarse a nada más.

¿Qué hacer, pues? Continué exprimiendo mi cerebro, buscando algo a la vez original, entretenido, capaz de generar expectativa, compatible con mi versatilidad literaria y mis habilidades para el dibujo, y donde pudiera insertar propaganda de mis libros sin molestar a los lectores.

Entonces se iluminó una lamparita en mi cerebro con este mensaje: CREA UNA REVISTA. No una revista en papel, claro, dado que no tengo los medios para eso, pero ¿qué tal una revista digital compatible con PCs, tabletas y dispositivos similares al Kindle?

La idea tuvo buena recepción entre mis contactos, de modo que puse manos a la obra.

Decidí crear mi revista en PDF. ¿Por qué? Varios motivos: en primer lugar, mucha gente todavía busca/lee libros electrónicos en PDF, a pesar de que en realidad son más convenientes los formatos EPUB y MOBI; en segundo lugar, el PDF ahorra problemas de compatibilidad entre los diferentes dispositivos; y en tercer lugar, ¡al PDF se le pueden poner marcos e imágenes vectoriales! (lo de los marcos es imposible con los formatos EPUB y MOBI). De paso, es buena práctica para otro proyecto que tengo en mente (del cual hablaré cuando esté en camino).

El primer número de mi revista ya está disponible para su descarga desde mi Google Drive: https://goo.gl/aGxM5B (el enlace lleva a un archivo ZIP con el PDF y dos fondos de pantalla fractales). Hete aquí la portada:


Y así se ven las páginas (nótese el tamaño de letra razonable, dado que el mismo no se puede ajustar en un PDF):


El PDF se lee a la perfección en mi viejo Kindle básico con botones, y también en tabletas, según me han reportado hasta ahora. NO está hecho para leerse en teléfonos móviles, sorry, pero supongo que da igual, dado que muy poca gente lee textos largos en tales dispositivos.

El contenido consiste en lo siguiente: una introducción, recomendaciones según el tema del mes (Halloween, en este caso), un relato propio también según el tema del mes, algo de propaganda que no molesta en absoluto, y un apéndice con mi información de contacto. Seguiré con este mismo esquema para los siguientes números de la revista (añadiré alguna sorpresa en el futuro, si el proyecto funciona).

Sinopsis del relato, titulado El precio de la vida (es macabro, por razones obvias):

Tali y Niko son dos jóvenes atrapados en un mundo posapocalíptico. Un hombre misterioso con poderes sobrenaturales les ofrece un escape... pero a cambio de algo terrible.

¿Algo más? Ah, sí: los próximos números de la revista, cada uno con un tema distinto, estarán disponibles para su descarga EL DÍA 15 DE CADA MES; podrán encontrar el enlace en la columna a la izquierda en este blog, mi cuenta de Twitter y mi página de Facebook (y si no, pregúntenme).

IMPORTANTE: Como lo de la revista es una estrategia destinada a conseguir más lectores, y por lo tanto más ventas de libros, voy a darle un año para ver si funciona. O sea, doce ejemplares. Si al cabo de ese tiempo no veo un retorno en la inversión, mucho me temo que tendré que cancelarla, porque NO PUEDO TRABAJAR GRATIS TODO EL TIEMPO (o peor: poniendo dinero de mi bolsillo). Triste pero cierto. La revista se mantendrá mientras yo venda libros y/o reciba donaciones del público (mejor lo primero, claro). O sea, ¡siéntanse libres de descargar la revista y recomendarla a medio mundo!

Espero que funcione, sin embargo. Crear el primer número fue muy, muy divertido, y ya estoy trabajando en el del próximo mes, que irá sobre aves (nada que ver, lo sé, pero la idea es sorprender de un mes a otro).

Listo. Ahora me pondré a trabajar en la entrada para Halloween de este blog :-)

G. E.

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15 de octubre de 2017

UNA OKTOBERFEST ESPANTOSA

¿Recuerdan mi Oktoberfest del año pasado? ¿La primera con mi unicornio Cuernito? Pues bien, este año también nos sentamos a pensar una manera original de celebrar dicha festividad... hasta que sucedió algo inesperado. Era de noche, me distraje un momento para hacerme un té, y de pronto escuché a mi unicornio lanzar un relincho de ayuda. Giré la cabeza... ¡y vi a un montón de criaturas pequeñas y de aspecto raro secuestrando a mi adorado Cuernito!

Apagué el fuego bajo la caldera, agarré un cuchillo y corrí tras el grupo llamando a mi dragón Donald (quien estaba en la azotea, claro, porque hace años que no cabe en mi casa). Las criaturas, sin embargo, ya estaban desapareciendo con mi unicornio por un agujero en la tierra.

—¡Los seguiré por ahí! —le dije a mi dragón—. ¡Tú alcánzanos si puedes!

Mi Donaldito asintió y yo me interné en el túnel en pos de mi unicornio (porque cuando tienes una criatura tan adorable como un unicornio, no puedes dejar que te la afanen, punto). Obviamente me sentí igual que Alicia persiguiendo al Conejo Blanco, aunque en mi caso no se trataba de un conejo sino de... ¿qué eran esas cosas? No había podido observarlas bien en mi casa, y ahora era mucho más difícil a causa de la oscuridad en el túnel. Parecían, no sé, patatas grandes, verrugosas, medio descascaradas y con brazos y piernas. Trabajaban muy bien en equipo, sin embargo: llevaban a mi unicornio sobre ellos como una tabla de surf sobre una ola, y de tal manera que Cuernito no lograba zafarse. Al notar que yo me había lanzado al rescate, él se encendió como un organismo subacuático fluorescente a fin de señalarme el camino.

Llegamos así a una cueva muy amplia... ¡donde había más criaturas igualmente feúchas, pero de otros tamaños! Creo que eran gnomos, trolls y otros seres mitológicos típicamente calificados como malignos.

Esgrimiendo el cuchillo, y fingiendo más valor del que sentía en ausencia de mi Donaldito, exclamé:

—¿Quiénes son ustedes?, ¿qué es este lugar?, y ¡devuélvanme ya mismito a mi unicornio, pandilla de desgraciados!

Decir lo último fue mala idea. Todas las criaturas se volvieron hacia mí enseñando los dientes, y la verdad es que tenían muchos de ellos. Y bastante sucios, además; me hicieron pensar en mordeduras infectadas con potencial de causar septicemia.

Menos mal que en ese momento apareció mi dragón, todo sucio de tierra por haberse abierto camino con sus garras igual que un topo. Donald lanzó un par de llamaradas de advertencia al estilo comisario disparando al techo dentro de un saloon en una película del Viejo Oeste, y entonces las criaturas soltaron a mi unicornio y se refugiaron en los rincones, temblando de miedo.

Cuernito corrió hacia mí y se recostó contra mi pierna. Acaricié su cuello a fin de consolarlo.

—Bien, nos vamos ahora —dije—. Más vale que no nos sigan, y más vale también que no se atrevan a secuestrar de nuevo a mi unicornio, ¿entendido? ¡Adiós!

Di media vuelta, haciendo señas a Donald y Cuernito de que me siguieran... y casi de inmediato empezaron los llantos desconsolados detrás de mí. ¿Pero qué rayos...?

Volví a darme la vuelta y contemplé un espectáculo extraordinario: todas las criaturas en la cueva, que tan horribles y amenazadoras me habían parecido minutos antes, estaban berreando como bebés.

—Bueno, bueno, pero ¿qué les pasa? —pregunté.

Una de las criaturas se recuperó lo suficiente como para responderme, pero no hablando, puesto que sólo sabía pronunciar gruñidos, sino contándome toda una historia mediante señas.

Primero me señaló un cartel anunciando la Oktoberfest. Luego me guió hasta el fondo de la cueva, donde sus congéneres habían intentado, sin éxito, producir cerveza. Pude deducir lo siguiente: allí en la cueva no tenían cebada ni agua potable, y como las criaturas no podían subir a la superficie a comprar/afanar la bebida (por miedo a ser descubiertas), habían secuestrado a mi Cuernito a fin de que transformara su asqueroso brebaje, tal como hizo con el arroyo en la pasada Oktoberfest.

—Uf, pues haberlo pedido por las buenas y ya —contesté, poniendo los brazos en jarras, y las criaturas hicieron diversos gestos de vergüenza. Me estaba dando la impresión, sin embargo, de que el plan había sido secuestrar a mi Cuernito por un rato, nada más—. De acuerdo, hagamos esto: mi unicorno producirá suficiente cerveza para que puedan celebrar la Oktoberfest, y ustedes, a cambio, se asomarán de vez en cuando por la ventana de la vieja miserable junto a mi casa a fin de provocarle unos cuantos sustos. ¿Les parece bien?

Las criaturas asintieron, sonriendo de felicidad.

—Mi unicornio también convertirá unos cuantos palitos en cepillos de dientes para ustedes, ya que estamos —añadí—. Me da que nadie les ha informado sobre la importancia de la higiene dental.

Las criaturas se miraron entre sí con sendas expresiones de desconcierto, demostrando así la veracidad de mi afirmación.

—Haz lo tuyo, Cuernito —dije, y mi unicornio puso cuerno a la obra. En pocos segundos el líquido viscoso y apestoso de las criaturas pasó a ser deliciosa cerveza, y las criaturas pudieron al fin celebrar una Oktoberfest decente. Y me refiero a una fiestota con música y todo, dado que unos cuantos gnomos sacaron sus tambores y flautas y se pusieron a tocar melodías tradicionales de dicha festividad (a saber dónde y cómo las aprendieron).

Cuernito, Donald y yo decidimos celebrar con ellos. Total, una Oktoberfest es una Oktoberfest, incluso dentro de una cueva y rodeados de monstruitos :-D


Antes de irnos, mi unicornio hizo un último regalo a las criaturas subterráneas: les creó un manantial de agua pura y una especie de cebada que crece en la oscuridad. ¡Así podrán fabricar su propia cerveza para el año que viene! Espero que entonces nos INVITEN a la nueva fiestota, o sea, ¡sin secuestros de por medio!

¡Feliz Oktoberfest 2017 para ustedes también, queridos lectores!

G. E.

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9 de octubre de 2017

EL LADO OSCURO DEL EMPODERAMIENTO FEMENINO

Antes que nada, aclaro: éste NO es un artículo antifeminista. El feminismo es bueno y necesario, y me encanta que las mujeres alrededor del mundo estemos tomando conciencia de todo lo que somos capaces de hacer, que es mucho.

Peeeeeeero... he empezado a ver que todo esto de la igualdad y el empoderamiento tiene un lado malo del que deberíamos estar conscientes, a fin de no caer en una depresión o en comportamientos autodestructivos.

La cuestión es ésta: NOS ESTAMOS PONIENDO DEMASIADA PRESIÓN. De hecho, nos estamos poniendo MÁS presión que la que sufrían los hombres cuando, por esa cuestión de los roles de género tradicionales, eran los únicos proveedores de su familia.

Sí, las mujeres podemos hacer más de lo que se nos ha hecho creer a lo largo de la historia. Pero no podemos hacerlo TODO, simplemente porque NADIE puede hacerlo todo.

Las mujeres NO somos la Mujer Maravilla. No somos como las protagonistas de las novelas modernas consideradas feministas: guerreras invencibles, seguras de sí mismas, hábiles en tropecientas cosas, capaces de superar situaciones horribles sin quedar traumatizadas de por vida.

En serio, ¿cuántas de nosotras realmente nos despertamos a la mañana con la sensación de "allá voy, mundo, y pobre de quien trate de detenerme"? La mayoría de las veces yo más bien me siento como Bridget Jones (y meto la pata tan a menudo como ella, además).

Y sin embargo, a fin de conseguir la dichosa igualdad, ya no nos estamos permitiendo admitir defectos, debilidades o inseguridades. O pasa esto otro: mujeres que se ven obligadas a defenderse de críticas por confesar que tienen problemas de ansiedad/depresión o trastornos alimenticios, como si los mismos fueran inaceptables. El "tú puedes, mujer" termina resultando contraproducente, PORQUE A MENUDO PASA QUE UNA SIMPLEMENTE NO PUEDE. En los sistemas patriarcales, la vulnerabilidad en los hombres está tan mal vista que ellos se callan cuando están agobiados, se deprimen... y se suicidan. Estuve leyendo al respecto, y parece que las tasas de alcoholismo están aumentando en las mujeres más o menos por la misma razón.

¿Será también por eso que han tenido tanto éxito libros como 50 sombras de Grey? ¿Porque sirven para vivir por un rato la fantasía de dejar a otro las decisiones, preocupaciones y responsabilidades, como en un cuento de hadas moderno? En la vida real, por desgracia, una no puede ceder el control sin correr el riesgo de caer en una relación abusiva. ¡Menudo dilema!

Más cosas que pasan en la vida real: las mujeres con carrera e hijos sufren un estrés brutal y abandono por parte de sus maridos; las mujeres solteras con carrera se sienten menospreciadas o culpables por no tener familia; las mujeres que se quedan en casa a cuidar los hijos se sienten menospreciadas o culpables por no tener una carrera; y las mujeres que sufren trastornos nerviosos o traumas por situaciones pasadas se sienten menospreciadas o culpables por no poder superar todo eso. Oigan, ¿no se suponía que la igualdad nos haría libres y felices?

Creo que hay que dejar la culpa y la ansiedad de lado y empezar a pedir ayuda cuando hace falta. Por no hablar de DAR AYUDA en lugar de discursos motivacionales contraproducentes. Ya me he cansado de ver en Twitter esa frasecita de "no existen los problemas sino tu forma de verlos". ¿En serio? ¿O sea que si una persona no puede curarse de una depresión o superar un trauma ES SU CULPA, porque está viendo el problema "en forma equivocada"? [Gissel interrumpe la escritura un momento para golpear su cabeza contra el teclado.]

Mucha gente tampoco entiende cuán difícil es para una mujer salirse de una relación de pareja abusiva. Hay daño psicológico de por medio, o vulnerabilidad económica, o incluso amenazas. En lugar de decir a una mujer maltratada "no te dejes pegar" (como si fuera algo que ella consiente, y por lo tanto su responsabilidad), mejor sería ayudarla a escapar de su pareja, con asistencia policial de por medio (o la asistencia de alguna organización para mujeres maltratadas, porque no es raro que la policía maneje mal tales casos).

O sea, el empoderamiento femenino ES algo bueno... pero no debemos permitir que se convierta en una tiranía aplastante, igual que el machismo. Tener problemas que una no puede manejar es totalmente HUMANO. Está bien admitir que una se siente desbordada, está bien pedir ayuda, y una no tiene por qué sentirse culpable por no ser la Mujer Maravilla, dado que la Mujer Maravilla es un personaje de ficción. Y si vemos a una mujer que no puede con todo, en lugar de largarle un "esfuérzate más, que tú puedes" podríamos decirle "te ves agobiada, dime en qué puedo ayudarte".


¡Hagamos como las elefantas, que corren a sacar a sus compañeras del fango en lugar de menospreciarlas por no poder salirse solas!

G. E.

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3 de octubre de 2017

MIS ANIMALES RAROS FAVORITOS

Hace un tiempito escribí un artículo sobre mis organismos exitosos favoritos. Hoy, como pone en el título, toca escribir uno sobre mis animales raros favoritos, sólo porque sí :-D ¿Listos? ¡Aquí van!

PANGOLÍN — Parece un extraño caballero con armadura, pero se trata de un animalito adorable y pacífico. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Por desgracia, esta preciosura de animalito está en peligro debido a la caza indiscriminada :-(

Foto de Piekfrosch, página alemana de Wikipedia, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1788311.

EQUIDNA — Este bichito parece un simple puercoespín, pero es mucho más interesante que eso. ¡Se trata de una de las dos únicas especies de mamíferos ovíparos que existen en todo el mundo! (la otra es el ornitorrinco). Sí, es un mamífero que pone huevos, y además es marsupial.


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=670107.

ORICTEROPO — También llamado cerdo hormiguero. Curiosamente, solía aparecer en el programa de la Pantera Rosa, donde perseguía a una hormiga al estilo Tom y Jerry :-D Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de Scotto Bear (North Beach, MD, EUA), CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3622805.

MANTIS ORQUÍDEA — ¿Han visto mantis religiosas alguna vez? ¡A mí me encantan! ¡Son como los leopardos del mundo de los insectos! Resulta, sin embargo, que las mantis pueden ser todavía más asombrosas... ¡hasta el punto de disfrazarse de flores!


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Luc Viatour, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5187230.

CARACAL — Es un felino africano-asiático poco conocido pero muy bonito, como una especie de puma pequeño con orejas rematadas en mechones de pelo oscuro (está más emparentado con los servales que con los pumas, sin embargo).


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto presumiblemente de Inkbacker~commonswiki, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1799844.

FENECO — Se trata de un bonito zorro del desierto, con enormes orejas para disipar el calor y otras características que le permiten sobrevivir en su ambiente cálido y seco.


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Tim Parkinson (Sheffield, Reino Unido), CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2490268.

LICAÓN — Es una especie de perro africano salvaje. Estos animales cazan en jaurías y son muy eficaces, aunque están amenazados por la destrucción de su hábitat y la competencia con carnívoros más grandes. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de Derek Keats (Johannesburgo, Sudáfrica), Parque Nacional Chobe, Botswana, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=61458838.

AGUARÁ GUAZÚ — Parece una especie de zorro, pero no está emparentado con ningún cánido moderno. Vive en Sudamérica. Es una especie protegida, dado que sufre por la destrucción de su hábitat y la cacería debida a las supersticiones (no ataca al ganado ni a los humanos).


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=73999.

ÁGUILA ARPÍA — Es una de las rapaces más impresionantes, en mi opinión. Habita las pluviselvas de América. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de http://www.birdphotos.com, trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3785263.

AYE-AYE — Es otro bichito adorable que tiene una mala fama injustificada debido a su aspecto raro. Uno de sus dedos es más largo que los demás, y lo emplea para sacar insectos de los agujeros en los troncos. O sea, ¡cumple una función útil de control de plagas vegetales!


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Frank Vassen, Flickr, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19600466.

BABIRUSA — El babirusa es una especie de cerdo con unos colmillos muy particulares: éstos crecen y crecen como si fueran cuernos de carnero, hasta el punto de que pueden llegar a clavarse en la frente del animal. Su ficha de Wikipedia está aquí.


Foto de Terence Ong, trabajo propio, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1418136.

SEPIA — La sepia es algo así como un primo divertido del calamar. Se desplaza muy rápido, sus cromatóforos le permiten mimetizarse según lo requiera la ocasión, e incluso puede modificar su textura. ¡Lo que sea con tal de no morir devorado! :-D


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Diliff, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=533810.

PEZ DRAGÓN — Es uno de los peces más raros que conozco. ¡Pasa toda su vida fingiendo ser un montón de algas!


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de James Rosindell, trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=45692802.

DRAGÓN VOLADOR — No, no es un dragón (ya le gustaría a mi dragón Donald), sino una especie de lagarto que parece un dragón debido a sus membranas laterales, las cuales usa para planear.


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de H. Zell, trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=56541388.

MWANZA AGAMA CABEZA PLANA — Es un lagarto africano que se parece a Spider-Man. A SPIDER-MAN. ¡Díganme si no es fenomenal! :-D


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Christian Mehlführer (Chmehl), trabajo propio, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2134899.

FOSSA — Es otro de esos bichos que parece una cosa pero en realidad se trata de una especie distinta. O sea, el fossa parece un felino pero se trata de un euplérido (no me pregunten qué carajo es un euplérido, no tengo ni la más repajolera idea). Aun así es bonito, ¿verdad? :-)


Su ficha de Wikipedia está aquí. Foto de Chad Teer, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4436196.

Si en algún momento encuentro otro animal raro para mi lista de favoritos, vendré a añadirlo :-)

G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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