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15 de septiembre de 2017

¡BASTA DE CENSURAR LOS PEZONES FEMENINOS!

En serio, gente, la censura de los pezones femeninos está llegando a extremos realmente ridículos. En lo que a mí concierne, la gota que derramó el vaso fue la noticia sobre un hombre al que le empezó a crecer un pecho. ¿Saben qué pasó? ¡Que en la foto de los periódicos censuraron el pezón del pecho crecido, pero no el del otro!

Conste que mi indignación ya venía de antes, cuando vi un pezón censurado EN UN DIAGRAMA ANATÓMICO QUE ILUSTRABA EL CÁNCER DE SENO. O sea, era un pecho cortado a la mitad con sus estructuras internas a la vista, el dibujo de un tumor... y el medio pezón con el circulito borroso.

A ver, ¿¿SE PUEDE SABER QUÉ CARAJO HAY EN CONTRA DE LOS PEZONES FEMENINOS?? ¿¿ACASO HAN MATADO A ALGUIEN??

El argumento principal en contra de los pezones es que los pechos femeninos son considerados órganos sexuales. Bueno, si lo vemos desde el punto de vista del cableado neurológico en cuanto a la respuesta sexual, sí, podríamos considerarlos órganos sexuales no reproductivos. ¿Y QUÉ? ¿Por qué censurar específicamente los pezones, si no se censura el resto de la teta cuando las mujeres usan escotes muy pronunciados? ¿Se dan cuenta de que eso no tiene ningún sentido?

Pero si nos vamos a poner con la cuestión del sexo y la reproducción, LOS PEZONES MASCULINOS TAMBIÉN ESTÁN NEUROLÓGICAMENTE CABLEADOS A LOS ÓRGANOS SEXUALES. ¿Por qué censurar solamente los femeninos? Siguiendo ese criterio, habría que censurar TODOS los pezones.

¿Y saben qué otras partes del cuerpo se usan para la reproducción y el sexo? ¡El útero, el recto y la boca! ¡Y yo no veo que estén sufriendo censura alguna!

Puestos en ello, el mayor órgano sexual del cuerpo es el CEREBRO, porque es el que procesa todas las respuestas físicas y neurológicas durante el sexo, Y TAMPOCO SUFRE CENSURA DE NINGUNA CLASE. ¡Y vaya que son atractivas todas esas circunvoluciones! (Bueno, tal vez no para el público en general, pero ya he dicho que yo soy muy nerd.)

¿Y qué hay del fetichismo que tienen algunos con los PIES? ¿No habría que censurarlos también, para evitar pasiones desenfrenadas en tales individuos? (sarcasmo ON).

En serio, no es culpa de los pezones femeninos que haya hombres babosos (aunque no creo que éstos se exciten con diagramas de tetas con cáncer de seno o pechos masculinos agrandados por alguna patología). Para la tribu africana himba, los pechos ni siquiera tienen atractivo sexual. Las mujeres pasan horas arreglando sus cabelleras y pintando su piel con una mezcla de sustancias para dejarla de un bonito color rojizo (protegiéndose del sol, de paso). También se decoran con brazaletes y collares. Y ahí terminan sus estándares de belleza, porque luego van con sus tetas y pezones al aire y nada explota en el universo.

¿Y saben qué más? HAY PEZONES EN LA PELÍCULA DE DISNEY FANTASÍA, en el segmento de Noche en el Monte Pelado. En cierto momento aparecen unas arpías desnudas con sus pezones al aire. ¿Saben cuántos niños se han corrompido por ver esos pezones desde que se estrenó la película? SEGURO QUE NINGUNO.

Pero más allá de que tengan algún cableado sexual por ahí, ¡por los pezones sale la leche para alimentar a los bebés! ¡De los pezones sale COMIDA, demonios! ¿Por qué censurar la parte de un órgano que hace algo tan maravilloso como conectar físicamente a una madre con su bebé? ¡Y con fines nutricionales, nada menos! En Uruguay las mujeres pueden amamantar donde les dé la regalada gana. Incluso en el autobús. De nuevo, los pezones no causan ningún desbarajuste en la sociedad.

En fin, que los pezones femeninos son buenos y bonitos, y no tiene absolutamente ningún sentido censurarlos. ¡Basta ya de censurar los pezones! ¡Que vivan los pezones! ¡LARGA VIDA A LOS PEZONES!

Pezones: ¡Libertaaaaaaaaaaaad!

(Lo siento, gente. Habría puesto aquí una foto con pezones femeninos al aire, pero el contrato de Blogger no me lo permite ¡por culpa de la estúpida censura pezonil! Les pongo unos pezones de vaca, pues, dado que por ahora nadie está censurando las ubres.)

G. E.

PD: También me parece ridícula la censura de los culos. Sobre todo el de Chris Evans. Si de mí dependiera, habría incluso un decreto prohibiendo específicamente censurar el culo de Chris Evans en cualquier horario. Mmmmm, culo de Chris Evans...

PPD: Y la verdad, podríamos dejar de censurar los penes. La cultura griega es uno de los pilares de nuestra civilización, y los griegos veían a diario tropecientas estatuas con penes al aire. Los penes de mármol ciertamente no causaron ningún desastre.

PPPD: ¿Y que tal una reedición de la primera temporada de Game of Thrones para ponerle algunos penes? ¿O sea, el de Jason Momoa, del cual ha dicho Emilia Clarke que es "demasiado fabuloso"?

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9 de septiembre de 2017

SOBRE LA REPRESENTACIÓN LITERARIA LGTBIQ

Hace un tiempito hubo una controversia por una entrevista a una autora española de literatura fantástica. Le preguntaron por qué no incluía más personajes LGTBIQ en sus libros, y ella respondió algo así como que los pondría según lo requiriera la historia, no por obligación.

Mucha gente se ofendió por interpretar que la autora está en contra de la representación literaria de la comunidad LGTBIQ. Yo sí entendí lo que estaba tratando de decir, básicamente porque, como escritora, estoy en la misma situación que ella; o sea, viendo el tema DESDE FUERA.

Es fácil escribir sobre dragones, ogros, elfos, robots, alienígenas e incluso asesinos seriales. No son colectivos oprimidos que estén luchando para conseguir la igualdad de derechos, de modo que los escritores podemos representarlos/incluirlos como/cuando nos dé la regalada gana. Pero cuando se trata de personas reales que sufren algún tipo de discriminación... bueno, la cosa cambia bastante.

Mi círculo de amigos escritores es bastante grande, y diría que, en general, nuestro grado de empatía es alto. NOS IMPORTAN LOS DERECHOS DE LOS COLECTIVOS OPRIMIDOS, sean los que sean (incluyéndonos, porque los escritores somos un gremio crónicamente mal pagado). Por lo tanto, muchos estamos haciendo un esfuerzo consciente y voluntario para contribuir a la igualdad. PERO QUEREMOS HACERLO BIEN.

¿A qué me refiero con "bien"? Básicamente a dos aspectos del asunto, al menos como yo lo veo:

1) Más que la representación, yo creo que estamos buscando la NORMALIZACIÓN. O sea, incluir personajes LGTBIQ en nuestros libros hasta que el público general ya no reaccione negativamente ante su presencia, como debería ocurrir en la vida real. ¿Pueden creer que algunos servicios de publicación TODAVÍA están censurando u ocultando libros con romances homosexuales, por ejemplo? ¿Y que hay gente que, al mirar una serie con personajes LGTBIQ, salta a decir que existe una "agenda gay" cuyo propósito es adoctrinar a los niños? Es ridículo que esto pase hoy en día, como si el colectivo LGTBIQ estuviera compuesto por criaturas alienígenas con planes de dominación mundial en lugar de seres humanos inofensivos que simplemente se salen del promedio estadístico.

2) Queremos desarrollar BUENOS personajes LGTBIQ, como lo intentaríamos con cualquier otro tipo de personaje. Me refiero a que no sean planos como siluetas de cartón y que no caigan en estereotipos ofensivos. Esto es fácil en caso de que la novela transcurra en una sociedad ficticia donde la orientación sexual y la identidad de género no tienen importancia, pero cuando es una historia basada en la vida real, donde todavía NO se ha logrado la igualdad, tanto la orientación sexual como la identidad de género demandan ciertos conflictos narrativos por cuestiones de credibilidad. No es obligatorio que una novela gire alrededor de tales conflictos, obviamente, pero los mismos sí pueden condicionar determinadas actitudes de los personajes LGTBIQ y/o de quienes los rodean. Y claro, si el autor NO pertenece al colectivo LGTBIQ, entonces tendrá que informarse un poquito para contar adecuadamente esas situaciones.

Es por todo lo anterior que necesitamos mejorar la COMUNICACIÓN entre los autores que no pertenecemos al colectivo LGTBIQ y el colectivo LGTBIQ. A los escritores nos hace falta información sobre los diferentes tipos de discriminación, los estereotipos dañinos, incluso los detalles de los tratamientos para la reasignación de género. TODO SIRVE. En serio, gente, no tengan miedo de hablar con los autores, de explicarnos cosas y de corregirnos cuando haga falta. A lo largo de mi vida he tenido varias amistades o contactos de Facebook/Twitter homosexuales o bisexuales, y a menudo han tardado meses en contarme que no son heterosexuales, como si fuera un secreto que no se puede revelar hasta haber conocido bien a la otra persona. Mucho menos me han contado sus problemas particulares, aunque ahora, por suerte, estoy conociendo gente en Twitter que sí lo hace. Y menos mal, porque hay formas de discriminación e insultos que ni siquiera me habrían pasado por la cabeza, dado que yo no discrimino a nadie por su orientación sexual ni identidad de género (tampoco por su color de piel o religión, siempre y cuando esta última no pisotee derechos ajenos).

Los autores escribimos sobre lo que sabemos. No necesariamente por experiencia propia, claro. Entonces, cuanto más sepamos, más podremos escribir sobre determinados temas y más personajes LGTBIQ podremos incluir en nuestras historias, ya sea en forma casual/secundaria (sin peso en la trama) o como protagonistas.

Esto. Porque a ningún grupo humano de bien se le debería negar un espacio en la literatura. Y mucho menos en la vida

Y esperemos que llegue el día en que quienes se sientan como bichos raros sean los que discriminan :-)

G. E.

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3 de septiembre de 2017

HASTA EL GORRO DE GENTE GORRONA

En realidad hoy pensaba hablar de otra cosa, pero me ocurrió algo hace un par de días que me hizo dar prioridad a este tema en mi lista de pendientes.

Según el diccionario, un gorrón (o gorrona) es una persona "que tiene por hábito comer, vivir, regalarse o divertirse a costa ajena". Sin embargo, después de una larga experiencia, diría que hay que expandir un poco esa definición, a fin de abarcar las otras maneras en que un individuo puede aprovecharse de la buena voluntad de otro.

A menudo siento que soy un imán para gorrones, ya sea porque me gusta ayudar a los demás y/o porque tengo habilidades y conocimientos varios (no me estoy autoalabando; simplemente me he molestado en desarrollar dichas habilidades y adquirir dichos conocimientos, usando herramientas tan simples como libros y Google). Por lo tanto, este artículo será algo así como una especie de manual para lidiar con los gorrones; y créanme, detectarlos tempranamente les ahorrará mucho tiempo y quizás también dinero, por no hablar de innumerables desilusiones.

Mi experiencia con los gorrones crónicos empezó con la familia de una ex amiga. Una familia con más dinero que la mía, pero cuyos integrantes no dejaban de pedirnos favores cada dos por tres.

Mis actuales vecinos de al lado son así (no, no la vieja miserable que he mencionado en entradas anteriores, sino los vecinos del otro lado). Al principio nos caían bastante bien, pero luego nos dimos cuenta de que venían a tocar a nuestra puerta cada vez que necesitaban algo, ya fuera: insecticida, periódicos (para cubrir el piso durante las reformas de la casa o encender la chimenea), agujas, una tijera, que yo cuidara a alguno de los niños porque había vuelto a casa y no tenía la llave, etc. Conste: estoy a favor de la colaboración entre vecinos (de hecho, dos veces llamé a la policía por haber visto ladrones en azoteas ajenas), pero llega un punto en que ya piensas "eh, no estaría mal que estas personas se molestaran en dar algo a cambio a modo de agradecimiento, considerando que mi familia no les ha pedido nada". Pero no. De hecho, hasta tuvieron el descaro de atar su tubo del aire acondicionado a nuestra tubería del agua sin pedir permiso, y rompieron un par de baldosas de nuestro lado de la acera por estacionar su auto sobre ella. Les hice notar esto último. En lugar de disculparse y reparar el daño, pusieron caras de estúpidos. Resultado: hemos dejado de atender sus llamadas a nuestra puerta.

PRIMERA LECCIÓN SOBRE LOS GORRONES CRÓNICOS: Piden y piden y piden favores a cada rato, pero raramente hacen algo por uno (aunque uno lo pida con toda la pega). No les da vergüenza pedir favores ni se sienten obligados a dar algo a cambio.

En la facultad también me topé con unos cuantos gorrones, dado que yo sacaba muy buenos apuntes y además los pasaba en limpio en la computadora. Una de mis amigas allí resultó ser otra gorrona crónica, de modo que puse fin a esa relación.

Hace un par de días también tuve que cortar relaciones con un amigo que se volvió un gorrón crónico, tanto así que la última vez que vino a pedirme algo ni siquiera se molestó en decir "hola". Se lo hice notar, no se disculpó.

SEGUNDA LECCIÓN SOBRE LOS GORRONES CRÓNICOS: Cuando les echas en cara su conducta, se ponen a la defensiva y tratan de hacerte creer que tienes el problema. "Uy, qué feo eso que has dicho", "a mí nadie me pone condiciones para ser su amigo" (respuestas reales).

Yeah, right. Qué mala soy. Si en realidad hasta debería dar las gracias por hacer favores y gastar HORAS Y MÁS HORAS de mi tiempo en ayudar a gente que, cuando no necesita algo, ni siquiera se acuerda de mí. (Sarcasmo ON.) Esto me lleva a la...

TERCERA LECCIÓN SOBRE LOS GORRONES CRÓNICOS: Los gorrones crónicos se creen con el derecho de acaparar tu tiempo cada vez que lo necesiten, aunque sea para preguntarte cosas que podrían averiguar perfectamente por sí solos tecleando cuatro palabras en Google. Los gorrones crónicos simplemente no valoran el tiempo y el esfuerzo ajenos (por no hablar del dinero). Y mucho menos les importa si te hacen sentir que te están utilizando.

Sin embargo, hay una razón por la que los gorrones crónicos se ofenden tanto cuando al fin decides confrontarlos. Véase la...

CUARTA LECCIÓN SOBRE LOS GORRONES CRÓNICOS: Muchos gorrones crónicos son así a propósito, pero la mayoría de los que he conocido no están conscientes de que son gorrones crónicos. A menudo me he quejado de los gorrones crónicos en Facebook, y varios gorrones le han dado al "Me gusta" sin captar que estaba hablando de ellos. Y claro, como la verdad duele... de ahí que se enojen.

He tratado de mantener amistades con personas a las que ya había catalogado como gorronas crónicas, pero simplemente no funcionó. ¿Por qué? Pasemos a la...

QUINTA Y ÚLTIMA LECCIÓN SOBRE LOS GORRONES CRÓNICOS: Lo que voy a decir a continuación salta por sí solo al tomar en cuenta todo lo que puse arriba. Es esto: los gorrones crónicos no son buenos amigos. Los gorrones crónicos son más bien como sanguijuelas: toman, no dan. Y así es imposible que se mantenga una amistad, a menos que la otra parte sea particularmente servil, pero en ese caso no sería una amistad sino una relación consentida de parasitismo.

En serio, la amistad es un camino de doble vía. No es que tenga que llevar la cuenta de los favores, pero necesita cierta reciprocidad. Y como suelo decir: hay 7.000 millones de personas en el mundo; si una no te trata bien, puedes buscar otra. Y otra. Y otra, hasta que consigas amigos de verdad. Tengo varios de ésos, por suerte. Y si me están leyendo, GRACIAS POR NO SER GORRONES :-) Sepan que con gusto los ayudaré en lo que esté a mi alcance.

Y en cuanto a mis ex amistades gorronas...

Ex amiga gorrona: ¡Gissel, qué bueno que te...!
Yo: No te molestes, ya sé que sólo me vas a pedir un favor gratuito. ADIÓS.

G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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