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¡Primer Halloween con mi unicornio Cuernito! (además de mi dragón Donald, obviamente, quien siempre se entusiasma con estas festividades alo...

¡Primer Halloween con mi unicornio Cuernito! (además de mi dragón Donald, obviamente, quien siempre se entusiasma con estas festividades alocadas). Este año la elección de los disfraces fue todo un reto, porque mis dos adoradas criaturas insistieron en que combináramos de alguna manera, y no resulta fácil combinar disfraces cuando dos partes del trío son criaturas mitológicas que quieren hacerse pasar por cualquier otra cosa. Encima, los tres somos bastante frikis. ¿Qué hacer, entonces?

Pasamos tres horas considerando opciones mientras horneábamos galletitas con forma de monstruos. (Yo batía la masa, Cuernito daba forma a las galletas usando su magia, y Donald las horneaba con sus llamas. Rápido y fácil, como en una cadena de montaje.) En los altavoces sonaba la música de Nox Arcana, que es de lo más apropiado para esta festividad.

Al final decidimos ponernos en plan Tolkien: yo me disfracé de hobbit, Donald de Gandalf y Cuernito de Smaug :-D Hasta ahí todo muy normal. (Es decir, para los estándares de este blog tan lleno de disparates.)

Salí entonces al jardín a buscar otro limón para las galletas, y un anciano muy alto, con barba, sombrero y túnica grises, se acercó a mí fumando su pipa.

—¡Por fin, un hobbit! ¡Comenzaba a pensar que no encontraría ninguno a tiempo para llevar a cabo la misión!

—¿Misión? ¿Cuál misión? —dije yo, sacudiendo el humo de mi cara (argh, cuánto me chinchan los fumadores)—. ¿Y usted quién es, por cierto?

—¡Soy Gandalf el Gris, un mago muy poderoso!

—Bue. Otro más. A mi Donaldito no le va a gustar que alguien haya copiado su disfraz.

—No sé de qué hablas, pequeña hobbit. Escucha: traigo conmigo el Anillo Único y necesito que alguien lo lleve a Mordor ¡para destruirlo en las llamas del Monte del Destino y salvar a la Tierra Media de una catástrofe irreparable!

—Eh... pues aquí estamos lejos de cualquier monte, señor. En mi ciudad apenas si tenemos un cerro, y en su cima hay un faro, no llamas. Me da que se ha confundido de país. Hasta luego. —Me di la vuelta pensando si debería llamar a algún hospital psiquiátrico o similar. Lo sé, tengo un dragón y un unicornio, pero mi primera impresión fue que aquel hombre era simplemente un viejete chiflado como mi antiguo vecino de al lado, no un Gandalf 100% auténtico.

Resultó ser un Gandalf 100% auténtico. De pronto su vara resplandeció con una luz enceguecedora que me hizo detenerme en seco al tiempo que él exclamaba:

—¡Pequeña hobbit impertinente! ¡Soy un sirviente del Fuego Secreto, portador de la llama de Anor! ¡Date la vuelta y presta atención a mis palabras! Eh... ¿qué es eso que huele tan bien?

—Galletas de limón, señor Gandalf —dije yo con un hilo de voz—. Le daré algunas si promete no fulminarme. ¿Y podría hacer el favor de no fumar en mi casa? Digo, si no es mucha molestia, porque el humo me hace toser.

—Vaya, una hobbit a la que no le gusta fumar. Qué raro. —Gandalf apagó su pipa de todas maneras y entró a mi casa. Fuimos hasta el fondo, donde estaban Donald y Cuernito trabajando sobre nuestro horno improvisado. Gandalf se detuvo y puso los ojos como platos al ver a mi dragón—. ¡Smaug! ¡Pero si a ti ya te habían liquidado! No, espera, veo que eres azul, no rojo. ¿Un pariente de Smaug? ¿Muy bien vestido, por cierto? ¿Y tú qué eres? —añadió Gandalf, dirigiéndose a Cuernito.

—Él es mi unicornio Cuernito, disfrazado de Smaug —dije yo—. Y él es mi dragón Donald, disfrazado de... usted, señor Gandalf.

—Interesante. Ciertamente eres una hobbit muy particular, y bastante alta para tu especie. ¿Has bebido del manantial de los ents?

—No, pero ya quisiera. —Quizás sea alta para el estándar de los hobbits o los pigmeos, pero con mi metro cincuenta de estatura soy un poquito baja para el estándar humano. O al menos para el estándar de las tallas de ropa, que me obliga a cortar diez centímetros de todos mis pantalones.

En fin, mi Donaldito le extendió a Gandalf una bandeja de galletas ya horneadas. El mago empezó a comer poniendo cara de deleite. (No es por presumir, pero mis galletitas de limón quedan deliciosas.)

—Qué dragón tan amable —dijo Gandalf—. Tú también eres bastante raro para tu especie.

Mi Donaldito se encogió de hombros porque no conoce a ningún otro ejemplar de su especie, de modo que no tiene idea de si es raro o no por comparación. (Los dragones de la serie Juego de tronos no cuentan, aunque nos encanten.)

Ya medio resignada a tener que cumplir con la misión de Gandalf (onda Bilbo Bolsón cuando le cayeron los trece enanos en su confortable agujero hobbit), pregunté:

—Bueno, a ver, ¿cómo es esa cuestión del anillo que tengo que tirar dónde? Y puestos en ello, ¿no habían cumplido ya Frodo y su pandilla con esa tarea?

Gandalf pareció algo avergonzado. Respondió:

—Eh... bien... resulta que el Anillo Único no era tan único como creíamos. O sea, había dos. Pero ahora sólo queda uno, así que éste sí es el Anillo Único. Y hay que destruirlo antes de que Sauron lo recupere.

—No me diga: tampoco había un solo ojo de Sauron, ¿verdad?

—Eh... no. Pero ahora sí queda uno solo.

Gandalf sonrió. Yo resoplé.

—Bueno, 'tá bien, voy —dije—. Pero siempre y cuando pueda llevar a Donald y a Cuernito, que son como mi Sam y mi Aragorn.

—Es aceptable.

—Bien, supongo que si vamos volando podremos regresar a tiempo para...

—No, no. Nada de volar —dijo Gandalf—. Tiene que ser un viaje a pie, superando numerosas dificultades y peligros, enfrentando miedos e incertidumbres y...

—¿Qué? ¿Sin volar? ¡Pero si mi dragón es súper rápido y resis...!

—Es que lo importante es el trayecto, no el destino. O sea, pisar el camino sin saber a dónde nos va a conducir.

—¿No se supone que tenemos que ir al Monte del Destino?

—Sí, pero la valía del viajero ha de ser puesta a prueba por...

—Sigo sin escuchar una razón contundente para no ir volando en un pis pas.

—Pues... pues... ¡porque yo lo digo, y se acabó! —Gandalf hizo resplandecer su vara una vez más. Hice un gesto de paz, aunque al mismo tiempo Donald y yo nos miramos como diciendo "está chiflado, así que vamos a seguirle la corriente hasta que se vaya".

—'Tá bien, 'tá bien, lo que usté diga —respondí—. A pie, aunque tenga un dragón perfectamente capaz de volar a novecientos kilómetros por hora. Sí, ir a pie hasta el Monte del Destino suena súper sensato. Así viajaremos. —Gandalf no captó el sarcasmo, sino que se mostró satisfecho de que hubiéramos decidido obedecer sus ridículas indicaciones—. ¿Puedo al menos llevar un buen GPS a fin de orientarme en Mordor? Me da la impresión de que no hay buenas señalizaciones ahí.

—Aún no tenemos satélites en la Tierra Media, pero el Monte del Destino se ve bien a lo lejos. O sea, está en el horizonte, cerca del ojo de Sauron. Echa humo, fuego, relámpagos y nubes piroclásticas, no hay manera de perderse.

—Suena muy acogedor, como un paraíso turístico. —De nuevo, Gandalf no captó mi sarcasmo. Quizás el tabaco no fuera tabaco y hubiera afectado un poquitín su cerebro de mago.

—Aquí tienes el anillo —dijo Gandalf, pasándome una cajita de plomo marcada con ese simbolito que significa "peligro de radiación"—. Puedes tirar el anillo a la lava con caja y todo, y así evitarás que corrompa tu mente, por más que seas una inocente hobbit. —Estuve a punto de partirme de la risa al escuchar la palabra "inocente". La mente de un escritor de horror es justamente lo opuesto a eso.

Gandalf guardó en su bolsa la mitad de las galletas que habíamos horneado (sin pedir permiso, pero no me atreví a discutírselo debido a la vara mágica con potencial fulminante).

—Bien, ya me voy, pequeña hobbit. Te deseo suerte en tu empresa. Permíteme ahora teletransportarte a Mordor junto con tu dragón bien vestido y tu unicornio tan lindamente disfrazado de Smaug.

—¿Qué? ¿Teletransportarme? ¿Como en Star Trek? Un momento, ¿¿AHORA MISMO? ¡Pero tenemos que terminar de hornear...!

No pude acabar la frase. Gandalf hizo resplandecer su vara por tercera vez, y de pronto Donald, Cuernito y yo estábamos en algún lugar de Gondor, sobre un terreno pedregoso salpicado de arbustos. A lo lejos, en Mordor, se veía el dichoso Monte del Destino. Teníamos por delante kilómetros y kilómetros (o millas y millas, porque en la Tierra Media no usan kilómetros) de terreno aún más hostil.

—¡Oh, carajo! —exclamé—. ¡Ese cretino de Gandalf no me dio tiempo a calzarme mejor!

Es que mis "pies de hobbit" eran, básicamente, unos calcetines de color piel a los que les había cosido mucha lana marrón. ¿Cómo iba a caminar por Mordor con ESO?

Ah, no, espérense. ¿Caminar? ¿Por qué razón me iba a tomar la molestia de CAMINAR? ¡Ja! Tal como había planeado en secreto, le hice un gesto a mi Donaldito para que nos dejara subir a su lomo a Cuernito y a mí, y al diablo la orden de Gandalf. Caminar es bueno para la salud, pero ciertamente no por Mordor. Ya sabemos cómo le fue al pobrecito de Frodo.

Ya sobre mi dragón, y de camino a Mordor, me dio por abrir la cajita de plomo. La verdad, el anillo me pareció muy bonito, tan lustroso y con su elegante inscripción en caracteres élficos. Al mismo tiempo me puse a pensar en métodos para asesinar y torturar a diversos políticos y terroristas, pero la verdad es que esas cosas me vienen a la mente todos los malditos días, de modo que no lo consideré un efecto del Anillo Único :-D Cerré la cajita.

Al cabo de un rato vimos unas elevaciones de aspecto siniestro, y de pronto se me ocurrió algo.

—¿Sabes qué, Donaldito? Déjanos por aquí. Quiero entrar con Cuernito a esas montañas a fin de comprobar algo.

Donald nos dejó en un saliente rocoso. Cuernito y yo entramos entonces a un pasaje todo cubierto de telarañas, y no tardamos en encontrarnos con una enorme, enorme, enorme arañota muy peluda y con tremendos quelíceros.

—¡Uau, qué belleza! —exclamé. No me miren así, ya había escrito en alguna ocasión que me encantan las arañas.

La araña tenía hambre, sin embargo, y trató de comernos a Cuernito y a mí. Pero para algo había llevado yo a mi unicornio; con un pase de su cuerno mágico, Cuernito hizo que algunas polillas crecieran al tamaño de vacas, y entonces la araña gigante hizo unos ruiditos de felicidad y se abalanzó sobre ellas para comer.

En serio, ¿quién puede culpar a una pobre araña de devorar orcos y humanos y de casi comerse a Frodo? O sea, ¡la pobre no tenía más opciones culinarias!

Cuernito hizo crecer unas flores mágicas dentro de la cueva. Cualquier polilla que se alimente de ellas crecerá lo suficiente como para alimentar en el futuro a la araña gigante. Ah, y como Tolkien no le dio un nombre muy atractivo a esta última, decidimos rebautizarla como Juanita :-)

Regresamos con Donald y seguimos volando hacia el Monte del Destino. Nos topamos entonces con cuatro nazgûl, pero mi dragón no se anda con chiquitas a la hora de arrojar fuego, de modo que los mantuvo a raya con bastante facilidad. Sin embargo, en medio de la pelea hizo un movimiento brusco, y Cuernito y yo caímos de su lomo. Estábamos a dos mil metros de altura, lo suficiente como para que nos convirtiéramos en sendos panqueques al tocar tierra, pero Cuernito usó su magia de nuevo y aterrizamos en un enorme montón de algodón perfumado. O sea, un montón de algodón perfumado tan alto como un edificio. Válgame, nunca había visto tanto algodón. Tardamos un buen rato en salir de ahí y quitarnos las hebras de las orejas... y para ese entonces ya estábamos rodeados de orcos. Donald seguía peleando en las alturas con el último nazgûl (los otros tres estaban cayendo a tierra en forma de ceniza ardiente; como dije, mi dragón no se anda con chiquitas a la hora de arrojar fuego).

—Eh... hola. ¡Feliz Halloween! —dije a los orcos, quienes me respondieron con gruñidos de todo tipo al tiempo que esgrimían sus espadas. Había unos cuantos uruk-hais entre ellos, también de aspecto malhumorado. Un orco solitario, quizás menos belicoso que el resto, se puso a examinar la montaña de algodón. Metió un puñado en su boca y luego lo escupió (es que era algodón normal, no algodón de azúcar; aunque dudo de que los orcos hayan probado este último alguna vez).

El círculo de orcos se estaba estrechando. Mi Donaldito seguía ocupado allá en lo alto.

—Eh... Cuernito, más vale que hagas algo o terminaremos como cena de orcos. ¿Alguna idea?

¡Pues claro que mi Cuernito tenía una idea! ¡Es un unicornio mágico súper fenomenal! Él apoyó su cuerno en la tierra, y entonces crecieron montones de plantas de calabazas (las frutas tenían un diseño de caras macabras, para estar a tono con la fecha). También crecieron zanahorias, lechugas, guisantes verdes, manzanos y así por el estilo.

Arranqué una manzana y empecé a comerla con cara de "uh, qué bueno está esto, mejor que comerme a mí, chicos". Los orcos no parecieron muy convencidos. Para ese entonces, sin embargo, Donald había acabado con el último nazgûl, por lo que bajó de inmediato a defendernos. Pensé que rostizaría a los orcos; en cambio, empezó a gruñirles en tono cordial. Debía de estarles diciendo algo muy interesante en su idioma, porque los orcos se miraron entre ellos, asintiendo, y por último envainaron sus espadas.

—¿Qué les has dicho? —le pregunté a mi dragón, y él me respondió, en el lenguaje de señas que usa siempre conmigo: "Les he preguntado cuánto les paga Sauron al mes, y si tienen derechos sindicales y salario vacacional."

Eso arregló todito. Primero los orcos eran nuestros enemigos, y de pronto nos estaban preguntando cómo organizar una buena huelga. Al parecer la lista de derechos laborales incumplidos era bastante larga. De paso le indiqué a mi Donaldito que les explicara las ventajas de pasarse a una dieta vegetariana, o por lo menos con dos tercios de verduras. Vamos, ¿han visto a un orco? ¿Y conocen los trastornos que causa una dieta de pura carne? En serio, ¿cómo no iban a estar los orcos malhumorados todo el tiempo, entre el estreñimiento, el aliento apestoso y posiblemente (a juzgar por el estado de sus respectivas dentaduras) el escorbuto incipiente? Al final logramos convencerlos de probar las frutas y de cocinarse feijoadas más a menudo, al menos para empezar.

Caí en cuenta entonces de que ¡aún era Halloween!

—Eh, chicos —dije yo a los orcos por medio de mi dragón—, ¿qué les parece si seguimos discutiendo esto mientras celebramos? ¡Mi Cuernito convertirá piedras en caramelos y bombones!

Los orcos vitorearon, y terminamos organizando una tremenda fiestota al estilo Mordor en un claro todavía pedregoso. Pusimos música de Saruman Christopher Lee, y tanto los orcos como los uruk-hais me sorprendieron con sus pasos de hip hop. La araña Juanita se unió a la fiesta por un rato, ahora que ya no estaba medio muerta de hambre.

Ojo de Sauron: No recuerdo haber autorizado una fiesta.
Todos los demás: ¡Yujuuuuu! ¡Fiestaaaaa!

El ojo de Sauron no tenía cejas, pero ciertamente daba la impresión de que estaba frunciendo el ceño en un gesto de desaprobación :-D

En fin, Donald y yo aprovechamos la distracción de la fiesta para destruir el Anillo Único, de modo que el ojo de Sauron no tardó en venirse abajo. De acuerdo, ahora los orcos no tendrán a quién hacerle la huelga, pero toda la cuestión sindical les resultará muy útil en su próximo empleo, sea cual sea. Pero no queríamos que se integraran a otro ejército, de modo que Cuernito hizo crecer por ahí unas cuantas plantitas de marihuana y enseñamos a los orcos a fumarla. Eso les quitará las ganas de pelear, y de paso les aliviará los síntomas del glaucoma, en caso de que lleguen a padecer dicho trastorno.

Finalizada nuestra noble misión, emprendimos el camino de regreso. Hicimos, sin embargo, un último desvío hacia Caradhras porque mi Donaldito quería ver un balrog. Lo encontramos. Al principio trató de matarnos igual que los orcos, pero luego mi dragón hizo amistad con él y se arrojaron bolas de nieve por un buen rato en una pelea amistosa (que causó unas cuantas avalanchas, pero bueno, no había nadie en los alrededores de todas maneras).

Una vez en el punto donde habíamos aparecido, la magia residual del teletransporte nos devolvió a casa. Terminamos de hornear las galletas, las repartimos entre los niños del vecindario y continuamos con nuestra celebración del Halloween.

Espero que Gandalf se atragante con las galletas que nos afanó. Y espero que los orcos y el balrog nos manden algunas tarjetas en Navidad, o camisetas hechas con el montón de algodón perfumado que dejamos en Mordor :-)

¡Feliz Halloween!

G. E.

PD: Bailar en calcetines por el duro suelo de Mordor me dejó unas cuantas ampollas. La próxima vez llevaré botas de excursionista.

Para variar, quisiera compartir uno de mis poemas favoritos (no soy fanática de la poesía, pero bueno, unos pocos han llegado a gustarme). E...

Para variar, quisiera compartir uno de mis poemas favoritos (no soy fanática de la poesía, pero bueno, unos pocos han llegado a gustarme). Es de Rubén Darío. Lo aprendí de memoria cuando era apenas una niña, y todavía puedo recitarlo sin un solo error :-) (También puedo recitar El cuervo, de Edgar Allan Poe, en su idioma original, pero hasta yo admito que eso es demasiado nerd.)

Por cierto, este poema es de dominio público dada la fecha de muerte del autor, así que no estoy pisoteando ningún copyright... a diferencia de todos esos podridos administradores de webs piratas, a quienes les deseo ser devorados por un enorme monstruo defensor de los derechos de autor. Ea.

Aquí les va el poema, escrito en 1884. Supongo que cualquier similitud alegórica con la realidad, pasada o presente, no es coincidencia :-D

UN PLEITO

I

Diz que dos gatos de Angola
en un mesón se metieron
del cual sustraer pudieron
un rico queso de bola.

Como equitativamente
no lo pudieron partir,
acordaron recurrir
a un mono muy competente;

mono de mucha conciencia
y que gran fama tenía,
porque el animal sabía
toda la Jurisprudencia.

—Aquí tenéis —dijo el gato
cuando ante el mono se vio—
lo que este compadre y yo
hemos robado hace rato;

y pues de los dos ladrones
es el robo, parte el queso
en mitades de igual peso
e idénticas proporciones.—

Aquel mono inteligente
observa el queso de bola,
mientras menea la cola
muy filosóficamente.

—Recurrís a mi experiencia
y el favor debo pagaros,
amigos, con demostraros
que soy mono de conciencia;

voy a dividir el queso,
y, por hacerlo mejor,
rectificaré el error,
si hubiere, con este peso.—

Por no suscitar agravios,
saca el mono una balanza
mientras con dulce esperanza
se lame un gato los labios.

—Haz, buen mono, lo que quieras
—dice el otro con acento
muy grave, tomando asiento
sobre sus patas traseras.

II

Valiéndose de un cuchillo,
la bola el mono partió,
y en seguida colocó
un trozo en cada platillo;

pero no estuvo acertado
al hacer las particiones,
y tras dos oscilaciones
se inclinó el peso hacia un lado.

Para conseguir mejor
la proporción que buscaba
en los trozos que pesaba,
le dio un mordisco al mayor;

pero como fue el bocado
mayor que la diferencia
que había, en la otra experiencia
se vio el mismo resultado,

y así, queriendo encontrar
la equidad que apetecía,
los dos trozos se comía
sin poderlos nivelar.

No se pudo contener
el gato, y prorrumpió así:
—Yo no traje el queso aquí
para vértelo comer.—

Dice el otro con furor,
mientras la cola menea:
—Dame una parte, ya sea
la mayor o la menor;

que estoy furioso, y arguyo,
según lo que va pasando
que, por lo nuestro mirando,
estás haciendo lo tuyo.—

III

El juez habla de este modo
a los pobres litigantes:
—Hijos, la Justicia es antes
que nosotros y que todo.

Y otra vez vuelve a pesar
y otra vez vuelve a morder;
los gatos a padecer
y la balanza a oscilar.

Y el mono, muy satisfecho
de su honrada profesión,
muestra su disposición
para ejercer el Derecho.

Y cuando del queso aquel
quedan tan pocos pedazos
que apenas mueven los brazos
de la balanza en el fiel,

el mono se guarda el queso
y a los gatos les responde:
—Esto, a mí me corresponde
por los gastos del proceso.


Espero que les haya gustado tanto como a mí :-)

G. E.

Hoy en día el islamismo ocupa demasiados titulares por eso de los ataques terroristas, pero el tema de la religión es bastante más amplio qu...

Hoy en día el islamismo ocupa demasiados titulares por eso de los ataques terroristas, pero el tema de la religión es bastante más amplio que eso, y como a veces la gente no tiene un muy buen criterio a la hora de elegir sus creencias, se me ocurrió que podría ayudar a resolver el asunto con un simple cuestionario (basándome en mis moderados conocimientos de diversas religiones, tanto actuales como extintas). Marca la opción que aplique más a tu religión, toma nota de las respuestas, y por último mira los resultados al final del artículo. ¡Suerte! :-)


CUESTIONARIO PARA EVALUAR TU RELIGIÓN

1) ¿Cómo calificarías tu religión en cuanto al monoteísmo?

a) Dios está en todas las cosas: las plantas, los animales, las piedras, la lluvia, las nubes, el viento que agita mi cabellera, también las setas psicodélicas. ¡Dios es todos, todos somos Dios!

b) Sólo hay un Dios verdadero y de Él provienen todas las cosas.

c) Sólo hay un Dios verdadero y de Él provienen todas las cosas. Él me dice qué pensar, cómo vestir, qué celebrar según el calendario y a qué hora he de rezar todos los días.

d) ¡Dios es lo único importante en mi vida! ¡Y quien no piense igual que yo se irá de cabeza al infierno o morirá en una gigantesca explosión!

e) ¿Un solo dios? ¡Qué aburrido sería eso!

f) Sí, tengo un único dios al que he de hacer regularmente ofrendas monetarias de varios tipos, según mis líderes religiosos. Ellos colectan dichas ofrendas.

g) Tengo un único dios. Es una roca en mi jardín. Me habla de vez en cuando y yo le echo agua para que no se reseque. ¡Larga vida, oh dios rocoso!

2) ¿Cómo calificarías tu religión en cuanto al politeísmo?

a) Adoro a los árboles, los ríos, el pasto, los animales, la lluvia, el sol, la luna, los guijarros, las conchas marinas, las plantas de marihuana, el cielo, los planetas, las estrellas, también a... [insertar larga lista de más cosas naturales que existen en el universo].

b) No, no, Dios es uno solo, pero estoy dispuesto a tolerar que existan religiones politeístas. Aunque seguro se irán de cabeza al infierno.

c) No, no, Dios es uno solo y no me gustan las religiones politeístas. Son pecaminosas. Mis vecinos tienen un dios elefante y otro que monta una vaca. No les dirijo la palabra.

d) ¡QUE SÓLO EXISTE UN DIOS, LEÑE! ¡MUERAN TODOS ESOS INFIELES QUE ADORAN A MUCHOS DIOSES!

e) ¡Muchos dioses, sí! ¡Me encanta tener muchos dioses! ¡Especialmente si tienen cabezas raras o más brazos de lo normal! ¡Y algunos producen lluvia y lanzan rayos!

f) Oh, sí, mi religión tiene muchos dioses. A cada uno tengo que comprarle amuletos específicos para que me den suerte o fastidien a quienes me desean calamidades.

g) Oh, sí, tengo muchos dioses. ¡A veces hablan dentro de mi cabeza con distintas voces!

3) ¿Qué clase de libros sagrados maneja tu religión?

a) ¿Libros sagrados? Mi religión no necesita libros sagrados. ¡La naturaleza está impregnada de sabiduría! ¡Los ancianos están impregnados de sabiduría! ¡Las setas psicodélicas proveen sabiduría!

b) Mi religión tiene un libro sagrado que fue dictado por Dios hace cientos/miles de años. He leído partes de él.

c) Mi religión tiene un libro sagrado que fue dictado por Dios hace cientos/miles de años. Lo he leído de principio a fin varias veces, y puedo recitar de memoria al menos una tercera parte.

d) ¡Mi religión tiene un libro sagrado que me ordena castigar y matar a quienes no siguen sus normas! ¡MUERTE A LOS HEREJES E INFIELEEEEEES!

e) No, mi religión no tiene un libro sagrado. Sus preceptos están grabados en los muros de construcciones muy, muy antiguas, o en tabletas de piedra.

f) Da igual que mi religión tenga o no un libro sagrado. Más bien debo escuchar a mis líderes religiosos y comprar las cosas que ellos me dicen que tengo que comprar para ahuyentar el mal y atraer el bien.

g) Mi religión tiene un libro sagrado. Las letras bailan sobre él y a veces flotan en el aire. Me gusta mirarlas.

4) ¿Cómo son tus líderes religiosos?

a) Mis líderes religiosos son los espíritus que habitan las cosas, y los ancianos sabios, y el sonido del viento, y... [sí, sí, ya entendimos el concepto, gracias].

b) Tengo líderes religiosos. A veces les hago caso, a veces no.

c) Tengo líderes religiosos. Escucho todos sus sermones y hago caso de todo lo que me dicen.

d) ¡Mis líderes religiosos me dicen exactamente qué hacer, cómo vestir, qué comer, a quiénes odiar y a quiénes asesinar!

e) Mis líderes religiosos murieron hace tiempo, o existen hoy en día y me dicen a cuáles templos debo ir a dejar ofrendas vegetales/animales y cuáles rituales debo seguir para purificar mi espíritu.

f) Oh, sí, mi religión tiene líderes religiosos. Nos hacen cantar y bailar durante horas, y ayunar, y luego nos piden dinero para complacer a Dios.

g) Cada tanto veo una anciana de largo pelo blanco cuando salgo a caminar. Me señala el cielo, o alguna pared, o el piso. Es posible que sea una intermediaria entre mi deidad y yo.

5) ¿Qué hay de los iconos religiosos?

a) ¡Oh, hay tantos árboles y animales bonitos que puedo usar como iconos religiosos! ¡Me encantan!

b) Mi religión tiene iconos religiosos. Están bien. / Mi religión prohíbe los iconos religiosos, pero tengo que respetar mi libro sagrado, en el sentido de no profanar sus páginas.

c) Mi religión tiene iconos religiosos. Son muy respetados y tengo unos cuantos en mi casa. / Mi religión prohíbe los iconos religiosos, pero tengo que respetar mi libro sagrado. Me ofende mucho que haya iconos religiosos ajenos en los espacios públicos. ¡Voy a crear una petición para que los quiten!

d) ¡Mi religión tiene iconos religiosos! ¡Los pintaré en mi uniforme de batalla! / ¡Mi religión prohíbe los iconos religiosos! ¡Los iconos de las otras religiones son malignos! ¡Voy a bombardearlos ya mismito!

e) Oh, sí, mi religión tiene iconos religiosos. Son súper pintorescos y variados. A menudo también son estatuas antiguas de más de cinco metros de alto.

f) Mi religión tiene iconos religiosos, y es mi obligación comprar unos cuantos para ponerlos en mi casa.

g) Cada una de mis cucharas tiene la cara de un dios.

6) ¿Cómo tienes que ver a las personas de otras religiones?

a) Todas las formas de vida en el planeta son importantes. Mi religión busca la paz y la armonía para toda la humanidad, sin importar qué crean las otras personas.

b) Mi religión dice que las personas de otras religiones se irán de cabeza al infierno, así que trataré de convertirlas a mi religión. Pero si no quieren... allá ellas. Muchas de esas personas son mis amigos y vecinos. Nos llevamos bien de todas maneras. Hacen buenas parrilladas.

c) Mi religión dice que las personas de otras religiones se irán de cabeza al infierno, así que trataré de convertirlas a mi religión. Y si no quieren... no tendré mucho trato con ellas porque no quiero que corrompan mis creencias ni las de mi familia.

d) ¡Quienes no pertenezcan a mi religión deben morir! ¡Y también deben morir quienes no obedezcan estrictamente los mandatos de mis líderes religiosos! ¡MUERTEEEEEEEEEEEEE!

e) Para mi religión no es importante que otras personas tengan otras creencias. Voy a averiguar en qué creen los demás. Quizás tengan algún dios interesante que pueda añadir a mi propia religión, cambiándole un poquito el nombre.

f) Mi religión dice que debemos tratar de convertir a las personas de otras religiones. Y si los nuevos feligreses son personas adineradas/gastadoras, mejor.

g) No entiendo a las personas de otras religiones. ¿Cómo es que no ven a mi dios saludando desde aquella nube?

7) ¿Tu religión demanda ofrendas, plegarias y rituales?

a) ¡Fertilizante para la tierra, comida para los animales y amor para las personas! ¡Las plegarias son alabanzas a la naturaleza! ¡Los rituales son reuniones en el campo para consumir setas y bailar alrededor de fogatas! (con o sin orgías).

b) Sí, mi religión demanda ofrendas. Cada tanto hago alguna donación. A veces rezo. No doy mucha bola a los rituales, me parecen arcaicos.

c) Si, mi religión demanda ofrendas y plegarias específicas. Cumplo con todo eso según las instrucciones de mi libro sagrado.

d) ¡Las ofrendas son las muertes de mis enemigos! ¡Rezo para poder asesinarlos! ¡Los rituales condicionan mi mente para que los odie todavía más!

e) ¡Uh, sí, tenemos ofrendas, plegarias y rituales de varios tipos, según la deidad! Aunque a veces las ofrendas y rituales son un poco sangrientos (algunos dioses piden sacrificios humanos).

f) Aparte de las ofrendas monetarias, tengo que ejecutar durante horas y horas las plegarias y rituales que me ordenan mis líderes religiosos. Me dejan bastante aturdido.

g) Alguna vez le he puesto nueces a una ardilla en mi jardín y le he rezado durante horas. Me dijo que era una enviada del más allá. A mi dios rocoso le dibujo caritas felices o enfadadas.

8) ¿Cómo es la arquitectura para tu religión?

a) ¿Arquitectura? ¿Te refieres a las montañas y las cúpulas que forman los árboles?

b) Mi religión tiene edificios bonitos. Los visito cada tanto (a menos que tenga otros quehaceres más importantes).

c) Mi religión tiene edificios bonitos (con/sin iconos). Los visito regularmente para rezar y escuchar los sermones de mis líderes religiosos.

d) Mi religión tiene edificios bonitos... ¡pero igualmente pondré bombas en ellos si hace falta para liquidar a los infieles o a quienes no obedezcan estrictamente las normas ancestrales de mi religión!

e) Mi religión tenía fabulosas obras arquitectónicas (la mayoría en piedra), pero muchas de ellas se encuentran ahora en ruinas. ¡Las pirámides aguantan bien, sin embargo!

f) Mi religión compra muchos edificios y los convierte en templos para que yo pueda ir a escuchar largos sermones y aportar dinero.

g) Entré a una casa abandonada y mi dios se me apareció en ella. Ahora la visito regularmente. Creo que las ratas ahí también sirven a mi dios.

9) ¿Tu religión tiene un código de vestimenta?

a) ¡El cuerpo humano es hermoso! ¡Puedo ponerme lo que yo quiera o incluso andar desnudo!

b) Bue, mientras que no muestre demasiado, puedo ponerme lo que me dé la gana.

c) Mi religión tiene un código de vestimenta estricto para hombres y mujeres. Eso incluye los peinados. Y ni hablar de las barbas.

d) ¡Quien no se vista como mandan mis líderes religiosos debe moriiiiir! ¡El cuerpo desnudo es sacrílego y pecaminosooooo!

e) Oh, mi religión tiene un vestuario pintoresco, a veces también colorido, con accesorios diversos. La semidesnudez es aceptable.

f) Da igual el vestuario siempre y cuando lleve dinero a las reuniones en los templos.

g) He salido a correr desnudo bajo la luna, llamando a mi dios. Y mi dios respondió desde la luna.

10) ¿Cómo son las festividades en tu religión?

a) ¡Sí, festividades! ¡Mi religión tiene muchas! ¡Coinciden con las estaciones y los ciclos lunares y solares! ¡Hacemos fogatas y bailamos alrededor de ellas, consumiendo marihuana y haciendo el amor según nos venga en gana!

b) Mi religión tiene festividades, según el libro sagrado. He llegado a celebrar algunas.

c) Mi religión tiene festividades, según el libro sagrado. Las celebro todas de acuerdo a sus normas tradicionales. / Mi religión tiene festividades pero prohíbe la música.

d) Sí, mi religión tiene festividades. ¡Pero la mayor celebración es matar a esos podridos infieles en nombre de Dios!

e) ¡Sí, festividades! ¡Mi religión tiene muchas! Una para cada dios, con ofrendas específicas y cantos variados. ¡Las festividades nos llevan a la iluminación espiritual!

f) Mi religión tiene festividades, y a cada una llevamos dinero para conseguir bendiciones divinas.

g) Una vez hice una fiesta, reproduje un disco al revés y entonces sonó la voz de mi deidad, ordenándome que me parara de cabeza.

11) ¿Qué cosas prohíbe tu religión?

a) Mi religión me prohíbe hacer daño a la naturaleza y a otras personas, dado que Dios está en todo y en todos.

b) Mi religión prohíbe unas cuantas cosas. Solamente hago caso de las grandes, como no matar y no robar.

c) Mi religión prohíbe unas cuantas cosas. He renunciado a todas.

d) ¡Mi religión prohíbe todos los placeres mundanos, y ahora es mi deber hacer explotar a quienes pecaminosamente se entregan a ellos!

e) Mi religión prohíbe matar, robar y etc., y algunas cosas raras como lastimar vacas o robar los gatos de los templos. No son prohibiciones demasiado molestas.

f) Mi religión prohíbe cuestionar las enseñanzas de mis líderes religiosos. Si ellos dicen que debo usar un jabón de 50 dólares para purificar mi cuerpo, entonces he de comprar dicho jabón y bañarme con él.

g) Mi religión me prohíbe limpiar las pelusas de los rincones. Son espíritus enviados por mi dios para vigilarme.

12) ¿Qué dice tu religión sobre el dinero?

a) ¡El dinero es una cosa mundana que sólo hace infelices a las personas! ¡Hay que usarlo lo menos posible! ¡Lo importante es el amor! ¡Que viva el trueque!

b) Bah, no hay problemas con el dinero. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

c) Bah, no hay problemas con el dinero. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. / Tener mucho dinero es una señal de que Dios me ha favorecido.

d) ¡El dinero es maligno, pero permite comprar las armas para asesinar a los infieles! ¡Mueran los infieleeeeees!

e) Bah, no hay problemas con el dinero. De hecho, a muchos de mis dioses les gustan las ofrendas en oro.

f) El dinero es fundamental en mi religión. ¡Estoy obligado a dar dinero todo el tiempo en las reuniones! ¡Dios así lo demanda!

g) A veces las caras en los billetes se transforman en caras de demonios.

13) ¿Cómo lleva tu religión la igualdad de género y los derechos LGTB+?

a) ¡Todos somos iguales! ¡Cada mente es valiosa para el universo!

b) La mujer es inferior al hombre. La homosexualidad es pecado. No doy mucha bola a eso, sin embargo. Mis hijas hacen lo mismo que mis hijos varones. Uno de mis muchachos tiene novio, y la verdad es que hacen linda pareja.

c) La mujer es inferior al hombre. La homosexualidad es pecado. Quien diga lo contrario será expulsado de mi religión. No permito que mi familia tenga contacto con esa pareja gay que vive frente a mi casa, y estoy en contra de que esos depravados adopten niños.

d) ¡Las mujeres tienen que obedecer al hombre! ¡Los homosexuales y demás personas pervertidas merecen morir!

e) Mi religión no habla mucho de esos temas. Más bien se ocupa de cómo tenemos que adorar a cada deidad (muchas de las cuales son femeninas). Las vírgenes son importantes para los dioses, sin embargo. A veces tenemos que sacrificarlas o enviarlas a vivir en templos milenarios.

f) A mi religión le da igual el sexo, la identidad de género o la orientación sexual de las personas. Sólo le importa cuánto dinero puede donar a la semana cada feligrés.

g) Mi dios cambia de sexo a cada rato. A veces lo veo como hombre, a veces como mujer, a veces como hermafrodita. Otras veces se me aparece como una fruta.

14) ¿Qué dice tu religión en cuanto al sexo?

a) ¡El sexo es vida! ¡Mi religión permite las orgías alrededor de las fogatas y las relaciones poliamorosas!

b) Se supone que el sexo es solamente para la reproducción, pero no doy bola a eso. Uso contraceptivos y disfruto del sexo cuando me da la gana.

c) Se supone que el sexo es solamente para la reproducción. Disfruto de él, pero acepto todos los hijos que Dios me envíe después.

d) ¡El sexo es pecado, pero está bien violar a las mujeres infieles! ¡Sobre todo a las que quieren una educación liberal!

e) Mi religión tiene una diosa del sexo. Es hermosa. A veces también es regordeta y con tetas enormes (igualmente hermosa).

f) A mi religión le da igual el sexo siempre y cuando done dinero al templo. Mis líderes religiosos, sin embargo, tienen el derecho divino de acostarse con todas las mujeres de la congregación.

g) La voz de mi dios en mi cabeza me ordenó que tuviera sexo con un árbol.

15) ¿Tu religión opina algo en particular sobre las madres?

a) ¡La naturaleza es madre de todos, pero mi religión también ama a las madres humanas y animales!

b) Uno de mis iconos religiosos es una madre. / Mi religión prohíbe los iconos religiosos maternos, pero se supone que he de tratar bien a mi madre.

c) Uno de mis iconos religiosos es una madre. Le rezo a menudo. / Mi religión prohíbe los iconos religiosos maternos, pero se supone que he de tratar bien a mi madre. No obstante, por ser mujer, ella seguirá siendo inferior a cualquier hombre de la casa y su mayor deber es producir hijos.

d) ¡Está bien golpear a la propia madre en caso de que desobedezca a un hombre! ¡Está bien matar a las madres de los infieles y destruir sus iconos maternos!

e) Mi religión tiene una diosa de la maternidad. Las mujeres le rezan para pedir fertilidad e hijos sanos.

f) Todas las madres con dinero son bienvenidas en mi religión.

g) He visto halos luminosos alrededor de la cabeza de muchas madres.

16) ¿Cómo se lleva tu religión con la tecnología?

a) ¡La tecnología es mala para la naturaleza! No es que deba renegar de ella, pero sí minimizar su uso. ¡Es mejor comunicarse directamente con las personas, las plantas, los animales y la tierra! Voy a caminar descalzo por el pasto un ratito.

b) Mi religión no tiene ningún problema con la tecnología. Sigo a algunos de mis líderes religiosos en Twitter.

c) Mi religión no tiene ningún problema con la tecnología, pero no debo entrar a ninguna página web donde aparezcan mensajes pecaminosos. / Mi religión prohíbe la electricidad.

d) ¡Las redes sociales nos sirven para captar adeptos a la causa de matar a los infieles!

e) Mi religión no dice nada sobre la tecnología porque sus preceptos fueron escritos en piedra y muros hace miles de años.

f) Mi religión usa mucho la tecnología. Incluso ha implementado medios de pago electrónicos para las donaciones a los templos.

g) Cada tanto mis deidades me hablan a través del televisor.

17) ¿Qué opina tu religión sobre las ciencias en general?

a) La ciencia nos revela lo que ya sabíamos: ¡que la naturaleza es milagrosa! Un poco de ciencia está bien.

b) La ciencia está bien, pero dejará de importar cuando todos entremos al paraíso que promete mi religión. Es aceptable tener un empleo vinculado a las ciencias.

c) La ciencia está bien, pero dejará de importar cuando todos entremos al paraíso que promete mi religión. Algunos adelantos científicos son considerados pecaminosos, sin embargo, así que los evito.

d) ¡La ciencia es maligna salvo para construir bombas destinadas a matar a los infieles!

e) ¿Ciencia? ¿Eso qué es?

f) Mi religión ofrece un montón de piedras energéticas para protegerme contra las fuerzas malignas. Son caras pero valen la pena.

g) Me gusta tirarme en el suelo y ver flotar los átomos sobre mi cara. Los átomos son los hijos diminutos de mi dios. Bailan muy bien.

18) ¿Cómo se lleva tu religión con la medicina en particular?

a) Prefiero curarme con hierbas ancestrales.

b) Mi religión acepta la medicina. Puedo ir al doctor y tomar antibióticos en caso necesario.

c) Mi religión acepta la medicina pero prohíbe cosas específicas. / Mi religión cree que la medicina es maligna.

d) ¡Al diablo la medicina! ¡Lo que importa es destruir a los herejes e infieles!

e) La medicina está bien siempre y cuando no moleste a ninguna de mis deidades.

f) Cada vez que enfermo, mis líderes religiosos me venden unas medicinas milagrosas. Se supone que curan todo, por eso son tan caras.

g) A menudo las plantas me susurran que coma sus hojas para curarme cuando estoy mal. Han de ser plantas divinas.

19) ¿Qué dice tu religión sobre la astrología?

a) ¡Las estrellas son importantes! Voy a ver qué dice mi carta astral.

b) La astrología es pecaminosa.

c) La astrología es pecaminosa. Voy a crear una petición para que dejen de poner el horóscopo en los periódicos.

d) ¡Quienes creen en la astrología merecen morir!

e) Algunos de mis dioses están representados en las estrellas.

f) Cuando Mercurio se alinea con la Luna, tengo que hacer una ofrenda monetaria al templo. Mis líderes religiosos no me han explicado para qué, pero se supone que no debo cuestionar jamás estas cosas.

g) A veces las estrellas bajan del cielo y me cantan al oído sobre mis deidades.

20) ¿Qué normas tiene tu religión sobre la comida?

a) ¡La naturaleza me proporciona todos los nutrientes que necesita mi cuerpo!

b) Las normas ancestrales de mi religión prohíben algunos alimentos, pero no doy bola. Me gustan demasiado el vino y el jamón.

c) Las normas ancestrales de mi religión prohíben algunos alimentos, de modo que he renunciado a ellos. También sigo determinados rituales para la preparación de ciertas comidas.

d) ¡Mi religión tiene normas estrictas sobre determinados alimentos! ¡Quien viole esas normas merece la muerteeeee!

e) Mi religión tiene deidades específicas para ciertos alimentos. / En mi religión existe un ritual en cuanto a la ingesta de nuestros enemigos y/o familiares fallecidos.

f) Mi religión indica que debo comprar ciertos alimentos especiales a mis líderes religiosos.

g) Dios me prohíbe comer cualquier cosa de color amarillo con lunares verdes. El castigo por desobedecer este mandato es pasar la eternidad como una rana en un pantano celestial.

21) ¿Tu religión manda ayunar de vez en cuando?

a) Sí, pero no es obligatorio sino un ritual que he de seguir de vez en cuando para purificar mi cuerpo (que es mi templo).

b) Sí, mi religión manda ayunar en determinadas fechas. No le hago mucho caso.

c) Sí, mi religión manda ayunar en determinadas fechas. Yo obedezco aunque me sienta a punto de desfallecer.

d) ¡Pues claro que mi religión ordena ayunar! ¡Así tendré la cabeza más despejada a la hora de salir a matar infieles!

e) Algunas de mis deidades demandan ayunos, otras demandan que me alimente bien. Está balanceada la cosa.

f) Los ayunos son importantes en mi religión. Así disminuimos el apego a las cosas materiales y nos resulta más fácil entregar el dinero a los líderes religiosos.

g) A veces dejo de comer porque mis deidades me hablan desde el estómago y no las quiero interrumpir (es de mala educación).

22) ¿Tu religión demanda peregrinaciones?

a) Mi religión no necesita peregrinaciones. Con la meditación, mi espíritu viaja a través del universo.

b) La verdad, no recuerdo si mi religión dice algo sobre peregrinaciones. Da igual, no tengo tiempo. / Mi religión menciona las peregrinaciones. Tal vez haga caso algún día.

c) Las peregrinaciones son importantes en mi religión, así que ahorraré mucho a fin de cumplirlas.

d) ¡Pues claro que mi religión tiene peregrinaciones! ¡Y pobre del infiel que se interponga entre mi meta y yo!

e) No me hace falta peregrinar a menudo. Por algo hay numerosos templos dedicados a cada deidad.

f) ¿Peregrinar? No, no, eso demandaría dinero, y el dinero tengo que donarlo a mis templos.

g) Cada tanto camino por el bosque buscando el final del arco iris. Allí habita uno de mis dioses.

23) ¿Cómo trata tu religión a la naturaleza en general?

a) ¿No he dicho ya tropecientas veces que Dios está en la naturaleza? [Oh, sí, perdón. Ignora esta pregunta.]

b) Mi libro sagrado dice que debo proteger las creaciones de Dios, pero no por ello voy a dejar de comprarme un nuevo iPhone.

c) Mi libro sagrado dice que debo proteger las creaciones de Dios, pero no hace mucha diferencia porque tarde o temprano iré al paraíso.

d) ¡Al diablo la naturaleza! ¡Iré al paraíso una vez que mate suficientes infieles!

e) Unas cuantas de mis deidades ordenan proteger a los animales y plantas que ellos representan. / Mis deidades ordenan proteger la naturaleza porque allí viven los espíritus de mis ancestros (quienes se encuentran en el camino hacia la cumbre espiritual).

f) Mis líderes religiosos raramente hablan de la naturaleza. Casi siempre están pidiendo donaciones.

g) Mi dios rocoso me ha dicho que moriré estrangulado por mi rosal si no protejo la naturaleza.

24) ¿Hay alguna planta en particular que sea importante para tu religión?

a) ¡La marihuanaaaaa!

b) Ahora mismo no me viene ninguna a la mente. Tendré que revisar mi libro sagrado.

c) ¿Plantas importantes para mi religión? Salvo por las ramas de olivo, ¡esas cosas son propias de los cultos maléficos paganos! ¡Vade retro!

d) ¿Plantas importantes para mi religión? ¡Esas cosas son propias de los cultos maléficos paganos! ¡Mueran los paganos!

e) Algunas historias de mi religión hablan sobre criaturas que se convierten en plantas. / En mi jardín tengo belladona, cicuta, acónito y ayahuasca. Sirven para determinados rituales.

f) Mis líderes religiosos me han vendido brebajes hechos con plantas sagradas. Son para limpiar las suciedades de mi alma.

g) Hay un diente de león bajo el árbol frente a mi casa que asegura ser la encarnación de una de mis deidades. Ahora estoy obligado a venerar todos los dientes de león.

25) ¿Cómo trata tu religión a los animales?

a) ¡Los animales son mis hermanos espirituales!

b) En general, bien. Mi libro sagrado habla de Dios manifestándose a través de algunos animales. / Algunos animales son impuros, según mi libro sagrado (no damos bola a eso en mi casa porque amamos a los perros y nos gusta el jamón). Los demás, bien.

c) Mi libro sagrado dice cómo tenemos que sacrificar determinados animales para que podamos comerlos. / Algunos animales son impuros, según mi libro sagrado. Miraré mal a quienes vea comiéndolos.

d) ¡Muerte a los herejes e infieles que comen animales impuros!

e) Algunos animales son sagrados. / Algunas de mis deidades parecen animales. / Algunas de mis deidades tienen mascotas. / Algunas de mis deidades se disfrazan de animales.

f) Mis líderes religiosos no hablan mucho de los animales. Lo que importa es que hagamos las donaciones al templo.

g) El gato de mi vecino me ha dicho que es sagrado y que debo ponerle leche cremosa todas las mañanas porque así lo ordena mi dios rocoso.

26) ¿Cómo se lleva tu religión con las cabras en particular?

a) ¡Oh, mi religión se lleva estupendamente con las cabras! ¡Son un reflejo del sentido del humor de la naturaleza!

b) ¿Cabras? No sé. Creo que mi libro sagrado habla más bien de las ovejas.

c) Mi libro sagrado habla más bien de las ovejas. Pero sospecharía de cualquier persona que hiciera cosas raras con cabras.

d) ¿Por qué estamos hablando de cabras? ¡Tengo que ir a matar infieles!

e) Algunos rituales de mi religión incluyen cabras. / Una de mis deidades parece una cabra.

f) Mmmmm, no, mis líderes religiosos no suelen hablar de cabras.

g) Por culpa de mi religión me han comparado con una cabra. No entendí qué quisieron decir con eso.

27) ¿Tu religión tiene objetos especiales aparte de los iconos?

a) ¡Las pipas para fumar marihuana!

b) Algunos. Tengo unos pocos en casa.

c) Algunos. Los tengo todos en casa.

d) ¡Las armas! ¡Mi religión me ordena tener armas para matar a los herejes e infieles!

e) ¡Oh, sí, mi religión tiene unos objetos muy bonitos y pintorescos! ¡Los usamos en nuestras festividades y como parte de la decoración personal! ¿Qué tal se ve este calendario de piedra en mi pared? ¿Y estos muñecos hechos de ramas y plumas?

f) Oh, sí, hay muchos objetos. He tenido que comprarlos todos. Peligraría la salud de mi alma si no lo hiciera, según mis líderes religiosos.

g) Colecciono batidoras porque a una de mis deidades le gustan los batidos de fresa.

28) ¿Los milagros son o han sido importantes para tu religión?

a) ¡La naturaleza es un milagro! ¡El universo es un milagro! ¡El cerebro humano es un milagro! ¡Las setas psicodélicas son un milagro!

b) Mmmm, sí, mi libro sagrado habla de milagros, pero no creo mucho en ellos hoy en día.

c) Sí, mi libro sagrado habla de milagros. Estoy pendiente por si ocurre alguno nuevo. Rezo todas las noches para que así sea.

d) ¡Milagro es cuando pongo una bomba y consigo matar más infieles de lo planeado! ¡Alabado sea mi dios!

e) ¡Oh, sí, muchas de mis deidades hacen milagros! Algunas traen lluvia, otras hacen crecer los cultivos, otras me permiten maldecir a mis enemigos con rituales específicos. Y supe de una aldea en la que nació un niño con cuatro brazos y cuatro piernas. ¡Seguro es la encarnación milagrosa de otro de mis dioses!

f) Mis líderes religiosos suelen hablar de milagros. Según ellos, es más probable que se produzcan cuanto más dinero donemos los feligreses a los templos.

g) Justo el otro día ocurrió un milagro. Una de mis deidades hizo que brotara una patata dentro de mi refrigerador, ¡y luego la patata se puso a bailar!

29) ¿Qué dice tu religión sobre la vida después de la muerte?

a) Al morir, mi espíritu volverá a ser uno con el universo, y mis moléculas pasarán a formar parte de la tierra, las plantas, los animales o las estrellas.

b) Iré al paraíso después de mi muerte.

c) Iré al paraíso después de mi muerte, pero sólo si obedezco al pie de la letra las normas de mi religión.

d) ¡Iré al paraíso inmediatamente después de mi muerte, cuando me haga explotar en medio de un montón de infieles y herejes!

e) Iré al paraíso, sobre todo si muero en gloriosa batalla. / Bueno, depende. Tal vez vaya al paraíso, tal vez me toque reencarnar en una rana. / Iré al paraíso si mis parientes siguen adecuadamente los ritos de ascención (devorar mi cuerpo / momificarme / ponerme en una planicie para que me devoren los buitres).

f) Iré al paraíso siempre y cuando haga suficientes donaciones al templo y compre todo lo que mis líderes religiosos me ordenan comprar.

g) Creo que he visto el paraíso a través del ojo de la cerradura de mi puerta trancada del sótano. Tal vez pueda entrar ahí una vez que encuentre la maldita llave.

30) ¿Tu religión tiene un mesías?

a) ¡Toda la naturaleza es Dios y mesías al mismo tiempo!

b) Sí, y ocupa una parte importante de mi libro sagrado. También lo usamos como icono religioso. / Sí, está en mi libro sagrado. No es un icono religioso porque mi religión no permite eso.

c) Sí, mi religión tiene un mesías. ¡Hacía milagros! Sigo sus enseñanzas al pie de la letra y sus representaciones ocupan varias de mis paredes. / Sí, mi religión tiene un mesías ¡y me ofenderé con cualquiera que le falte el respeto!

d) ¡Muerte a quienes hablen mal de mi mesías!

e) Uf, no sé. Tengo tantas deidades que creo que ya no hay sitio para los mesías entre ellas.

f) Mis líderes religiosos son mis mesías, por eso es que tengo que darles tanto dinero.

g) ¡Yo soy el mesías de mi dios rocoso!

31) Y por último, ¿tu religión tiene profecías apocalípticas?

a) ¡El apocalipsis está ocurriendo ahora, por culpa del egoísmo humano que está destruyendo la naturaleza!

b) Mmmm, sí, se supone que tarde o temprano habrá un apocalipsis. No me preocupo mucho por eso. Más bien me angustia mi próxima declaración de impuestos.

c) Sí, tarde o temprano vendrá el apocalipsis, y entonces solamente irán al paraíso aquellos que obedezcan estrictamente las normas de mi religión. Los demás irán al infierno o dejarán de existir.

d) ¡Da igual el apocalipsis, lo que importa es MATAR INFIELES Y HEREJES AHORA MISMITO! ¡MATARMATARMATARMATAR!

e) Cada uno de los calendarios de mi religión marca una fecha diferente para el apocalipsis. Supongo que alguno dará en el clavo tarde o temprano. Iré a sacrificar una cabra a mi templo más cercano, por las dudas. / Mi religión no tiene profecías apocalípticas. Cada persona irá al paraíso de acuerdo a su propio progreso espiritual.

f) Mis líderes religiosos me han dicho que el apocalipsis llegará la semana que viene. Debo renunciar a todas mis posesiones, trasladarme a una casa en medio del campo y beber un vaso con cianuro, para así ir directo al paraíso mientras el resto del mundo se va al carajo.

g) Se juntaron cinco cuervos en el árbol frente a mi casa y me dijeron que el cielo se caerá mañana.

RESULTADOS DEL CUESTIONARIO

MAYORÍA DE RESPUESTAS A — Tu religión es de tipo animalista, naturista y/o pacifista. ¡Qué bueno! Eso significa que, como mínimo, convivirás sin problemas con el ambiente y las demás personas. Te llevarás bien con los creyentes de los demás grupos salvo el D y el F (aunque tratarás de convencer a los primeros de no matar gente y a los segundos de no ser tan materialistas). Los creyentes del grupo B pensarán que eres un poco raro pero sólo se encogerán de hombros; los creyentes del grupo C no te podrán ver ni en pintura; los del grupo E tendrán cosas en común contigo; los del grupo F querrán convencerte de que te pases a su religión, y los del grupo G te preguntarán si tú también ves caras parlanchinas en la corteza de los árboles. Los del grupo D tratarán de matarte. ¡Estás invitado a unirte a mi culto al Sol y mi culto al chocolate! La medicina naturista no cura enfermedades graves, sin embargo. Si sospechas que tienes un cáncer, ¡ve al médico!

MAYORÍA DE RESPUESTAS B — En teoría eres creyente (con valores judeocristianos normalitos, por ejemplo), pero estás al borde de la secularización. Probablemente te entusiasmes más con el fútbol o la serie Juego de tronos que con la religión. Pero tiene su lado bueno: así no estarás en contra de la igualdad de derechos de las mujeres o del colectivo LGTB+. No tendrás muchos problemas con los creyentes de los grupos A ni E, aunque te parezcan raritos. Seguramente pensarás que los del grupo C son demasiado fanáticos para tu gusto, y ni hablemos de los creyentes del grupo D (quienes sin duda tratarán de matarte por considerarte hereje). Evitarás a los creyentes de los grupos F y G por considerarlos chiflados.

MAYORÍA DE RESPUESTAS C — Eres creyente de alguna rama religiosa ortodoxa. Espero que eso te haga feliz, porque tendrás que renunciar a muchas cosas divertidas. No te llevarás bien con los creyentes de ningún otro grupo salvo el B, pero en general convivirás sin problemas con el resto del mundo debido a las normas morales de tu religión, que acatarás como es debido. Si perteneces a alguna religión similar a los creyentes del grupo D, éstos no tratarán de matarte a propósito, pero tampoco les importará si caes como víctima colateral.

MAYORÍA DE RESPUESTAS D — Lo tuyo no es una religión sino una organización terrorista. Huye de ahí inmediatamente o ve a que te revisen la cabeza, ¡PORQUE NO ESTÁ BIEN ESO DE MATAR GENTE, CABRÓN DE PORQUERÍA!

MAYORÍA DE RESPUESTAS E — Perteneces a alguna religión pintoresca con bases mitológicas, de las que ya están extintas o solamente se practican en tribus y aldeas remotas. Está bien siempre y cuando no hagas sacrificios humanos (lo siento, ya están demodé) ni sigas otros rituales primitivos dañinos para la salud. Según tus creencias, quizás te lleves bien con los creyentes del grupo A. Si llegaras a encontrarte con un creyente del grupo G, es muy posible que lo consideres algún tipo de profeta. No tendrás mucho en común con los creyentes de los grupos B, C, D ni F. ¡Y quizás tú también puedas unirte a mis cultos al Sol y al chocolate!

MAYORÍA DE RESPUESTAS F — Lo tuyo tampoco es una religión, sorry. Has caído en una secta/culto de estafadores que solamente quieren tu dinero. Escapa de ahí lo antes que puedas y reza porque no te encuentren. Pide ayuda a los creyentes de los grupos A o B.

MAYORÍA DE RESPUESTAS G — Lo siento, lo tuyo tampoco es una religión sino que tienes un desorden psiquiátrico. Necesitas algún tipo de medicación. Después de eso, quizás puedas unirte a los creyentes de los grupos A o E, quienes te recibirán con los brazos abiertos. ¡Besos! :-)

G. E.

PD: Este cuestionario NO está hecho con la intención de ofender a ningún grupo religioso, sino que lo escribí para que la gente se divierta un rato. Según mi filosofía de vida, yo encajaría en un punto medio entre los grupos A y B, por cierto. Y quizás un poquito en la categoría E, debido a mi dragón y mi unicornio :-)

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Sí, sí. Mucho éxito tuvo la película Titanes del Pacífico , pero ni se menciona que hubo una segunda brecha por estos lares. Porque todas l...

Sí, sí. Mucho éxito tuvo la película Titanes del Pacífico, pero ni se menciona que hubo una segunda brecha por estos lares. Porque todas las cosas emocionantes de las películas pasan en las urbes famosas, no en un paisito diminuto y mayormente rural como Uruguay. Buf.

En fin, menos mal que me tienen a mí para contarles lo que pasó :-)

La verdad, no sé qué buscaban los kaiju por aquí. Si no era parte de su estrategia de dominación mundial, quizás pretendían probar la carne de exportación que se produce en Uruguay y Argentina, y la verdad es que no los culparía por ello, porque bien tentador que resulta un filete bien jugoso ahumado a la parrila :-D

Peeeeero... bien, no podíamos dejar que un montón de monstruotes anduvieran circulando por ahí, porque ya bastantes estragos causan las ineficiencias de nuestros gobernantes como para encima añadir aplastamiento de ciudades más las montañas de excremento dejadas ahí por esas bestias voluminosas. O sea, alguien tenía que poner manos a la obra en el asunto, y los candidatos más adecuados para hacer frente a la plaga éramos... mi dragón y yo. Y el dinosaurio, por razones que no tardaré en explicar.

Sinceramente, no estaba muy feliz de tener que encargarme del asunto. Bastante tiempo ocupan ya mis proyectos artísticos y literarios como para meterme a pelear con monstruos de otra dimensión. Pero entonces apareció Idris Elba (¿qué clase de nombre es Idris, por cierto?) y me vociferó en plena cara:

—¡¡¿¿Dónde prefieres morir??!! ¡¡¿¿Ahí sentada o en un Jaeger??!!

—¿Son mis únicas opciones? —pregunté yo—. ¿Puedo terminar de ver la película y comer mis palomitas de maíz, al menos? Y la verdad, preferiría morir a mis 90 años, atragantándome con un pedazo de chocolate por haberme reído a destiempo leyendo un libro de Christopher Moore...

—¡¡Los kaiju están a punto de destruir Montevideo!!

—Diablos. Podrían haber pasado por Buenos Aires primero, como en la película Starship Troopers. Y de paso tal vez liquidarían a Marcelo Tinelli...

Pero no hubo caso. Idris Elba me lanzó una mirada asesina y tuve que levantarme de mi cómodo sofá. Unf. Estúpidas invasiones monstruosas que caen justo cuando una está viendo la película de estreno en HBO. (Oh, bueno, la puse a grabar.)

No es que me eligieran a mí por mis habilidades para la lucha (perfeccionadas durante años de perseguir cucarachas por mi casa para aniquilarlas en forma cruel e inmisericorde). En realidad me eligieron a mí porque el nuevo prototipo de Jaeger era especialmente complicado y necesitaba un sistema nervioso adicional y muy resistente que sólo podía proporcionar... mi Donaldito :-) (eso incluía también las neuronas de su aparato digestivo, porque, como ya puse en otro artículo, al parecer los organismos "superiores" tenemos más neuronas en las tripas que en el cerebro). Y siendo yo la mamá adoptiva de Donald, ya éramos perfectamente compatibles, por no hablar de que mi dragón no quería a nadie más en su cabeza dado que tiene algunos malos hábitos que prefiere mantener en secreto.

La verdad, quedé impresionada cuando nos presentaron al Jaeger...


Enseguida me enteré de que el diseño tenía una cierta inspiración lovecraftiana, y de que lo habían hecho unos científicos japoneses con una fuerte aleación de adamantium y vibranium. ¿Y todo gracias a quién? Al dinosaurio. Porque el dinosaurio tiene unos contactos que me dejan incluso a mí de boca abierta :-D Por cierto, el Jaeger funcionaba con un motor de fusión, o sea que además de potente era ecológico. Si íbamos a salvar el planeta (o como mínimo Punta del Este, que es la Meca del turismo en Uruguay), más nos valía hacerlo con todas las garantías de protección ambiental.

Bautizamos al Jaeger Tentáculos Rápidos y Furiosos (Tentáculos, para abreviar), y ya sólo nos faltaba vestirnos para pilotar el gigantesco robot.


(No sería mala idea usar esos trajes en otra ocasión, junto con una réplica más pequeña del Jaeger. Quizás en alguna fiesta de Halloween o una Comic-Con. Seguro causaríamos sensación... y unos cuantos destrozos en la vía pública, pero no importa porque el dinosaurio conoce a un buen contratista.)

Ya estábamos listos para irnos. No hizo falta que nos transportaran porque vivo cerca de la playa, así que empezamos a caminar y pronto estábamos en medio del Río de la Plata, vadeando sus aguas cristalinas amarronadas y llenas de basura (puaj, y menos mal que el robot contaba con buenos filtros para no atascarse con tanta porquería).

Otra ventaja del Jaeger: tenía un buen sistema de sonido, de modo que, a modo de preparación mental para la batalla, pusimos la banda sonora de Titanes del Pacífico. Esa música siempre da ganas de subirse a un robot gigante para patear traseros de monstruos igualmente gigantes :-D (Gracias, Ramin Djawadi. Y de paso, también me encanta tu trabajo en Juego de tronos. Si alguna vez convierten uno de mis libros en una película, espero que te contraten para componer la banda sonora. Aunque también me gustaría tener a Hans Zimmer o Danny Elfman. Decisiones, decisiones...)

El primer kaiju apareció a unas veinte millas náuticas de Montevideo. Era verdeazulado y andaba con cara de pocos amigos, aunque quizás fuera porque lo estaba persiguiendo un buque ballenero japonés. Algunos de los japoneses le disparaban arpones, mientras que otros no paraban de sacarle fotos al tiempo que gritaban "¡Gojira, Gojira!" (psss, japoneses antiecológicos Y despistados).

Lo primero que hicimos mi Donaldito y yo fue arrojar al estúpido buque ballenero fuera de las aguas territoriales de Uruguay. Me da igual cómo haya caído. De hecho, espero que a todos esos japoneses se los haya comido Godzilla (seguramente mientras ellos le sacaban más fotos).

Donald y yo entrechocamos los puños y tentáculos del Jaeger, generando un hermoso e impresionante estruendo metálico (adoro los efectos de sonido en una batalla, ¿ustedes no?).

—Ahora sólo estamos tú y nosotros, estúpido monstruo —dije—. ¡Esto es Esparta! ¡Digo, Uruguay! —Cambiamos la banda sonora por la de 300.


A puntapiés devolvimos el kaiju muerto a su brecha, y desde un barco argentino nos gritaron "¡¡¡goooooool!!!" (típico).

La aventura no terminó ahí, por supuesto. Estabamos esperando a que nos trajeran una bomba para cerrar la brecha, la cual, mientras tanto, taponamos con una enorme roca. Luego Donald y yo nos sentamos a escuchar, riéndonos a carcajadas, cómo los kaiju se daban de cabezazos al tratar de subir. ¡Bonk, bonk, bonk! Después de un tiempo la roca se partió (los kaiju tienen cabezas muy duras, al parecer), y mi dragón y yo volvimos a la carga cuando el siguiente monstruo asomó la cabeza.

—Tú lo sostienes y yo lo reviento —le dije a Donald—. O yo lo sostengo y tú lo estrangulas con los tentáculos. ¿Lo echamos a suertes?

Yo gané y puse la banda sonora de Rocky.

Pow! Boom! Crack! Splat!
(Perdón, es que sentí nostalgia por la vieja serie de Batman.)

Nos llevó aproximadamente 45 minutos convertir al kaiju en carne molida, ideal para hamburguesas, que tostamos en el reactor de fusión de nuestro Jaeger. (Es que ya era hora de almorzar. Acompañamos las hamburguesas con pan tostado, lechuga y limonada.)

Mi dragón y yo volvimos a sentarnos a esperar que nos trajeran la bomba. Aquí puse la banda sonora de Cómo entrenar a tu dragón, porque es una de mis favoritas y también de mi Donaldito. (Gracias a ti también, John Powell. Estás en mi lista de compositores favoritos, ¿eh?)

—Por cierto —le dije a mi dragón—, ahora que estoy en tu mente veo que fuiste tú quien se comió a escondidas mis panecillos de queso.

—Que no. —Mi dragón no habla en la vida real, pero sí en la conexión mental del Jaeger. Y sí, suena un poco como un pato.

—Que sí.

—Está bien, me los comí. Pero el viernes pasado tú [aquí va un secreto mío que no pienso revelar].

—Sí, sí, pero tú [aquí va algo muy reprobable que hizo Donald que tampoco puedo revelar].

—¡Más vale que no lo digas o volaré por ahí con una pancarta que muestre esa foto donde tú [ni piensen que voy a describir qué estoy haciendo en la foto]!

—Gissel a la base, Gissel a la base —dije en el intercomunicador—. ¿Está bien si la próxima vez me ponen de compañero a Charlie Hunnam, preferentemente sin camisa? Mi compañero actual se está poniendo algo latoso.

Pude sentir que Idris Elba me echaba una mirada fulminante, aunque no nos viéramos las caras.

—De acuerdo, olvídenlo. ¿Qué? —le dije entonces a mi dragón, quien también me estaba echando una mirada fulminante—. Charlie Hunnam se ve más lindo que tú sin camisa. Y seguro que no se robaría mis panecillos de queso. —Bueno, tal vez sí se los robaría. No conozco a Charlie Hunnam en persona. Pero le perdonaría el robo si pudiera verlo unas cinco horas al día sin camisa. Sí, soy así de babosa :-D

Donald me sacó la lengua. Yo le di un puñetazo a su lado del Jaeger. La pelea podría haberse salido de control, pero justo entonces apareció otro kaiju, uno especialmente grande, rojo y con pinta de querer hacer trizas cualquier cosa que se interpusiera en su camino...

Aquí está el kaiju rojo. 3.500 toneladas de
"mis nudillos se mueren por aplastar tu cara".

—Eh... Houston, digo, señor Elba, creo que tenemos un problema. ¿Instrucciones?

Nadie me contestó.

—¿En serio? ¿Nada? ¿No pueden siquiera mandarme al Crimson Typhoon? —(Es que ese Jaeger de tres brazos es fenomenal. Quería verlo en persona.)

De nuevo, cero respuesta. Podría haber pensado que estaban todos durmiendo una siesta, pero los escuchaba respirar.

—Qué vergüenza, señor Elba. Usted debió prever esto, que para algo es Heimdall en las películas de Thor.

Ahí tuve la impresión de que Idris Elba se hacía el distraído, silbando y mirando para otro lado.

—Bue. En fin, Donaldito, tendremos que arreglárnoslas sin ayuda.

Puse la música de Gladiador. Donald y yo entrechocamos de nuevo los puños y tentáculos del Jaeger. Lo que siguió a continuación fue una pelea muy sucia, con patadas a la entrepierna y picaduras de ojos. Cayó un brazo cortado. Por suerte no era del Jaeger. Luego cayó otro brazo. Ése sí era del Jaeger (damn!). Tentáculos empezó a llenarse de agua, pero sellamos a tiempo las aberturas y seguimos peleando. Menos mal que nos quedaban suficientes tentáculos...

Hartos ya de tanta pelea, encendimos los cohetes del brazo restante del Jaeger y le perforamos el pecho al kaiju de un solo puñetazo. El Río de la Plata se tiñó de azul, y en ese momento pensé que más les valía a los argentinos no protestar por eso, porque ellos no destacan precisamente por cuidar la higiene de sus propios cursos de agua (ejem-Riachuelo-ejem).

—¿Y bien? ¿Para cuándo esa bomba? —dije en el intercomunicador—. Es que como nos manden un kaiju todavía más grande, ni siquiera este Jaeger de adamantium y vibranium va a poder con él. Y puestos en ello, ¿dónde están los X-Men y los Vengadores? ¿No podrían venir a echar una mano?

—¡¡Están filmando sus siguientes películas!! ¡¡Menos charla y más combate!! —rugió Idris Elba.

—Qué caracter —le dije a mi dragón. Él se mostró de acuerdo.

Acabó la banda sonora de Gladiador y pusimos algo de Enya, para variar. Entonces notamos algo curioso: del otro lado de la brecha se escuchaban... ronquidos.

—¡Eh, los monstruos se han dormido! —anuncié—. ¡Hay que aprovechar la ocasión! ¡Mándenme esa bomba ya mismito!

—¡¡La bomba aún está en camino!! —gritó Idris Elba (y yo empezaba a pensar que ese hombre tenía un serio problema de control de la ira)—. ¡¡Hagan explotar al Jaeger!!

—¿Al Jaeger? Seriously? Pedazo de ignorante, ¡los reactores de fusión no explotan! ¡Los que explotan son los de FISIÓN, o las bombas de hidrógeno! Estúpidos militares que no saben de física...

—¡Oh! ¡Ups!

Hubo un silencio muy incómodo al otro lado del intercomunicador. Luego se escucharon voces discutiendo por lo bajo, considerando otras opciones.

Pensando a toda velocidad, llamé a los directores de McDonald's y Coca-Cola.

—¡Hola! —dije con voz alegre—. ¿Qué les parecería mejorar la estropeada reputación de sus empresas salvando al mundo de una invasión alienígena?

Horas después llegaron un montón de submarinos cargados con robots de trabajo. Entraron a la brecha llevándose consigo partes del kaiju rojo, y al cabo de dos días habían construido sucursales de McDonald's por toda la dimensión de los invasores. Pasaron unos días más, y cuando al fin nos trajeron la condenada bomba para cerrar la brecha, los alienígenas y sus kaiju estaban felizmente tirados por ahí, comiendo comida chatarra y bebiendo gaseosas endulzadas con jarabe de maíz de alta fructosa. Mientras tanto, mi dragón y yo pusimos la canción Bajo el mar de la película La sirenita e hicimos bailar al Jaeger antes de regresar a la base.

Bajo el mar, bajo el mar
hay bailarines, son las sardinas, ¡ven a bailar!

Estoy segura de que los kaiju no volverán a molestarnos. Y en caso de que lo hagan... probablemente estarán demasiado gordos como para atravesar las brechas interdimensionales. ¡Ja!

El Jaeger es ahora una pieza de museo, aunque Wolverine y el Capitán América se llevaron algunas partes para reponer sus garras y escudo respectivamente (sí, aparecieron una vez que terminó la batalla, los muy cretinos). Yo volví a mis proyectos literarios, y mi dragón... mi dragón siguió robando mis panecillos de queso. Grunf >:-|

Y así fue como salvamos al Río de la Plata de la plaga de kaiju.

G. E.

PD: Antes de que lo mencionen, todo esto ocurrió en el futuro, igual que la película. El dinosaurio se apoderó temporalmente del DeLorean, y así pude venir a esta época a contar la historia. Y no, no puedo decirles los futuros números ganadores de la lotería. Se los pasé todos a mi yo del presente :-PPPPPP

PPD: La carne de kaiju sabe a pollo rociado con pipí de gato. (Y lo digo por el tufo amoniacal, no porque alguna vez haya probado el pipí de gato. Soy rara pero no TANTO.)

Llámenme Gissel. Voy a contarles ahora una aventura que tuve con mi dragón, una aventura loca, mojada y con un fuerte olor a pescado :-P T...

Llámenme Gissel. Voy a contarles ahora una aventura que tuve con mi dragón, una aventura loca, mojada y con un fuerte olor a pescado :-P

Todo empezó cuando mi dragón y yo estábamos sobrevolando el océano de camino hacia ningún sitio en particular. De pronto el cielo se oscureció por unas nubes de tormenta, y poco después cayeron sobre nosotros litros y más litros de agua sumados a unas cuantas descargas eléctricas. Un rayo le pegó a mi Donaldito en los cuernos y caímos en picado hacia las olas embravecidas.

Desperté a la mañana dando las gracias a mi dragón por haberme mantenido a flote, dado que, aunque yo hubiese sabido nadar, no habría podido hacerlo en medio de la tormenta. Donaldito, mientras tanto, estaba espantando a coletazos a unos cuantos tiburones y sirenas caníbales.

Mi pobre dragón se había torcido un ala al chocar con el océano, de modo que no podía volar. Empezó a nadar entonces como los cocodrilos, agitando la cola, hasta que vimos un barco en el horizonte. Unos cuantos marineros se acercaron en un bote, y yo pensé que venían a rescatarnos.

No obstante, los marineros traían arpones. Y caras de mala leche. Luego contemplaron a mi dragón de cerca y sus ceños fruncidos se convirtieron en expresiones de desconcierto.

—No es una ballena —dijo uno de ellos.

—Pero tal vez tenga aceite de todas maneras —replicó otro.

—De acuerdo, vamos a matarlo.

—¿Qué? ¡¡De ninguna manera!! —exclamé yo, y mi dragón lanzó unas cuantas llamaradas, amenazando con quemar el bote—. ¡Aquí nadie va a matar a nadie, o como mínimo quien resulte muerto no será mi dragón, carajo! ¡Ahora rescátennos, que hemos naufragado!

Los marineros accedieron de mala gana a mi orden. Subí al bote y mi dragón nadó detrás. Poco a poco nos acercamos al barco... el cual ostentaba, en un costado, el nombre Pequod.

Ay, ay, ay. ¿En qué lío nos habíamos metido? ¿Acaso la tormenta había abierto un agujero a otra dimensión o qué? Oh, bueno, en ese momento la única alternativa era trepar al barco, sobre todo porque yo ya estaba más arrugada que una pasa de uva. Encima, el agua de mar es pésima para el cabello. Sin embargo, una vez en la cubierta me enfrenté a decenas de marineros de todas las razas y con cara de babosos.

—Oh, ¡una mujer! —dijeron al unísono, sacando la lengua y desabrochándose los cinturones. Buf. Hombres. Mi dragón lanzó unos cuantos gruñidos de advertencia.

—No se hagan ilusiones —respondí—. Nadie aquí me pondrá un dedo encima a menos que primero me inviten a unas cuantas citas y me regalen bombones de chocolate. Quien no acepte estas condiciones sufrirá una rápida mutilación por parte de mi Donaldito.

La verdad, no fue una gran amenaza, dado que todos esos cazadores de ballenas estaban cubiertos de cicatrices y a más de uno le faltaba alguna parte del cuerpo. Pero desistieron de sus depravadas intenciones, al menos por el momento.

Entonces apareció el capitán de la nave.

—¡¡¡LA BALLENA BLANCA!!! ¿¿HABÉIS VISTO YA A LA BALLENA BLANCA?? ¡¡¿¿DÓNDE ESTÁ ESA MALDITA BALLENA BLANCA??!! ¿¿Y QUÉ CARAJO HACE UN ENORME DRAGÓN AZUL EN MI BARCO??

Era el capitán Ahab, por supuesto, con su cicatriz en la cara y su famosa pata de palo hecha de hueso de ballena.

—Eh, buenas tardes, capitán —saludé—. Mire, mi dragón y yo acabamos de sufrir un percance. Nos iremos en cuanto él pueda volar de nuevo. Mientras tanto, podríamos colaborar con las tareas del barco, como limpiar o pescar. Y yo podría entretener a la tripulación —los marineros volvieron a poner cara de babosos— CANTANDO, que se me da bastante bien. —Hubo numerosos gruñidos de desilusión.

—Bien, ¡pero lo que realmente me interesa es MATAR A ESA CONDENADA BALLENA BLANCA! ¡¡UN DOBLÓN DE ORO A QUIEN VEA PRIMERO A LA BALLENA BLANCA!!

¡¡ACABARÉ CONTIGO, MALDITA BALLENA
BLANCA DE PORQUERÍAAAAA!!

"Válgame, qué plomazo monotemático y gritón", pensé. Pero bueno, al menos podríamos quedarnos en el barco hasta que mi dragón se recuperara de la torcedura.

Mi Donaldito y yo encontramos unas cuantas tareas adicionales a las cuales dedicarnos, aparte de la limpieza y la pesca. Mi dragón ayudó en la cocina, proporcionando llamaradas y ahorrándole así combustible al cocinero, y yo apliqué mis conocimientos de veterinaria para curar a los marineros de dolencias varias (total, todos ellos calificaban como bestias). Eso sí: debí mantener un garrote a mano todo el tiempo, para pegarles en la cabeza en caso de que intentaran propasarse. También traté de explicarles por qué está mal cazar ballenas, pero no entendieron los conceptos de "crueldad animal" ni "explotación no sustentable". Bue. Igualito que los japoneses.

Unos días más tarde hubo otra tormenta eléctrica. Cuando al fin se despejó el cielo, vimos otra nave en el horizonte: ¡un barco pirata con velas negras!

A pesar de los arponazos, los piratas abordaron el Pequod esgrimiendo sus espadas y dirigiéndonos unas sonrisas temibles (en parte por la expresión, en parte por la urgente necesidad de un buen tratamiento odontológico).

—¡Entregadnos el oro! —bramó el capitán, quien era el mismísimo Jack Sparrow.

Como respuesta, mi dragón le soltó un gruñido cargado de humo y llamas.

—Eh... ¿parley? —dijo Jack Sparrow.

—¿QUÉ ES ESTO? —exclamó Ahab saliendo de su camarote—. ¿POR QUÉ NOS HEMOS DETENIDO? ¿¿HABÉIS VISTO A LA BALLENA BLANCA?? ¡¡¿¿DÓNDE ESTÁ LA BALLENA BLANCA??!! ¿¿Y POR QUÉ MI BARCO ESTÁ LLENO DE PIRATAS?? ¡¡LARGO DE AQUÍ, BRIBONES, TENEMOS QUE CAZAR UNA BALLENA BLANCA!!

Le expliqué brevemente a Jack Sparrow la cuestión de la ballena mientras Ahab seguía gritando y empujando a los piratas fuera del Pequod.

—¿Seguro que la ballena no le comió al capitán otra parte del cuerpo además de la pierna? —me susurró Jack Sparrow—. Snip, snip, ¿savvy? —Sparrow se dirigió al capitán Ahab—: ¡Eh, capitán! ¡Uno de mis piratas sí ha visto una ballena blanca!

—Esa ballena se comió mi brazo —dijo el aludido agitando una prótesis que terminaba en un cuchillo—. Creo que se fue por allá.

—¡¡EXCELENTE!! ¡¡AHORA LARGO DE AQUÍ TODO EL MUNDO, TENEMOS UNA BALLENA BLANCA QUE CAZAR!! ¡¡FUERA, FUERA, FUERAAAAAAAAAAA!!

A fuerza de más empujones y puntapiés con su pata de hueso, Ahab terminó de echar a los piratas. Cambiamos el rumbo, entonces, a fin de perseguir a la dichosa ballena... y nos topamos con el Holandés Errante, capitaneado por Davy Jones. Esta vez Ahab bramó:

—¿¿POR QUÉ SIGUEN INTERRUMPIENDO MI CACERÍA DE LA BALLENA BLANCA?? ¿¿Y QUÉ HACEN EN MI BARCO UN MONTÓN DE MARINOS CON ASPECTO DE MARISCOS??

A esto siguió una batalla más o menos épica que terminó con una paella al estilo español. El arroz lo había comprado Ahab en China. Adivinen de dónde sacamos los mariscos :-D (No es canibalismo si tus difuntos contrincantes tienen forma de criaturas marinas, ¿verdad?)

Hubo una tormenta eléctrica más y entonces encontramos un barco más moderno. Se trataba de un crucero fantasma con un montón de gente cortada a la mitad por toda la cubierta. Antonia Graza, decía en un costado del casco.

—¡¡ESTO TIENE QUE HABERLO HECHO MOBY DICK!! —gritó el capitán Ahab—. ¡¡ESA BALLENA ES EL MISMÍSIMO DEMONIO!! ¡¡DOS DOBLONES A QUIEN LA VEA PRIMERO!!

La verdad, aquellos doblones tenían aspecto de valer mucho dinero en el siglo XXI, pero no me iba a dejar tentar debido a mi molesta conciencia ecológica.

Días después nos cruzamos con tres calaveras, digo, carabelas. Ahab le gritó al capitán de la más cercana:

—¡¡¿¿HABÉIS VISTO UNA PERVERSA BALLENA BLANCA CON ARPONES CLAVADOS POR TODO EL CUERPO??!!

—¡No, buen señor! —respondió el otro capitán—. ¿Habéis visto vos las Indias?

—¡Améric... digo, las Indias quedan por allá, señor Colón! —grité yo. Lo sé, lo sé, podría haberlo despistado, evitando así una masacre de indígenas americanos, pero qué diablos, ¿quién soy yo para cambiar la historia? Y pensándolo bien, tarde o temprano habría llegado algún otro conquistador.

Hubo un período de calma después de eso. Los marineros trataron de cazar ballenas normales, pero los arpones habían desaparecido "misteriosamente" (o sea, Donald y yo los arrojamos por la borda una noche en la que todo el mundo se había emborrachado y nadie estaba prestando atención). Aproveché entonces para hablarles de alternativas al aceite de ballena, y de paso les expliqué que el pescado crudo y las algas también crudas previenen el escorbuto. Pasamos los siguientes días aprendiendo juntos a hacer sushi :-) (A estas alturas los marineros ya no estaban tan babosos, sobre todo porque, tras varios días sin ducharme ni poner acondicionador en mi larga cabellera, la verdad es que me veía bastante impresentable. Encima, me había acostumbrado rápidamente a decir palabrotas igual que ellos.)

Otra tormenta eléctrica, otro encuentro raro con un barco moderno. Éste se hallaba patas arriba (bueno, metafóricamente hablando), y en su interior se escuchaban los gritos de cientos de pasajeros.

—¡¡TIENE QUE HABER SIDO MOBY DICK!! —bramó el capitán Ahab—. ¡¡TRES DOBLONES A QUIEN VEA PRIMERO A ESE MONSTRUO!!

—Ah, bobadas, seguro que fue una ola gigante —respondí—. A ver, Donaldito, ve a hacer un agujero en el casco de ese barco para que todos puedan salir.

Mi dragón obedeció al instante. Luego tuvimos el grave inconveniente de que Ahab NO quería ayudar a los náufragos a menos que aceptaran acompañarlo en su cacería de la ballena blanca, pero por suerte vino otra nave al rescate: un crucero muy bonito en el que sonaba la canción The Love Boat.

Pensé en irme al crucero junto con los náufragos, pero luego decidí que prefería quedarme en un ballenero lleno de marineros babosos y malolientes antes que abordar una nave tan asquerosamente rebosante de cursi romance. En serio, PUAJ. Me habría arrojado por la borda en menos de quince minutos.

Tras una nueva tormenta, uno de los tripulantes del Pequod avistó algo que parecía ser un monstruo marino, pero no era blanco, y tampoco era un monstruo sino un submarino. Un hombre de piel cobriza asomó por la escotilla, pero antes de que pudiera decir palabra, Ahab se le adelantó:

—¡¡ESTOY EN BUSCA DE UNA MALIGNA BALLENA BLANCA!! ¿¿LA HABÉIS VISTO??

—¡¡Y YO PRETENDO ANIQUILAR A LOS INGLESES QUE MATARON A MI FAMILIA!! ¡¡VOS SOIS INGLÉS, PREPARAOS PARA MORIR!!

—¡¡NO SOY INGLÉS, IDIOTA, VENGO DE NANTUCKET!! ¡¡Y ANDO EN BUSCA DE UNA BALLENA BLANCA!!

—¡¡INGLÉS O NO, SÍ SOIS OTRO HOMBRE BLANCO QUE PRETENDE DESTRUIR LAS MARAVILLAS DEL OCÉANO!! ¡¡PAGARÉIS POR ELLO!!

"Por el amor del cielo, cuánto griterío", pensé tapándome los oídos. Lo que nos faltaba: dos fanáticos con intereses opuestos. El capitán Nemo regresó al interior del submarino y éste retrocedió para tomar velocidad. Oh, oh. Aquello no pintaba bien. El submarino se abalanzó sobre el Pequod con toda la intención de hacerlo trizas, pero entonces surgieron del mar unos enormes tentáculos que abrazaron al Nautilus. Al principio dio la impresión de que el calamar gigante pretendía comerse al submarino, pero después de un rato nos dimos cuenta de que... ejem... el bicho tenía intenciones amorosas. Nos retiramos, por lo tanto, a fin de darles privacidad :-D

Seguimos viajando. Como dije antes, no sólo al capitán Ahab le faltaban pedazos del cuerpo, de modo que conseguí un cuchillo y, en los ratos libres, me dediqué a tallar las diferentes prótesis de los marineros para dejarlas más bonitas. Algunos otros me pagaron para que les hiciera tatuajes de mujeres desnudas, y cierto tripulante me pidió... ejem de nuevo... que le tallara un miembro viril muy grande y ornamentado. Complací su pedido pero sin atreverme a preguntarle para qué lo quería, así que nos quedaremos todos con la duda :-P

Tras una última tormenta eléctrica, apareció un nuevo barco... ¡de Greenpeace! Dicha nave se aproximó al Pequod y ambos capitanes dijeron al unísono:

—¡¿¿HABÉIS VISTO UNA BALLENA BLANCA DEL DEMONIO??!

—¡Hola, señor! ¿Han visto ustedes una hermosa y rara ballena blanca?

Hubo un silencio confundido después de eso. Recién entonces los tripulantes de la nave de Greenpeace se dieron cuenta de que estaban frente a un barco BALLENERO, y ya sabemos que los activistas de Greenpeace no se llevan nada bien con los balleneros (benditos sean, poniéndose en peligro para salvar a las pobres ballenas en peligro). Como mi Donaldito ya podía volar a medias, rápidamente nos cambiamos a la otra nave. Los marineros del Pequod, salvo Ahab, claro, me saludaron con la mano y yo devolví el saludo. Pensé que los echaría de menos; casi nos habíamos convertido en grandes amigos, salvo por esos comentarios de tipo pervertido-baboso que aún se les escapaban a ellos de vez en cuando :-P

—¡Allá está la ballena blanca! —dijo alguien, y de pronto reinó el caos en ambas naves.

Efectivamente, a lo lejos se veía una forma blanca que saltaba del agua y volvía a sumergirse en una nube de espuma.

—¡¡QUE NADIE LA TOQUE, ES MÍAAAAAAA!! —gritó Ahab.

—¡Ni se le ocurra lastimarla, pedazo de antiecologista! —gritaron los activistas de Greenpeace—. ¡Demonios, este tipo es peor que los japoneses!

Los dos barcos se dirigieron hacia Moby Dick a toda velocidad. Como era de esperarse, la nave de Greenpeace, propulsada por biodiésel, se adelantó rápidamente al Pequod, interponiéndose entre Ahab y la ballena. Ahab se puso rojo de furia.

—¡¡¡NOOOOOO, NADIE ME PRIVARÁ DE MI VENGANZAAAAAA!!! ¡¡MATARÉ A ESA MALDITA BALLENA BLANCA AUNQUE TENGA QUE DESTRUIROS PRIMERO A TODOS VOSOTROS!!

Menos mal que los activistas de Greenpeace no se andan con chiquitas. Ni tampoco mi Donaldito, puestos en ello. Tras una batalla megaépica, el Pequod quedó hecho trizas, sus tripulantes subieron a los botes salvavidas y Ahab... bueno, a Ahab lo atamos a una boya para que ya no molestara a nadie nunca más.

En cuanto a Moby Dick, nos tomamos el trabajo de quitarle todos los arpones, y tras darnos las gracias, la ballena se marchó muy contenta a reunirse con sus congéneres.

Adoro los finales felices :-)

¿¿CUÁL FINAL FELIZ?? ¡¡MALDITOS ACTIVISTAS
DE PORQUERÍAAAAA!! ¡¡ME VENGARÉÉÉÉÉ!!

¡Buen provecho, tiburones!

G. E.

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