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31 de octubre de 2011

¡NOCHE DE BRUJAS CON MI DRAGÓN!

El año pasado me costó bastante decidir mi disfraz para la fiesta de Noche de Brujas. Este año... me costó bastante más. Es decir, NOS costó bastante más, porque mi dragón Donald decidió venir conmigo a la fiesta. Y encima quería que usáramos disfraces relacionados (no, no me lo DIJO, ya que no habla español, sino que me lo indicó por señas).

La opción más obvia era disfrazarme de caballero medieval y que él fuera el dragón. Pero había dos inconvenientes: 1) no tenía ninguna armadura a mano (salvo la de sir Gandolfo, del Gran Hermano con monstruos, pero ésa tiene vida propia y no se puede usar) y 2) jamás he tomado clases de equitación (lo del caballo no era problema, los hay a montones en mi ciudad). La siguiente opción que saltaba a la vista era que yo me vistiera de princesa, pero de nuevo había dos inconvenientes: 1) de princesa no tengo un pelo y 2) a mi dragón no le gustó la nueva idea. Tardé un rato en comprender por qué, y finalmente caí en cuenta de que ¡Donald no quería ir a la fiesta como un dragón, sino disfrazado de otra cosa!

Ahí se complicó el asunto, porque ¿de qué cuernos se puede disfrazar a un dragón? ¿De pájaro? ¿De fantasma? ¿De gorila? ¿De bombero? (eh... no, no creo que tenga sentido disfrazar de bombero a un animal que lanza fuego por la boca). ¡Menudo lío! Y encima tenía que buscar un disfraz para él que combinara de alguna manera con el mío. O sea, una doble complicación.

Sin embargo, al fin nos vino un chispazo de inspiración: ¡inversión de roles! Yo iría vestida de dragón y él iría vestido de princesa :-D


Tuvimos que visitar una fábrica de muñecas Barbie para conseguir todos esos metros de tela rosa :-P Pero el vestido quedó muy chulo, ¿verdad? ¿Y qué tal me veo yo vestida de dragón?

¡Ya podemos irnos a la fiesta! ¡Feliz Noche de Brujas!

G. E.

PD: Notarán que mi dragón está más grande que en el artículo sobre la Oktoberfest. Sí, pegó un tremendo estirón. Deben de haber sido las salchichas alemanas. O quizás la cerveza.

PPD: Ahora tengo una duda con respecto al disfraz de princesa. ¿Será que Donald es gay o simplemente está muy seguro de su sexualidad? Mmm, espero que no sea gay. No porque me importara, sino porque pretendo conseguirle una novia ¡para que tenga lindos dragoncitos! (le prometí a una amiga que la dejaría cuidar de uno). Claro que... podría adoptar bebés dragón dentro de una pareja homosexual. Hoy en día eso también se vale, al menos en los países civilizados. Puestos en ello, me da la impresión de que los dragones son bastante menos prejuiciosos que los humanos :-D

10 comentarios:

  1. pues a mi me ha gustado mucho, he disfrutado leyendolo y aunque disparatado es divertido

    he descubierto tu blogpo r casualidad, pero con tu permiso me quedo por aquí

    te seguimos

    un beso
    Lourdes

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  2. ¡Gracias, Lourdes! :-) Me alegra haberte divertido, ya que ése es, justamente, mi propósito en la vida :-D Besotes XOXOXO

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  3. ¡Qué monísimos con vuestros disfraces!

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  4. ¡Gracias! Aunque yo estaba más cómoda que Donald. Él se tropezaba a cada rato con los pliegues de su vestido rosa :-P

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  5. Hola por novena vez al día. Te iba a preguntar si podías prestarme a Donald, es que una amiga y yo vamos a filmar una película en la cual hay una escena donde va a aparecer un(a) dragón(a), y no encontramos la manera de resolver el caso hasta que me acordé de tu dragón(a), ja, ja, ja, (tranquila todavía no te preocupes por el asunto, porque no tenemos ni filmadora XD XD XD)
    Bárbara...(y no te canses de mi =O)

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  6. Puedes tomar prestado a Donald todo lo que quieras. Si me dices más o menos de qué va la película, hasta puedo dibujar la historia para este blog :-)

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  7. Es muy loca porque se supone que es de las dos hijas de Dracula(mi amiga y yo), y que para volvernos humanas y segir una vida normal tenian que tomarse 13 gotas de sangre del ultimo dragon que existia todavia (¡¡¡NO TE ALARMES!!! no nos vamos a tomar de verdad su sangre, va a ser salsa de tomate). Y despues te sigo contando porque es un poco larga.
    Saludos a ti y a Donald, y gracias por ofrecermelo sin ningun problema.
    Barbara

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  8. Pues será una locura pero ¡pinta bien! Estoy segura de que a Donald le gustará ser parte de la historia. Besotes.

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  9. Me encantan esos disfraces! Yo iré de Lady Gagggga entonces yuhuuuuu!
    Estás chulísima con ese traje y dile a tu dragón q se cuide de la dieta alemana, que pronto no entrará ni en una viñeta (Saldrás solo tu, sentada en la uña de su pie) super-stronger!

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    Respuestas
    1. ¡Pues si vas de Lady Gaga, yo quiero ver la fotoooo! :-D Gracias por el elogio. En cuanto a Donald, creo que ya no va a crecer más. Menos mal. De lo contrario, no cabría en las hojas de papel cuando lo dibujo... ¡Besotes!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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