El bailarín le robó un beso. Ella estaba determinada a odiarlo. Las circunstancias no cooperaron. (Haz clic en la imagen para bajarte el relato gratuito, en formatos EPUB y MOBI, junto con el fondo de pantalla.)

6 de noviembre de 2011

YO, NA'VI

Más allá de que la película Avatar de James Cameron sea más predecible que un reloj, los culebrones o los discursos de los políticos en campaña electoral, hubo algunos conceptos que me gustaron mucho, sobre todo por mi molesta conciencia ecológica. Ya quisiera que nuestro planeta pudiera defenderse solo de las agresiones de la humanidad como en la película, o que pudiéramos conectarnos físicamente a seres vivos de otras especies, incluyendo los árboles.

Y sobre todo, ¡me chiflan los na'vi! ¿Tres metros de estatura y huesos súper fuertes? ¡Eh, suena estupendo! Sobre todo considerando que mi estatura real apenas llega al metro y medio y tengo que estirarme para alcanzar los estantes más altos en el supermercado.

En fin, tal como en el artículo donde me puse una cabellera tan larga como la de Rapunzel, por la magia de este blog decidí ser una na'vi por un rato. Para eso sólo tuve que concentrarme mucho, exprimiendo mis sacrificadas neuronas creativas; luego puse la banda sonora de la película (que tengo en un CD) y ¡ta-daaaaa!, ya era una na'vi de tres metros con larga trenza y taparrabos :-D Un poco más de trabajo mental y estaba en Pandora. Menos mal que mi mente es rápida, porque mi nuevo cuerpo imaginario estaba empezando a asfixiarse en la atmósfera de la Tierra.

Feliz y contenta con mi nueva estatura, me puse a saltar por todo el planeta, comiendo frutas raras y dejándome caer desde árboles altísimos. De acuerdo, las primeras veces me di de cara contra el suelo; ¿qué le iba a hacer, si los días torpes también se cuelan en mi imaginación como parientes no deseados que vienen de visita sin avisar? Sin embargo, al cabo de un rato ya dominaba la cosa y era capaz de colgarme de hojas y ramas como una versión gigantesca y azul de Tarzán. O tal vez una cruza entre Tarzán, una jirafa, un pitufo y un puerto USB.

¡Ah, casi había olvidado lo de conectarme a otros seres vivos! Utilizando mis apéndices nerviosos, me enchufé a algunos árboles para saber qué se decían entre ellos. Era como estar en medio de una multitud pero con temas exclusivamente vegetales: que cuál es la mejor hora para hacer fotosíntesis, que si aquel árbol de allá se cree muy importante porque brilla en la oscuridad, que menuda plaga son las termitas, bla, bla bla. Se me ocurrió que podría escribir un libro al respecto y todos los árboles se asustaron de inmediato (a algunos hasta se les cayeron las hojas). No porque yo pensara escribir sobre ellos, sino por la idea de acabar como pasta de celulosa. Traté de pensar en activistas de Greenpeace para tranquilizarlos.

Luego busqué animales para conectarme con ellos. La cosa marchó bien al principio: yo pensaba en rascarles la panza como a mi gato y ellos hacían ruiditos de contento. Pero algo comenzó a salir mal. Algún pensamiento mío les estaba produciendo rechazo, porque al cabo de un rato se pusieron de acuerdo para escapar de mí como si yo fuera la peste.

¡Eh, no te vayas, sólo quiero conectarme
a tu sistema nervioso y chatear un rato!

Finalmente comprendí qué estaba pasando: debieron de captar algunas imágenes sobre mi trabajo en la clínica veterinaria; concretamente, las que muestran que parte de mi labor con los animales consiste en pincharlos con agujas o meterles un termómetro (un termómetro frío) por el trasero...

Uf. Me costó un poco aclarar el malentendido (o sea, que todas esas cosas las hago por el bien de las mascotas), pero al final llegamos a un entendimiento y charlamos un rato a través de nuestras conexiones nerviosas.

Ahora que he vuelto a la realidad, lo tengo decidido: quiero ser na'vi en mi próxima vida. ¿¿¿Dónde lleno el formulario para eso???

G. E.

2 comentarios:

  1. Que bueno!!!! Se ve divertido eso de ser na'vi

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