INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

1 de octubre de 2011

MI DÍA DE LA MARMOTA

Como ya he dicho en alguna otra ocasión, mi jardín tiene bichos de todas clases, algunos residentes, otros que vienen de paso. Dejando de lado los más usuales (hormigas, escarabajos, mariposas, lombrices, gorriones, arañas, caracoles y etcétera), mencionaré los inusuales: sapos, serpientes de tierra, ratas y ratones... y la marmota.

Encontré a la marmota cuando, después de levantarme y desayunar, salí a buscar un limón para hornear una torta de limón con pasas de uva. (Sigan el vínculo para obtener la receta, que queda deliciosa. Va genial con el té a la hora de la merienda. Lo sé, es comida chatarra, pero qué diablos, la vida es corta.) Me estaba estirando para arrancar el limón y de pronto escuché unos ronquidos...


Ahí estaba el animalejo, durmiendo tranquilamente sobre el mullido pasto de mi jardín. Me llamó la atención, ya que nunca antes había visto una marmota en Montevideo, pero decidí dejarla dormir. En general no perturbo a los bichos en mi jardín, a menos que 1) sean hormigas y corten las hojas de mis rosales, 2) sean orugas que yo decida criar dentro de mi casa, o 3) sean caracoles llenando todo de asquerosa baba (detesto la baba).

Hasta aquí, todo bien. Simplemente tenía una marmota durmiendo en mi jardín. Llevé a cabo sin complicaciones todas mis tareas del día, y por la noche me fui a dormir.

A la mañana siguiente... me despertó la misma música en la radio. El limón que había recolectado estaba de nuevo en el árbol, y todos los periódicos mostraban la fecha del día anterior.

Bueno, no se necesitaba ser un genio para entender lo que estaba pasando. ¡Estaba teniendo un Día de la Marmota, igual que Bill Murray en la película El Día de la Marmota! (¿Cómo? ¿No han visto esa película? ¿Y por qué carajo no han visto esa película? ¡Vayan a verla inmediatamente, que está estupenda!) Me pareció fantástico. Soy admiradora de Bill Murray desde que lo vi en Los cazafantasmas. ¡Y por fin tenía algo en común con él!

Claro que... Bill Murray tuvo que soportar interminables repeticiones del mismo día, y yo me pregunté cuánto duraría el mío. Entonces llegué a la siguiente conclusión lógica: para acabar con mi Día de la Marmota, bastaría con deshacerme de la marmota, ya que era la única variable en mi rutina. (Nada como un enfoque científico para resolver estas cuestiones, ¿verdad?)

De repente se abrió ante mí un abanico de posibilidades. ¿Qué podría hacer YO con un Día de la Marmota? Tomando a Bill Murray como ejemplo, acepté y descarté algunas alternativas. Por ejemplo, no me interesaba aprender a tocar el piano, ya que lo intenté una vez y, aunque se me daba bien, nunca terminó de fascinarme; tampoco me interesaba conocer más a mis vecinos, y después de ver los noticieros al final del primer día, decidí posponer lo de salvar vidas para el último momento (es que resultaría poco práctico salvar las mismas vidas una y otra vez; con hacerlo al final sería más que suficiente). Cosas que sí podría hacer: leer muchos libros, dormir hasta tarde, ¡aprender a tocar la gaita! (como buena descendiente de gallegos que soy), comer comida chatarra sin preocuparme por la salud, hacer travesuras sin temor a las consecuencias, no limpiar absolutamente nada en mi casa, y disfrutar del día en general (menos mal que justo me tocó uno soleado). También podría aprovechar para planear mis futuras novelas, aunque tendría que ser solamente en mi cabeza, puesto que nada escrito permanecería durante las repeticiones del día.

Bien, ya estaba lista para comenzar. Les haré un resumen de lo que fue mi Día de la Marmota :-D

Repetición #2: Dormí hasta muy tarde, ya que justo era sábado. Hice la torta de limón con el limón de la vez anterior ¡y me la comí toda en el mismo día! Luego me vino una indigestión. Menos mal que se me curaría con la siguiente repetición del día.

Repeticiones #3-20: Algunos días dormí hasta tarde, otros me levanté temprano para ir a comprar libros (¡ediciones de lujo, encima, que por principios no suelo adquirir!). Ni me preocupé por hacer ejercicio, dado que los efectos no iban a durar.

Repeticiones #21-42: Empecé las lecciones de gaita. Mi dragón se tapaba los oídos durante las primeras prácticas, pero luego mejoré y entonces a él acabó por gustarle la música. Quizás tenga un toque de sangre celta, igual que yo :-P

Repeticiones #22-¿68?: Seguí leyendo libros y tocando la gaita. Me aprendí todas las canciones de mis CDs. Donald y yo salimos a cazar políticos idiotas :-D Nos divertimos mucho viéndoles las caras de pánico antes de ser chamuscados. ¡Y encima podíamos repetir el juego cuantas veces quisiéramos! (Observación: con respecto a los políticos idiotas, la veta sádica tarda en agotarse. Hasta me atrevería a decir que no tiene límites, pues siempre se disfruta.)

Repeticiones #¿69?-aquí ya perdí la cuenta: Me dediqué a decir a todo el mundo exactamente lo que pienso acerca de todo y todos. En cinco ocasiones eso me causó una muerte rápida y violenta. Menos mal que continuaba en mi Día de la Marmota. (Observación: no vi el cielo ni el infierno en ningún momento, aunque algunos tienen la teoría de que los Días de la Marmota son una especie de purgatorio. Otra observación: duele bastante que a uno le claven un palo de golf en el ojo, y encima uno tarda mucho en morir desangrado por causa de una herida semejante. No pregunten.)

Repeticiones #unas cuantas más, tal vez 30: Volé con mi dragón a diversas partes del mundo. En todas ellas fuimos la sensación del momento. Chamuscamos políticos idiotas en unos cuantos países extranjeros. Me arrestaron varias veces y me condenaron a muerte en Corea del Norte, pero, naturalmente, no tuvo importancia. En China me salvé de la muerte cuando les mostré a mi dragón. ¡Me nombraron emperatriz! (Bue. Lástima que no duró. Es lo malo del Día de la Marmota: esas cosas no permanecen.)

Repeticiones #más o menos 50 más: Debo de haber probado todos los tipos de comida chatarra en el mundo. Listo. Ya nunca más sentiré la tentación de comer comida poco saludable... excepto, quizás, por las patatas fritas y el helado de chocolate. Ah, y mi torta de limón con pasas de uva.

Repeticiones #dejé de llevar la cuenta por completo: Me colé a varios conciertos y deslumbré a todos con mi habilidad en el manejo de la gaita. Entonces me cansé de tocar la gaita y decidí aprender a tocar el saxofón, como Lisa Simpson. Comencé a tomar clases en Internet de varios idiomas.

Repeticiones #no sé por qué sigo con esto, cuando es obvio que sigo sin retomar la cuenta: Aprendí a tocar el saxofón, después el violín y por último el erhu (que es la versión china del violín). También aprendí a disparar con pistola, rifle de asalto, lanzacohetes y arco. Y ya que estaba, aprendí a manejar un tanque de guerra y sostuve una espectacular pelea ficticia con mi dragón (es que los soldados se veían aburridos, y hasta el coronel tenía ganas de ver un poco de acción).

Repeticiones #voy llegando al fin de la historia: Terminé de leer todos los libros que quería leer, aprendí todos los idiomas que quería aprender, y me di el gusto de fastidiar a toda la gente que quería fastidiar (y varias veces, además). En la última repetición, Donald y yo salvamos todas las vidas que pudimos (en accidentes de tráfico, por ejemplo), y una vez que volví a casa, decidí que ya era tiempo de despedirme de la marmota, quien seguía durmiendo a pata suelta.

(Uf. Ya quisiera yo dormir así de bien.)

Moví la marmota al jardín de mi vecina (esa vieja insoportable de al lado), para que ELLA quede atascada en un día interminable. ¡Buajajajaja! Espero que se vuelva loca. Se lo tiene bien merecido. (La marmota no despertó en ningún momento.)

Y si se preguntan por qué interrumpí mi Día de la Marmota... bueno, es que algún día tenía que continuar escribiendo mis historias, ¿no? Además, extrañaba la lluvia y quería seguir actualizando este blog :-)

G. E.

PD: Si alguna vez se les antoja tener un Día de la Marmota... avísenme. Buscaré a la marmota y se las enviaré con mi dragón :-D

No hay comentarios:

Publicar un comentario



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D