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1 de enero de 2013

RESOLUCIONES... DRAGONESCAS

Como dije en la entrada de Nochevieja, la celebración mía y de mi dragón por el 2013 no acabó a la medianoche :-) Lo primero que hicimos después de eso... fue aterrizar, obviamente :-D Entonces saqué la botella de limoncello del refrigerador, y mi dragón y yo nos pusimos a trabajar en nuestras resoluciones de Año Nuevo. ¿Recuerdan mi lista del año pasado? Bueno... debo reconocer que no cumplí varias de esas resoluciones, de modo que repetí en la nueva lista las que NO estaban inspiradas por la borrachera. O sea:

1. Todavía tengo que ponerme al día con algunas entradas atrasadas de este blog :-P

2. Aún tengo que buscarle una novia y una cueva a Donald. ¡Éste será el año, lo prometo! :-)

3. Me falta terminar el arreglo de las paredes de mi casa. Uf, es que remover pintura vieja y pasar la nueva me da una pereza... ¡Pero prometo que éste también será el año para eso! :-D (Aunque no creo que a nadie que lea este blog le importen mucho las paredes de mi casa.)

Por lo menos cumplí otras de las resoluciones para el 2012, como cepillar más a mi gato, escribir al menos una novela y seguir siendo buena gente (o algo así; como mínimo, les aseguro que no maté a nadie). Y si bien no hice muchos más amigos en Facebook, sí los conseguí en Twitter :-) (Es que la cuestión del dinosaurio parece darme mucho encanto personal. Los dinosaurios no han dejado de ser populares desde la peli Parque Jurásico.)

En fin, mi dragón y yo comenzamos a beber y a sumar más resoluciones a la nueva lista, y... eh... bien, digamos que poco a poco se nos pasó la mano, como me sucedió el año pasado. De verdad, que el limoncello no sirve para pensar ni para escribir. ¿Cómo se las arreglaban todos esos escritores famosos y alcohólicos de antaño? ¿O será que sólo escribían en los pocos momentos en que estaban sobrios?

Como sea, mi Donaldito se emborrachó tanto que, más que escupir fuego, empezaron a salirle llamas por sus orificios corporales (no incluí todos los orificios en el dibujito, pero... ejem... digamos que se creó una situación digna de una película de Ben Stiller). Y como yo ya estaba bastante borracha también, me partí de la risa con él.


De acuerdo, lo admito, no fue muy responsable de nuestra parte. Pudimos haber ocasionado un incendio. Por suerte, había llovido más temprano y el pasto seguía húmedo :-D

¿Y cuáles fueron nuestras demás resoluciones, aparte de las que mencioné arriba? Bueno, aquí van algunas de las que pude descifrar entre la espantosa caligrafía, el papel chamuscado y los borrones debidos a las salpicaduras de limoncello :-P (Nota adicional: el limoncello tampoco es bueno para la coordinación corporal.)

183. Mi drggón quiere otrro Día Mrrmota ¡¡¡en Hallogüín!!! [Lo tomaré en cuenta. Me gusta la idea de repetir el Halloween durante unos cuantos días. La Navidad no, porque pasan películas ñoñas de Papá Noel y yo prefiero las de terror.]

246. Scribbir otra nvela. y Donnnald quierrre aaaparecer en un realto mediebal y enfrentrsse a caballero. [OK, a ver si se me ocurre una idea para lo segundo.]

599. Cnseguiiir máquina dle tiemmpo p'rrra vlover al passsado y prguntar escritoresss alcooólicos cómo hcían pa'scrivir birrachos. Donaalld quierrre ablar c'n Tolkien sbrre dragóonn Smauug. [No sé si porque Smaug es el malo de la historia o por la cuestión del blindaje hecho de joyas.]

721. ¡¡¡veerr peli hobbbit coonn Dnoald!!!!! [Mmm, no sé si cabrá en la sala del cine. ¿Tal vez en una proyección especial al aire libre?]

937. Slucionarr crisissssisis eSpañola hciendo q'donlad secommma aloos políiticos sstúpidsos. [El problema que veo aquí es que Donald tiene mucha voluntad para cumplir con esa tarea, pero son tantos los políticos españoles estúpidos que el pobre terminará con indigestión. Tal vez debamos sustituir la cosa por un decapitamiento a la francesa. Y ya que estamos, añadiré a la ejecución a algunos políticos estúpidos de mi propio país.]

1098. Grrdsrrr lcotrres d'ssssta bbbbbgggll porrr cmñññárnos yyo y Dnloald 'nn nuussrtras locsss vaentruas. [OK, ésta es una de las últimas resoluciones, y creo entender lo siguiente: "Agradecer a los lectores de este blog por acompañarnos a mí y a Donald en nuestras locas aventuras." Sí, imagino que debe ser eso, y puedo hacerlo ahora mismito: ¡gracias, lectores!]

1102. ¡¡¡¡¡flizzzz2013 p'todosssss!!!!!!

G. E.

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FRAGMENTO DE EL DRAGÓN DE PIEDRA

Estiró la mano para tocar la estatua, a fin de saber qué tan realista era su alucinación.

Sus dedos sintieron la piedra sólida y caliente. Muy caliente. ¿O sería que él estaba helado? De cualquier manera, la alucinación era muy creíble. Casi le dieron ganas de reír.

La lluvia se convirtió en granizo. El hombre pensó que estaba en problemas allí en medio de la nada, porque el granizo podía volverse muy peligroso.

Fue entonces cuando la estatua perdió solidez y se alejó de su mano.

Feidos se echó hacia atrás al percibir que el dragón se movía. El repiqueteo del hielo sobre la piedra cambió, apagándose hasta sonar como si golpeara carne viva.

Los ojos del dragón eran anaranjados como roca incandescente y miraron a Feidos sin pestañear. Una de las alas se extendió sobre el hombre para protegerlo del granizo.

A Feidos lo invadió una oleada de mareo. No estaba alucinando, pero aquello era demasiado para él y sus piernas dejaron de sostenerlo. Se desplomó sobre el pasto mojado con un ruido de chapoteo.

Apenas consciente, sintió presión en algunas partes de su cuerpo, como si lo estuvieran levantando, y luego le pareció que estaba flotando en el aire y que había dejado de llover.

Envuelto en un calor que no era suyo, cerró los ojos y se desmayó.

2 comentarios:

  1. Hey!Pasaba por aquí porque ví esta entrada en facebook jeje gusta mí mucho!!! Espero que tus propósitos para este año se cumplan, pero seguro que podrás crear más de una novela.

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    1. ¡Gracias, Luismi! Espero que tus metas para este año también se cumplan :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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