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29 de enero de 2013

MI MUNDO FRACTAL (3)

Ya les he mostrado cómo es mi hogar en mi mundo fractal, y también un poco de la extraña arquitectura de sus ciudades. En esta última entrega (aunque podrían venir otras en el futuro) cumpliré mi promesa de enseñar más paisajes naturales y animalitos.

Para empezar, mi mundo fractal está ubicado en un PLANETA fractal, que se ve así desde el espacio exterior:


A diferencia de la Tierra, este planeta fractal todavía tiene la mayor parte de su superficie continental cubierta por espacios naturales y verdes :-) Igual que en la Tierra, sin embargo, hay más agua que continentes, y los océanos tienen una gran cantidad de vida, como estos delfines fractales:


NADIE masacra a los delfines en mi planeta fractal. Viven felices y contentos, y se pasean por entre los arrecifes donde hay cardúmenes como éstos:


Bonitos, ¿eh? Seguro que entre ellos se encuentra el equivalente del pececito Nemo :-)

Los océanos de mi mundo fractal hacen olas, que se ven así:


Son olas muy ordenadas, de modo que raramente causan naufragios. Sin embargo, lo que sí hacen es arrastrar tesoros marinos a la playa, como esta preciosa caracola:


Pero bueno, volviendo a la superficie, en mi mundo fractal hay unos jardines psicodélicos muy interesantes, donde uno no sabe si lo que está viendo son flores, esculturas coloridas o delirios de la imaginación...


Como sea, en estos jardines hay más peces, pero de agua dulce. Son bastante raros también.


En otras partes del mundo fractal hay bosques. Los árboles son perfectamente simétricos, similares a los pinos, y cada tanto los empapan unas bonitas tormentas de verano...


Después de cada lluvia en un bosque fractal aparecen estas extrañas pero coloridas maripositas:


Sí, parecen flores. Es parte de su estrategia de mimetismo para escapar de las aves fractales :-D

Por último, existen algunos lugares donde es posible escalar masas rocosas de diversas formas y tamaños. Les paso una vista aérea para que se hagan una idea general:


Después de todo lo que he mostrado, ¿quién quiere venirse a vivir a mi mundo fractal? :-)

G. E.

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FRAGMENTO DE LA DAMA Y EL LOBO

Una figura les bloqueó el paso al equino y su jinete. Blitz se encabritó, y en ese segundo de confusión, en el que Anna tuvo que emplear todos sus músculos para mantenerse sobre el animal, pareció que la figura era un lobo gris. Pero no se trataba de un lobo, porque estaba haciendo un gesto con sus brazos y además llevaba ropa.

Blitz retrocedió dos pasos sobre sus patas traseras, tambaleándose al borde del desastre, y volvió a apoyarse en las patas delanteras. La figura aprovechó para saltar hacia él y sujetarlo por las bridas. El caballo resoplaba y estaba cubierto de sudor, pero ya había empezado a calmarse.

Anna apartó de su frente los cabellos que se le habían soltado en la carrera. Su cuerpo temblaba por la tensión y el corazón le golpeteaba en el pecho a un ritmo trepidante, pero ella misma también comenzaba a relajarse. Mientras tanto, contempló a la figura de pie junto al caballo. Era un hombre, por supuesto, no un lobo. Había sido un error muy extraño por parte de la joven, y sólo se explicaba porque el desconocido, quien no debía pasar de los veinte años, tenía el cabello gris y los ojos de un sorprendente color ambarino. Llevaba un atuendo de cazador y por lo tanto iba armado; sin embargo, miraba a la joven con expresión atenta y algo risueña, esperando a que ella y su animal se recuperaran del susto. Ella consiguió decir:

—Gracias por la ayuda, señor. Me las habría arreglado de todas maneras... pero así fue más rápido.

Anna se maldijo por sonar como una niña orgullosa incapaz de admitir su error, por más que en el fondo estuviera convencida de que sus palabras eran ciertas. El hombre, no obstante, se limitó a sonreír. Con una voz respetuosa y agradable, contestó:

—Una mujer capaz de salir al bosque con semejante bestia seguro que puede cuidarse sola, pero se me ocurrió que no estaría de más ayudarla un poco. ¿Se encuentra bien?

Anna asintió y bajó del caballo. Las piernas le fallaron entonces, como si hubiera perdido todos los huesos durante la cabalgata, pero unas manos fuertes la sujetaron por la cintura, evitando que se desplomara. La joven se apoyó en Blitz mientras esperaba a que su cuerpo volviera a pertenecerle por completo, consciente de la respiración masculina que sonaba tan cerca de ella. Cuando se sintió firme de nuevo, se apartó del desconocido y lo miró a la cara una vez más.

No era tan apuesto como Stefan, pensó ella. Le faltaba el encanto de la madurez... pero vaya que lo compensaba con esos ojos tan raros y penetrantes. Anna tuvo que reprimir el impulso de cruzar los brazos sobre su pecho, como si de pronto tuviera que proteger un corazón expuesto. En cambio, se estiró lo más que pudo y dijo:

—Ya estoy bien, señor. Puede seguir con sus asuntos y dejarme sola, que yo volveré a casa. Me están esperando ahí.

10 comentarios:

  1. Es genial, Gissel. Ya tienes otro seguidor de tu blog.
    Un beso.

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    1. ¡Gracias! Espero que te diviertas leyéndome :-)

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  2. Gissel... ojalá yo fuero un ser más de ese mundo fractal... está genial. Te saludo un amigo que tienes por acá, por las Islas Galápagos.

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    1. Pues mira, puedes pasarte por ahí cuando quieras :-) ¡Saludos y gracias por el comentario!

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  3. Buenísima esta entrada..te estoy leyendo..
    Un saludo desde el sur..
    Prudencio Hernández Jr.

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  4. En serio te digo que podrías vender los diseños. ¡Son una chulada!

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    1. ¡Gracias! Sería genial venderlos, pero tendría que encontrar a los clientes primero. Últimamente la gente no suele pagar por las imágenes.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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