Haz clic en las imágenes para leer en línea las respectivas muestras gratis. Haz clic aquí para ver mi catálogo completo y las diferentes opciones de compra o descarga gratuita. ¡Gracias por apoyar mi carrera literaria! :-)

11 de enero de 2013

LA DANZA DE LA LLUVIA

Otra vez ha dejado de llover en Uruguay. Odio cuando pasa eso. Y no es sólo porque tenga que molestarme en regar las plantas de mi jardín para que no se marchiten, sino porque en el campo se mueren las pobres vacas y eso repercute en la economía, lo cual terminamos pagando todos (incluso los vegetarianos; seguro que eso debe molestarles mucho).

Encima, salir a pasear por mi barrio se convierte en una fuente de irritación constante, pero no por la sequía en sí, sino porque los montevideanos son de lo más irresponsables con el agua potable, y cuando hay sequía lo primero que hacen es ¡¡tirar litros y litros para mantener el pasto verde o lavar las veredas!! Vamos, una cosa es regar plantas ornamentales, pero cuando hay sequía bien se puede dejar que el pasto se marchite, que no le pasa nada. Ni que fuera un podrido campo de golf (nota: los campos de golf son muy antiecológicos en ese sentido, pues requieren un gasto tremendo de agua para mantenerlos). Tampoco hace falta lavar las veredas, que nadie va a comer sobre ellas.

En fin, con la intención de solucionar este problemón, decidí que quizás no fuera mala idea hacer una danza de lluvia. Primer inconveniente: no tenía ningún indígena a mano para preguntarle cómo se hace la dichosa danza, así que tuve que inventármela. No problem. Me puse a hacer la coreografía y creé un baile combinando samba, hip hop y el Gangnam Style (ya que está TAAAAN de moda este último), y también escribí una especie de canción con una mezcla de gruñidos, palabras en klingon (aquí tuve que consultar a un trekkie, quien me asesoró con gusto) y el estribillo "llueve, porfis, llueve" en los lugares adecuados.

Segundo inconveniente: el lugar para la danza. Se me ocurrió que debía subirme a la azotea de mi casa, pero la membrana aislante estaba MUY caliente, y no me gustó la idea de bailar en plena noche (por los ladrones, cucarachas, mosquitos y demás fauna nocturna). Lo que hice, entonces, fue marcharme al parque más cercano, con el atuendo completo para el baile (vamos, que no tenía gracia hacer esto en camiseta y pantalones). Y empecé mi danza de la lluvia.


Todo el mundo se quedó mirándome como si estuviera loca. Algunos me filmaron con sus teléfonos para subir los vídeos a YouTube, y algunos otros agitaron billetes y me pidieron que hiciera un strip-tease (¡degenerados!). En el cielo aparecieron algunas nubes... pero no llovió. ¡Demonios! Digo, ¡rayos y truenos!

Oh, bueno. Yo seguiré bailando la danza de la lluvia hasta que se den las condiciones meteorológicas necesarias para que ocurran precipitaciones pluviales. Y entonces bailaré bajo la lluvia cantando la canción de Cantando bajo la lluvia, para celebrar.

G. E.

****************************************

FRAGMENTO DE HISTORIAS DEL DESIERTO

—¿Qué haces? —le preguntó Urel.

—¿Tú qué crees? Estoy llamando a un genio de agua.

—Ten cuidado con eso. Recuerda que la última vez...

—No te preocupes, que no volveré a meter la pat...

Caleto enmudeció al ver lo que salió de la arena, porque distaba mucho de ser un genio de agua. Más bien parecía la cruza entre un reptil y un mono muy peludo, con la mirada tonta de un pollo bizco. El bicho dio unos saltitos, corrió hacia el hombre y se restregó contra sus piernas desnudas, emitiendo unos silbidos que aparentemente eran de felicidad. Urel resopló de fastidio.

—Muy bien. Perfecto. Excelente. ¡Tenías que echarlo a perder! ¿Sabes al menos qué es esa cosa?

El bicho abrazó las piernas humanas, pegándose con las ventosas de sus dedos.

—Pues... no tengo idea —respondió Caleto—. Pero parece amistoso. Creo que es inofensivo.

—Más te vale, porque aún tengo las cicatrices de aquel otro engendro supuestamente amistoso que llamaste por error.

—Oye, no seas negativo. Mira qué cara tan simpática.

—Sí, cómo no —dijo Urel, poniendo los ojos en blanco.

—Pero aún tengo sed. Voy a...

—¡No! Yo lo haré. Tú no muevas un dedo. Lo que menos necesitamos es una manada de... de... lo que sea esa cosa espantosa.

El bicho no se dio por aludido, ya fuera porque no entendía las palabras o porque no le importaba la opinión ajena. Caleto sacudió las piernas y logró desprenderlo de una, pero no de la otra. Mientras tanto, su hermano llamó al genio de agua.

Urel sí escribió el nombre correctamente, y al cabo de un rato apareció el genio, que era de tamaño respetable y llevaba en su interior frutas, caracoles acuáticos, algas y peces. Urel arrugó la nariz.

—¿Qué, no vas a beber? —le preguntó Caleto a su hermano después de saciar su sed—. El agua está muy buena.

—Es que... tiene peces. Y otros bichos.

—Urel, no empieces con eso. Siempre es lo mismo contigo. ¡Y luego te atreves a criticarme!

Caleto llenó su odre. A sus pies, la criatura peluda y escamosa lamía al genio de agua con una larguísima lengua azul.

—No son cosas mías —dijo Urel—. Vamos, ¿dónde crees tú que defecan esos bichos? ¡No puede ser higiénico!

—Cállate y bebe —dijo Caleto entre dientes, apresurándose a sacar las frutas.

—¿Y si bebo y me da diarrea?

El genio de agua le escupió a Urel un chorro en plena cara, haciendo que Caleto estallara en carcajadas.

—¡Ja, ja! ¡Tú te lo ganaste, hermano! ¡Es como si le hubieras dicho a una mujer gorda que parece un hipopótamo!

El genio de agua le escupió también a Caleto, y luego se marchó con tanta prisa que dejó atrás un caracol. Volvió para recogerlo y se marchó de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D