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17 de enero de 2013

MI MUNDO FRACTAL (1)

Hoy voy a descansar nuevamente de mis disparates habituales :-) Como ya dije en otra entrada, ¡adoro los fractales! Y puesto que con el programa Ultra Fractal se puede hacer casi de todo, poco a poco he ido creando mi propio mundo fractal.

Para empezar, mi casa fractal es así:


¿Les agrada la vista? A mí me encanta :-) Y a diferencia de las playas en mi ciudad, ¡no hay basura ni contaminación en ésta! ¡Yay!

Como en mi mundo fractal no tengo que pagar impuestos, puedo tener una casa bien grande. Aquí hay una imagen del patio:


Bonito, ¿eh? Adoro esos helechos. Nunca tengo que regarlos :-D

Hacia el lado opuesto de la playa, el paisaje es todavía más mágico y encantador. Como esto:


Ése es un sitio estupendo para hacer una merienda al aire libre o acampar en la primavera. Además, en el lago se pueden encontrar cisnes fractales:


Se les puede dar de comer, pero con cuidado, porque picotean :-P

Si uno mira entre los arbustos, es posible encontrar estos adorables insectos:


Igual que en el mundo real, las mariquitas fractales se comen a los pulgones fractales :-D (Nota: no hay más plagas en mi mundo fractal. Ni moscas, ni cucarachas ni pulgas. Faltaría más.)

Mi mundo fractal tiene polos, por cierto, con fantásticas estructuras de roca cubiertas de nieve. Como esto, más o menos:


Los polos de mi mundo fractal son perfectos para ir a esquiar :-D Claro que... tendré que aprender a esquiar primero. (Ya sé patinar en hielo.)

Volveré a mi mundo fractal otro día para mostrarles algunas cosas más...

G. E.

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FRAGMENTO DE ENTRE REJAS

Tropezó con el cadáver de un presidiario. Roberto entró en pánico al pensar que también resucitaría, pero no sucedió. Recordando que sólo había visto levantarse a los guardias, arrastró al prisionero a un pasillo lateral y se puso su uniforme; qué carajo, ya había aceptado la idea de que podía morir en el trabajo, pero ni putas ganas que tenía de volverse zombi. Eso no figuraba en el contrato.

Vestido ahora de convicto, el hombre regresó a la sección de celdas. Los prisioneros estaban ahí atrincherados, unos cuantos con heridas de bala, gritándose entre sí en pleno ataque de nervios.

—¡Se levantaron! ¡Estaban muertos y se levantaron!

—¡Yo también los vi, carajo! ¡Van a matarnos a todos!

Roberto se metió en una celda vacía, buscando una ventana. Esta vez consiguió llamar al director Andrews, pero nadie contestó. El hombre consideró las alternativas. David Conroy le había dado un número de teléfono diciéndole que era sólo para emergencias de las grandes, ¿y qué podía ser más grande que un ataque de muertos resucitados? El guardia marcó dicho número sin titubear. Le contestó una voz masculina, presumiblemente joven.

—Aquí base militar...

—Escuche, no hay tiempo para formalidades —dijo Roberto—. Tenemos una... revuelta aquí en la Penitenciaría Andrews. Los reclusos del ala de máxima seguridad están fuera de sus celdas, y hay guardias muertos. Creo que el director ha sido asesinado, porque no me responde. ¿Puede escuchar la alarma?

—Sí, la oigo. ¿Quién es usted?

—Roberto Martínez, un guardia. Escuche, necesitamos apoyo urgente, y...

—¿Y qué?

—Y... joder, hay algo que tienen que saber. ¿Puedo mandarle un vídeo desde mi móvil?

—¿De qué se trata?

—Si se lo explico no me lo va a creer. Tiene que verlo.

—Más vale que no sea una broma —dijo el hombre al teléfono, y le pasó a Roberto una dirección de correo electrónico. El guardia mandó el vídeo, rogando para sí porque llegara a destino y mostrara bien lo que tenía que mostrar, y sobre todo rogando porque los militares lo creyeran. Si llegaban a pensar que todo era una broma...

—¿Ya lo tiene? —preguntó Roberto—. ¿Hola? ¿Hola?

Por un momento terrible el hombre pensó que se había cortado la comunicación, pero luego volvió a oír la voz en el teléfono.

—Santa María madre de Jesús.

6 comentarios:

  1. Qué dibujos más bonitos te salen con el programe este. El primero me encanta, el segundo: no me gusta el suelo que has puesto, pero como la casa es tuya jejeje la vista de la parte trasera es mágica, ese árbol es precioso. Las mariquitas son bellísimas y si te tomas un tripi lo mismo alucinas en colores jaja tendré cuidado de no molestar mucho a esos cisnes y los polos esos me dan miedo. ¡Parecen olas gigantes!
    Por cierto, ya me leí anoche "El ángel más tonto del mundo" y me ha sorprendido. Ese levantamiento zombi, que podamos leer los pensamientos del perro y sobre todo ese personaje bipolar: Molly/Kendra, La Nena guerrera de Allende la Frontera. Cuando acabe de leer "El pasajero del tiempo" pienso pillarme el de "Cordero" que por lo visto el mismo ángel aparece en ese libro. Un beso!!!!

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  2. Gracias, Luismi :-) Y sí, la casa es mía así que puedo ponerle el suelo que me dé la gana :-PPP Si algún día quieres una casa fractal, la diseñaré con un piso que sí te guste.

    Me alegra que te hayas divertido con el libro. Y sigue con los otros, es un autor que vale mucho la pena, como Terry Pratchett (que también recomiendo).

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  3. Eres una artista, prima. ¡Qué preciosidad!

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    1. Gracias, prima. Estás invitada a mi mundo fractal, por cierto. Y seguro que en estos momentos pinta MUCHO mejor que España... :-P

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    2. Gracias por la invitación! Pues sí, la verdad. Tu mundo fractal es como un paraíso en el que cualquiera querría vivir... salvo los políticos españoles (para ello tendrías que convertirlo en un paraíso fiscal). Eso está muy bien porque podríamos tener una existencia tranquila sin preocuparnos por sus desgobiernos. ;-)

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    3. Bueno, los políticos españoles no podrían vivir en mi mundo fractal, para empezar, porque serían rápidamente decapitados por mí :-) Vente cuando quieras, cariño.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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