El bailarín le robó un beso. Ella estaba determinada a odiarlo. Las circunstancias no cooperaron. (Haz clic en la imagen para bajarte el relato gratuito, en formatos EPUB y MOBI, junto con el fondo de pantalla.)

27 de junio de 2012

MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (3)

¡Más aventuras por el desierto de mi novela! En el episodio anterior era de noche, Donald y yo estábamos cenando, ¡y de repente apareció un jinete cabalgando hacia nosotros con una espada en alto! ¡Y encima iba gritando terribles amenazas!

No me molesté en desenvainar mi cimitarra. Le hice un gesto a Donald y él se plantó frente al jinete, lo derribó y lo sujetó cabeza abajo por una pierna. (El caballo escapó corriendo, muerto de miedo. Pobrecito.)


Aquí el jinete quedó totalmente desconcertado. Quizás no esperaba que mi dragón fuera tan hábil en el combate cuerpo a cuerpo. Como sea, le hice señas de que se calmara y le pregunté:

—Eh... disculpe, pero ¿cuál es su problema, señor?

El jinete se tranquilizó un poco. Luego respondió con una voz poco firme:

—Yo... vi una frágil doncella en peligro y vine a rescatarla.

Miré hacia todas partes buscando a la frágil doncella, pero no la vi por ninguna parte. Luego me di cuenta de que se refería A MÍ. Bue. Tal vez la confusión se debió a que el despistado jinete nunca me ha visto serruchando ramas en mi jardín o martillando clavos.

—Muchas gracias —respondí—, pero la verdad es que no estaba en peligro.

—¿No? ¿Y qué hay de esa bestia espantosa y temible?

Esta vez mi dragón se dio vuelta buscando a la bestia espantosa y temible. Cuando se dio cuenta de que el jinete se refería A ÉL, frunció el ceño y gruñó por lo bajo. No sé si estaba ofendido o pretendía ajustarse al estereotipo.

—Esa "bestia espantosa y temible" es mi dragón —aclaré—. Mi hijo adoptivo. Se llama Donald, y es totalmente inofensivo a menos que alguien lo ataque o tire basura al piso.

—Ah. Oh. Pues... perdonadme entonces, diminuta y pálida doncella. —Lo de "diminuta y pálida" no se lo discutí. Es verdad—. Eh... ¿podríais decirle a vuestro dragón, entonces, que me baje al suelo? Se me está acumulando la sangre en la cabeza...

—Claro. No hay problema. Donaldito, baja al señor. Y ve a buscar a su caballo antes de que se pierda por ahí.

Donald hizo lo que yo le pedí. El jinete se sacudió la arena, hizo una cortés reverencia y dijo:

—Aclarado el malentendido, debo presentarme: me llamo Senti y soy un guerrero de Huru en busca de aventuras.

—Encantada. Mi nombre es Gissel y vengo en plan de turista extranjera. Podemos tutearnos, ¿eh?

—Excelente. ¿Una visitante extranjera? Con gusto te enseñaré todo acerca de las luces guía, los genios de agua y los sitios más interesantes de Huru.

—Oh, lo de las luces y los genios ya lo sé, gracias. —No tuve corazón para decirle al confundido guerrero que yo inventé todas esas cosas—. Pero sí planeaba visitar Immadil —el reino más importante de Huru, donde vive el rey Agalur— y quizás el reino de Mazina, si consigo encontrarlo. Incluso yo sé que la reina lo ha ocultado por medio de la magia para que nadie lo encuentre.

Mientras tanto, Donald regresó con el caballo, sosteniéndolo como a un gato asustado. El pobre seguía relinchando de vez en cuando, pero poco a poco se tranquilizó.

—Pues veo que estás bien informada, joven extranjera. Puedo acompañarte a donde quieras y protegerte de... —Senti miró de nuevo a Donald— no sé, ¿otros peligros que tu extraño hijo adoptivo no sepa cómo enfrentar? ¿Hechiceros malvados, por ejemplo?

Bueno. La verdad es que este guerrero, despistado o no, empezaba a caerme bien, y además parecía muy servicial. Y una vez que su rostro recuperó el color normal, hasta lo encontré bastante guapo. Por si fuera poco, tenía razón: no sólo hay monstruos con dientes en el desierto, sino magia peligrosa y hechiceros locos que convierten a las personas en dromedarios (hay bastante de eso en mi novela).

—Me parece bien, noble aventurero —respondí—. Podríamos hacer juntos el recorrido por Huru; si nos ataca un mago chiflado, tú nos defenderás, y si nos ataca algo enorme y con dientes y garras, le dejaremos la pelea a mi dragón.

—De acuerdo. Buen plan.

Nos estrechamos las manos, entonces, y descansamos el resto de la noche junto a la fogata para recuperar fuerzas. Al llegar la mañana... ¡nos preparamos para la aventura!

Estén pendientes de la continuación :-)

G. E.

PD: ¿Qué dicen, lectoras? ¿Creen que sea hora de empezar a ponerle algo de romance a esta aventura? :-D

Artículo relacionado: MIS HISTORIAS DEL DESIERTO (4).

Haz clic en PREVIEW para leer la muestra gratis de la novela. Haz clic aquí para ir a tu página de Amazon correspondiente y comprarla.

2 comentarios:

  1. Jajaja tengo que leer estas historias tan calurosas desde el principio!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Adelante, pues, así te pones al día para la próxima entrega. Un abrazo :-)

      Eliminar

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)
Seis historias románticas contemporáneas con un toque de arte en cada una.
 
 
Haz clic en la imagen para leer la muestra gratis, haz clic en el botón verde abajo para comprar ya mismito esta edición de lujo mediante PayPal (pago seguro). (¡Y de paso alimentarás a la autora de este blog para que pueda seguir escribiendo! ¡Gracias!)
 

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D