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3 de julio de 2012

MOMENTOS Y LUGARES PARA LEER UN BUEN LIBRO

Las personas que no leen ficción me parecen algo así como alienígenas, pero no pienso hablar de ellas en esta entrada. Esto va para aquellos a quienes sí les gusta leer pero se quejan de que les falta TIEMPO.

Sí, hoy en día resulta difícil encontrar varias horas de corrido para sumergirse en un libro (también está difícil encontrar buenos libros en los cuales sumergirse, pero tampoco hablaré de eso ahora). Sin embargo, quien tiene ganas encuentra los medios, de modo que aquí va mi lista de sugerencias de momentos y lugares para leer un buen libro.

EL BAÑO - Es un clásico. Total, nadie lo va a molestar a uno ahí dentro (a menos que uno comparta la casa con media docena de personas, pero eso es raro en la actualidad; bueno, salvo que uno sea pobre o un inmigrante ilegal, pero esa gente tiene preocupaciones más acuciantes que la falta de tiempo para leer novelas). En lugar de llevarse el periódico, uno se puede llevar un libro, sobre todo en esos días de tránsito intestinal lento :-D También es apropiado leer mientras uno se cepilla los dientes, y de paso aseguraremos el tiempo mínimo de higiene dental.

LAS COMIDAS - Esto es especialmente válido para las personas que viven solas. En lugar de encender la tele, uno puede leer a gusto. Incluso es posible hacerlo aunque el alimento requiera el uso de ambas manos; basta con leer en un dispositivo electrónico, dado que no se cerrará solo como un libro de papel.

CENAS FAMILIARES MUY ABURRIDAS - Bueno, sólo recomiendo esto a los valientes con fama de antisociales dentro de su propia familia, porque leer durante una cena familiar se considera de muy mala educación (es que lo es, pero vamos, tampoco habría que obligar a las personas hurañas a involucrarnos en situaciones sociales cuando no estamos de humor para ello). En caso de críticas, siempre se puede responder algo así como: "Dejaré de leer cuando la conversación se vuelva más interesante que este libro" (a menos que haya algún pariente susceptible de enfadarse y rebanarle a uno la cabeza con un cuchillo de cortar carne, o incluso con un plato de borde muy afilado como ese aro cortatodo de Xena).

LOS AVIONES - Otro sitio clásico, sobre todo porque dichos vehículos están entre los lugares más aburridos del universo (cuando se ponen emocionantes suele ser MALA cosa, ya sea por secuestros o turbulencias). Encima, da una excusa para no charlar con los compañeros de asiento aburridos o plomazos. En serio, es horrible pasar más de tres horas junto a una persona molesta. (Me pasó una vez, en un vuelo de DOCE horas. Madre mía, qué suplicio, pero por suerte había comprado un libro de Neil Gaiman en el aeropuerto. ¡Gracias, Neil, me salvaste!)

LOS AUTOBUSES - Esto no necesita explicación, mucha gente ya lee en los autobuses :-) OK, salvo los que van con la nariz pegada al móvil, mirando Facebook o YouTube.

CUALQUIER FILA LARGA - Válido para quienes tengan smartphones con un tamaño de pantalla decente. Estos dispositivos permiten la lectura en las filas de supermercados, trámites públicos, parques de atracciones y compra de entradas para conciertos, estrenos cinematográficos o eventos deportivos. (¡Pst! Si se bajan la aplicación Kindle para móvil, pueden leer mis libros. ¡Gracias!)

DIEZ MINUTOS ANTES DE ECHARSE A DORMIR - Aquí hablo de libros en papel o dispositivos con tinta electrónica, dado que las pantallas luminosas pueden causar insomnio. En fin, si el libro en cuestión no es adictivo, uno puede leer un ratito antes de apagar la luz. Ayuda a conciliar el sueño y sirve como purga de las preocupaciones diarias (no hay que llevarse los problemas a la cama).

MOMENTOS ABURRIDOS DE ESPERA EN EL TRABAJO - O sea, mientras no haya clientes ni acción de ninguna clase. Válido para funcionarios y empleados de todo tipo, guardias de seguridad, acompañantes de enfermos y así por el estilo.

ANTES DE CUALQUIER OCASIÓN QUE PRODUZCA TENSIÓN NERVIOSA - Leer alivia la ansiedad y tiene un efecto asombroso sobre el sistema cardiovascular. Obviamente esto no sirve como paso previo a las competencias deportivas, porque ahí corresponde calentar los músculos, no el cerebro :-P

CORTES COMERCIALES MUY LARGOS EN LA TELE - Se supone que es mejor leer que ver la tele, pero como hoy en día hay series muy buenas, se pueden combinar ambas actividades :-D

LA PLAYA - A mí me aburre ir a la playa, pero leer es una buena forma de pasar el tiempo mientras uno se broncea. Y de paso, uno vuelve de las vacaciones MÁS culto que antes de tomárselas.

LA PELUQUERÍA - Olviden esas revistas tontas que ofrecen en las peluquerías. Llévense un buen libro, gente, y así podrán embellecer sus cabezas tanto por dentro como por fuera mientras les secan el pelo.

LOS VIAJES ESPACIALES - No me miren así, es posible que entre mis lectores haya algún astronauta :-D


Ya ven, les he ofrecido un montón de posibilidades de lectura para personas ocupadas :-) ¡Y sin recurrir a disparates fantasiosos! (por ejemplo, los momentos de espera mientras uno está cazando orcos).

Me voy a leer un ratito mientras espero a que se horneen mis panecillos de queso :-P

G. E.

2 comentarios:

  1. En las salas de espera. Es donde mejor he leído. Silencio, concentración, aire acondicionado...

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    1. ¡Ah, ahí también! Gracias por el apunte :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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