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18 de noviembre de 2011

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (1)

Me encanta la película Lo que el viento se llevó. La veo cada vez que tengo la suerte de pescarla en la TV, y aún no me aburro con las aventuras y desventuras de Scarlett O'Hara, uno de los personajes más extraordinarios en la historia de la literatura y el cine. De acuerdo, no es una chica agradable sino más bien lo contrario, pero eso es justamente lo que la hace interesante. Como al doctor House :-P

Una vez tuve un debate sobre lo que constituye el tema central de una historia. En ese momento dije algo así como que la trama de La guerra de las galaxias podría trasladarse a un mundo mágico con dragones y espadas de metal sin mayores cambios, y un tiempo después se me ocurrió que quizás podría hacer algo parecido con las tramas de otras historias. No para llevarlas a un mundo fantástico necesariamente, sino para contarlas de una manera distinta pero manteniendo los elementos principales de los personajes y la acción.

Y así fue como se me ocurrió la idea para la historia que voy a contar a continuación, en tres partes (será en tres partes por la cuestión de los dibujitos, que me toman su tiempo). Iré cambiando de género literario según convenga a la historia.

De este modo empieza...

LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ
(primera parte)

Había una vez, en el reino mágico de Georgialandia, una hermosa criatura llamada Scarlett O'Hada que era envidiada por todas sus amigas y codiciada por todos los seres masculinos, desde los magos hasta los gigantes verrugosos. Sin embargo, ella sólo tenía ojos para un apuesto elfo llamado Ashley Soso, quien a su vez le daba de calabazas porque, aunque también se sentía atraído por Scarlett O'Hada, estaba a punto de casarse con una dulce y frágil criatura del bosque llamada Melanie Flor. Scarlett O'Hada se prometió a sí misma que haría todo lo posible para conquistar a Ashley Soso, a pesar de que en general su lema era dejar las cosas para mañana "porque mañana será otro día".

Durante una fiesta en el Círculo Místico de los Trece Robles, Scarlett notó que alguien la contemplaba con admiración: era el apuesto Rhett Bongo, un duende con mala fama en todo el reino debido a su costumbre de apostar en carreras de unicornios, coquetear con las ninfas de agua y quebrantar toda posible ley dictada por los espíritus de la magia.

Scarlett O'Hada ignoró las miradas seductoras de Rhett Bongo y buscó a Ashley Soso a la sombra del milenario Sauce Violeta. Ahí nuestra bella heroína le propuso a su amado que rompiera su compromiso con Melanie Flor, pero él se mantuvo firme y Scarlett le tiró un pequeño gnomo por la cabeza. Ashley se marchó, y entonces Rhett, que estaba escondido detrás del Sauce Violeta, salió de su refugio para coquetearle una vez más.

¡No estoy interesada en duendes babosos, Rhett Bongo!

Scarlett estuvo a punto de lanzarle a Rhett otro pequeño gnomo (nuestra heroína tenía muy buena puntería), pero Rhett prometió guardar el secreto de su amor por Ashley y de esta manera hicieron las paces (más o menos).

Horas después, todos los invitados a la fiesta se enteraron de una terrible noticia: ¡el reino de Georgialandia estaba en guerra! Los reyes de los castillos del aire estaban enfrentados con los reyes de los bosques terrestres por el comercio de polvos mágicos y la explotación de los trolls, que eran utilizados como esclavos.

Rhett intervino para decir que sin duda ganarían los reyes de los castillos del aire, porque ellos tenían dragones y caballos alados. Su opinión no gustó mucho y enseguida le arrojaron salamandras de fuego para que se callara.

Poco antes de que comenzara la guerra, Ashley Soso se casó con Melanie Flor. Scarlett O'Hada, por despecho, se casó con el hermano de Melanie, a quien en realidad no amaba ni un poquito.

Entonces empezó la guerra en Georgialandia. Sin embargo, los reyes del aire no atacaron con dragones ni caballos alados, sino ¡con mercenarios del espacio exterior, que aterrizaron en sus naves espaciales y comenzaron a desintegrar a las criaturas mágicas con sus rayos de la muerte! Los extraterrestres no mostraron compasión alguna por las criaturas de los bosques, aniquilando a hadas, ninfas, gnomos y duendes por igual. Al parecer tenían un plan de dominación terrestre, para el cual habían desarrollado tecnología avanzada y técnicas de experimentación biológica.

Scarlett se enteró de que su flamante marido había sido convertido en cenizas durante una batalla. Esto le dio a Rhett Bongo la oportunidad de seguir coqueteando con ella, pero aunque compartieron un baile o dos en las Cavernas de Cristal de Atlantolia donde se refugiaban, Scarlett aún seguía enamorada de Ashley Soso.

La invasión extraterrestre llegó poco a poco hasta las Cavernas de Cristal. Scarlett ayudó a Melanie Flor a parir a su pimpollito, y como necesitaban ayuda para escapar, huyeron en la carreta mágica de Rhett Bongo, atravesando las pintorescas ciudades de Atlantolia que ya estaban siendo arrasadas por los malvados seres espaciales.

¡Venimos en paz! ¡Ack, ack, ack!

A medio camino del hogar de Scarlett, Taralandia, Rhett se despidió para unirse a la guerra. Al parecer tenía un plan secreto para destruir a los invasores (algo relacionado a los microbios). Scarlett le pidió que se quedara, pero Rhett le dijo que parara de quejarse pues ella podía arreglárselas sola. Se despidieron con un beso apasionado y Rhett desapareció volando en el horizonte, estornudándole en la cara a cualquier extraterrestre que se cruzara en su camino.

Continuará...

G. E.

Artículos relacionados: LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (2) y LO QUE EL VENTARRÓN SE LLEVÓ (3).

6 comentarios:

  1. ¡Me alegra que te haya gustado! Personalmente, jamás le vi encanto alguno a Ashley Soso :-D Te lo puedes llevar cuando quieras. ¡Saludos!

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  2. Que bueno!!! Ahora voy al por el segundo

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  3. Muy bueno, muy cinematográfico, me encantan los nombres que has puesto a los personajes, y ya puestos, podría Hollywood hacer una trilogía. Si la han hecho con el señor de los anillos y ahora dos más con "The hobbit", me has teletransportado al mundo fantastico mezcla de "el señor de los anillos" y "la guerra de las galaxias". Enhorabuena! Prepárale un guión a los americanos de los que hace tiempo que no ven... y sángralos jaja.
    Carlos (La Web del Terror)

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  4. ¡Ja ja! ¡Gracias! ¿De veras crees que funcionaría, algo así como la serie "Scary Movie"? :-D ¡Por mí, encantada!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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