INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

12 de octubre de 2010

EL PERRITO CON DOLOR DE DIENTES

Ésta es la historia de un pobre can que iba por ahí sintiéndose miserable.

* Me duele la boca, mi aliento apesta y
estoy sangrando como un cerdo degollado.

(Bueno, eso es lo que imagino que habría pensado el perro si los perros pensaran con palabras. Igual se le veía en la cara que el pobre animalito no estaba muy feliz con su condición.)

Así llegó el perrito a la clínica donde trabajo. Y cuando digo que el aliento le apestaba, es que le APESTABA. Como para tirarlo a uno de espaldas. O como para marchitar las flores del jardín, a lo Pepé Le Pew (pero sin el encantador acento francés). Imagínense una fosa séptica, llena de aguas verdosas con pedazos flotantes de... en fin, creo que ya se entendió la idea.

Al abrirle la boca, encontramos... esto:


Uf. Un asquito, ¿verdad? Nada de sonrisas Colgate por aquí. La flechita amarilla apunta a un agujero (fístula) por donde el perro sangraba en forma esporádica.

Había que arreglar eso de inmediato. Es decir, ¡un perro mascota no puede ir chorreando sangre por todo el piso! La sangre es resbalosa y podría ocasionar un accidente doméstico.

Empezamos a romper las gruesas capas de sarro con un cincel y un martillo. Bueno, no, más bien usamos una pieza de instrumental odontológico y luego un cavitador neumático, pero en verdad habríamos podido usar un cincel y un martillo. En todo caso, yo me puse a tatarear la canción de Los Picapiedra. Me pareció que venía al caso :-D

Sacamos el incisivo flojo que estaba bajo la fístula y el pobre perro siguió sangrando a chorros. No a chorros de sangre arterial, que sale a presión salpicando hacia cualquier parte (casi siempre la cara de alguien), sino como un flujo de sangre venosa con pedazos de hueso podrido.

(Si estaban comiendo algo, apuesto a que ya se les fue el apetito, ¿verdad?)

A estas alturas, la boca del perro se veía así:


La flechita señala el agujero del diente que sacamos.

Después de eso, hicimos un pequeño experimento...


¡Ja! Problema descubierto: era ese incisivo el que provocaba que nuestro paciente sangrara por el agujero. Menos mal que no era el colmillo. Si hubiera sido el colmillo, la cosa se habría vuelto todavía más espeluznante, con el zumbido de un torno cortando hueso: zzznnnzzznnnzzznnn... (ya saben, ese sonido que hace temblar incluso a los hombres más machotes). Es que los colmillos tienen unas raíces más grandes que lo que se ve del diente, y están tan agarrados al hueso como un avaro a su dinero. De todas maneras, el incisivo extraído tenía igualmente una raíz bastante respetable:


Al terminar (y después de taponar la hemorragia, porque el bicho ya se nos estaba poniendo anémico), la boca quedó así:


El lado derecho estaba un poco menos asqueroso y no hubo que sacar dientes. Menos mal. Hemos tenido casos en los que el pobre perro se fue de la clínica con un total de... seis dientes. Traten de masticar con seis dientes... que ni siquiera hacen contacto entre sí. Seguro que no es fácil.

En fin, el perrito se fue a su casa, y a los pocos días los dueños llamaron para avisar que ya estaba saltando feliz y contento. ¡Yupiiii! ¡Y justo a tiempo para la Oktoberfest!

* ¡Hey hey!

Adoro mi trabajo :-)

G. E.

Artículo relacionado: EL PERRITO TIBURÓN.

10 comentarios:

  1. Pobre perrito, me imagino como se sentiria, porque aunque no lo creas hace no mucho tiempo yo estaba mas o menos asi.
    Saludos: Bárbara.

    ResponderEliminar
  2. Espero que ya estés mejor entonces, Bárbara. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Gracias, aunque ya hace bastante que me recuperé. Mi papá me manda a preguntarte si en ese concurso de cuentos de terror pueden participar personas adultas.
    Saludos:Bárbara (y su papá).

    ResponderEliminar
  4. Respondiendo la pregunta, en el concurso pueden participar adultos, pero deben vivir en España (porque no se enviarán los premios fuera del país).

    ResponderEliminar
  5. Oh, que chimbo, a mi papá le hubiera gustado participar, pero no queda otra. Mi papá me manda a preguntarte estas dos cosas:1)"¿Vives en España?" 2)"¿Cuál es el premio?"
    Me pareció mucha curiosidad de parte de mi papá.
    Saludos(por quinta vez el día):Bárbara y su papá.

    ResponderEliminar
  6. No, no vivo en España, pero como soy jurado no tiene importancia. El premio son libros y DVDs, todo relacionado al horror. Es que a nosotros nos gusta asustarnos a propósito :-D

    ResponderEliminar
  7. Pues vaya dueños,¿no? :P
    En cualquier caso,¡buen trabajo! ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En realidad los dueños eran buena gente, pero habían sido mal asesorados. Fueron con otros veterinarios que no supieron arreglar el problema. Por suerte llegaron con nosotros :-) ¡Gracias por el comentario!

      Eliminar
  8. Oish, pobre perro! No, las mias no están tan mal. Simplemente tienen un aliento horrible y algo de sarro, ¡por eso la pasta de dientes!

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, éste es uno de los peores casos que he visto, pero es el extremo al que se puede llegar cuando el perro tiene predisposición a acumular sarro y no se le hace ningún tratamiento preventivo. De ahí que te haya felicitado por cepillar a tus perritas. ¡Sigue con eso! ¡Besos!

      Eliminar



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D