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23 de febrero de 2016

JUGUETES SEXISTAS

Últimamente me enfado bastante cuando veo los catálogos de Navidad y el Día del Niño. "¿Y eso por qué?", se preguntarán. Ocurre lo siguiente: salvo los juguetes para bebés, que son unisex, ¡casi todos los demás parecen estar específicamente diseñados para un solo sexo!

No me parece mal que a una niña le regalen muñecas y que a un niño le regalen figuras de acción. El problema, en mi opinión, es cuando la separación se vuelve tan grande que el intercambio está mal visto. Llegamos al colmo del asunto con los productos relacionados a Star Wars VII: ¡casi ninguno representaba a la protagonista femenina de dicha película! ¿En serio? ¿Acaso a las niñas no les pueden gustar las películas con robots y naves espaciales? ¿Y a los niños no les pueden gustar las figuras de acción femeninas? ¿Por qué?

Siendo niña, mi lista de intereses era muy variada: veía las series animadas de Mi pequeño poni, Candy y Los ositos cariñosos, pero también Astroboy y Kimba, el león blanco. Y las películas de Star Wars. Y La dimensión desconocida. Tenía muñecas, ponis de plástico y una linda casita de juguete... más una pista de trenes, otra de autitos eléctricos y una caja de bloques para armar castillos. Por no hablar de mi bicicleta, mis patines de ruedas y los lápices de dibujo. Ah, y pasé más horas diseñando y cosiendo vestidos para mis muñecas que jugando con ellas.

En fin, la cuestión es que mi madre nunca consideró que tuviera que comprarme exclusivamente juguetes "para niñas". Además, cuando mi padre me llevaba a la casa de mi amigo Jorgito, jugábamos toda la tarde con sus autitos, paseándolos por las pistas de una bonita estación de servicio. O sea, allí estábamos los dos: una niña y un niño jugando juntos con autitos como si fuera lo más normal del mundo. ¡¡Porque lo era!!

Me da que, hoy en día, las decisiones en materia de juguetes las toman expertos en mercadotecnia, sin tomar en cuenta los gustos de los niños ni las opiniones de los padres. Encima, perpetúan estereotipos que ya deberían estar obsoletos.

Hubo una protesta generalizada cuando Disney le cambió la imagen a Mérida, la aguerrida princesa de Pixar, para volverla más "femenina" y que encajara en la franquicia de las princesas. Y puestos en ello, la princesa Vanellope ni siquiera está en la franquicia. Y aquí hablo de una princesa que: a) ¡¡¡conduce autos de carreras!!!, b) cambia su ridículo vestidito de volados por ropas prácticas y c) decide que, en lugar de princesa, ¡¡quiere ser presidente!! Vanellope y Mérida representan mucho mejor a las mujeres actuales que un montón de princesas cuyo mayor logro, en buena parte de los casos, es conquistar el corazón de un príncipe. Aurora sólo aparece 18 minutos en La bella durmiente, y no hace nada por sí misma salvo cantar y bailar un rato y luego caer dormida y dejarse besar por el príncipe. Y ya que estamos, el príncipe recibe un montón de ayuda de las hadas, de modo que, al final, ellas son mejores modelos feministas que Aurora: crían a una bebé en medio del bosque sin usar su magia, descubren la clave para anular una maldición y le dan las armas al príncipe para que derrote a Maléfica y salve al reino de un sueño eterno. Sin embargo, ¿han visto muñecas de Flora, Fauna y Primavera? ¡No! Será porque son señoras de mediana edad, dos de ellas regordetas, y por lo tanto no sirven para vender vestiditos, zapatitos y maquillaje (casi todo en rosa, claro, porque no se concibe que a una niña puedan gustarle otros colores). Que estas tres hadas hagan magia como Gandalf y salven reinos no tiene ninguna importancia, al parecer.

A los varones les ponen mejores modelos a seguir, la verdad; por ejemplo, Ben 10, Spider-Man y los Vengadores (por supuesto, las figuras de acción no incluyen a Black Widow, a pesar de que ella es tan fabulosa como sus compañeros o incluso más, dado que es una experta en interrogatorios y espionaje y reparte patadas sin tener superpoderes). Sin embargo, el espectro de actividades se reduce mayormente al combate y el manejo de vehículos.

Ah, y ahora también los conjuntos de bloques de Lego están separados por género, y diseñados de tal manera que ni siquiera fomentan la creatividad, sino que ponen a los niños a armar cosas predeterminadas siguiendo un manual de instrucciones. Puaf. Con lo que a mí me gustaba armar lo que me diera la gana con los bloques genéricos que se vendían cuando yo era chica. Hoy no los veo por ninguna parte.

Al final, ¿cuál es el punto de toda esta separación en materia de juguetes? ¿La misma de siempre: criar a las niñas para ser amas de casa y mamás, y a los niños para hacer actividades "de hombres"? Pero aquí está la cuestión, queridos fabricantes de juguetes y padres compradores: ¡¡ya no existen actividades "de mujeres" y "de hombres"!! Hoy en día hay mujeres ingenieras, escritoras de novelas policiales, presidentes, boxeadoras, futbolistas, camioneras y soldados. Y en cuanto a los hombres, hay bailarines de ballet, enfermeros, maestros de niños pequeños, escritores de novelas románticas, cocineros y diseñadores de moda.

A ver, ¿será que en nuestra sociedad sigue existiendo un miedo inconsciente e irracional a que las mujeres no quieran ser madres y a que los varones se vuelvan homosexuales por jugar con juguetes "para niñas"? Pues entérense de una vez, fabricantes de juguetes y padres compradores: ¡a muchas mujeres nunca les va a interesar ser madres, o podrán combinar perfectamente el boxeo con la maternidad (salvo durante el embarazo, obviamente), y a muchos hombres heterosexuales les gustarán las actividades arriba mencionadas! (Y la verdad, los bailarines de ballet me hacen babear. Súper sexis. Benditos sean por seguir su vocación.)

Y esto para los padres: si el niño o niña les salieron homosexuales, ¿qué importancia tiene? Darles juguetes de acuerdo al género o prohibirles que toquen determinados juguetes NO va a cambiar su orientación sexual. Lo mejor es dejar que sus hijos sean ellos mismos lo antes posible, porque eso los hará más FELICES. Y la felicidad de un hijo es más importante que la vergüenza que un progenitor homofóbico pueda sentir porque su hijo no sea tan "machito" o su hija no sea tan "mujercita". En serio, supérenlo. Rudolf Núreyev y Freddie Mercury eran homosexuales e hicieron historia. También es homosexual Neil Patrick Harris, a quien todos amamos porque es fenomenal. Ellen DeGeneres es lesbiana y ha donado millones de dólares a la caridad.

Una última cosa: la humanidad tiene que evolucionar hacia el trabajo en equipo para resolver problemas. Hoy en día hay grupos mixtos en todas las ramas de la investigación, y eso es grandioso. ¿Por qué no acostumbrarlos a jugar juntos ya desde chiquitos, con juguetes que los unan en lugar de separarlos? ¿Microscopios o telescopios, por ejemplo?

Esto es lo que yo pido: juguetes que permitan descubrir a los ñiños cuáles son sus gustos en lugar de imponérselos, y que faciliten la mezcla entre niñas y varones a la hora de jugar. Y de paso, también hacen falta más juguetes que fomenten la creatividad y el ejercicio, considerando que a) el sistema educativo no les está enseñando lo primero y b) tenemos un creciente problema de obesidad infantil en los países desarrollados, por tanto sedentarismo.

(Dinosaurios. Juguetes súper unisex que además podrían despertar el interés de estos dos críos por la paleontología.)

Y benditos sean los varoncitos que quieran jugar a cuidar bebés con las niñas, porque el día que sean padres de verdad, ¡sus esposas agradecerán que no chillen a la hora de cambiar pañales!

G. E.

PD: Como este artículo contiene las palabras "juguetes" y "sexo", espero que no atraiga a gente en busca de... otra cosa. Digo, es que menuda desilusión se llevarán :-D (a menos que por casualidad tengan hijos y también les interese el tema del que hablé).

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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