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5 de mayo de 2013

TORTA DE VAINILLA Y CHOCOLATE

¡Entrada chocolatosa! Este artículo va a pedido de una amiga en Twitter que quiere la receta de mi torta rápida de vainilla y chocolate :-) Aquí voy...

INGREDIENTES

2 huevos grandes (de gallina, no de avestruz)
200 gramos de azúcar
1 cucharada de vainilla (¡natural, que la sintética casi no tiene sabor!)
leche
1/4 taza de aceite (el que a uno le guste)
500 gramos de harina
2 cucharadas de polvo de hornear
cacao en polvo para repostería

No hace falta usar una batidora. Aprovechen para ponerse en forma batiendo la mezcla a pura fuerza muscular :-D

PREPARACIÓN

Mezclar en un recipiente los huevos, el azúcar, la vainilla y el aceite, añadiendo un chorro de leche para disolver por completo el azúcar. Añadir la mitad de la harina y mezclar hasta que no queden grumos.

Añadir el resto de la harina y el polvo de hornear. Agregar más leche y mezclar hasta que quede una masa de consistencia blanda pero no tirando a líquida.

Volcar la mitad de la masa en el centro de una tartera (la mía es de unos 25-30 cm de diámetro) previamente enmantecada y rociada con harina. Si la masa no comienza a desparramarse hacia los bordes de la tartera, entonces tenemos la consistencia justa :-D

Añadir el chocolate en polvo al resto de la masa. [Gissel aprovecha para comerse una cucharada. ¡Mmmm, qué rico!] Aquí la cosa va un poco al gusto de cada uno; a mí me gusta que la parte de chocolate quede bastante oscura, aunque uso un chocolate de repostería que tiene un 50% de cacao y un 50% de azúcar. O sea, hay que ajustar la cantidad según chocolate en polvo que use cada uno, y probar hasta conseguir el sabor deseado. [Gissel come otra cucharada de cacao en polvo. Esta cosa es adictiva.] La masa se va a poner más espesa, así que se debe agregar más leche para conseguir la misma consistencia que la mitad de la masa sin chocolate. Esto es importante, o la torta no se cocinará en forma pareja. [Otra cucharada más de chocolate. ¡Ñam, ñam, ñam!]

Una vez mezclada la masa con el chocolate, se vierte alrededor de la masa de vainilla. Supongo que se estarán preguntando por qué alrededor y no todo por encima. Respuesta: ¡es que es más fácil ver el estado de cocción de la torta si el centro queda blanco! :-P [Gissel come una cucharada más de chocolate. ¡Ups! Se ha acabado el chocolate en polvo. Gissel anota el chocolate en polvo en su lista de compras para solucionar el asunto lo antes posible.]

Listo. Ya se puede meter la torta en el horno :-) No hace falta precalentarlo. Aquí también dependerá del horno de cada uno, pero la torta se pone a fuego moderado. Claro que mi horno es eléctrico así que no hay nada de fuego, pero el tope de temperatura lo dejo a 150º. El calor debe venir desde abajo, aunque si ustedes tienen un horno eléctrico con doble resistencia, como el mío, se puede encender la de arriba para tostar un poquitín la corteza en los últimos minutos de cocción.

La torta tarda unos 30 minutos en cocinarse. [Gissel pasa todo ese tiempo corriendo de un lado a otro de la casa bajo la influencia de la cafeína y la teobromina del cacao en polvo, tropezando a veces con su gato y poniendo una cara de loca histérica.] Estará lista cuando se le clave un cuchillo y éste salga limpio. [Gissel apuñala la torta unas cuantas veces, todavía en un estado de euforia chocolatosa.]

Y una vez fuera del horno... ¡así se ve nuestra deliciosa torta de vainilla y chocolate!



[Gissel come porción de torta y luego no duerme en toda la noche por la influencia de la cafeína, la teobromina y el azúcar. ¡Yajuuuuuuuuu!]

Si quieren más recetas chocolatosas, prueben con el blog de mi amigo Luismi :-) ¡Está la receta para los brownies! ¡Yajuuuuuuuuu!

G. E.

PD: ¡Yajuuuuuuuuu! :-P

Artículo relacionado: TORTA DE LIMÓN CON PASAS DE UVA.

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FRAGMENTO DE LA DAMA Y EL LOBO

Los pasos detrás de ella la sobresaltaron, y una mano la agarró del brazo, obligándola a darse vuelta. Era el barón von Haller, y estaba furioso.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Acaso no escuchaste nada de lo que dije? ¿No escuchaste los aullidos?

—Yo... salí a tomar aire. —Anna trató de liberarse, pero los dedos aferraban su brazo como grilletes—. ¡Déjeme, no tiene derecho a tratarme así!

El barón tiró de ella, arrastrándola lejos del portón. Iba vestido a medias y el cabello despeinado acentuaba su ira, confiriéndole además un toque de locura.

—No debes acercarte al muro, sobre todo en la noche. ¡Es peligroso! ¡Los lobos podrían haberte arrancado las manos a través del portón!

—¡No soy tan estúpida como para dejar que algo así me pasara, barón! ¡Suélteme ya!

—¡Lo haré cuando estemos dentro del castillo, muchacha imprudente!

Indignada, Anna se retorció sobre sí misma para lograr que el hombre la soltara, ignorando el ramalazo de dolor que esto le provocó en las articulaciones. Ambos lucharon por medio minuto, y aunque él la superaba en fuerza, finalmente la dejó apartarse. La furia persistía en su mirada y su actitud; Anna había pensado que aquel hombre era incapaz de perder los estribos, pero era evidente que sí podía hacerlo, y también que, efectivamente, albergaba un miedo profundo en su interior. La joven sintió desprecio. Aun tomando en cuenta lo que él había dicho sobre los lobos, estaba exagerando. ¡Y se había atrevido a tutearla! Claro que eso no le hubiera importado en otras circunstancias, pero ahora mismo agravaba la ofensa. Irguiéndose lo más posible para estar a su altura, Anna dijo entre dientes:

—Es verdad que nuestro compromiso es por pura conveniencia, barón von Haller, pero más le vale tener esto bien claro: yo no soy la esclava de nadie. Estoy dispuesta a darle hijos y a no causarle problemas, lo cual no significa que deje de hacer cosas por mí misma. ¡Tengo una mente propia, por si no se ha dado cuenta! Y si quiero levantarme en plena noche para tomar aire, me levantaré en plena noche para tomar aire, y no venga usted a tratarme como una niña tonta. Mi padre es un general, y me ha enseñado a cuidarme sola. —Esto no era cierto, pero ella no iba a admitirlo. La furia también la dominaba ahora, cortante y aguda como un puñal.

El hombre la contempló con los ojos muy abiertos, y su enfado y su miedo se convirtieron en perplejidad.

—Anna...

—¡Y no estamos casados todavía, así que no me llame por mi nombre de pila! ¡Soy la señorita von Weichsner para usted!

Anna se dirigió al castillo. El barón trató de sujetarla una vez más, pero ella le dio una bofetada y se alejó dando largas zancadas, con su bata flotando detrás de ella como una nube de color rosa. Él no la siguió.

4 comentarios:

  1. Al rico chocolate! Una entrada deliciosa!!!mmmmm

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    1. Gracias :-) ¡A ver si te animas y haces la torta!

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  2. Que rica Torta de vainilla con ese toque de chocolate increible.
    Tienes un blog excelente felicitaciones!!!

    Quiero compartir otra Receta de Torta de vainilla, que quizas te interese probar, esta Torta de vainilla esponjosa no requiere manteca.

    Soy Cata y tengo el blog de Receta de Tortas faciles.
    Te invito a visitarlo y si te gusta puedas compartirlo con tus seguidores

    Saludos Cata

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    Respuestas
    1. Gracias por el comentario y el aporte, Cata :-) Iré a echarle un vistazo a tu blog. ¡Besos!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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