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11 de marzo de 2011

EL PERRITO TIBURÓN

¿Se acuerdan del pobre perrito con dolor de dientes? No se preocupen, ése sigue bien después del detartraje y la extracción. Hoy quiero hablarles de otro perrito con problemas dentales. Este perrito sufre lo que yo, en un arranque de creatividad (porque no aparece así en los libros) he denominado el "síndrome del perrito tiburón". Supongo que estarán imaginando algo como esto:


Bueno, salvo por la aleta y esa cara de psicópata desquiciado, los perritos tiburones en la vida real se parecen bastante a eso. Casi siempre se trata de animales de razas pequeñas, que no sólo carecen de espacio bucal para acomodar toda la fórmula dentaria canina, sino que además tienen la mala tendencia de retener los dientes de leche (= deciduales). Lo cual es malo, porque desvían el normal crecimiento de los dientes definitivos y crean espacios artificiales donde se acumula sarro, pelo y otro montón de cosas asquerosas que no quiero mencionar.

El verdadero perrito tiburón se ve así:



Obsérvense las enormes flechas amarillas señalando los dientes que están de más, porque no espero que todos conozcan el número de dientes que debe tener un perro. Se entiende el desconocimiento. No suele ser una información esencial para la vida humana, ni siquiera cuando el perro en cuestión lo está mordiendo a uno, porque en tal caso uno estaría más concentrado en gritar y correr que en pensar en cuántos dientes se le están clavando en el tobillo/trasero.

Eh... bien, volviendo al tema, ¿qué se hace cuando uno tiene un perrito tiburón? Pues lo primero es detectar el problema. Esto se hace llevando al perro al veterinario, quien supuestamente debe saber cuántos dientes tiene un perro y cuándo deben caérsele los de leche. Si no sabe eso... algún profesor se durmió mientras le estaba tomando el examen de anatomía.

Una vez detectado el problema, la solución es extraer esos dientes antes de que sigan fastidiando a los otros que están por salir.

IMPORTANTE: ¡¡NO CUALQUIER VETERINARIO ESTÁ ENTRENADO PARA ESO!!

¿Por qué hago la aclaración? Pues porque esos dientes de leche, especialmente los caninos (= colmillos) son sumamente frágiles, y si se extraen de forma incorrecta puede quedar la raíz adentro, la cual seguiría fastidiando la normal colocación de los dientes permanentes. Y entonces el veterinario en cuestión se abonaría el costo de la cirugía pero técnicamente no habría resuelto el problema. O sea, igualito que un mal mecánico de autos.

¿Y cuál es el procedimiento correcto para extraer esos molestos dientecillos de más? En primer lugar, tirar con las pinzas ANESTESIA. General (leve) y local (sobre los dientes a extraer). Vivimos en una época moderna y existe esa cosa maravillosa llamada farmacología, y otra cosa maravillosa llamada lidocaína, que es lo que nos pone el dentista cuando vamos a arreglarnos una caries. O sea, el perrito no tiene por qué sufrir.

En segundo lugar, tirar con las pinzas HIGIENE DE LA ZONA. Vamos a hacer un agujero en la boca, que es algo así como un depósito de microbios, por lo que conviene eliminar parte de esos microbios con un antiséptico.

En tercer lugar, tirar con las pinzas HAY QUE AFLOJAR ESOS DIENTES. El diente está sujeto al hueso alveolar por medio de algo llamado ligamento periodontal (rodea toda la raíz del diente). El ligamento se rompe poco a poco con el instrumental adecuado, tratando de no quebrar el diente.


Una vez que el diente está lo bastante flojo, AHORA SÍ SE PUEDE TIRAR CON LAS PINZAS. ¡¡¡ANTES NO!!! (Espero que haya quedado bastante claro.) Y aun así las raíces pueden romperse, en cuyo caso se pueden buscar dentro del agujero con los instrumentos odontológicos adecuados o pulverizar con una fresa para que no causen más problemas.

Aquí están los dientes retirados del perrito tiburón (excepto dos que se perdieron entre los algodones y que no pudimos encontrar porque eran muy chiquitos):


Como verán, los dos primeros dientes a la izquierda casi no tienen raíces. Quizás habrían caído por sí solos. El primer diente en la fila superior (con raíz doble) era permanente. Se extrajo porque estaba superpuesto a otro y no había lugar para él (el que se fue a Sevilla perdió su silla). Los tres dientes con forma de uña de gato son los caninos. Ya ven qué raíces tan largas tienen; por eso no es fácil sacarlos y por eso hay que tener tanto cuidado de no romperlos durante la extracción.

Después de eso, el perrito se fue medio drogado muy contento a su casa.

Dejemos los montones de dientes superpuestos para los tiburones, que tienen que atrapar focas, peces, residuos plásticos y quizás a algún activista de PETA haciendo esa tonta campaña donde llaman a los peces "gatitos de mar".

¡¡"Gatito de mar" mis cojones aletas caudales!!
¡¡Exijo RESPETO!!

G. E.

13 comentarios:

  1. Una pregunta: ¿Como hiciste para meter tu melena de leon en el minimo gorrito de operaciones?
    Saludos:Bárbara

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  2. Oh, eso es fácil: hago un rodete con todo el pelo, lo sujeto con dos o tres pinzas para que no se escape y luego me pongo el gorro. Lo más difícil, en realidad... ¡es sacar esos dientitos rebeldes! :-D Gracias por pasarte por aquí de nuevo :-) Saludos.

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  3. Ja ja ja, con tal y no te canses de que te mande comentarios.
    Saludos:(de nuevo) Bárbara.

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  4. ¿Comop cuantos dientes tiene un perro en promedio de 3 meses?

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  5. Antes que nada, gracias por visitar el blog :-) Respondiendo la pregunta, si el perrito todavía no ha empezado a cambiar los incisivos de leche, debería tener la fórmula completa de dientes de leche: 6 incisivos (3 derechos, 3 izquierdos), 2 caninos (1 derecho, 1 izquierdo) y 6 premolares (3 derechos, 3 izquierdos) tanto en el maxilar superior como en el inferior. Entre los 3 y 7 meses debería hacer el cambio completo a dientes permanentes (es gradual). El cambio puede ser algo más rápido en los perros grandes.

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  6. Genial tu sitio... es amena la lectura. Felicitaciones. Ta salud D.Cruz Islas Galápagos, Ecuador

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te guste en blog. Un abrazo y gracias también por el comentario :-)

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  7. AH, mi correo es jdcruzesteli@gmail.com (David Cruz, Galápagos, Ecuador)

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  8. Estimada Gissel: Arribe a tu blog buscando información relacionada a la extracción de un colmillo en un perro. Soy veterinario pero no tengo esa experticia que tú tienes. Lo que pasa es que me han indicado que un perro tuvo otra pelea con otro perro y resulto con una herida en el espacio entre el colmillo y premolares... después de una días empezó a ponerse oscuro (gris o negro) el colmillo y los dueños quieren que se le extraiga. ¿Crees que sea necesario extraerlo?. De ser así, ¿cual es la técnica básica para hacerlo y tener el éxito esperado? Tiene alguna literatura (con imagenes y gráficos) que pueda servirme para poder atender esta situación... Gissel, muchas gracias anticipadas por la amable atención que ha tenido para conmigo. Saludos atentos y cordiales jdcruz (jdcruzesteli@gmail.com)

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  9. A mi perra le sacaron los colmillos de leche que tenía retenidos hace dos semanas. Ahora me he dado cuenta de que parece que se le ha quedado un trocito de uno de ellos en la encía, es muy pequeño pero me preocupa que se le pueda infectar

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    1. Hola. Lo que ves podría ser parte de la corona del diente (corona = la parte del diente que mastica) o de la raíz. La posibilidad de infección depende de cuán grande sea el pedazo de diente que quedó dentro; si fuera la mayor parte de la raíz, podría quedar un canal que sirviera como vehículo para los microbios. Si sólo hubiese quedado un pedazo chico de raíz, quizás el cuerpo lo esté expulsando. Para saber la diferencia, debes consultar con un veterinario que sepa de odontología, o pedir que le hagan una radiografía. Espero que esto sirva. ¡Saludos!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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