Haz clic en las imágenes para leer en línea las respectivas muestras gratis. Haz clic aquí para ver mi catálogo completo y las diferentes opciones de compra o descarga gratuita. ¡Gracias por apoyar mi carrera literaria! :-)

12 de diciembre de 2012

MI JUGUETE MÁS GRANDE

(Nota: no encontrarán en este artículo ninguna referencia a juguetes sexuales, ¡que éste es un blog más o menos apto para todo público, demonios!)

Si mi padre hubiera sido médico, seguramente me habría dejado jugar con su estetoscopio. Pero mi padre no era médico, sino conductor de autobús. Eso significa que en mi casa nunca sobraba el dinero, pero, para compensar, yo tenía una tremenda ventaja sobre los demás niños de mi barrio: ¡podía jugar con un autobús de verdad!

Era un autobús de la cooperativa COETC, con el número 61. Y yo lo adoraba. Para una niña imaginativa y activa como yo, aquel autobús era una fuente interminable de diversión.

Para empezar, ¡es que era un autobús! No necesitaba convertirlo en otra cosa (por ejemplo, una nave espacial) para que fuera grandioso. Podía sentarme en el asiento del conductor, abrir y cerrar las puertas y divertirme con mis amigas toda la tarde de esa forma.

También podíamos jugar a escondernos en los asientos. O colgarnos de las barras de acero del techo, como monos. De verdad, que era un juguete genial. Encima, cuando mi padre tenía que sacar al autobús para "ablandar" el motor, de pronto teníamos una linda excursión familiar por delante, a veces con un montón de amigos. En esas ocasiones, yo me sentaba en el asiento del cobrador, y me ponía a tocar la campanita (esa que estaba para avisar al conductor de abrir y cerrar las puertas) hasta volver locos a todos los pasajeros :-D


Ese autobús era mi juguete favorito después de mis ponis de plástico y la pista de autos electrónicos. ¿Quién necesitaba un estúpido estetoscopio? (Bueno, en realidad tengo uno ahora mismo, para las cuestiones veterinarias. Sigue sin ser tan interesante como el autobús.)

No me puedo quejar de mi infancia :-)

G. E.

4 comentarios:

  1. Ya lo dijo el Gabo: la vida no es la que vivimos sino la que recordamos.
    Estupenda entrada, ¡me ha encantado!
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Mil gracias por el comentario y por la cita del Gabo! :-) Me alegra que te haya gustado mi anécdota.

      Eliminar
  2. Qué bonito!Tengo envidia sana. Ya me gustaría a mí tener un autobús para jugar. Por un tiempo mi amigo Dominic y yo pudimos jugar con un vagón de tren, pero este estaba abandonado(y más tarde reciclado en cocina para una casa que construyeron su abuelo, nuestros padres y mi tío)
    1Abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno... siempre puedes hacerte amigo de un conductor de autobús y pedirle que te deje jugar un rato adentro :-D De hecho, yo estoy pensando que me encantaría hacerme amiga/novia de un piloto de F18... (para ir progresando). Besotes, ¡y gracias por el comentario!

      Eliminar



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D