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25 de diciembre de 2012

LA GRINCH... ACALORADA

¿Recuerdan mi historia de Navidad del año pasado? ¡Pues nada de Gissel Mamá Noel cariñosa esta vez! Y no es porque tuviera ganas de arruinarles la fiesta a los demás; es que este año simplemente me ganó el rechazo hacia el consumismo desenfrenado, antiecológico y sin sentido de la dichosa Navidad. Caramba, si más que la paz y el amor, lo que la gente celebra son las comilonas, los regalos y la llegada de Papá Noel (puestos en ello, el Papá Noel moderno es un invento de la Coca-Cola, bebida perjudicial y antiecológica por donde se la mire *).

Por todo lo anterior... ¡decidí sabotear la Navidad de tipo consumista! Mi intención era subirme a mi dragón en Nochebuena, arruinar todos los fuegos artificiales de mi ciudad (vamos, que eso de tirar fuegos artificiales en Nochebuena es una soberana estupidez, y encima las pobres mascotas se aterrorizan), robarme todos los regalos antiecológicos, proclamar un regreso a los buenos valores morales, cambiar la comida chatarra por frutas y verduras, y promover de nuevo la adquisición de libros en lugar de frivolidades.

Sin embargo... hubo un pequeño inconveniente. Este 24 de diciembre fue el día más podridamente caluroso del año, con una ola de calor que en Argentina dio una sensación térmica de hasta 50 grados Celsius. En Montevideo, la ciudad quedó convertida en un sauna. ¡Y ya he dicho que detesto el calor!

¿Cómo iba a ponerme un traje de Grinch con semejantes temperaturas? ¡Si la cosa más bien estaba para andar desnudos! ¡O con cubitos de hielo metidos debajo de la ropa! Decidí entonces que mejor me pintaría de verde, aun a riesgo de que me confundieran con la Bruja Mala del Oeste, Linterna Verde, Flecha Verde, el Duende Verde o el pato-planta mutante de la serie El Pato Darkwing.

Pero no hubo caso, igual me ganó el calor. Y a Donald. Para ser un dragón que escupe fuego, el pobre tampoco pudo con las altas temperaturas. ¡Y ni hablemos de mi gato, ya que estamos! Se despatarró una y otra vez por toda la casa, buscando algún lugar medianamente fresco. Yo me la había pasado tomando agua desde la mañana, pero creo que hice pipí una sola vez en todo el día. (Lo sé, es demasiada información, pero estoy aprovechando la ocasión para hacer hincapié en lo importante que es cuidar la hidratación durante una ola fuerte de calor.)

En fin, mi plan se vino abajo porque Donald no logró despegar del suelo. Nos desplomamos los dos en la pista del aeropuerto, jadeando. Mi pintura verde acabó por formar un charco en el suelo. Si hubiera tenido implantes de silicona, también se habrían derretido (menos mal que estoy en contra de exagerar artificialmente los atributos femeninos).


Oh, bueno, la próxima vez será. Prepárense...

Feliz Navidad... ¡y buen aire acondicionado!

G. E.

* Oh, parece que la relación entre la vestimenta de Papá Noel y la Coca-Cola es una leyenda urbana, por eso taché la frase arriba. ¡Pero eso no hace que la Coca-Cola deje de ser una bebida perjudicial y antiecológica!

6 comentarios:

  1. Hola de nuevo

    Lo que tiene eso de vivir hemisferios diferentes. Aquí hace frío. El día 23 de diciembre, Nochebuena y Navidad han sido días en los que ha habido muchísima niebla. No se veía más allá de 25 metros.

    Siendo consciente del humor que hay en esta entrada, me resulta curioso recordar que escribí, una vez, un relato futurista distópico en el que se había prohibido celebrar la Navidad. Las razones no se explican, pero posiblemente se debió a odio al cristianismo, corrección política extrema (celebrar la Navidad se consideró ofensivo para los practicantes de otras religiones) y demostración de poder por parte de unos políticos que eran, nominalmente, democráticos, pero que tenían al pueblo sometido. Quizá, también, las razones para esa prohibición fueron dos que tú expones: que la gente come mucho estas fiestas y come cosas poco sanas, y que hay mucho consumismo.

    Aquel relato arrancaba con la aprobación de una ley de nombre pomposo, conocida popularmente la "ley anti-gordura", que declaraba ilegales alimentos considerados poco sanos y establecía la obligatoriedad de comer únicamente las dietas que el gobierno te asignara. En particular (y es vital para la trama) quedaban prohibidos todos los dulces.

    Un saludo y feliz navidad :)

    Juan.

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    1. ¡Eh, pues me gusta la idea de ese relato! ¿Puedo leerlo en algún lado? En cuanto a la Navidad... pues lo que escribí arriba, que me caería mucho mejor si no fuera uno de los peores ejemplos de orgía consumista deliberada. La mayor parte de la gente que conozco ni siquiera sabe lo que celebra :-/ Tampoco llegaría al extremo de prohibir la comida chatarra, pero no puede ser que la gente se descuide así y luego se queje de que está gorda :-P En fin, gracias por comentar y feliz Navidad o<]:-)

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  2. Ohhhh! Un plan genial si no hubiera fracasado. La próxima vez podéis planear excavar túneles y atacar desde el suelo. Así podéis estar más fresquitos si una ola de calor envuelve vuestra ciudad.Papá Noel no es un invento de Coca-Cola, pero si lo utilizan para publicitar la bebida en estas fechas. Por lo visto he sido bueno y me ha traído unos regalos con los que no contaba, ya que por aquí; al sur de España, se estilan más los tres reyes magos (Melchor, Gaspar y Baltasar)Considero igual que tu que la hidratación es muy importante. Muchos besos, feliz navidad y próspero 2013.

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    1. Tomaré en cuenta la sugerencia de los túneles, Luismi :-) ¿Ah, lo de la Coca-Cola es una leyenda urbana, entonces? Espérate que lo corrijo... Mientras tanto, feliz Navidad para ti también, pero lo del Año Nuevo lo dejaré para el 31/12 :-D ¡Besotes!

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  3. No concibo una navidad sin frio pero me encantaria vivirla. Feliz año y espero que nos sigas divirtiendo con tus relatos este 2013, no cambies :)

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    1. ¡Gracias! Feliz año para ti también. Podríamos intercambiar alguna vez: tú te vienes a pasar la Navidad con calor, y yo me voy a pasarla con frío y nieve :-D

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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