Haz clic en las imágenes para leer en línea las respectivas muestras gratis. Haz clic aquí para ver mi catálogo completo y las diferentes opciones de compra o descarga gratuita. ¡Gracias por apoyar mi carrera literaria! :-)

29 de enero de 2012

UN ZOOLÓGICO MUY FEO

A menudo me pregunto de dónde salen todos los sueños raros que tengo. Es como si en mi cerebro hubiera un director de cine de mentalidad muy retorcida, similar a un Tim Burton cargado de LSD (y no es que Tim Burton necesite LSD para hacer películas raras, pero es que mis sueños son más raros todavía que sus películas).

En fin, la cosa es que de nuevo tuve un sueño raro. Yo estaba viajando por la India (primera vez que voy ahí en sueños), y me dio por entrar a un zoológico. Ahí se acabó la normalidad. Para empezar, al zoológico no se entraba pagando, sino que había que entregarle un animal de cualquier especie al hombre que estaba sentado junto a la puerta. Era una condición ridícula, pero bueno, en mi sueño me pareció aceptable y por lo tanto comencé a buscar a mi alrededor algún animal que me sirviera para entrar al zoológico. Tuve suerte: de pronto vino a mí una rata, así que la atrapé por la piel del cuello y la sostuve en mis manos. Quizás les suene asqueroso, pero en la vida real no me disgustan las ratas, y ésta en particular era bastante linda y cariñosa. Me dio pena entregársela al hombre de la puerta porque la puso en una jaula con otras ratas.

Después de eso entré al zoológico. Lo primero que noté fue una especie de corredor por debajo del nivel del suelo, el cual estaba repleto de búfalos. Para llegar al otro lado había que saltar, con el riesgo de caer entre los búfalos. Sin embargo, eso no fue un problema. Los búfalos estaban tan apretados que en realidad hasta se podía caminar por encima de ellos (pobrecitos).

Conseguí saltar el corredor. Lo siguiente que vi fue un enorme corral donde había más búfalos, de esos africanos que tienen los cuernos curvados hacia arriba. Eran GIGANTESCOS. Como elefantes, más o menos. Entre ellos se encontraba un alce al que le faltaba un lado de la cornamenta; el alce también era gigante, y sacó la cabeza por encima de los barrotes del corral para mirarme con cara de muy mala leche.

Te veo, humana, y no me agradas.

A decir verdad, no sé qué tenía en mi contra... bueno, a menos que se haya enterado de que comí carne de alce cuando viajé a Suecia.

Como sea, seguí adelante con la visita y entonces me di cuenta de que ¡¡no tenía zapatos!! Sólo llevaba puestos unos calcetines blancos, lo cual me pareció un gran inconveniente ya que el suelo estaba cubierto de barro y también parecía sucio de excremento animal (QUÉ ASCO). Menos mal que no puedo olfatear cosas en sueños.

Después pasé por un foso. Había varios animales ahí, pero no me fijé en ellos porque me llamó la atención un fósil de escarabajo. También era gigantesco, más o menos del tamaño de una tortuga de mar. (Parecía una mariquita hiperdesarrollada. No me vendría mal algo así para acabar con las plagas de mi jardín, siempre y cuando no se comiera también a mi gato.)

Poco a poco me di cuenta de lo horrible que era aquel zoológico. Casi todos los animales estaban en jaulas pequeñas y sucias, y hasta me dieron ganas de llamar a los activistas de PETA, que en general no me caen bien por sus campañas ridículas. En aquel zoológico habían encerrado a cualquier bicho posible, incluyendo un pobre gato de aspecto miserable.

Me fui del zoológico saltando de nuevo por encima de los búfalos. Les pisé la cabeza a un par de ellos, pero no pareció importarles (recuerden que no llevaba zapatos, y la verdad es que no peso mucho). Naturalmente, había una tienda de regalos a la salida (cosa que nunca falta, ni siquiera en mis sueños).

El edificio del zoológico era blanco por fuera y muy bonito (casi como el Taj Mahal), quizás para disimular toda la miseria en su interior.

Si acaso vuelvo a ese lugar en sueños, llevaré conmigo a un ejército de activistas de PETA para que me ayuden a liberar a los animales. ¡¡Y también me pondré unas buenas botas!!

G. E.

2 comentarios:

  1. Que cosa, es el sueño mas raro que me han contado. Ah, hola Gissel soy Bárbara no se si te acuerdas de mi porque no he podido escribirte. Te felicito por lo del libro, tienes muy buena imagiinacion.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Bárbara, me alegra verte de nuevo por aquí :-) Te aclaro que éste no es, ni de lejos, el sueño más raro que he tenido. Mis sueños son todavía más locos a veces :-P Gracias por lo del libro. Lo publiqué yo misma en Amazon, pero igualmente fue una aventura maravillosa escribirlo. ¡Besotes!

      Eliminar



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D