INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

29 de marzo de 2011

SEXTA SEMANA DEL GHM

Parece que cada vez suceden cosas más extrañas en el castillo del Gran Hermano con monstruos. ¿Recuerdan lo que pasó con las dos vacas? Florinda acabó en la panza de Rodolfo y Mumú fue devorada por las ranas mutantes carnívoras. Pobrecillas (aunque Rodolfo dijo que Florinda estaba deliciosa).

En fin, conseguimos una tercera vaca... y también tuvimos problemas con ella. No porque algún participante (o monstruo no participante) se la comiera, sino porque... bueno, déjenme empezar por el principio.

La vaca se llamaba Bessie, y era británica. Conste que tenemos muchas vacas aquí en mi país, pero al precio que estamos exportando la carne, salía muy caro comprar una para el GHM. Los británicos nos ofrecieron entonces a Bessie por unas pocas libras. Toda una ganga, y supongo que debimos sospechar que había algo raro detrás de la oferta.

No sé si recuerdan lo que pasó hace unos veinte años en Inglaterra. Ocurrió porque a las vacas les daban de comer pedazos de otras vacas y de ovejas (procesados en forma de pienso, no como tales; eso sí que habría sido macabro). Entonces las vacas se contagiaron de cierta enfermedad y...

Sí, adivinaron: Bessie era una vaca loca. No se notaba al principio, pero entonces le dio un ataque de locura y se desató el caos.


Nótese que Bessie atacó primero a Rodolfo. Quizás fue una venganza por lo sucedido con Florinda, aunque en tal caso no podría decir cómo se enteró.

Bessie estaba tan loca que hasta persiguió al monstruo bajo la cama, a quien sacó de su hábitat a fuerza de cornadas (nota: llamar al carpintero para que repare las camas).


Ningún monstruo del GHM se salvó de ser atacado por la vaca loca. Ni siquiera los fantasmas japoneses, quienes se defendieron flasheándola con sus peligrosas cámaras fotográficas. 0010110 acabó con varias abolladuras, a Atatrix se le rompió el casco de su traje espacial (menos mal que tenía un repuesto, o la pobre se habría asfixiado) y Bernarda sufrió una grave fractura en su concha de caracol (ya le pusimos un parche). Aracne escapó trepándose a sus telarañas, Martín se hizo pasar por una escultura de arcilla y Bublob se sumergió en la piscina. Le pedimos al conde Drácula que le chupara la sangre a Bessie, pero dijo que no quería contagiarse con los dichosos priones. Se entiende.

Sin embargo, alguien acudió inesperadamente al rescate:


Ya ven, Medusa convirtió a Bessie en piedra en un santiamén, salvando el día. ¡Bien por Medusa! (ya había dicho antes que era una incomprendida).

¿Y qué hicimos con la vaca? Bien, la pusimos en las almenas del castillo a modo de gárgola (por fin nos dimos ese gusto).

Para terminar, tocaba expulsar a otro participante, y esta vez le tocó a Martín el gólem. Fue quien salió en el sorteo con los participantes que no han recibido ningún voto en la encuesta (está en la columna de la izquierda, por si todavía no han votado; en tal caso, les recuerdo que Matilda la zombi y Frankie Junior también están fuera del concurso).

Esto no se acaba aquí, por supuesto. ¡El concurso sigue! Estén pendientes de la próxima actualización.

G. E.

Siguiente entrada: SÉPTIMA SEMANA DEL GHM.

No hay comentarios:

Publicar un comentario



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D