Haz clic en las imágenes para leer en línea las respectivas muestras gratis. Haz clic aquí para ver mi catálogo completo y las diferentes opciones de compra o descarga gratuita. ¡Gracias por apoyar mi carrera literaria! :-)

4 de enero de 2011

ÚLTIMOS PARTICIPANTES DEL GHM

¡Por fin tenemos a los últimos participantes para el Gran Hermano con monstruos! ¡Un aplauso de bienvenida, por favor! Los cuatro nuevos participantes son:

MARTÍN EL GÓLEM — Fue creado en los años 60 por un hippie aficionado a la alfarería. Se supone que un gólem muere cuando se borra de su frente una letra hebrea, transformando la palabra "verdad" en "muerte", pero nuestro amigo hippie introdujo una variante a este proceso: grabó la palabra hebrea en una placa de metal y la introdujo en el pecho del gólem. Como consecuencia de esto, Martín está protegido de la aniquilación, y cuando su creador falleció accidentalmente al tirarse de un edificio (había tomado LSD y estaba convencido de que podía volar), el gólem quedó huérfano. Pobrecito. Lo hemos incluido al GHM por compasión. Martín no habla pero es bastante amable considerando su cerebro de arcilla. Tiene un bonsái creciendo en su cabeza, así que cada tanto debe darse una ducha para regarlo.


EL MONSTRUO BAJO LA CAMA — No conocemos su nombre real. Cuando lo pronuncia suena algo así como "grrrbrrñaj", pero es que el lenguaje de esta criatura está compuesto exclusivamente de gruñidos. Quizás la traducción sea Pepito o Pablito. Da igual. El monstruo vivía bajo la cama de un niño. El niño creció y se mudó de la casa de sus padres, así que el monstruo quedó sin trabajo, y por eso envió la solicitud para entrar al GHM. Hemos puesto varias camas a su disposición en el castillo, dado que ése es su hábitat natural.


ARACNE — Entró recomendada por Medusa. De acuerdo a la mitología, Aracne era una joven griega muy hábil en la creación de telares. Hay dos versiones sobre lo que ocurrió con ella. La primera es que desafió a Atenea a una competencia y le ganó. Atenea se comportó entonces como una mala perdedora y convirtió a Aracne en una araña, condenándola a tejer por el resto de su vida. En la segunda versión, Aracne tejió un telar donde exponía todos los vicios de los dioses del Olimpo, y debido a ello fue castigada por Atenea. (Esta Atenea es de cuidado.) Sea cual sea la verdad, se entiende por qué Aracne y Medusa son amigas. Aracne todavía dedica gran parte de su tiempo a tejer, y este invierno estuvo muy ocupada tejiendo bufandas para los indigentes de Montevideo. Fue muy amable de su parte, por cierto. Pero ahora, en pleno verano, ya no está el tiempo como para usar prendas de lana, así que Aracne decidió unirse al GHM.


0010110 — 0010110, que en lenguaje humano vendría a ser algo así como Enrique, fue creado por un estudiante de informática. En sus orígenes era un robot multimedia: tiene televisión, radio, reloj, bandeja para CDs, reproductor de casetes (ahora en desuso) y un cerebro de inteligencia artificial bastante avanzado para la época en la que fue construido. Funcionaba en su origen con seis pilas D, pero ahora tiene paneles solares y baterías de litio recargables, igual que Frankie Junior. Por desgracia, algo falló en su cerebro y 0010110 se volvió malo. Trató de electrocutar a su creador y de llevar a cabo un plan de dominio mundial que fracasó estrepitosamente (0010110 simplemente no es rival para las nuevas computadoras). Estando al borde de ser condenado a la destrucción en una compactadora de chatarra, se salvó al ser reclutado por el GHM. Si gana, se le perdonarán sus crímenes. Y si no gana... bueno, digamos que la compactadora estará feliz de verlo de nuevo.


Eh, ese gesto con el dedo no fue muy amable, 0010110. Más te vale corregir esa actitud. La compactadora, ¿recuerdas?

Nuestros doce participantes ya están listos para ingresar al castillo. Próximamente: ¡la fiesta de inauguración del espectáculo! Será una fiesta monstruosa, por supuesto :-D

G. E.

Siguiente entrada: ¡UNA FIESTA DE MIEDO!

No hay comentarios:

Publicar un comentario



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D