INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

17 de diciembre de 2010

¡MÁS PARTICIPANTES PARA EL GHM!

¡Pues sí, mis queridos lectores, tenemos otros cuatro participantes para el Gran Hermano con monstruos! ¡Aplausos, por favor! Hete aquí los nuevos seleccionados:

MEDUSA — ¡Sííííí! ¡Recién llegada desde algún templo griego en ruinas, aquí tenemos a la diva de la mitología, la horrible, malvada e incomprendida Medusa! Recordemos la historia de Medusa: el dios Poseidón la violó en un templo de Atenea, y Atenea, en una actitud sorprendentemente machista para una diosa de tendencias más bien feministas, convirtió a Medusa en un horrible monstruo con cabello de serpiente. (Qué mala leche, esa Atenea. ¿Andaría justo ese día con calambres menstruales?) Después de convertir a unos cuantos hombres en piedra con su fealdad, Medusa fue decapitada por el héroe mitológico Perseo, quien usó su cabeza para derrotar al Kraken (quise incorporar al Kraken al GHM, pero no cabía en el castillo). Sin embargo, nuestro amigo pariente del doctor Frankenstein logró restaurar la cabeza de Medusa, utilizando espejos durante la cirugía para no convertirse en piedra. Eso sí: como estaba usando espejos, todos los puntos de sutura le quedaron al revés. No importa. Contamos con que la cabeza de Medusa no se desprenda a lo largo del GHM. Le pedimos a Medusa que se cubriera el rostro con una máscara y a las serpientes con una gorra de baño, porque de lo contrario el GHM terminaría con un montón de monstruos convertidos en piedra.


EL MONSTRUO DEL PANTANO — Lo sacamos de los Everglades en Miami, Florida. Su inclusión fue recomendada por los cocodrilos del foso del castillo: parece que son viejos conocidos. El monstruo se llama Bublob. Su lenguaje es un poco difícil de entender porque suena a burbujeos y gárgaras, pero no se preocupen, que traduciremos para el público todo lo que diga.


ATATRIX LA EXTRATERRESTRE — Viene de una ciudad subterránea en Marte. Allí también tienen acceso a Internet, y cuando Atatrix se enteró del concurso, de inmediato quiso participar por la gloria del planeta rojo. Por cierto: ella es una activista en contra de la colonización de Marte u otros cuerpos celestes. Dice que nosotros hemos contaminado nuestro planeta y que no tenemos el derecho de colonizar y contaminar planetas ajenos. Francamente, tiene razón. Más tarde repartiremos una petición para quienes estén de acuerdo con ella. Necesitamos recolectar 100.000 firmas para enviar a la NASA.


BERNARDA LA CIENTÍFICA MUTANTE — Cuando Bernarda Jones viajó a Chernóbil con la intención de buscar un método para eliminar la contaminación radiactiva, poco se imaginaba que eso cambiaría su destino. La radiación alteró su ADN, y ahora ella es una científica mutante medio humana y medio caracol. Esto no ha afectado mucho sus investigaciones, excepto por el hecho de que ahora las hace muuucho más despacio, y tiene problemas con la baba que deja en el piso del laboratorio (sus colegas tienen que usar calzado especial para evitar los resbalones). Bernarda sigue buscando métodos para eliminar la contaminación radiactiva. No le preocupa demasiado ser caracol, puesto que las empresas cosméticas le están pagando por su baba. Por razones obvias, fue una de las primeras en firmar la petición de Atatrix en contra de la colonización espacial; Bernarda dice que todavía no somos lo bastante responsables con la Tierra, y por lo tanto no tenemos los recursos mentales para hacernos cargo de otros mundos. De nuevo, estoy totalmente de acuerdo.


Para la próxima entrega del GHM, y mientras seguimos reclutando participantes, les hablaré un poco del castillo donde se llevará a cabo el espectáculo. ¡Sigan visitando este blog para mantenerse informados!

G. E.

Siguiente entrada: EL CASTILLO DEL GHM.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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