El bailarín le robó un beso. Ella estaba determinada a odiarlo. Las circunstancias no cooperaron. (Haz clic en la imagen para bajarte el relato gratuito, en formatos EPUB y MOBI, junto con el fondo de pantalla.)

26 de julio de 2010

ZOMBIS Y APOCALIPSIS

¡Los zombis están tan de moda que también aparecen en mis sueños! Sin embargo, no fueron el único elemento de actualidad que mi cerebro incorporó a mis fantasías oníricas. Enseguida les explico...

Mi sueño comenzó con ¡una fiesta zombi! En alguna parte de la habitación sonaba la canción Monster Mash, y los zombis bailaban muy contentos.


Por si fuera poco, ¡yo también era una zombi! Y como soy una persona feliz, pues también era una zombi feliz.


Yo estaba bailando igual que los demás, y cada tanto me detenía a masticar un pedazo de carne. De pronto me pregunté si lo que estaba comiendo era un trozo de cadáver humano, pero no, era una pierna de pollo asado. Se ve que ni siendo zombi tengo tendencias caníbales. De todas maneras, la pierna de pollo estaba deliciosa. ¡Ñam ñam!

Del otro lado de la ventana se veía un paisaje inundado, con peces muertos flotando panza arriba en el agua sucia. De pronto los peces cobraron vida, y los zombis dejamos de ser zombis. ¡Era una resurrección masiva! Y yo me dije: "¡Esto debe de ser una señal del Apocalipsis!" Efectivamente, el Apocalipsis se aproximaba (justamente un día antes había leído sobre un meteorito que podría estrellarse contra la Tierra en no sé qué año).

Salí de la habitación y me fui a la playa. No me pregunten por qué, no tengo idea. En todo caso, mi difunta madre también había resucitado, y salió del agua. Cosa extraña, porque afortunadamente mi madre está viva y saludable. ¿Qué diría Freud de semejante contradicción? Como sea, en mi sueño me alegré mucho de ver a mi madre, y corrí a abrazarla. Las dos caminamos por la playa. Por ahí vimos a un grupo de personas rezando, y Dios las salvó del Juicio Final. En realidad no me pareció muy justo, porque me dio la impresión de que eran creyentes de último minuto. Bien, como los demás que estábamos en la playa no fuimos salvados del Juicio Final (no veo por qué, ni que fuera yo tan mala), nos sentamos en unas gradas a ver el fin del mundo. A mi lado estaba el ex presidente Jorge Batlle, y yo le dije: "Ah, me alegra que esté mejor, señor Batlle" (había leído el día anterior que a nuestro ex presidente lo habían internado en el hospital). Mi madre y yo nos abrazamos y entonces empezó el atardecer, lo cual marcó el comienzo del fin del mundo.

El sol explotó. Lo hizo por etapas, de modo que las llamas se acercaban cada vez más a nosotros. Yo, algo impaciente, dije: "Bueno, ya, termina de una vez." El sol terminó de explotar (fue una escena algo teatral, porque el sol tenía cara), y ¡nos quedamos a oscuras!


Ese final me pareció algo extraño. Le dije a mi madre que si la muerte era así, almas pensantes en la oscuridad, nos íbamos a aburrir muchísimo. Pero no, en realidad no éramos almas pensantes en la oscuridad, sino que las luces se encendieron. ¡Estábamos en un cine! ¡El fin del mundo había sido sólo una película! Ahí me enfadé. Es decir, una se preparó para el fin del mundo, ¿y qué sucedió? Pues nada, que Dios proyectó una película con efectos visuales baratos en su lugar. Habría pensado que Dios tenía mejores recursos. No sé, como la película 2012 o algo así, como mínimo.

Me fui muy enojada del cine, con mi madre del brazo, y ahí terminó mi sueño.

G. E.

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