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8 de julio de 2010

MATRIMONIO GAY

Hace unos días se aprobó el matrimonio gay en Argentina y se está considerando la idea en Uruguay [4/08/16: ya está legalizado el matrimonio homosexual en Uruguay]. ¡Qué bien! Por supuesto, como cada vez que se hace algún avance en materia de derechos civiles, hubo gente que puso el grito en el cielo. Y yo me pregunto: ¿no tienen nada mejor que hacer? En serio, ¿qué tanto les ofende que dos personas del mismo sexo se casen, si son adultos y se aman? Miren a estas lindas parejitas a punto de decirse el sí:


Ay, ¿no es tierno? ¿Les vamos a negar el derecho de casarse y vivir felices para siempre sólo por una cuestión de cromosomas? Na-nay, eso es cruel. Cruel, cruel, cruel. Como si no hubiera ya bastante gente desdichada en el mundo.

Igual confieso: siendo heterosexual, aún me descoloca un poquito cada vez que veo a dos hombres o dos mujeres besarse entre sí sin previo aviso. Pero es una cuestión de costumbre, como cuando cambian las modas de vestir o las expresiones idiomáticas. Mi esperanza es que tarde o temprano haya tanta libertad y apertura mental que los besos entre personas del mismo sexo no nos llamen la atención, por normales. Y es que SON normales, la verdad. Lo único anormal es que haya tanta represión que no se atrevan a besarse en público.

En fin, lo único que me desagrada de la homosexualidad es que cuando son hombres guapos, ¡son dos hombres guapos menos en el catálogo! Como si ya no fuera difícil para una mujer conseguir un espécimen masculino aceptable, encima éstos se casan entre ellos. Maldición. Tal vez la pérdida se compense con el número de lesbianas: así disminuye la competencia por los hombres que quedan disponibles (hay que verle el lado positivo a todo).

Yo sé que mucha gente está en contra del matrimonio gay por razones religiosas, pero mírenlo de esta manera: ¿qué mas les da? De verdad, ¿no tienen otros pecados contra los cuales protestar? Esperen, les daré una lista: asesinato, robo, violación, pederastia, destrucción de propiedad pública, acoso escolar, tirar basura en la calle y comer especies en peligro de extinción (ejem-japoneses-ejem-ballenas-ejem). Y sobre las cuestiones matrimoniales, en algunos países las niñas son obligadas a casarse antes de la pubertad. Díganme si eso no es más grave que el matrimonio gay entre adultos enamorados.

Para los que creen en Dios (o Alá, o quien sea), deben admitir que el Creador no fue precisamente estrecho de miras a la hora inventar la sexualidad. Hay microbios que se dividen a la mitad, animales polígamos, bichos que hacen partenogénesis (los pulgones se multiplican sin sexo, aunque eso en realidad no suena muy divertido), animales que cambian de sexo cuando faltan machos o hembras de su especie, sapos que se aparean con cualquier piedra que tenga forma de hembra, caracoles hermafroditas, e incluso hay una especie de pez en que el macho se pega a la hembra y se convierte en un parásito (vaya, conozco hombres que hacen lo mismo).

Ah, y también hay animales homosexuales (para los que siguen insistiendo con que "no es natural"). ¿No me creen? Pues mala suerte, porque la homosexualidad está documentada en un montón de especies. Leí un caso sobre un cisne macho que, una vez que la hembra puso los huevos, la expulsó de ahí ¡para traer al nido a su pareja masculina!

* Soy un macho, estúpido.
** Lo sé. ¡Pero creo que eres sexy!

Ya sé, ya sé, la Biblia y otros textos sagrados condenan la homosexualidad. Pero siempre he cuestionado eso, porque, a menos que puedan probarme lo contrario, los textos sagrados fueron escritos por hombres, y los hombres heterosexuales tienden a ser homofóbicos. El origen masculino de esos textos sagrados también explicaría por qué casi todas las religiones son machistas (y mejor no empiezo con eso porque rodarían cabezas).

En fin. Para los ateos a quienes moleste el matrimonio gay, por razones prejuiciosas y poco científicas (recordemos que en su tiempo había gente que se manifestaba en contra de la igualdad racial y el voto femenino), también hay una serie de causas más útiles en las que emplear su tiempo. El calentamiento global, para empezar.


Antes de preocuparse por el matrimonio gay, traten de calcular su huella de carbono. ¿Listo? Bien. Ahora empiecen a disminuirla, comenzando por el reemplazo de todas las lamparitas incandescentes. Nuestro planeta se está derritiendo, por si no lo han notado; eso es más importante que el matrimonio gay. Otras cuestiones más relevantes por las cuales preocuparse:

el hambre mundial
el tráfico de drogas
gente tonta que se reproduce
basura tecnológica
conservantes alimentarios
accidentes de tráfico
políticos idiotas
vampiros (vaya que son una plaga últimamente)
cucarachas que se meten en los zapatos (¡puaj!)
parásitos intestinales (¡doble puaj!)
pésimas remakes de películas
terrorismo
comida chatarra
bolas de polvo debajo de la cama
tortugas ninja mutantes adolescentes
libros que no valen el papel en que fueron impresos
la situación de Haití
arte moderno horrible
Godzilla
enfermedades incurables
teorías conspiranoicas
la muerte y los impuestos (¡inevitables!)
caniches psicópatas
los disparates de Hugo Chávez [4/8/16: de Nicolás Maduro]
alimentos genéticamente modificados
huracanes y terremotos
la rebelión de las máquinas
días torpes
huevos vengativos que salpican aceite desde la sartén

Si acaso, pueden unirse a mi investigación científica para prevenir la calvicie prematura de los árboles. Es un problema muy serio, no deberíamos ignorarlo...


¿A quién le importa ahora si los homosexuales se casan o no se casan? ¿Verdad que ya no parece una catástrofe de proporciones colosales?

En lo que a mí concierne, me pueden invitar a sus bodas cuando la cosa sea legal por aquí también :-) (¡y vengan a mí esos ramos!).

G. E.

6 comentarios:

  1. En España también fue un escándalo al principio, esto del matrimonio gay. Pero, fijate, apenas unos meses después nadie se acordaba de ello, y lo más curioso es que ahora las bodas gays siguen siendo noticia porque apenas se celebran...
    Me parece buena tu lista de cuestiones preocupantes, aunque yo añadiría el machismo, el racismo, y los huevos vengativos que te lanzan aciete hirviendo a la cara desde la sartén, jajajaj.
    Besos Gissel, me encantan tus puntos de vista!!

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  2. Qué bueno verte por aquí de nuevo, amiga :-) Y gracias por comentar.

    Mmm, tienes razón sobre el machismo y el racismo, pero no añadí esas cuestiones porque a menudo la gente homofóbica también es machista y/o racista (al fin y al cabo, en los tres casos se trata de discriminar al diferente). Además, pienso encarar el machismo en una entrada aparte...

    ¡¡Pero no sabía lo de los huevos vengativos!! ¡Ja ja ja! Debe ser porque los huevos los como hervidos, no fritos :-D Sí, es una cuestión muy preocupante. Espera que ya la añado...

    Un abrazo,

    Gissel

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  3. Que articulo tan divertido, tienes razón, lastima que los chicos guapos se queden entre sí (risas). Ciertamente hay cosas más importantes por las que ofenderse que el hecho de un matrimonio gay :/

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    1. ¡Gracias por el comentario! Sí, lo de los chicos guapos que se casan entre ellos da un poquito de pena, pero... bueno, estaban fuera del catálogo de todas formas :-P

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  4. Estoy muy de acuerdo,y me parece un texto bien elaborado y correcto(y me has hecho sacar una sonrisa como siempre). :)Un saludo.:)

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    1. ¡Gracias por el comentario! Y ya que estoy, he de añadir que ya se aprobó el matrimonio homosexual en Uruguay. ¡Vamos bien con los derechos! :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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