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20 de junio de 2010

NO LES TENGO LÁSTIMA

Aclaro: no es que me haga feliz la desgracia ajena. Pero hay un montón de gente a la que me es imposible tenerle lástima, ya sea porque ellos mismos se metieron en líos o porque se quejan de estupideces.

Para empezar, no me dan lástima los toreros. Es que en general no me parece buena idea que una persona se meta con una bestia de media tonelada, y encima para fastidiarla. Diría más bien que es una práctica poco recomendable. O sea, cuando algún torero termina ensartado en un toro, mi primer pensamiento es: "¡Tú te lo buscaste!" Y por ahí también me sale un: "¡Ja! ¡Bien por el toro! ¡Olé!"


Tampoco me dan lástima los fumadores. Hace más de medio siglo que se sabe que fumar es malo para la salud. Menos mal que no soy doctora, porque si un paciente fumador mío se quejara de que tiene cáncer de pulmón, o de que no puede dormir por las noches porque tose como una vieja vaca tuberculosa, o de que su agujero en la tráquea es antiestético... en fin, que le pegaría en la cabeza con mi estetoscopio.

En mi opinión, los millonarios quejosos son insoportables y no merecen siquiera que se los escuche. ¿Que te embargaron el yate porque no lo podías pagar? ¿Que en el acuerdo de divorcio te tocaron solamente 100.000 dólares al mes? ¿Que estás nadando en dinero pero te molesta no poder comprarte otra mansión en Miami? En serio, ¿esperas que me compadezca de ESO? Aguarda, voy a buscar mi escopeta. No te muevas, ya regreso.

Las personas que practican deportes de riesgo tampoco despiertan mi compasión. Los alpinistas, por ejemplo. Claro que, en general, ellos asumen que sus pasatiempos son peligrosos, y jamás los he oído quejarse. Pero si alguno lo intentara... más le valdrá no quejarse conmigo, porque considero que la vida es demasiado valiosa para arriesgarla por un chute de adrenalina.


¡Adiós, señor alpinista!

Ustedes habrán visto la película Tiburón, me imagino. Claro que ahora, con la cuestión de la ecología, todos sabemos que hay que cuidar a los tiburones porque son parte del equilibrio natural de las especies. Sin embargo, eso no significa que los tiburones se hayan vuelto cariñosos y vegetarianos. Quien vaya a nadar entre tiburones por diversión y pierda un brazo... ¿¿para qué se creyó que los tiburones tienen tantos dientes, eh?? Usted se lo buscó. Ahora no chille.

También me revientan las personas talentosas que echan a perder su talento con malos hábitos. Whitney Houston, por ejemplo. Por ahí también está Amy Winehouse.


Bueno, por lo que leí hoy en el periódico, parece que ahora Amy está sentando cabeza. ¡¡Bien!! Espero que le dure y edite otro disco. Me gusta cómo canta. ¡Y suena mucho mejor cuando no está ebria! [4/8/16: Amy murió pero por suerte apareció Adele, quien tiene una voz similar pero es mucho, mucho más lista en cuestiones de cómo llevar la vida. Whitney también murió. Bue. Se veía venir.]

Algunos motociclistas no han entendido esta simple ecuación:

cráneo humano + asfalto + fuerza = sesos desparramados

¡¡Usen el casco, que para eso está!! De lo contrario, si terminan apachurrados como un huevo contra un muro... no les tendré nadita de lástima. Sorry!

Por último, a pesar de que en la actualidad casi todo el alimento se cría o se cultiva, todavía hay personas a quienes les divierte cazar por deporte. Apoyo la caza para subsistir y cuando hay sobrepoblación de alguna especie, pero si un cazador va a matar especies en peligro de extinción, o cualquier cosa que se le cruce por delante, y termina devorado por un oso... ¡¡¡bien por el oso!!!


Me voy a buscar gente con verdaderos problemas para tenerle lástima... y echarle una mano :-)

G. E.

8 comentarios:

  1. ¡HOLA GISSEL!

    ME ENCANTA TU BLOG. YO SOY BARBARA Y ME ENCANTA EL TEMA OVNI, Y A TI?

    ESCRIBE MUCHO PARA QUE TENGAS MAS VISITANTES.

    TE DESEO SUERTE 1000 PARA QUE SEAS MUY FELIZ.

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  2. ¡Gracias por visitar mi blog, Bárbara! Definitivamente voy a seguir escribiendo, y sí, me interesa el tema de los OVNIs. Creo que en algún momento voy a poner algo al respecto... (insertar música de suspenso).

    Abrazos,

    G.

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  3. Excelentes tus escritos! Súper geniales! Me fascinan también los dibujos, como los haces?

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    1. ¡Gracias por la visita y el comentario! :-) En cuanto a los dibujos, es muy fácil: los hago a lápiz en papel, luego repaso con un bolígrafo de tinta negra, borro los trazos del lápiz, escaneo el dibujo en blanco y negro y lo coloreo en la PC con Paint. (Sí, con Paint. Tengo programas más sofisticados, pero los uso para otro tipo de dibujos.) ¡Saludos!

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    2. Gracias por generosa explicación lo intentare! Soy de Venezuela no se sí tus libros los venden aquí, sino lo haré por Amazon! Saludos

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    3. OK, te deseo un intento exitoso, entonces :-) Mis libros sólo están en Amazon, pero se pueden comprar ahí desde cualquier parte del mundo.

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  4. Jajajaj lo que me he reído. Pobre Withney y pobre Amy...a pesar de todo. You know that im no good but i will always love youuuuuu"

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    1. Yo lo veo como un triste desperdicio, pero bueno, tengamos siempre en cuenta que ellas decidieron sobre sus vidas. Sí, decidieron mal, pero DECIDIERON. Y luego tuvieron que enfrentar las consecuencias. Cuando haces algo nocivo pensando que no te va a pasar nada... luego no te sorprendas cuando pasa algo. Al menos yo lo veo así. ¡Besos! :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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