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8 de junio de 2010

EXAGERANDO ATRIBUTOS

Otra cosa que me pregunto a menudo es: ¿por qué ya nadie aprecia la belleza natural? ¿Será porque la belleza natural no sirve para vender productos? Bueno, ésa es una buena razón (para los fabricantes de productos); todavía no he visto propagandas que digan: "Mujeres, sean felices con lo que la naturaleza les dio." Es más rentable convencer a las mujeres de que si no tienen las axilas suavecitas como culito de bebé, los rizos tan perfectos como cables telefónicos y los labios tan brillantes como una supernova, entonces estarán condenadas a la soltería y la infelicidad, y a ser unas viejas con pelos en la barbilla y muchos gatos en lugar de hijos (oh triste destino).

Es verdad que la belleza es buena para la autoestima, pero tenemos que dejar de llevar ciertas cosas a los extremos por una simple cuestión de cordura ¡y hasta de supervivencia!

Ejemplo #1: pestañas ¿telescópicas?

En serio, ¿no les hace gracia la expresión? ¿Pestañas telescópicas? Cada vez que veo a Penélope Cruz hablando de pestañas telescópicas, les juro que me dan ganas de tirarle algo por la cabeza. Un telescopio de verdad, por ejemplo. (Bueno, quizás no sepa lo que es un telescopio, la pobrecilla. Ser una estrella de cine en realidad no tiene nada que ver con la astronomía.)

En fin, la verdad es que las pestañas largas son bonitas... hasta cierta longitud. Aunque no me lo crean, hay un procedimiento quirúrgico para insertar pelos en los párpados, y que así las pestañas crezcan mucho más de lo normal. ¿La desventaja? ¡¡Hay que recortarlas cuando crecen demasiado!! Yo no puedo imaginarme podando mis propias pestañas como si fueran arbustos; ya tengo bastante con la poda de mis plantitas. También tengo bastante peinando mi hirsuta fantástica cabellera como para encima desenredar mis pestañas por la mañana.

No sé, no sé. Las mujeres usan máscaras para estirarse las pestañas, y supongo que ellas piensan que así se ven más atractivas. En cambio, yo las veo más o menos así:


Uf. Prefiero pestañas de tamaño normal, gracias. Sin embargo, se me han ocurrido algunos usos para las pestañas telescópicas. Por ejemplo, quitar el polvo de los muebles o picar los ojos de algún asaltante (una podría escapar mientras el asaltante se quita de los ojos las pestañas gigantes; todos sabemos lo irritante que es tener una pestaña dentro del ojo).

Ejemplo #2: labios hiperinflados

Muchas mujeres están llevando la cuestión de los labios a extremos ridículos. En serio, ¿qué tienen de atractivo los labios gigantes? Y no me refiero a los labios llenitos, sino a esas trompas que apenas caben en la cara, más o menos como esto:


Yo veo a las mujeres con labios así y mi primer impulso es preguntarles: "¡¡Madre mía!!, ¿qué te pasó? ¿Acaso te picó una abeja? ¿Se te atascaron los labios en el tubo de la aspiradora? ¡¡Tienes que ver al médico YA!!"

Usos alternativos para los labios gigantes: destapar caños obstruidos, soplar enormes gaitas o dar respiración de boca a boca a un hipopótamo. Se aceptan más sugerencias.

Por cierto, a veces el aumento labial va acompañado de reducciones nasales extremas. Quería poner un ejemplo de esto también, pero dichas narices eran tan pequeñas que simplemente no aparecían por ningún lado (como la de Michael Jackson, más o menos).

Ejemplo #3: pechos del tamaño de sandías

Y aquí tenemos la exageración por excelencia: pechos con implantes de silicona de 20 kg cada uno. Pregunta en serio para los hombres: ¿a ustedes esto les parece sexy?


Entiendo que sin tetas no haya paraíso, pero... yo veo pechos así y me da la impresión de que están a punto de reventar, salpicando a todo el mundo de silicona (lo cual, supongo, no ha de ser una experiencia muy agradable para ninguno de los involucrados). También pienso que, entre las tetas gigantes y los tacones de 20 cm, estas mujeres están desafiando unas cuantas leyes de la física. ¿Cómo es que no se caen para delante? Los dinosaurios tenían cuellos larguísimos, pero para compensar también desarrollaron unas colas larguísimas. ¿Tendremos que ponerles colas de dinosaurio a estas damas con implantes para devolverles a su sitio el centro de gravedad? Menudo dilema matemático.

Usos alternativos para los pechos artificiales: punching bags para boxeadores, soporte para bandejas en un restaurante, y como exprimidores de fruta (se pone la fruta entre ambos pechos, luego hay que apretar con fuerza y ya está pronta la limonada).

Por cierto, las mujeres que aumentan sus pechos deberían recordar que, a medida que la piel envejece y se estira, cualquier cosa que pese y abulte tenderá a irse para abajo. O sea, es muy posible que esos implantes terminen en algún momento a la altura del ombligo.

Considerando los riesgos anestésicos que representan algunos procedimientos para exagerar partes del cuerpo, prefiero quedarme como estoy. Si voy a aumentar algo en mi persona, que sean mis conocimientos: eso no requiere cortes ni suturas, es indoloro y no ocupa lugar.


Recuerden: los dinosaurios eran exageradamente grandes... y se extinguieron. Los futuros fósiles de mujeres con implantes seguro confirmarán mi hipótesis de que las exageraciones van en contra de la selección natural.

G. E.

9 comentarios:

  1. En cuanto a los pechos te equivocas a los hombres les gustan grandes

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  2. Querido Anónimo (¿o Anónima?):

    YA SÉ que a los hombres les entusiasman las glándulas mamarias (no olvidemos su función original), pero ¿les siguen gustando aunque sean de goma y cinco veces más grandes de lo que sería proporcional al resto del cuerpo? ¿Aunque no se muevan incluso en un terremoto de grado 9 en la escala de Richter? ¿Aunque conviertan a la mujer en una especie de muñeca inflable que puso un atributo físico por delante de otras cuestiones moralmente más elevadas? (ejemplos: donar el dinero de la cirugía a los damnificados de Haití o pagarse una carrera universitaria).

    Bueno... si la respuesta a mis preguntas es afirmativa, eso confirmaría que a los hombres el atractivo femenino les entra por cualquier parte excepto por el raciocinio :-D (serán babosos...). Menos mal que a estas alturas no me importa, de lo contrario estaría golpeando la cabeza contra mis propios libros, gritando: "¡Estúpida Madre Naturaleza! ¡Tenías que haberme desarrollado las tetas, no el cerebro!"

    Gracias por visitar mi blog :-)

    G. E.

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  3. todo por servir se acaba y al final el unico atractivo que quedara sera la intelegiencia, lastima, no lo recordamos hasta que es tarde

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    1. Eso es muy, muy cierto. Pero al parecer las tetas siguen teniendo más atractivo que la inteligencia por ahora. ¡Éste es el artículo más visitado de este blog! Y mucha gente llega aquí buscando "tetas" y "pechos"... :-P En fin, saludos y gracias por el comentario y la visita :-)

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  4. Hola

    Yo soy hombre (o eso dicen por ahí) y no me gustan ni las pestañas enormes, ni los labios enormes, ni los pechos femeninos llenos de silicona.

    Pero claro, diréis que estoy mintiendo :-(

    Un saludo

    Juan

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    1. ¡Te creo, te creo! Y... ¡bendito seas por eso! :-) Un abrazo ENORME, y gracias por comentar.

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  5. Cuando la ironía rivaliza con la realidad, suele ganar quien la descrito.
    Jesus

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  6. Como hombre puedo decir que las pestañas largas me la sudan, y lo de "telescópicas" me parece de risa, los labios grandes dependen, hay labios pequeños bonitos tambien, y las tetas, sí, a los hombres nos encantan, pero personalmente opino que cuando empiezan a ser demasiado grandes pierden atractivo, es cuanto a textura no puedo juzgar porque solo he probado naturales.

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    1. ¡Gracias! Tenía mucha curiosidad por tener alguna opinión masculina :-) Es bueno saber que no a todos les gustan los atributos artificiales. ¡Saludos!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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