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26 de junio de 2010

NICK CABEZA EN LLAMAS CAGE

Hace poco vi de nuevo la película Ghost Rider, que por aquí tradujeron como El vengador fantasma. Otro excelente cómic asesinado por Hollywood, según los fanáticos (no puedo opinar sobre eso, no lo he leído). A mí me gustó el concepto, pero sí, incluso sin conocer el material original, la película es bastante tonta. Empezando por el reparto, donde el único personaje decente es la moto (no, en serio, la moto está genial, ¡quiero una!). Encima, no trago a Eva Mendes, cuyas únicas habilidades artísticas son poner cara de tonta, mostrar su enorme trasero y posar desnuda para PETA.

Y, desde luego, está Nicholas Cage, con su sensible y galardonado rostro eterna cara de cordero degollado. Uf.

Sin embargo, hemos de admitir que Nick mejora mucho cuando su cara desaparece para dejar lugar a una calavera en llamas. Más o menos como mejoraría la inteligencia de algunos casi todos los políticos si los degolláramos a la francesa y les pusiéramos pulpos vivos sobre el cuello (de verdad, que los pulpos son listísimos para no tener esqueleto).

Entonces me puse a pensar que quizás muchas películas de Nicholas Cage se volverían más interesantes, para mí y para otros, si en lugar de ponerlo a él hubieran puesto al motociclista fantasma. ¡Incluso mejorarían las películas donde Cage hizo un buen papel! Dejando Las Vegas, por ejemplo. Ya saben, esa donde el personaje principal decide suicidarse de la manera menos práctica posible: bebiendo hasta colapsar (como si dejarse comer por pirañas no fuera más rápido y efectivo; vamos, que no hace falta mucha imaginación para suicidarse de forma menos melodramática).

¡Sííííííí! ¡Combustible para mi fueguito!

El motociclista fantasma no habría perdido su tiempo bebiendo hasta morir, dándonos ganas de pegarle un tiro para terminar la película de una buena vez; el motociclista fantasma habría alimentado sus llamas con la bebida y luego se habría ido a jugar a algún casino. Díganme si eso no habría sido más entretenido. Y seguro que a Elisabeth Shue también le habría gustado más.

A ver, ¿qué más hay en su filmografía? Ah, sí, Con Air. La del ex convicto de buen corazón que queda atrapado en un avión con un montón de convictos medio locos. Nick se lo pasa peleando con ellos toda la película con tal de llevarle a su hijita un animalito de peluche. Termina aterrizando el avión en medio de la ciudad (sorprendentemente, no atropella a ningún peatón, que es lo más asombroso de toda la película). Pongamos al motociclista fantasma y ¿qué nos queda?

Grrrrr. Ningún reo se mete entre mi hijita y yo.

Listo. El motociclista habría liquidado a los convictos en la mitad del tiempo, y luego habría llevado a su hijita en moto a una convención de Hells Angels.

Otra peli disparatada de Cage: Contracara. Ahí él hace de malo y le cambian la cara por la de John Travolta (lo cual es discutible como mejora estética, porque no todas las mujeres consideramos guapo a Travolta). Quitemos a Cage, pongamos al motociclista y...

¡Ja ja! ¡A ver cómo hacen para sacarme la cara!

Bueno, claro que entonces no tendríamos película, pero Contracara tiene un argumento tan ridículo que la adición del motociclista fantasma la volvería más realista. Puestos en ello, también habría cambiado al personaje de John Travolta por su personaje de Flecha Rota, que era deliciosamente perverso. Y menudo peliculón se habría armado con eso (tal vez deba escribir el libreto).

Ahora pasemos a la peor peli de Cage que he visto (una remake, encima): El hombre de mimbre. Trata de un hombre muy estúpido que cae en una trampa de mujeres chifladas pertenecientes a un culto feminista. Las mujeres atrapan al protagonista y lo convierten en un sacrificio humano, lo cual, bien mirado, es un acierto, porque el personaje de Cage resulta demasiado estúpido para vivir (yo ya estaba deseando que alguien lo matara). Pero si ponemos al motociclista con la cabeza en llamas...

¿Conque me iban a quemar, eh? ¿A mí?
¡¡Ja ja ja!! ¡Ya veremos quién quema a quién!

Si se animan, podemos mejorar el resto de la filmografía de Cage, empezando por Presagio (Knowing). ¿Voluntarios? :-D

G. E.

2 comentarios:

  1. el aprendiz de brujo, la calavera no desentonaría en el ambiente mágico , eso si, seria grandioso verlo adentro de la muñeca en la que esta atrapado con moto y todo jajaja , si no 8 milímetros y que persiga a los locos cineastas aficionados al gore quemandolos a todos jajaja te dejo una para que adaptes? 60 minutos, kick ass

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    1. ¡Hola y gracias por la visita! Bueno, la de "El aprendiz de brujo" y las dos últimas no las he visto, pero ¡¡me encanta tu idea para adaptar "8 milímetros"!! :-D Tendré que ponerme con eso... (mmm, tal vez en el mismo plan que "Lo que el ventarrón se llevó"). ¡Saludos!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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