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17 de julio de 2017

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN COMO EXCUSA... ¡PARA LA MALDAD!

En realidad no me gusta mucho hablar de estos temas en el blog porque termino sonando como una moralista recalcitrante, pero últimamente me he topado tantas veces con diferentes versiones del mismo problema que ya me siento obligada a decir ALGO a fin de no explotar.

La cuestión es ésta: ESTOY HARTA DE QUE SE BASTARDEE ALGO TAN SAGRADO COMO LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN. Me refiero a la gente que abusa de la libertad de expresión para causar daño, y a la gente que perdona/justifica tal cosa pensando que sí, que eso está amparado por el derecho a la libertad de expresión.

No, NO hablo de censurar. Pero sí, la libertad de expresión tiene LÍMITES como cualquier otro derecho; o sea, termina donde empieza el derecho del otro (a la privacidad, la dignidad, el bienestar emocional y etcétera).

Para dejarlo todavía más claro: la libertad de expresión no le da al derecho a uno de usar las palabras como un arma en contra de personas inocentes.


¿Conocen el dicho ese de "piedras y palos romperán mis huesos, pero las palabras no tienen efecto"? NO ES VERDAD. De esto pueden dar fe muchas personas: las víctimas de bullying, las víctimas de violencia psicológica doméstica, incluso las víctimas del racismo y el Holocausto. Las palabras pueden herir la mente o incitar a conductas que terminan causando daño físico y muerte.

En Uruguay, un grupo de animalistas pintarrajeó edificios públicos con su mensaje. Lo siento, animalistas, pero dicha causa NO les da el derecho de arruinar propiedad pública ni privada. Tienen el derecho de expresarse, PERO NO AHÍ.

Hace unos meses, alguien me acusó de censuradora por denunciar en Twitter una cuenta homofóbica virulenta. Los términos de uso de Twitter (que a nivel legal funcionan como un contrato, si no me equivoco) especifican que NO se puede usar el servicio para esparcir mensajes homofóbicos, racistas ni etcétera. O sea, la persona cuya cuenta denuncié NO tenía el derecho de usar Twitter para atacar a los homosexuales, aún estando protegida por la libertad de expresión dentro de su propio país (fuera cual fuese).

Quienes mandan propaganda no deseada por correo electrónico a menudo también intentan ampararse en la libertad de expresión, a pesar de que en muchos países esta actividad ya se ha decretado como ilegal.

Una editorial publicó un libro para niños con chistes machistas/misóginos. Hubo tantas protestas que el libro fue sacado de circulación, pero incluso aunque hubiera estado dirigido a adultos, ALGUIEN en la editorial debería haber frenado el proyecto. Y no habría sido censura. Un autor puede ser todo lo misógino que quiera y escribir libros así, y no violaría su libertad de expresión que las editoriales se negaran a publicarlo por una simple cuestión de sensatez.

En España, el autobús de Hazte Oír anduvo circulando por ahí con mensajes degradantes para los transexuales. Eso no es libertad de expresión, es una forma de acoso público. Lo correcto era pararlos. Tengamos en cuenta que la tasa de suicidio de los transexuales es altísima, y en buena parte se debe al abuso psicológico que sufren.

El derecho a la libertad de expresión tiene límites legales en muchos países. No está permitido incitar al odio, hacer apología del delito ni difamar, por ejemplo (la legislación es variable). Tampoco lo permiten los términos de uso de las redes sociales más conocidas (su casa, sus reglas, lo cual es válido incluso habiendo libertad de expresión)

Pongámoslo así: uno tiene el derecho a ser imbécil, odiar a quien le dé la gana y decirlo al aire libre SIN QUE LO LLEVEN PRESO POR ELLO. Eso sí está cubierto por la libertad de expresión. Pero en el momento en que uno incite al odio a gritos en una plaza pública, diga falsedades de alguien más o vocifere obscenidades en un parque repleto de niños... está bien que venga alguna autoridad a detenerlo. Y no sería censura ni dictadura.

Hay otro dicho con el que sí concuerdo: "el mal progresa cuando el bien no hace nada". Sí, sé que hay una línea delgada entre poner límites y censurar, ¡pero para eso está el sentido común! En serio, que Hitler no empezó el Holocausto matando gente de buenas a primeras, empezó con DISCURSOS. O sea, con palabras.

Tenemos que perder el miedo de frenar a las personas que usan sus palabras para dañar a otros. No es un ataque a la libertad de expresión, es una DEFENSA de los derechos ajenos. Por algo tenemos también leyes de tránsito, de salubridad y etc. Hay limitaciones que no están ahí para fastidiar, sino para salvar vidas.

Y en cuanto a mí, si alguien viene a mi casa y se pone a vomitar frases machistas, homofóbicas o lo que sea... yo tomaré mi palo de amasar y dicha persona verá su libertad de expresión rápidamente de patitas en la calle. Con chichones y todo :-)

G. E.

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6 comentarios:

  1. Una cosa es libertad y otra libertinaje, un buen ejemplo del acoso y de incitación a delinquir, la podemos ver en los discursos que a diario hace el presidente de Venezuela Nicolás Maduro, ni hablar de su antecesor Hugo Chávez

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    1. Muy cierto, yo a Chávez nunca lo soporté por todas esas arengas incitando al odio. Y ni hablemos ya del psicópata de Maduro (aunque supongo que a las vacas no les importó, dado que no entienden el español). ¡Un abrazo!

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  2. ¡¡Hola!! La verdad es que te doy bastante la razón, porque creo que la gente se está pasando mil pueblos, y utiliza la libertad de expresión como excusa para difundir por ahí su odio.
    Yo misma he sido víctima de Bullying, y creo que a día de hoy nadie se atrevería a decir que quienes cantaban en un aeropuerto lo asquerosa que soy, o decían a todo aquel que se acercaba a mí lo malísima que era, estaban ejerciendo su libertad de expresión. Por eso me fastidia lo de "Hazte Oír". Porque es hacer lo mismo, pero con un autobús, pudiendo afectar a un montón de gente que no tiene la culpa de ser como es. Lo mismo con los homófobos y demás. En fin, es mejor ignorar a esos que tanto defienden la "libertad" de decir idioteces desde el anonimato, pero que poco les importa la libertad de ir por la vida sin que nadie venga a molestarte.

    Por cierto, te he nominado a un Tag en mi blog, por si te apetece pasarte. ¡Un literatobeso! https://literatomania.blogspot.com.es/2017/07/booktag-under-200.html

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    1. Pues por esas cosas que cuentas es que considero necesario hablar del tema. ¡La libertad de expresión NO significa decir lo que a uno le dé la gana, donde le dé la gana y cuando le dé la gana! Paradójicamente, la gente que expresa su odio escudándose en la libertad de expresión no duda en exigir que se reprima a quienes los critican a ellos. Cuánto descaro. Lamento que hayas tenido que aguantar bullying (a mí también me pasó, fue horrible). Gracias por comentar aquí, ¡y definitivamente me apuntaré al book tag! Besos :-)

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  3. Hola Gissel, estoy de acuerdo contigo y creo que el centro del asunto es lo que mencionas, "la sensatez" vamos a ver que alguien se le vayan "las cabras al monte (como se dice por aquí a perder la cordura) es una cosa, pero que los demás le sigan como corderitos, eso ya es algo preocupante, esto en el caso que mencionas del libro para niños con tintes machistas. Estamos en un mundo donde el único derecho que cuenta es el mío, sin pararme a ver cómo es que mis acciones afectan a los demás. Yo personalmente, en mi canal de YouTube, cuando me llega un comentario con insultos que no viene a cuento absolutamente para nada lo elimino, él esta en su libertad de insultar, yo estoy en mi libertad de no permitirlo. Saludos!

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    1. Pues lo bien que haces en eliminar los comentarios venenosos. La persona tendrá el derecho de expresarse, pero NO tiene por qué hacerlo en tu espacio. Tampoco se lo permitirías en tu casa, ¿verdad? Sigamos tratando de aportar un poquito de sentido común al mundo, porque es obvio que escasea. ¡Saludos!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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