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6 de mayo de 2017

NO ES MISANDRIA NI PARANOIA, ¡ES CAUTELA!

Queridos hombres:

Y con lo de "queridos hombres" me refiero a los hombres decentes de este mundo que no entienden el porqué de la hostilidad femenina en determinadas situaciones. Espero que esta entrada arroje un poco de luz sobre el tema :-)

La idea para este artículo surgió a partir de una noticia en los periódicos de España, que a su vez generó un debate en mi muro de Facebook. Sin embargo, es una cuestión que se viene gestando desde hace más tiempo por el desarrollo del feminismo. Y no me refiero al feminismo absurdo sobre el que hablé en este otro artículo, sino al feminismo auténtico que está poniendo sobre la mesa unos cuantos temas de los que se hablaba muy poco a pesar de su gravedad.

¿Que cuál fue la noticia en los periódicos? Pues bien, un joven vio a una chica en el tranvía, le pareció que ella no estaba bien de ánimo (no es que se lo haya preguntado, fue algo que se le ocurrió a él solito), y luego tuvo la "brillante" idea de tratar de localizarla poniendo algunos carteles en la vía pública (para lo cual incluyó la descripción física de ella y su propio número de teléfono).

Él pensó que estaba siendo amable y romántico, pero... si yo fuera la chica en cuestión y hubiera visto esos carteles, mi primer pensamiento habría sido algo como "mierda, de aquí en adelante voy a regresar a mi casa en taxi para no volver a toparme con ese individuo".

¿Mi reacción hipotética les parece exagerada y anti-romántica? Pues entonces voy a explicarles POR QUÉ ESTÁ PERFECTAMENTE JUSTIFICADA.

Chicos, la cosa es así: LAS MUJERES NO NOS SENTIMOS SEGURAS CUANDO ESTAMOS SOLAS EN UN SITIO PÚBLICO. Mucho menos si es de noche. A menudo tampoco nos sentimos seguras dentro de una relación de pareja que acabamos de empezar. Y a veces tampoco dentro de una relación ya establecida. O incluso fuera de una relación terminada.

Arranquemos por lo más básico: a la mayoría de las mujeres nos toca aguantar una cuota determinada de acoso en la vía pública, independientemente de cómo vayamos vestidas. No me refiero al piropo ocasional bienintencionado, sino a cosas como que te sigan a lo largo de varias calles diciéndote asquerosidades, o que te metan mano, o que te pregunten una dirección y entonces el tipo en cuestión te muestre el pene (sí, a mí me ha tocado pasar por todo eso, a pesar de que mi aspecto no es nada llamativo).

Luego sigue este motivo de preocupación: los asaltos comunes y corrientes. Cuando un tipo nos mira mucho en la calle, las mujeres tenemos que determinar si es inofensivo, un baboso ¡o un delincuente que quiere arrebatarnos el bolso o cualquier pieza de joyería que llevemos encima! (también me ha tocado eso).

Finalmente está el último escenario posible: una violación. Sí, sabemos que no todos los hombres son violadores, PERO NO SOMOS ADIVINAS. Los violadores no van con un cartelito en la frente anunciando sus intenciones, y nosotras tampoco tenemos forma de saber si el tipo que nos está mirando o siguiendo es alguien que simplemente quiere conocernos o si es un violador (solitario o con un cómplice esperando a la vuelta de la esquina).

Por todo lo que puse arriba, no se sorprendan de que una mujer se ponga a la defensiva cuando un hombre la encara estando ella sola en la vía pública, incluso en pleno día y rodeada de gente. Pero la cosa no termina aquí.

Supongamos que una mujer está dispuesta a ligar. Supongamos que acepta una copa por parte de un desconocido que parece amigable. De nuevo, NO SOMOS ADIVINAS. Más de uno cree que es una buenísima idea embriagar a una mujer para convencerla de tener sexo con él. Otros recurren a meterle drogas en la bebida. SON PREOCUPACIONES SERIAS, GENTE, ESTO PASA EN LA VIDA REAL. Por no hablar de que muchas mujeres son SECUESTRADAS y vendidas a redes de tráfico de personas.

¿Saben qué me comentaban mis amigas que salían a bailar? Que muy a menudo los hombres las invitaban a bailar para luego sugerirles tener sexo, y en caso de que ellas se negaran, recibían a cambio un montón de insultos. En serio, ¿qué clase de mentalidad es ésa? ¿"Estoy ofendido porque no te quieres acostar conmigo después de haber bailado juntos unos cinco o diez minutos"? De tipos así una piensa inmediatamente que no aceptarían un "no" por respuesta estando a solas en una habitación cerrada.

Ahora supongamos que el escenario de conquista es un sitio más seguro que un bar, como una reunión social. Supongamos que es un tipo desconocido pero al que te han presentado, de modo que, teóricamente, baja el nivel de riesgo. Aun así puede darse el caso de que el hombre en cuestión resulte ser un patán en la vida privada, de la clase que finge interés hasta tener sexo y luego adiós.

Y aquí va un dato sumamente incómodo para el sexo masculino: en realidad la mayoría de las mujeres no son violadas en la vía pública por desconocidos, sino por hombres que conocen, ya sean jefes, amigos, vecinos, novios, maridos o incluso padres. Son violaciones que en general NO se denuncian, y los violadores ni siquiera consideran que hayan cometido una violación. Nos guste o no, hay muchísimos hombres que aprovechan la ventaja de poder (físico o social) para abusar de una mujer cuando se presta la ocasión. Y también hay muchos ex novios y ex maridos que se desquitan de la mujer asesinándola.

De ahí el título de este artículo: no es odio a los hombres ni paranoia, son precauciones que las mujeres debemos tomar porque así está la realidad. Y sí, hay hombres que han sufrido violaciones, o golpizas, o delitos de cualquier otra clase por parte de mujeres. PERO SON MUCHÍSIMOS MENOS. Las mujeres nos enfrentamos a unas estadísticas apabullantes, y las tenemos muy presentes cada vez que salimos solas o nos ponemos en una situación de vulnerabilidad frente a un hombre. Piensen en cómo se sentirían ustedes si caminaran solos por una calle oscura en un vecindario con pandillas violentas... y de pronto empezaran a seguirlos dos o tres tipos más grandes.

Y por si todo lo anterior fuera poco, en caso de sufrir violencia o violación hay quienes se atreven a culparnos A NOSOTRAS. "¿Por qué no lo dejaste?", "no debiste salir sola de noche", "¿qué llevabas puesto?", "¿por qué no tomaste clases de defensa personal?", "no le puedes decir que no a un hombre una vez que estás en la cama con él". ¿Qué qué qué?

Espero haber explicado correctamente por qué a menudo el coqueteo sin invitación no es considerado agradable. Ustedes no pueden saber de buenas a primeras cuál es el pasado de una mujer. No saben si tiene o ha tenido que aguantar acoso sexual en su trabajo, o si tiene o ha tenido un novio/marido/padre abusivo, o incluso si la han violado. O si le han pasado estas cosas a alguna de sus amigas (o a más de una), y por lo tanto ella va por ahí con la guardia alta. O podría ser algo tan simple como que ella no ha pedido la atención y prefiere que la dejen en paz. Que a ustedes les guste la mujer no quiere decir que esté bien ir a imponerle un coqueteo en una situación cualquiera. Quizás a ustedes les guste que las chicas les coqueteen sin venir a cuento, pero las mujeres sufrimos muchísimo más acoso y nos sentimos muchísimo más desprotegidas ante el sexo opuesto, de ahí que la reacción sea distinta.

O sea, no es personal. En general las mujeres queremos mucho a los hombres... después de habernos asegurado de que no son una amenaza para nuestra seguridad :-D

Mujer: ¡Auxiliooooooooo!
Hombre: Pero... pero... ¡yo sólo quería preguntar una dirección!

OK, tal vez esté exagerando un poco. La mayoría de las mujeres no salimos corriendo de buenas a primeras... pero sí es muy posible que estemos pendientes de cualquier ruta de escape, o pensando en gritar algo que llame la atención (que no sea "auxilio" porque eso no funciona, cosa que también aprendí por experiencia propia), o metiendo la mano en el bolsillo para buscar el bote de gas pimienta, o repasando mentalmente las clases de defensa personal.

Y sí, es verdad que así se complica mucho el acto de empezar a conocer a una mujer para invitarla a salir, porque pagan inocentes por culpables. ¿Mi consejo? Háganlo en un entorno que sea seguro para ella, como una fiesta, un club de algo o cualquier otro sitio donde la mujer pueda ver que está siendo tratada como una PERSONA digna de respeto. Y donde ella tenga tiempo de comprobar que ustedes no son un peligro. Recién entonces habrá luz verde para iniciar un coqueteo y ver qué pasa. Sí, lo sé, da más trabajo, pero ahorra muchas situaciones incómodas y rechazos. ¡Y nadie dijo que las relaciones románticas fueran fáciles!

¡Besos!

G. E.

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2 comentarios:

  1. Hola, me parece todo muy atinado y comprensible. Como hombre también agradezco, porque aveces puede que no nos demos cuenta y haga falta que las mujeres nos digan estas cosas.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Gracias por el comentario, y me alegra que te haya servido el artículo :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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