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3 de agosto de 2016

¡QUÉ DIFÍCIL ES TENER ENERGÍA!

Algunas personas duermen como troncos y se despiertan a la mañana súper alertas y con ganas de hacer mil cosas. Otras tienen metabolismos acelerados que les permiten comer lo que les dé la gana sin engordar. Y hay otras personas cuyos niveles de energía se mantienen altos a lo largo de todo el día, de tal manera que nunca sufren ataques de pereza.

Yo no tengo esa suerte. Y me imagino que muchos de ustedes tampoco.

El metabolismo puede llegar a ser realmente odioso. Todavía sigue estancado en esa estrategia evolutiva de supervivencia que consiste en guardar energía para los tiempos de escasez, ¡sin darse cuenta de que, en los países desarrollados, esa escasez ya no existe! (bueno, al menos hasta que llega algún gobierno catastrófico que echa a perder las cosas, como pasa en Venezuela ahora mismito). ¿Y qué pasa entonces? Comemos, el organismo guarda grasa en los adipocitos, ¡y luego pide más comida en lugar de usar la energía almacenada en el trasero o la barriga!

¡AAARRRGGGHHH!

Así estamos con los índices de obesidad, y a mí no me interesa en absoluto terminar con veinte kilos de más. Le pasó a una amiga y apenas si podía moverse. Vamos, que el cuerpo humano no está hecho para cargar con tanta grasa, a diferencia de las morsas o los osos justo antes de la hibernación (y conste que los osos salen de la hibernación flacos como palos; sería una cura estupenda para la obesidad humana ¡si los humanos fuéramos capaces de hibernar!).

Tampoco me gusta pasar todo el día sintiéndome como media tonelada de plomo. ¡Que tengo muchas cosas que hacer, demonios, como limpiar el polvillo de los muebles o efectuar las reparaciones domésticas que demanda una casa algo vieja! (No es que me guste hacer nada de eso, claro, pero está difícil encontrar empleadas domésticas u obreros de confianza hoy en día, al menos en mi país.)

Encima, mi tensión arterial es naturalmente baja. Y me refiero a baja-baja-baja. Tan baja que está en el límite inferior, o menos, de lo que registra un tensiómetro. Más de un médico me ha mirado con cara rara después de tomármela, como si se preguntaran cómo carajo hago para funcionar :-D Lo bueno es que no tengo que preocuparme por los derrames cerebrales. Lo malo es que una combinación de calor + disminución de la glucosa sanguínea hace que me desplome. Literalmente. De pronto estoy de pie y de pronto se me nubla la vista y caigo al piso como una muñeca de trapo. ¡Plof! (Es especialmente molesto cuando el suelo no está muy limpio que digamos.)

Oh, ¿y se acuerdan de mi insomnio? La falta de sueño no ayuda para nada a tener energía. Más bien resulta estupenda para hacerte sentir como un maldito zombi que va deambulando de un lado a otro a quinientos metros por hora.

En fin, debido a todo lo anterior he tenido que buscar estrategias para hacer que mi organismo funcione como se supone que tiene que funcionar, porque no es nada saludable quedarse desparramado en un rincón todo el día. Por no decir que resulta tremendamente improductivo.

Estrategia #1: chute de azúcar a la mañana

Lo siento, no me va eso del desayuno saludable con alimentos de bajo índice glicémico. Necesito combustible de alto octanaje para arrancar. Denme un enorme vaso de leche achocolatada y con eso funcionaré más o menos hasta la hora del almuerzo. (Probé lo de los desayunos saludables. Me desplomaba al poco rato.)

Estrategia #2: sodio

Los hipertensos colapsan si ponen sal a sus comidas. ¡Yo colapso si NO pongo sal a las mías! Sobre todo en verano, cuando uno pierde sodio con la transpiración. No se sorprendan si me ven tomando sopa en verano, aunque la temperatura pase de los 30 grados :-P

Estrategia #3: cafeína, mucha cafeína

Bueno, hablo de la cafeína del té, porque no me gusta el café. Una buena taza de té negro después del almuerzo hace que no me venga sueño, sobre todo si ando en una mala racha con respecto al insomnio.

Estrategia #4: ¡pura fuerza de voluntad!

Lo siento, cuerpo mío. Sé que no tienes ganas de moverte. Sé que preferirías quedarte en la silla o el sofá el resto del día, escribiendo, dibujando o leyendo, ¡pero eso no es aceptable! Vamos, arriba, voy a hacer que te muevas hasta que empieces a utilizar toda esa grasa almacenada en los adipocitos. Por si no lo sabías, un kilo de grasa tiene suficientes calorías como para caminar ¡¡DURANTE TREINTA MALDITAS HORAS!! Muévete muévete muévete. YA MISMITO.

Estrategia #5: música rápida

Ah, ¿conque todavía no quieres moverte? Pues voy a hacer que te entren ganas. (Pongo música brasileña, música celta, de Nightwish o de Blackmore's Night.) Listo. A ver si puedes resistir la tentación de ponerte a saltar con estas canciones tan alegres.

Estrategia #6: Workrave

Workrave es una aplicación gratuita que se puede configurar para recordarle a uno que debe levantarse del escritorio de la computadora y hacer un poco de ejercicio. En mi caso, lo tengo programado para que, al cabo de veinte minutos de trabajo, me bloquee la computadora durante cinco minutos. ¡Y me obligo a moverme durante esos cinco minutos! ¡O a saltar con alguna canción movidita! (Insertar imagen de Gissel saltando a lo loco con una pieza de música celta.)

Estrategia #7: las caminatas no son negociables

Nanay, cuerpo mío. Las tareas o la tele pueden esperar. Caminar es una necesidad fisiológica, así como comer o dormir. Vamos a salir a mover el trasero. Si te aburres, puedo cantarte alguna canción movidita para marcarte el ritmo. (Llevaría un reproductor de MP3, pero la verdad es que necesito el oído tanto como la vista para cuidarme del tránsito loco en mi ciudad.) Y vamos a caminar durante más de cuarenta minutos, porque resulta que recién después de los cuarenta minutos esos malditos adipocitos empiezan a soltar la grasa guardada (mira que son avaros, ¿eh?).

Estrategia #8: los horarios para comer tampoco son negociables

Mira, cuerpo mío, me da igual que digieras el almuerzo en una hora o cinco. ¡No voy a darte más comida hasta las nueve! Si quieres más calorías, vete a asaltar a los malditos adipocitos, que para eso están. Haz de cuenta que vivo en la Edad de Piedra y tengo que esperar hasta cazar el próximo mamut. Ea.

No te quejes, cuerpo mío. Todavía nos faltan dos kilómetros. Después de eso te dejaré ver la tele una hora y comeré algo de queso y una zanahoria. Carbohidratos no porque ¡ya tienes un montón de triglicéridos guardados por ahí! ¡Úsalos!

Lo que sea con tal de vencer a la maldita pereza, cumplir con mis tareas y evitar ponerme como una bola :-P

G. E.

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