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15 de agosto de 2016

¿"AGENDA GAY"?

A veces Muy a menudo siento ganas de aporrear a la gente intolerante. Hace unos días me dio por buscar críticas sobre la quinta temporada de Once Upon a Time, para saber si yo era o no la única a quien le pareció trillada y decepcionante (solía gustarme esa serie hasta que el guion comenzó a irse al carajo; actualmente sólo la miro por el vestuario, que sigue siendo ¡FABULOSOOOOO!). ATENCIÓN: esta entrada incluirá dos pequeños spoilers, aunque nada sobre la trama principal de dicha serie. Listo. Están advertidos. No se me quejen luego si deciden continuar leyendo.

En fin, la cuestión es que uno de los comentarios llamó mi atención: era de alguien que renunció a mirar la serie... ¡debido al romance entre dos chicas! Añadió que tampoco permitiría a sus hijos seguir mirando la serie, y que no le parecía bien que los guionistas presionaran con su "agenda gay".

¿¿PERO QUÉ CARAJO...?? ¿"Agenda gay"? Seriously?

Y ahí es donde me vinieron las ganas de aporrear. A ver, una "agenda" sería si los guionistas trataran de colar al público convicciones políticas, religiosas o incluso comerciales. Onda "voten a Trump", "vuélvanse mormones" o "beban Coca-Cola". ¿Qué cuernos sería una "agenda gay"? ¿Tratar de cambiar la sexualidad de las personas a través de la ficción? ESO NO EXISTE. Lo que están haciendo los guionistas, y muy admirablemente, en mi opinión, es tratar de representar, en la ficción, a un grupo de PERSONAS que sólo se diferencian de otras por su orientación sexual. Personas que han sido golpeadas, encarceladas, torturadas, asesinadas y, en los países menos barbáricos, ninguneadas como si no merecieran existir. ¡Estamos hablando de derechos humanos básicos, gente!

Hoy en día ya deberíamos pensar que esa discriminación es tan absurda como cuando a las personas zurdas las obligaban a volverse diestras por causa de una estúpida superstición religiosa. (Menos mal que yo me salvé de eso, pero sí le tocó a una de mis tías. Sacó algo bueno de ello, sin embargo: se volvió ambidextra.)

Me gustaría preguntar a la persona que escribió esa chorrada de la "agenda gay": ¿por qué le ofende tanto un romance (muy bonito, por cierto) entre dos chicas? Si se trata de la serie, ¡lo que realmente me parece ofensivo es el romance entre Bella y Rumpelstiltskin! Vamos, que es una relación súper tóxica. Él le miente y ella se deja pisotear. Malo, malo, malo.

¿Y qué le preocupa acerca de sus hijos? ¿Qué miren la serie y se vuelvan homosexuales? ¿O que se den cuenta de que son homosexuales? A ver, que la serie no va a transformar a nadie, y si un/a niño/a nace homosexual, ¡demos gracias a esos guionistas por hacerle ver que no tiene nada de malo enamorarse de quien se enamore!

Nada de esto es tan terrible como los crímenes realmente graves cometidos contra los homosexuales, pero vamos, la única forma de acabar con la discriminación y el maltrato es educar para normalizar la situación, y me parece un gran paso incluir relaciones homosexuales en la ficción. ¡Incluso en las series o películas animadas, como pasó en La leyenda de Korra o ParaNorman.

A mí me explicaron la homosexualidad cuando era una niña. No me pareció malo hasta que la gente a mi alrededor me hizo creer que sí lo era (por cuestiones religiosas o simple intolerancia), pero con el tiempo me las arreglé para pensar por mí misma y limpiar mi cabeza de tantas chorradas homofóbicas. Sobre todo porque he sufrido discriminación por otros motivos y sé lo mal que se siente.

Por lo tanto, si a defender una causa perfectamente justa y buena se le va a llamar "agenda", sepan entonces que este blog también tiene una "agenda gay". Y ya que estamos, también tiene una "agenda ecológica", una "agenda feminista" y una "agenda cultural". Por no hablar de una "agenda friki", sea lo que sea eso (aún no lo he definido pero me gusta cómo suena). Y mi Donaldito me apoya al 100%.


Queridos amigos homosexuales: si alguien se atreve a pisotearlos en la forma que sea, no duden en llamar a mi dragón. Él irá de inmediato a chamuscar el trasero de quien lo merezca. Y si YO estoy cerca, con gusto acudiré llevando mi cachiporra. Ea. ¡Besos!

G. E.

PD: Si cierta historia con un romance homosexual que estoy planeando ofende a alguien, pues que se aguante. O mejor: que aprenda a cambiar de opinión. Miren que eso no duele, ¿eh?

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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