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30 de noviembre de 2014

TONTERÍAS ALEATORIAS

Mientras trabajo en otras entradas, aquí les van algunos de esos pensamientos locos (o no tanto) que en general se me ocurren cuando estoy dibujando. Los he puesto en Twitter, pero allí casi nada perdura, así que los dejaré por aquí también en caso de que los encuentren entretenidos :-)

No dejo que nadie me diga que no podré hacer algo. Como mínimo, tendré la oportunidad de fracasar espectacularmente.

Amo a los políticos. Cuando escapan corriendo. De mi lanzallamas.

Nadie que me robe chocolate vivirá para contarlo.

No me molestaría besar a un príncipe convertido en sapo. Pero si fuera una cucaracha... no, lo siento, adiós.

En las películas de terror siempre matan al gato/perro/conejo de la familia, pero nunca a esas adorables boas/iguanas/tarántulas.

Lo que más me aterra de viajar en avión... es pasar doce horas sentada al lado de alguien insoportablemente parlanchín.

Quisiera un sofá que mordiera en el culo a los visitantes indeseados para avisarles de que ya deberían irse de mi casa.

Los médicos deberían mencionar más seguido las propiedades terapéuticas de un buen abrazo.

En alguna vida pasada quiero ser un apatosaurio.

En mi trato con hombres, lo que más me atrae de ellos es el tamaño... de su inteligencia. Y si tienen una gran... biblioteca, pues mejor.

Un escritor sin imaginación es como un bailarín sin pies.

Debería haber un mecanismo por el que uno barriera el piso y quitara el polvo de los muebles ¡y se mantuvieran por siempre limpios, carajo!

Más allá de que plagiar está mal, siento lástima por la gente que plagia. ¡No saben crear nada que valga la pena plagiar!

Todo científico loco que se precie de tal debe hacer explotar su laboratorio al menos una vez en la vida.

La vida es demasiado corta como para preocuparse por los muñecos que cobran vida y tratan de asesinarte en la noche.

No es que no crea en el amor a primera vista. Simplemente me parece más probable que a uno lo parta un rayo, estadísticamente hablando.

La vida es demasiado corta para amargarse por las cosas que no se pueden cambiar. Sugiero, en cambio, puteadas catárticas esporádicas.

Los profesores aburridos deberían ser condenados a escuchar sus propias clases por toda la eternidad.

Oh, la tentación de pararme en medio de una plaza y preguntar a cualquiera que pase si han visto a mi boa constrictor...

Las cucarachas me gustarían mucho más si se convirtieran en cenizas por el poder de mi mirada asesina.

Tantas personas obsesionadas por la belleza de su piel... prefiero a las que se concentran en la belleza de sus actos e ideas.

Desearía poder presentir cuando voy a tener un día torpe. Me pondría coderas, rodilleras y casco ya desde la mañana.

Quisiera decir que ninguna montaña podría apartarme del chocolate, pero qué carajo, el Everest ES jodidamente alto.

Los libros mal escritos deberían autodestruirse antes de llegar a las imprentas. Así se evitaría una muerte innecesaria de árboles.

Me gusta que haya tantas cosas que todavía no sé. De lo contrario, mi curiosidad moriría pronto de aburrimiento.

Lo más estresante de podar mi frondoso jardín es sentir un cosquilleo en la nuca y tener la sospecha de que algún bicho aterrizó ahí.

Disfrutaría más de los cantos de los pájaros en la mañana ¡¡si no fuera porque odio que me despierten temprano!!

Me irrita la gente que se preocupa por bobadas. Primero, preocuparse raras veces sirve, y segundo, hay temas IMPORTANTES de preocupación.

A quienes se quejan de que están aburridos... aprendan de los Boy Scouts y busquen una buena obra para hacer en el día.

Cuando sea vieja, me prometo a mí misma que nunca andaré con un vestido viejo y ruleros.

Si alguna vez llegara a perder la memoria, ¡que a nadie se le ocurra recordarme mi adolescencia!

Me pregunto qué porcentaje de los integrantes del Cirque du Soleil son capaces de doblarse como un pretzel.

Lástima que no exista algo equivalente a la lejía para desinfectar los corazones malignos.

El mundo sería un lugar mucho más agradable si quien tratara de hacer algo malo se convirtiera instantáneamente en un lindo patito.

Me pregunto si el creador del órgano se dijo en algún momento: "¡Uh, esto va a servir de maravilla para tocar música tenebrosa!"

No soy una asesina en serie, pero si lo fuera... creo que me dedicaría a los payasos.

Debería estar prohibido volverse más viejo sin volverse más sabio.

Juro que cuando tengo ganas de aplastar cabezas a cachiporrazos, en general es por una razón perfectamente justificable.

Quienes afirman que la felicidad viene de dentro y no depende de las circustancias obviamente no viven en medio de un apocalipsis zombi.

No tengo nada en contra de los libros mal escritos, siempre y cuando no se crucen en mi camino bajo ninguna circunstancia.

Si alguna vez viene un tornado y hace volar mi casa, más vale que como mínimo me deje en Oz.

Me gustan los laberintos. Sobre todo para abandonar a mis enemigos en ellos y que se los coma algún monstruo mitológico. ¡¡Muajajajaja!!

Desearía poder hacer magia de verdad. Haría desaparecer a la gente molesta y en su lugar aparecería mucho chocolate.

Que algún científico me invente un repelente para gente malhumorada, please.

No puede ser buena señal cuando abres el grifo de la cocina y en lugar de agua sale una risa macabra.

En alguna de mis próximas vidas quiero ser pulpo. Así compensaré todas esas ocasiones en que no me han bastado dos manos para una tarea.

Si llego a tener éxito como escritora de horror, no quiero que celebren mi nacimiento sino mi muerte. Y espero que caiga en Halloween.

En lugar de luchar contra las superbacterias, tal vez deberíamos fusionarnos con ellas y avanzar en la evolución.

Jamás me haría un trono de hierro con espadas. Dudo de que se pueda gobernar con amor y justicia si la espalda te está matando.

Me gusta ser una mujer independiente, pero en días difíciles quisiera ser una princesa de Disney y tener mi final feliz garantizado.

Adoro el hecho de que es posible aprender cosas nuevas todos los días por el resto de la vida de uno.

Debería ser socialmente aceptable pegar un puñetazo en la nariz a esas personas que te sacan de quicio por ser incapaces de razonar.

Al parecer las brujas nunca hacen sus conjuros con ingredientes fácilmente adquiribles en un supermercado. O como mínimo en Amazon.

Extraño la época en que no tenía que preocuparme por el cambio climático, la extinción de los tigres, los bisfenoles o las grasas trans.

La vida sería mucho mejor si hubiera hadas que se encargaran de hacer aparecer bombones cuando uno está triste.

Los payasos y los mimos sólo me hacen gracia cuando se los está comiendo algún monstruo prehistórico.

Es una pena que ya no existan los trovadores. Twitter y los noticieros no tienen el mismo encanto informativo.

No quiero calmar mis nervios. Quiero que se resuelvan los problemas que hacen que mis nervios se alboroten.

Creo que el tejido de mi vida tiene algunos puntos sueltos. ¿Debo coserlos yo misma o hay alguien a quien pueda reclamarle?

No me molesta la gente que es feliz a pesar de los problemas. Me molesta la gente que es feliz pretendiendo que esos problemas no existen.

No tengo ningún interés por saber qué se siente dispararse accidentalmente en el pie con una pistola de clavos.

Si alguien llega a publicar un libro mío en forma póstuma, espero que en la contraportada ponga una foto de mi cadáver putrefacto.

Con tanto robotito que están inventando, yo quiero uno que golpee a las personas cuando dicen alguna estupidez.

Para no caer en redundancias, voy a desconcertar a todo el mundo subiendo para abajo y bajando para arriba. ¿Qué tal?

Algunas personas me hacen desear tener una aplanadora para usarla como arma mortal.

Los freudianos ven penes en todos los obeliscos. Yo nada más veo una especie de monumento bastante aburrido.

Me gustaría tener un árbol que por las tardes se llenara de papagayos.

La diferencia entre un optimista y un cínico son algunos cabezazos contra la realidad.

Ser parte de una mayoría no siempre es lo mejor. Nuréyev no bailaba como la mayoría de las personas.

A menudo la ficción histórica en la TV o películas es tan históricamente exacta como las leyes de la física en las caricaturas.

En alguna de mis vidas pasadas quiero ser Shakespeare.

Los cielos paganos suelen prometer chicas vírgenes descocadas. ¿No hay ningún cielo pagano que tenga chicos guapos para las mujeres?

Si tuviera superpoderes eléctricos no me volvería una supervillana. Más bien resolvería la dichosa crisis energética.

Encontré un dodo. Pero era el último de su especie y estaba muriendo de soledad, así que lo asamos. Quedó delicioso.

Cada vez que viajo en autobús recuerdo una vez más por qué desearía tener una alfombra voladora.

El pollo cruzó la carretera porque yo lo estaba persiguiendo con un salero y un cuchillo de trinchar.

Me rehúso a caer en la filosofía del "es lo que hay". Así se niega por completo la posibilidad de cambiar lo que no funciona.

Los pingüinos emperadores dejan en vergüenza a todas esas personas que no se las arreglan en la vida teniendo mucho menos en contra.

Si tuviera los poderes de Spider-Man, en primer lugar tendría una conversación con las arañas de mi casa sobre lo de meterse en mis zapatos.

En este momento me haría muy feliz que un camión de transporte dejara caer por accidente algunas cajas de bombones frente a mi casa.

Algunas personas tienen ideas tan fijas en la cabeza que pedirles que cambien de opinión es como pedirles que muevan una montaña.

Frase que me gustaría exclamar en un restaurante: "¡Por Crom y Dionisio, qué bueno está este vino!"

Lo molesto no es que una momia se meta en tu casa. Lo molesto es que vaya soltando pedacitos de vendas y piel reseca por las alfombras.

De hoy en adelante, cada vez que me encuentre en un dilema moral o una situación de vida o muerte me preguntaré: "¿Qué harían los Vengadores?"

¿Y si en las películas de terror pusieran, en lugar de cuervos, a un lindo loro que dijera: "Voy a comerte la cara cuando te duermas"?

Me desanima un poco tratar con personas demasiado buenas. Tratan de hacerme creer en milagros que muy raramente he visto que se cumplan.

Siento debilidad por los gatitos. Y los patitos. Y los ponis. Y las arañas y serpientes de toda clase.

Detesto esos días torpes en los que incluso una hoja de papel puede ser un instrumento de automutilación accidental.

La mayoría de las personas que afirman que no existen reglas en la literatura son quienes no saben romperlas exitosamente.

Lugares de fantasía que no visitaría ni pudiendo: Mordor, Westeros, Arrakis, Azkaban y ese planeta volcánico de Star Wars III.

Desearía tener una máquina que robara las horas de ocio a la gente que no hace nada útil con ellas.

Me gustarían más los parásitos intestinales si sólo vivieran en Marte. Y podría decir lo mismo de algunos parientes.

Yo no miento. Sin embargo, a veces decoro la verdad con bonitos toques de ficción.

Si tuviera poderes telequinéticos, limpiaría el polvo de los muebles con una simple pasada de mi fabulosa mente.

Dicen que la muerte y los impuestos son inevitables. Yo añadiría lo de toparse con gente rematadamente estúpida.

Los terroristas deberían convertirse espontáneamente en estatuas de caramelo.

Alguna vez usaré mi hacha para cortar leña, lo prometo. Por ahora, sin embargo, tengo que acabar con mis enemigos. ¡¡¡MUAJAJAJAJAJAJA!!!

La gente culpa a la TV y los videojuegos de la violencia como si no hubieran existido la Edad Media y la Inquisición.

Jamás podría tener un gallo. Tras la primera vez que me despertara temprano, lo asaría al horno con patatas.

Si Venus surgió de una concha de ostra... ¿podemos clasificarla como un molusco?

Con lo poco que me entusiasman los deportes, sería una porrista muy, muy poco inspiradora.

Puf. Salgo a caminar y un caballero andante intenta clavarle una lanza a mi pobre dragón. No hay respeto por las mascotas ajenas.

¿Sería muy exagerado si pusiera trampas para osos alrededor de mi limonero? Tengo que proteger la fuente de mi limoncello casero.

A veces me siento algo así como enfadada por el hecho de que otros podrán ver mi esqueleto descarnado pero yo no.

Más que preocuparme porque alguien me espíe, en realidad me apena no tener ningún secreto súper importante que guardar.

Ahora mismito, mi vida sería mejor si escuchara ruidos en la puerta y al abrir encontrara un unicornio. O a Chris Hemsworth.

Me tienen harta las películas sobre apocalipsis zombis. Pero si fuera un apocalipsis por PALOMAS zombis... ésa sí que la vería.

Querer conformar a todo el mundo es el primer paso para abandonar cualquier intento de creativa originalidad.

Pensar un poquito en los demás antes de hacer algo resolvería una gran parte de los problemas de este mundo.

¿Qué dirán los chinos cuando no comprenden algo? ¿"Esto parece griego/árabe/español"?

No deseo conocer a un caballero de brillante armadura. Preferiría a un abogado inteligente que manejara un auto eléctrico.

Si los muñecos de vudú funcionaran de verdad, no habría un solo político corrupto a salvo en todo el planeta.

Nunca he pensado eso de "trágame tierra". Mi instinto de supervivencia más bien preferiría que la tierra se tragara a todos los demás.

Creo que mi mente me manda sueños sobre lindos gatitos para desintoxicarme del estrés de la vida real.

Soñé que estaba en un jardín donde había insectos fluorescentes. Fue lindo hasta que me mordió el tobillo una mantis psicótica.

No tengo nada en contra de los no-muertos, siempre y cuando no pretendan chuparme la sangre ni comer mi cerebro.

Hay días en que la mente está cargada de ideas y proyectos pero la voluntad sencillamente no colabora.

Si pudiese escribir el guion de mi propia vida, habría menos maldad, más hombres guapos sin ropa, aventuras locas y una mansión con piscina.

En lugar de pantuflas de conejo, yo quisiera unas pantuflas con cara de oso furioso.

Escribir es un empleo maravilloso en el que toda la realidad conspira para que no puedas dedicarte a ello tanto como quisieras.

En ninguna de las versiones de King Kong se mencionó el embarazoso asunto del excremento gigante de simio en la ciudad.

No tengo ningún interés en averiguar qué se siente caer en un foso lleno de serpientes venenosas.

No puede ser buena señal cuando tu gato gira la cabeza 180 grados y se pone a gruñir con una voz de ultratumba.

Hay gente a la que quisiera sacudir y decirles: "No te sientes a esperar que las cosas pasen, haz que pasen cosas."

Habiendo hambrunas, guerras, esclavitud y desastres naturales, escandalizarse por besos de homosexuales o palabrotas es estúpido, la verdad.

¿Dónde puedo llenar un formulario para solicitar un hada madrina?

Qué desilusión cuando comprendí que mis padres no lo sabían todo. Menos mal que al mismo tiempo descubrí que existían las enciclopedias.

Todo me hace pensar que vamos hacia un futuro como el de la peli Idiocracia. O como mínimo hacia algo loco como en Futurama.

Estúpidas tostadoras poseídas que arrojan las tostadas al techo.

Si tuviera una lámpara con genio, mi primer deseo sería que todas las personas fueran buenas y honradas. Quizás no necesitaría más deseos.

En alguna de mis próximas vidas quiero ser un pez abisal. Lo tomaría como un descanso del ruido del tráfico y las cortadoras de pasto.

Tengo un cañón que dispara merengues y no me da miedo usarlo.

Obligarme a madrugar es lo más cercano a encontrarse con un zombi.

Ninguna versión del cuento menciona si Cenicienta tuvo que ponerse venditas a la mañana siguiente por usar las zapatillas de cristal.

¿En qué pensaba la naturaleza cuando creó a los pavos? ¿"Voy a hacer un ave sabrosa, lo bastante fea como para que no dé pena comerla"?

"Nunca digas nunca." Bah. Yo estoy muy segura de que nunca quiero morir destrozada por una enfardadora.

Me desconcierta cuando alguien se vuelve rico y famoso por hacer algo increíblemente estúpido.

Al parecer, cuando los enamorados se tienden en la hierba nunca hay abrojos.

La belleza está sobreestimada. Sobre todo cuando te persigue un zombi y lo único relevante en ese momento es tener piernas veloces.

La imaginación es un arma poderosa, pero en un combate con un extraterrestre carnívoro de tres metros, preferiría una motosierra.

Me he apuntado como donante de órganos, pero más vale que ningún científico use mis partes para crear un monstruo como el de Frankenstein.

Me pregunto si en los días torpes Thor TAMBIÉN se machaca los dedos por accidente con su martillo.

Quien no corre riesgos de ninguna clase no está viviendo una vida que valga la pena.

No hay que temer al fracaso porque representa un aprendizaje. Bueno, salvo cuando te mueres.

Algunos votantes tienen tan poca memoria que parece como si los políticos usaran el cacharrito ese de Hombres de negro.

Lo siento, pero en ningún momento de mi vida voy a considerar que estoy demasiado vieja para ver una película animada de Batman.

Cuando sea Emperatriz del Universo, las aceras tendrán el poder de rebotarle la basura en la cara a la gente que ensucie.

Si fuera un ogro y viviera en una cueva, decoraría mi hogar con los huesos de las personas que me comiese.

"Arenas del tiempo", blegh. Yo preferiría polvo de cacao del tiempo. Es mejor ir hacia la muerte oliendo a chocolate.

Lo peor que le puede pasar a una persona que se esfuerza por superarse es que le pase por encima alguien que no lo hace.

Consideraré útiles a los mimos el día que puedan usarse como instrumentos de tortura psicológica.

Alguna vez entraré a un hotel y preguntaré, con cara muy seria: "¿Dónde puedo estacionar a mi dragón (o helicóptero)?"

Me pregunto si la gente aguantaría la risa en el funeral de alguien que hubiera muerto porque una vaca se sentó sobre su cabeza.

Quisiera entrar en un banco vestida de pirata y preguntar: "¿Aceptáis depósitos en doblones de oro?"

Para una escritora aficionada al horror como yo, tener una casa sin fantasma resulta... no sé, un poco decepcionante.

Casi nada que valga la pena resulta fácil. Excepto sonreírle y abrazar a una persona querida que se siente triste.

Las arrugas no serían tan malas si la industria de la belleza no tratara de convencernos todo el tiempo de que son una tragedia.

Quien quiera una vida fácil, que se convierta en otra cosa. Como una esponja de mar.

Conocí a un príncipe. Pero se parecía demasiado al príncipe Carlos de Inglaterra, así que salí corriendo en la dirección opuesta.

Como escritora de horror, tendría que hacerme al menos una foto sosteniendo un hacha ensangrentada.

¿Por qué, por qué no existe una vacuna contra la estupidez, o como mínimo una especie de Lysoform que acabe con el 99,9% de ella?

Una mente curiosa es un tesoro... bueno, a menos que sienta curiosidad por infligir torturas a otras personas.

Una vez soñé que estaba en peligro y me rescataba un hermoso poni blanco con alas. ¿¿Por qué carajo no pasan esas cosas en la vida real??


G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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