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20 de agosto de 2012

SOBRE MITOS LINDOS, FEOS O LOCOS

Hay gente que llega a creer cualquier chorrada, incluso aunque le pongan enfrente todas las pruebas de que no es cierta. Después están las cosas que nos gustaría creer, por convenientes, y cosas en las que es divertido creer porque hacen la existencia menos tediosa. En cualquier caso, les recomiendo hacer una búsqueda en Google para saber si tal o cual creencia es cierta o falsa, usando las palabras clave "hoax" (en inglés) o "mito". Digo, para evitar quedar como ignorantes ante los cerebritos :-P

Aquí va una lista de mis mitos favoritos, ya sea por lindos, feos o locos.

LAS CALORÍAS NEGATIVAS — Ay, sería estupendo que existiera algo así. ¿Alimentos que te hacen perder más calorías de las que ingieres, de modo que te ayudan a adelgazar? Me puse a investigar al respecto y lo siento, pero no existe tal cosa. Como máximo, hay algunos alimentos cuyo aporte calórico es muy, muy bajo, como los fideos shirataki (que son pura fibra), las fresas (¡sin crema doble!), los pepinos y la lechuga. Pero no tienen un aporte NEGATIVO de calorías. Sorry. (Masticar chicle sin azúcar no cuenta. Los movimientos mandibulares no queman suficientes calorías como para ayudarlo a uno a adelgazar.)

EL AGUA FRÍA OBLIGA AL CUERPO A QUEMAR CALORÍAS — Este mito se parece un poco al anterior, y tampoco es cierto. Bueno, en teoría es cierto, pero en la práctica uno tendría que ingerir tantos litros de agua fría que, en lugar de adelgazar, se moriría antes de hiperhidratación.

EL SEXO QUEMA MUCHAS CALORÍAS — Sí, quema calorías. Pero no tantas como la gente cree. Si quieren adelgazar, hagan dieta y no cancelen la membresía del gimnasio :-)

SUDAR ELIMINA TOXINAS — Pues no, lo siento :-( Sólo elimina agua y sales minerales. O sea, sudar sólo nos dejará deshidratados, pegajosos e hiponatrémicos. La buena noticia es que el hígado y los riñones, trabajando en equipo, cumplen muy bien la tarea de depurar nuestro organismo.

A LOS PERROS BUSCADORES DE DROGA LOS VUELVEN ADICTOS A ELLAS — ¡De ninguna manera! Éste es un mito espantoso que anda circulando por ahí, y yo trato de desmentirlo siempre que se da la ocasión. En serio, gente, NO HACE FALTA volver drogadicto a un perro para que busque drogas. Los perros son seres inteligentes y colaboradores con la capacidad de olfatear casi cualquier cosa que uno les enseñe, ya sean drogas, cadáveres, explosivos, criminales fugitivos, personas perdidas, otros animales e incluso trufas (aunque tengo entendido que, en materia de búsqueda de trufas, los campeones son los cerdos).

LOS CHINOS HACEN GATITOS BONSÁI METIÉNDOLOS EN FRASCOS — Me sorprende que alguien haya creído esto, porque es un disparate tan grande como la muralla china. A ver, gente, un poco de sentido común: ¿realmente creen que un gato podría sobrevivir más de unos pocos días metido en un frasco apretado? ¿Verdad que no? Los chinos hacen otras barbaridades con los animales, pero no ésta.

CARNE DE COSA Y POLLOS COSA — Sí, es malo comer comida hiperprocesada en los restaurantes McDonald's, pero la carne sigue saliendo de bovinos normales, no de lombrices ni de ningún otro bicho raro (comer lombrices no sería nada malo para la salud, por cierto; más bien lo contrario). Este bulo en particular lo escuché hace unos cuantos años; supuestamente la carne de las hamburguesas provenía de unas criaturas genéticamente modificadas y criadas en laboratorios, unas masas de carne sin cuernos ni pelaje, con las bocas conectadas a tubos de alimentación. El bulo de los pollos era para Kentucky Fried Chicken. Los "pollos cosa" eran similares a las vacas monstruosas, seres sin plumas y conectados a un tubo. Es una buena imagen para una película macabra de ciencia ficción, pero tampoco es cierta. Los criaderos intensivos de pollos son bastante horribles, sin embargo.

WALT DISNEY SE HIZO CONGELAR HASTA QUE ENCONTRARAN UNA CURA PARA SU ENFERMEDAD — Esto me lo hicieron creer a mí de chica, pero tengo entendido que sigue siendo una leyenda urbana popular. En fin, no es cierto. La criogenia está en pañales incluso en esta época, aunque hay una especie de sapo que es capaz de sobrevivir al invierno congelándose por completo. Si alguna vez encuentro uno, lo llamaré Walt :-)

HAY COCODRILOS EN LAS ALCANTARILLAS DE LOS EUA — Esto es una divertida leyenda urbana de los gringos. El cuento es que las personas adoptaban cocodrilos bebé para tenerlos de mascotas, pero se deshacían de ellos apenas se volvían demasiado grandes. En busca de agua, los bichos iban a parar a las alcantarillas. En fin, no hay cocodrilos en las alcantarillas de los EUA, pero en algunos Estados pueden llegar a meterse en las piscinas de la gente :-D La verdad, me gustaría tener una piscina con cocodrilo justo frente a mi casa. Podría espantar a los vendedores ambulantes, así como los fosos de los castillos medievales mantenían a raya a los invasores.

MEAR EN LA DUCHA ES ANTIHIGIÉNICO — No sé de dónde salió esta estupidez, la verdad. En todo caso, refleja una tremenda ignorancia en cuanto a la composición de la orina. ¿Saben qué es la orina? Agua + urea (un metabolito de la degradación de las proteínas) + otros metabolitos generalmente inocuos + electrolitos (por ejemplo, sodio y potasio). Nada de eso contamina el piso de la ducha ni daña la piel humana con un tiempo de exposición tan corto. De hecho, nuestra piel tiene bacterias de todo tipo, incluso algunas patógenas (no se preocupen, no atraviesan la piel sana), mientras que la orina de una persona sana NO contiene microorganismos. O sea, no es mala cosa orinar en la ducha, y de paso ahorramos un trozo de papel higiénico y una descarga de la cisterna del inodoro.

EL CHOCOLATE ENGORDA Y CAUSA ACNÉ — ¡Esto también es un mito! ¡ALELUYA! El chocolate NO causa problemas (bueno, salvo a los alérgicos, pobrecitos); más bien tiene antioxidantes y un montón de sustancias que lo hacen feliz a uno. ¡La culpa de este mito la tiene el azúcar! Coman chocolate amargo, gente; es satisfactorio, saludable y, en cantidades apropiadas, hasta puede ayudar a adelgazar. ¡Bendito sea el chocolate!

¿Algún mito que les haya llamado a ustedes la atención? Siéntanse libres de mencionarlo en un comentario. Mientras tanto, yo me iré a dar unas palmaditas en el lomo a todos esos cocodrilos de alcantarilla imaginarios.

Resulta que no existo. Snif, snif.

Ya, ya, pobrecito. Toma un pañuelo para tus lágrimas de cocodrilo.

G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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