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8 de agosto de 2012

LADY GAGA GISSEL

Voy a ser sincera: paso de la música de Lady Gaga. De hecho, paso de casi toda la música pop que se puede escuchar en estos momentos. SIN EMBARGO... ¡no se puede negar que Lady Gaga tiene estilo! Es por eso que, para esta entrada, decidí imitarla un poquitín y vestirme de formas raras, por más que en mi artículo anterior haya dejado bien clara mi posición con respecto a las apariencias.

Para empezar, y dado que me encantan el estilo gótico y los disfraces de Halloween, me inventé un look onda "novia de Frankenstein".

(Insertar música de Nox Arcana para darle
ambiente a mi nueva y fabulosa imagen.)

Decidí salir a la calle así vestida, y confirmé dos cosas: 1) en mi ciudad, el estilo gótico se mira con más recelo que una enfermedad desfigurante, como la lepra o la viruela; y 2) ¡qué difícil es caminar con plataformas! Después de unas cuantas torceduras de tobillo y algunas propuestas de matrimonio de tipos con actitud sospechosa, volví a casa y me puse hielo para bajar la hinchazón. (Guardé el vestido, sin embargo, para el próximo Halloween, aunque tal vez cambie las plataformas por mis típicas zapatillas Reebok de deporte... pintadas de violeta, para que hagan juego.)

A continuación, decidí crear un vestuario colorido y festivo, por si llego a viajar a Rio de Janeiro durante el carnaval :-D Y me puse esto:

Ventajas de este atuendo: era suavecito.
Desventajas: las plumas no paraban de hacerme cosquillas.

Lo sé, otra vez me puse zapatos inadecuados para caminar o bailar, pero bueno, recuerden que estaba imitando a Lady Gaga. (Uf. Es más fácil moverse con patines, se los aseguro. Incluso los de hielo.) Como sea, tuve que desplumar unos cuantos ñandúes para hacerme semejante atuendo. No quedaron muy felices, sin embargo, pero bueno, quizás dejen de guardarme rencor cuando haga más calor.

De nuevo, salí a la calle con este atuendo... y varias amas de casa me pidieron que las ayudara a quitar el polvo de los muebles. Creo que me confundieron con un plumero gigante :-P

Bue. Hasta ahora venía medio raro el experimento. Como último intento, recordé el vestido de carne que se hizo Lady Gaga para no recuerdo qué cosa. Como aquí el precio de la carne roja está por las nubes, me fui a la playa con una caña de pescar y conseguí algunos peces. O sea, me hice un vestido con pescados. Pescados FRESCOS, ¿eh?

Fue mala idea. Apenas salí a la calle, todos los gatos del barrio fueron tras de mí. Tuve que quitarme los pescados para poder escapar con vida. Y NO, no quedé desnuda. Llevaba pantaloncillos por debajo de mi extraña falda comestible :-)

¡¡AUXILIOOOOOOOO!!

Y con eso ya tuve suficiente de imitar a Lady Gaga. Volveré a mi típico look de cerebrito nerd. Causa menos complicaciones.

G. E.

4 comentarios:

  1. Jajajajaaaaaaaame parto de risa. QUé bueno!Verás como vea esto Gaga, te lo va a copiar!
    El primero es el que más me ha molado, pero el de los peces, genial. Pobres ñandues!

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    1. ¡Me alegra que te haya gustado! Que me copie la Lady Gaga si quiere. Total, el nombre ya lo sacó de Queen :-D En cuanto a los ñandúes... bah, así andarán más fresquitos...

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  2. Jaja menudas ocurrencias tienes, sin duda Nicola Formicceti necesita una creativa como tu para MuglerXD
    Muy buenas ideas, y vestimentas, y sobre o de la música de Gaga creemos que tienes razón, tiene algo especial!!!
    Un saludín, GoBri!!!

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    Respuestas
    1. ¡Gracias por el comentario! En realidad a mí me gusta más el metal sinfónico (onda Epica o Nightwish), pero me sorprende la habilidad que tiene Lady Gaga para llamar la atención del público. Besotes :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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