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23 de marzo de 2012

EL MONSTRUO DE LA ORTOGRAFÍA

Ya he dicho varias veces en este blog que soy algo bastante obsesivo-compulsiva. Y como mi segundo trabajo es escribir, es natural que parte de mi neurosis pase por ahí.

Se comprenderá, por lo tanto, ¡¡QUE DETESTE LA MALA ORTOGRAFÍA HASTA EL PUNTO DE QUE SI VEO DEMASIADAS FALTAS SEGUIDAS ME EMPIEZA A SALIR HUMO DE LAS OREJAAAASSSSSS!! ¡¡UUUUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!

[Gissel se pone como loca y rompe algunas cosas antes de calmarse lo suficiente como para volver a la computadora y seguir escribiendo.]

De verdad, ¿tan jodidamente espantosamente mal van los sistemas educativos que no podemos tener ciudadanos con una ortografía más o menos pasable? ¿Cómo es posible que existan personas capaces de confundir "a ver" con "haber", "hacia" con "Asia" y "ahí" con "ay"? ¿EN SERIO? ¿¿ACASO VIVO EN UN MUNDO LLENO DE GENTE ASÍ DE DESPISTADA?? Me asusta pensar que algún día tengan que hacerme una cirugía y los cirujanos/anestesistas responsables tengan una ortografía catastrófica. ¡Podrían llegar a confundir los órganos a operar o las dosis de anestésicos!

Bueno, quizás la cosa nunca llegue a tales extremos, pero aun así me causa un gran sufrimiento andar por la red y ver semejantes atropellos al idioma español, con la pobre excusa de que "igual se entiende". El problema es que... ¡¡al final acaba por no entenderse!! La ortografía de algunos es tan desastrosa que el mensaje resulta incomprensible, y haría falta un criptólogo para entender qué carajo quiso decir la persona en cuestión.

De verdad, gente, entérense: LA MALA ORTOGRAFÍA LES DA UNA PÉSIMA IMAGEN. En serio. Lo dicen los estudios científicos. De hecho, hasta es una razón por la que unos dejan de seguir a otros en Twitter (no es broma, lo descubrí una vez que le di un clic al hashtag #IUnfollowedYou). Casi nadie toma en serio a laz personas k eskriven komo si no uvieran aprovado la educasion primaria.

Además... recuerden siempre que esa ortografía aberrante me hace ENFADAR. ¡Y mucho! ¿Recuerdan cuando fui un monstruo en sueños? Imaginen algo parecido. Imaginen una cruza entre ese monstruo y la niñita amargada con los pelos por delante de la película La llamada. Algún día encontraré la forma de castigar a quienes destrozan el idioma español, ¡como una especie de maldición con mala leche que saldrá de las pantallas para dar cachiporrazos a diestra y siniestra!


Ya están advertidos.

¡MUAJAJAJAJAJAJAJA!

G. E.

4 comentarios:

  1. Jaja que bueno y que razón tienes. Espero no tener muchas faltas yo y que me vengas a matar a través de la pantalla del ordenador.
    Un besito infernal!

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    1. Tendrías que cometer faltas gravísimas de ortografía para que te diera un cachiporrazo, cariño :-) Y si acaso, te ayudaría a corregirlas primero. Gracias por el comentario y besotes para ti también.

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  2. Muy bueno. Supongo que hay gente que prefiere crear su propio idioma en vez de respetar el que ya tenemos ;)

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    1. Gracias :-D En realidad, hasta me atrevería a decir que mucha gente prácticamente desconoce el idioma que ya tenemos (ni se dan cuenta de lo mal que escriben). ¡Besotes! :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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