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13 de septiembre de 2011

LO QUE ME DIJERON LAS CARTAS

Una amiga de Facebook, Virginia, tiene una revista en Internet sobre temas variados (incluyendo cuestiones esotéricas, salud, literatura, sociedad y cosas así de interesantes).

Como soy una persona tan rara (he soñado que soy zombi, por ejemplo), Virginia me escribió para decirme: "Oye, vente para aquí en tu dragón que quiero hacerte una lectura del Tarot, a ver qué te dicen las cartas."

¿Que qué me dicen las cartas? Bueno... mi vena mística no suele pasar de hacer danzas de la lluvia o creer firmemente que los tréboles de cuatro hojas dan suerte, y la verdad es que ya me estaba imaginando a un naipe gigante hablándome con tono ominoso:

Conocerááás a un extraaaño aaalto y moreeeno.

Pero bueno, por probar no iba a perder nada, así que me fui volando en mi dragón hasta la casa de Virginia para la lectura del Tarot. Cuando llegué, esperaba ver a Virginia con el sombrero de bruja que suele usar en Facebook, pero en lugar de eso tenía un pañuelo en la cabeza y un plumero en la mano.

—Oh. Llegaste temprano —me dijo—. Aún no termino de limpiar.

—En realidad Donald no vuela tan rápido, pero se agarró a un avión de Iberia. Los pilotos se llevaron un susto...

—Bueno, pues tú siéntate por ahí que ya traigo las cartas...

Me senté. Aproveché para darle a Donald unos bocadillos de paloma asada con verduras, para que recuperara fuerzas (atravesar el Atlántico da hambre). Entonces regresó mi amiga Virginia, ya sin el pañuelo ni el plumero y con las cartas en la mano. Encendió unas velas. Le pregunté si eran para atraer buenos espíritus, y ella me respondió, riéndose:

—No, qué va. Es que no veo nada: se me acaba de fundir una lamparita. —Estúpidas lamparitas de mala calidad hechas en China.

Una vez dispuestas las cartas... me preocupó ver a Virginia fruncir el ceño.

—No me digas —exclamé a fin de aligerar la tensión—: ¡conoceré a un extraño alto y moreno! ¿Se parecerá a Henry Cavill? ¿Le gustarán las mujeres intelectuales como yo? ¡Cuenta, cuenta!

Virginia me tiró la caja de las cartas por la cabeza para callarme y luego dijo:

—Bueno... a ver, por aquí tienes la carta del Enamorado, pero más que conocer a alguien nuevo, creo que vas a reencontrarte con un viejo amor.

—Uf, pues espero que no sea mi ex novio, porque no sólo ya no lo quiero, sino que todavía le debo un muy merecido puñetazo en la nariz. ¿O tal vez debería decirle a Donald que le eche fuego? Aún no lo decido. Mmmm, ¡sería divertido verlo escapar de mi dragón con el trasero en llamas!

Virginia me arrojó unas flores a la cara.

—No me distraigas —dijo—. Antes del viejo amor, sin embargo, van a pasar más cosas. ¿Ves estas cartas? —Me señaló tres naipes, uno con una estrella, otro con una torre y otro con un carro—. Te esperan problemas. Bastantes problemas, ¡y hasta es posible que veas sangre en algún momento!

Virginia sacudió las manos en un gesto intimidatorio y yo me encogí en la silla. Después me di cuenta de que sólo estaba espantando una mosca. Ella continuó:

—Encima, veo que alguien te está echando malas vibraciones. Probablemente sea una persona que te envidia mucho.

—Bue, hay tantas personas que me envidian por tener un dragón... Pero ¿estás segura de que no conoceré a un extraño alto y moreno parecido a Henry Cavill?

Mi amiga se levantó del asiento, agarró el almohadón de su silla y me pegó con él. Salieron volando algunas plumitas blancas.

—De acuerdo, buscaré yo misma al extraño alto y moreno —resoplé—. ¿Algo más?

—Son cincuenta euros por la lectura. —Mi dragón gruñó desde la ventana, echando humo por la nariz—. ¡Ja ja ja! No, era broma. Aunque... podrías prestarme a ese dinosaurio tuyo para arreglar cierto asuntillo que no viene a cuento.

—Bueno, se vale. Mi dinosaurio es muy cooperador. Y te puedo cocinar unos bollitos de limón también. Me quedan de rechupete. —No es broma. De verdad me quedan deliciosos. Pondré la receta por aquí en algún momento.

—Eh... tengo que terminar de quitar el polvo de los muebles. Hasta la próxima —dijo Virginia desde debajo de la mesa, mirando a Donald con cara de pánico (mi dragón intimida bastante cuando se pone en plan mafioso; tal vez debería usarlo para cobrar antiguas deudas).

—Gracias por la lectura. Nos vemos —respondí, y Donald y yo regresamos volando a casa.

Claro que... bien, digamos que el viaje de regreso fue un poquitín accidentado. Chocamos contra varias bandadas de aves migratorias, un Boeing 747 que venía en la dirección contraria, y un OVNI (parecía un platillo volador, pero no lo vi bien porque mis gafas de aviador todavía tenían plumas de gaviota pegadas). Encima, el aterrizaje fue un desastre porque justo había tormenta, y Donald resbaló en las calles mojadas. Un día torpe para él, sin duda. Sin embargo, los accidentes no terminaron ahí: mi almuerzo se quemó porque me distraje cinco veinte minutos jugando a Angry Birds, luego se me enredó un peine en mi frondosa cabellera, y por último me golpeé la cabeza contra la parte inferior de una mesa tras recoger un lápiz que se me había caído (justamente cuando estaba haciendo el dibujito para este blog). Al parecer, yo también tenía un día torpe, a menos... ¡a menos que las cartas tuvieran la razón!

Ahí empecé a preocuparme en serio. ¡Virginia había dicho que quizás vería sangre! ¿Qué cosa horriblemente espantosa y cruenta tendría que suceder para que se cumpliera esa predicción? ¿Acaso me serrucharía algunos dedos por accidente? ¿Sufriría una decapitación por parte de un samurái enfurecido? Decidí alejarme de todos los objetos afilados en lo que restara de la semana, por las dudas, y salí al jardín a recolectar algunos limones para hacer limoncello.

Entonces vi a la vieja miserable de al lado, poniendo su típica cara agria. ¡Con lo que le molesta a ella que mi jardín esté tan salvaje y frondoso! Mmmm... ¡me di cuenta entonces de que ELLA era quien me estaba mandando malas vibraciones! Claro que no necesitaba que las cartas me dijeran tal cosa. Esa vieja idiota ha estado en mi contra desde que le grité, hace muchos años, que dejara de pedirle favores gratis a mi padre (en serio, que es una egoísta y aprovechada; nadie en el barrio la quiere ya).

Le arrojé un limón por la cabeza. Menos mal que rebotó de vuelta hacia mí, porque esa tacaña ni siquiera se merece un limón de mi parte :-P La vieja desapareció como un oso (muy feo y antipático) que se mete en su cueva.

Al entrar a mi casa... pisé a mi gato, que como de costumbre estaba en medio del pasillo. El muy sinvergüenza me pegó un arañazo en el tobillo, ¡haciéndome sangrar! Uh, oh, ¡ahí estaba la siguiente predicción! Bue, al menos no fue una decapitación producida por una katana. Con lo difícil que es limpiar la sangre de las paredes. (No pregunten.)

Algo desanimada, abrí un armario buscando algo que comer... ¡y encontré una tableta de chocolate que había olvidado detrás del paquete de lentejas! Al diablo con mi ex novio, ¡ése era mi viejo amor! ¡Bendito chocolate! Me senté a comerme la tableta con una expresión de boba felicidad en el rostro :-)

De cualquier manera, la próxima vez no dejaré que nadie me lea las cartas... a menos que me asegure, desde el principio, que conoceré al extraño alto y moreno parecido a Henry Cavill.

G. E.

4 comentarios:

  1. Brillante, chisposo, y muy gracioso. Nos ha encantado tu imaginación impregnada en cada palabra de esta entrada. Sinceramente maravilloso toto tu mundo, tus procesos creativos son desternillantes y más aún cuando los escribes.
    Un saludín, GoBri!!!
    Pd: en el mundo de la imaginación y de los sueños no se pide algo parecido a henry cavill sino al mismo henry jaja, para soñar hagamoslo bien!!!

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    1. ¡Gracias por los elogios! Bueno... si pidiera al Henry Cavill real, ya no sería un EXTRAÑO alto y moreno ¿verdad? :-D Más bien sería un actor famoso alto y moreno. (Sí, soy así de quisquillosa. Je je.)

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  2. Yo también quiero conocer a Henry Cavill! Tenemos gustos parecidos, ¿ves? jajaa esto ha sido una locura de entrada. Moooooola! Tienes q estar encantada con Donald, es un pedazo de pan (contigo)jeje

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    1. Bue, ¿quién no querría conocer a Henry Cavill, aunque sea para pedirle un autógrafo? ¡Va a ser el próximo Superman! :-D Y sí, Donald es un encanto (conmigo). Gracias por el comentario, y besotes.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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