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19 de septiembre de 2011

CÓMO ALEGRAR AL VETERINARIO

Hace un tiempo escribí un artículo enumerando las maneras más efectivas de enojar al veterinario. Pero como no me gusta ser negativa, hoy voy a hacer lo contrario: mencionaré las cosas que los clientes pueden hacer para mantener contento al veterinario de sus respectivas mascotas. Y créanme, no es por egoísmo; un veterinario feliz... casi siempre es el reflejo de unos animalitos-pacientes bien cuidados.

PIDA ASESORAMIENTO ANTES
DE ADOPTAR UNA MASCOTA

Como en todo, hay que empezar por el principio. ¿Quiere tener un perro/gato/pájaro/reptil? No problem! Pero antes deberá responder algunas preguntas, como cuál es el tamaño de su casa/apartamento, de cuánto tiempo dispone para dedicarle a la mascota, y, aunque parezca indiscreto, tampoco sería mala idea que dijera qué presupuesto planea dedicar al animal elegido.

¿Le gustan los perros grandes? ¿Ha pensado que necesitan espacio y comida de buena calidad? ¿HA PENSADO EN SI USTED ESTÁ REALMENTE CAPACITADO PARA DOMINAR A UN PERRO MÁS GRANDE Y FUERTE QUE USTED? Por ejemplo, los rottweilers son unos perros estupendos... cuando están bien entrenados por un dueño con carácter de macho/hembra alfa. Si usted suele acobardarse fácilmente cuando un bicho le muestra los dientes... mejor no se consiga nada más grande que un gato o más agresivo que un conejo :-)

SIGA TODAS LAS RECOMENDACIONES

Una vez que tenga a la mascota más apropiada para su personalidad/fuerza física/vivienda/presupuesto, sería estupendo que siguiera prestando atención a lo que le diga el veterinario. No le insistirá sobre las vacunas y las desparasitaciones con el fin de cobrarle más; le insistirá sobre esas cosas porque los microbios y los parásitos tienen la mala costumbre de residir en los pobres animales. Y créame: le saldrá más barata una vacuna contra el parvovirus que curar al perro cuando empiece con una espantosa diarrea sanguinolenta (ni hablemos del costo en la desinfección de los pisos y alfombras). También le saldrá más barato desparasitar a dicho perro que lidiar con las infecciones en sus hijos. Ah, ¿no lo sabía? ¡Algunos de esos parásitos se contagian a las personas! (Lo sé, es asqueroso. Odio a los parásitos.)

ESTÉ PENDIENTE DE SU MASCOTA

Bueno, no se trata de que llame a urgencias cada vez que su adorado animalito estornude, pero es importante que lo observe bien. Hay buenas razones para ello: los tumores del tamaño de un garbanzo son más fáciles de extraer que los del tamaño de una pelota de tenis; la supervivencia a las enfermedades infecciosas aumenta cuanto más temprano se las atienda; y las fracturas se arreglan mejor si se colocan los huesos en su sitio lo antes posible. Por mencionar algunos ejemplos. No sea que su mascota termine tan mal como este pobre perrito con dolor de dientes porque nadie le prestó atención durante quién sabe cuánto tiempo.

¡QUIERA MUCHO A SU MASCOTA!

Pues eso. Cuide a su mascota y quiérala como si fuera un hijo. Y no es que una mascota sea un hijo (no le pedirá que le compre un auto, desde luego), pero sí es un miembro de la familia y merece atención. Eso implica hacerle mimos, ejercitarla para que se mantenga en forma, cepillarle el pelo con la frecuencia necesaria y darle un baño según haga falta.

Y... EJEM... PAGUE LAS CUENTAS

Lo sé, ésta es la parte desagradable, pero vivimos en un sistema capitalista. Un consultorio veterinario no se mantiene a fuerza de buena voluntad, y el veterinario de su mascota también tiene que comer y pagar sus cuentas :-) (Nota: la comida para mascotas que se vende en los consultorios NO es una opción alimenticia para los veterinarios. No me pregunten cómo lo sé.)

Si usted sigue estas simples indicaciones, y de paso evita enojar al veterinario, seguramente se establecerá una relación cliente-mascota-veterinario sana y feliz :-)

¡Todos contentos! ¡Yay!

G. E.

8 comentarios:

  1. Holaaaaaaaa... ya tienes mi voto en MIS SUEÑOS, por supuesto, ya que también soy super soñadora.

    Esta entrada está genial, tengo a "KIMBA" mi Princesa Gatuna y a sus cuatro minigatunos.

    Todos... una linda familia felina, aunque mi esposo ya me quiera votar con todo y gatos. Jijijiji.

    Te dejo muchos cariños y gracias por alegrarnos el corazón con la magia de tus historias.

    Aprovecho para invitarte a votar por mi blog, participo en las categorías PERSONAL y CULTURAL de los PREMIOS BITACORAS, talvés te animes a pasar por ahí.

    Disculpa que te lo pida por aquí... cualquier duda y si no es mucha molestia, me dices.

    www.nurinotas.com

    Besotes!!!

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    1. ¡Gracias por el comentario! Uy, ¡sí que tienes muchos gatos! Me imagino que se creen los amos de la casa... :-D Me pasaré por tu blog y a votar en el concurso. ¡Suerte!

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  2. Qué linda! gracias por tu apoyo.
    Besotes y volveré pronto!
    Saluditos de "KIMBA" también, ya verás sus travesuras en mi blog.

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  3. Muy chula la entrada. Divertida y directa jaja. Hacer la pelota siempre vale. Yo tengo un perrito que saqué de la perrera de Almería (tenía 2 años y lo iban a sacrificar) Ya lleva 4 años conmigo y lo adoro, lo quiero, es mi niño, "mi cacho carne con pelos"(le digo cariñosamente)Lo cuido lo mejor que puedo, soy algo descuidado pero nunca le falta su atención y el siempre está conmigo apoyándome pase lo que pase.
    Si te apetece leer, tengo una historia sin acabar que me gustaría saber tu opinión. Iba a constar de tan solo dos capítulos...y va por el 9º. Se llama REPLICANTE
    http://wp.me/p23imP-5

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! Pues mi gato (que levanté de la calle) es más bien ese bicho tonto que siempre se pone en medio del camino, haciéndome tropezar, pero yo lo quiero igual :-D Me voy a leer tu historia...

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    2. En el sidebar, dentro de categorías puedes pinchar en la historia y solo ver los posts de la misma. Bajas al final y así empiezas desde el principio sin tener q ir buscándolas. Qué feliz me haces con tn solo visitarme!

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    3. Me he fijado en eso. Gracias. Comentaré algo cuando la termine. El primer capítulo pinta bien :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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