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2 de octubre de 2018

¡ESTÚPIDO WINDOWS 10 CHUPADATOS!

Existe un dicho popular que me encanta: "Si no está roto, no lo arregles."

Me pregunto si los programadores de Microsoft lo habrán escuchado alguna vez. Pero si lo escucharon... ¡es evidente que no les da la puñetera gana de hacerle caso!

Antes de que me pregunten a cuál inconveniente técnico de Windows me estoy refiriendo (porque suele haber muchos), empezaré diciendo que acabo de cambiar la PC. No tuve más remedio: la pobre ya estaba muy viejita y el disco duro se estaba bloqueando a menudo, ya fuera al encender la computadora o en medio de alguna tarea. Encima, el sistema operativo y varios componentes del
hardware estaban obsoletos. En fin, no me puedo quejar. La PC aguantó bastante y no me dio ningún problema durante tantos años de uso.

Por lo que estoy viendo, Windows 10 tiene algunas cosas mejores y otras peores que los sistemas operativos anteriores. En serio, no entiendo cuál era la necesidad de cambiar todo de lugar, y esconder funciones esenciales de tal manera que ahora me toma varios clics más hacer exactamente las mismas tareas. Qué ganas de romper las pelot...

En fin, decidí tomarme la cosa con calma... hasta que descubrí, de la peor manera, la mayor desventaja de Windows 10: ¡¡LAS %#$ARGH!$%#CARAJ$%! ACTUALIZACIONES FORZADAS Y VAMPIRESCAS DEL SISTEMA OPERATIVO!!

Ya había asumido que tendría que actualizar la computadora nueva. Incluso me resigné a que se chupara casi todo lo que restaba de mi plan de datos hasta fin de mes. Sin embargo, una vez actualizado el sistema operativo, había un proceso de Windows 10 que no dejaba de bajar megabytes apenas volvía a conectarme a Internet (aun a pesar de que encontré la manera de deshabilitar el servicio Windows Update). Este proceso terminó por comerse los últimos gigabytes de mi plan... y otros cuatro gigabytes adicionales (los cuales, al estar por fuera de mi plan de datos, me costaron más del doble que los gigabytes de mi plan de datos).

A estas alturas comenzaba a sentirme así con respecto a Windows 10:

¡¡MUERE, WINDOWS 10, MUEREEEEEEEEEEE!!

Encendí mi agonizante computadora vieja a fin de averiguar qué cuernos estaba pasando. Vamos, que entiendo la necesidad de mantener actualizado el sistema operativo, pero esto ya era DEMASIADO.

Me enteré así de que no era la única persona que estaba teniendo este problema... y de que no era fácil de solucionar.

Primera maniobra que no me sirvió: establecer mi conexión como limitada. El botoncito para hacer eso simplemente no figura en mi versión de Windows.

Segunda maniobra que no me sirvió: deshabilitar cualquier otra cosa relacionada a la actualización de Windows, incluyendo el orquestador de actualizaciones, el servicio de transferencia inteligente en segundo plano (BITS) y el servicio facilitador de actualizaciones de Windows 10.

Y entonces... ¡por fin encontré una solución para el problema! Estaba en una de las respuestas en Quora. (Amo Quora. Es como un paraíso donde los cerebritos podemos contestar dudas de la gente y esa gente ESCUCHA. También es un paraíso donde los cerebritos podemos aprender cosas de otros cerebritos.)

Nombre de la solución: NETLIMITER 4 PRO.

¿Qué hace este programita? Pues resulta que detecta cuáles aplicaciones están conectadas a Internet, muestra su consumo de datos y permite limitar dicho consumo de datos o incluso bloquearlo.


¡Santo remedio! Busqué en la lista el proceso de Windows que estaba chupando datos a lo loco, establecí una regla para bloquearlo y fue como ponerle una pinza hemostática a una hemorragia arterial.

El programa no es gratuito pero tampoco es caro, ¡y definitivamente vale cada dólar, por el ahorro que representa! Vamos, que no me molesta actualizar Windows 10 cada tanto, ¡pero no voy a permitir que Microsoft me robe los gigabytes que necesito para trabajar, entrar a mis redes sociales y ver algún vídeo en YouTube de vez en cuando!

¡Que te den, Microsoft! [Insertar gesto poco apropiado para una dama.]

G. E.

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6 comentarios:

  1. Te doy toda la razón, para que modificar lo que anda bien. Y sobre todo por algo molesto. Es algo que blogger también insiste en desconocer.

    Un abrazo.

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    1. ¡Ja ja! Buen punto lo de Blogger también. Y sumo Facebook. Gracias por la visita y el comentario :-)

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  2. Vaya con las "ventanas 10"...habrá que ir cerrando algunas para que no roben.

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    1. Pues para eso instalé NetLimiter. Por lo que Windows 10 me chupó de datos fuera de mi plan, tendré que pagar un sobrecargo de 25 euros este mes, cuando llegue la cuenta del teléfono. ¡¡VAYA ROBO!! Gracias por el comentario :-)

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  3. Hola Gissel!
    Pues yo uso windows 10 pero claro yo no tengo plan de datos, mi tarifa no se paga según consumo sino que yo digo la velocidad simplemente, es decir puedo poner que solo tenga 10 gigas, 30,50 no me llega más que eso pero obviamente no tengo limites.
    Así que supongo que por eso ese problema no me molesta porque el problema va para mi distribuidos porque supongo que aunque yo chupe mucho sera el gasto para ellos yo sigo pagando la misma cuota todos los meses 30,58 a no ser que mis padres llamen sin querer a un teléfono no gratuito, que me lo hacen a veces, y puede tal vez subir a 31,60 o así vamos a lo que tarden en colgar.
    Mil besos pero es algo bastante interesante e instructivo.
    besis.

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    1. Gracias por la visita y el comentario. Sí, es evidente que esto no va a molestar a quienes tengan una tarifa plana sin límite de datos, pero para quienes tenemos un límite de datos... es MORTAL :-D ¡Saludos!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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