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25 de octubre de 2018

DE WINDOWS 10 A LINUX MINT

Como puse al final de mi artículo sobre los problemas que tuve con Windows 10 (específicamente, con su estúpida manía de descargar actualizaciones y otros paquetes de datos sin mi consentimiento o previo aviso), decidí borrar por completo ese sistema operativo de mi computadora nueva y pasarme a Linux. Ahora bien, ¿cómo fue el proceso? Lo pondré aquí por si alguien más está interesado en hacer lo mismo, por las razones que sea.

PRIMER PASO: PREGUNTAR A GENTE QUE YA USA LINUX

Es que las redes sociales sirven para más cosas que comentar Juego de tronos y compartir fotos de gatitos :-) Buscando en Google me enteré de que Linux tiene una enorme cantidad de versiones, o sea, "distribuciones" o "distros", así que me fui derechita a Facebook a preguntar cuál me convenía instalar a fin de hacer la transición lo menos traumática engorrosa posible. Si había algo de lo que NO tenía ganas era de pasar demasiado tiempo aprendiendo a hacer tareas básicas de manera radicalmente distinta.

En fin, dos de mis muy amables y considerados amigos me recomendaron instalar Ubuntu o Linux Mint. Antes de todo este rollo yo ya sabía que se podía grabar cualquier distro de Linux en un pendrive y cargarla en una computadora sin instalar nada (pasando temporalmente por encima de Windows), así que busqué la página web de Linux Mint (https://linuxmint.com/download.php) y elegí la distro correspondiente para mi sistema de 64 bits.

SEGUNDO PASO: ¡LEER EL MANUAL DE INSTRUCCIONES!

Bien, la cosa no era tan fácil como grabar el sistema operativo en un pendrive y ya. Había todo un procedimiento a seguir:

1) Descargar la distro (directamente o por BitTorrent).
2) Asegurarse de que la distro se descargó sin errores.
3) Usar un programita gratuito (Etcher Portable) para grabar el archivo ISO como una imagen en el pendrive.

En caso de descargar la distro directamente, conviene hacerlo con un administrador de descargas para evitar que el archivo se dañe en caso de interrupciones. Mi conexión a Internet es de fibra óptica, bastante rápida, y aun así la descarga se me cortó a los dos tercios. Tuve la suerte de que Firefox la retomara sin problemas, pero si hay una próxima vez, definitivamente instalaré primero un administrador de descargas. Bajé la distro desde un servidor ubicado en una universidad de Brasil.

El paso dos fue un poquitín más complicado, puesto que la explicación del manual no era muy detallada (al menos para mí, una completa novata en el tema). Para verificar la integridad del archivo ISO había que comparar su file checksum (traducción aproximada: suma de verificación de archivo) con la de un registro en un archivo de texto descargable desde el mismo servidor del que se obtuvo el archivo ISO. Este registro consistía en una extraña línea de código con letras y números. ¿Qué qué qué?

Bien, googleando un poco más, encontré un servicio en línea que sirve para tal propósito: http://onlinemd5.com/. Uno le señala el archivo ISO que debe analizar, el sitio hace su trabajo, y a los pocos minutos larga el código que corresponde al tamaño del archivo analizado. Entonces, en una casilla más abajo, uno pega el código del archivo de texto bajado del servidor y pide que se haga la comparación (si la descarga salió bien, ambos códigos ya se verán idénticos a primera vista, pero bueno, tiene que aparecer el simbolito de aprobación).


¡Mi descarga había salido bien a pesar de la interrupción!

Grabar el archivo ISO como imagen en un pendrive fue más fácil: bajé el programita, lo abrí (no necesita instalación) y le pedí que efectuara dicha tarea. Segundos después ya tenía Linux Mint en el pendrive, listo para ser usado :-)

TERCER PASO: PROBAR EL SISTEMA OPERATIVO SIN INSTALARLO

Esto requería ir al panel de control de Windows 10, buscar la opción RESTAURAR SISTEMA y pedirle que reiniciara la PC desde la unidad USB. Facilito.

Y así fue como entré a Linux Mint (Cinnamon).


El escritorio no era muy diferente al de Windows 10: barra de tareas (Panel) con un botón similar al de Inicio (Menú), el icono de la PC (Equipo) y el icono de la carpeta para archivos propios, similar a Mis documentos (Carpeta personal). Al ser una prueba, por el momento todo estaba en inglés, pero yo me manejo súper bien con el inglés, así que no problem.

Como nada de lo que hiciera iba a ser permanente, estuve toqueteando cosas aquí y allá, viendo si funcionaba todo mi hardware (impresora, tableta de dibujo, tarjeta de sonido, grabadora de DVD y etc.). No hubo conflictos por ninguna parte. Conectar a Internet fue un poquito más complicado (tuve que eliminar la conexión de red local para que funcionara la de ADSL, ya que ambas usan el mismo puerto), pero también lo conseguí.

Dado que había leído el manual de instrucciones (lo sé, soy una persona rara que acostumbra leer los manuales), ya me había familiarizado un poquito con dos particularidades de Linux:

1) el gestor de software
2) la terminal

El gestor de software es una herramienta de administración. Uno hace clic en el botoncito en el Menú y aparece una pantalla que da acceso a todos los programas gratuitos disponibles para Linux Mint, incluyendo estos que yo ya usaba en Windows 10: Firefox, Thunderbird, Calibre, Inkscape, Krita, GIMP y MyPaint. Para instalar cualquier programa desde el gestor de software basta con seleccionarlo y oprimir el botón Instalar. Se pueden buscar los programas por categorías o por nombre. Súper fácil y directo.


Lo de la terminal es un poquito más enrollado. Consiste en una ventana estilo DOS en la que uno escribe comandos directamente. Para quienes no sepan qué carajo es DOS, bueno, se parece un poco a las ventanas con fondo negro que usan los hackers en las series de TV. No hace falta escribir todo a mano, se pueden copiar y pegar los comandos. Volveré a eso en un rato.

En fin, tras un par de días de pruebas ya estaba bastante conforme con el sistema operativo como para instalarlo definitivamente, así que pasé al...

CUARTO PASO: INSTALACIÓN

Tenía dos opciones: instalar Linux Mint como sistema operativo único, borrando Windows 10 y todo lo demás en el disco duro (yo ya había hecho copias de seguridad en mi disco duro portátil), o instalar Linux Mint junto con Windows 10 a fin de alternar sistemas operativos. Lo segundo tiene una razón de ser: hay programas diseñados exclusivamente para Windows que NO funcionan bien con Linux, sobre todo los juegos. Hay otros programas para Windows (como Photoshop) que sí se pueden hacer funcionar en Linux mediante un software llamado Wine. No, no tiene nada que ver con el vino, es un acrónimo :-D

De hecho, yo usaba/uso dos programas que no tienen un buen equivalente en Linux: Ultra Fractal y PhotoScape. El primero sirve para crear fractales, el segundo me sirve para diseñar portadas y crear GIFs animados (podía prescindir de la primera función gracias a Inkscape, pero no de la segunda). La página web de Wine tiene una base de datos donde figuran todos los programas que han sido probados dentro de Linux (https://appdb.winehq.org/), y los míos estaban ahí con buena calificación (si pone Platinum o Gold, es que marchan bien; por debajo de eso funcionan con problemas, funcionan mal o no funcionan en absoluto).

Podía despedirme sin problemas de MS Office. Linux Mint viene con LibreOffice precargado, y por lo que había estado mirando, no echaría de menos casi ninguna función. Encima, justo el antivirus que había instalado en Windows 10 era el que mejores resultados ha dado en Linux (ESET NOD32), y yo ya tenía la licencia pagada hasta diciembre de 2019. ¡Yay!

Entré a Linux Mint una última vez como invitada, conecté a Internet y le di el visto bueno a la instalación como sistema operativo único, borrando todo el disco duro (¡adiós, Windows 10!). El proceso fue sencillo: tuve que configurar algunas cosas como el idioma, el teclado y la región geográfica, establecer una contraseña para el sistema (Linux Mint es bastante estricto con la seguridad), y esperar un ratito a que el instalador hiciera su trabajo. Por último, reinicié la computadora.

QUINTO PASO: PERSONALIZAR EL SISTEMA OPERATIVO Y MUDAR MIS ARCHIVOS

Me alegró encontrar en Linux Mint unas cuantas opciones de personalización que ya no estaban presentes en Windows 10 (no sé por qué las quitaron, eran necesarias). Sobre todo ésta: ¡poder cambiar el tamaño de la letra en las ventanas! Es que, en serio, mi vista es buena, pero si las pantallas van a ser cada vez más grandes, lo cual demanda sentarse a cierta distancia de ellas, más vale tener la opción de agrandar la letra. ¡Ni ganas que tengo de inclinarme hacia la pantalla o usar un telescopio para leer letras diminutas!

Encima, no había tantas ventanas con fondo blanco. El fondo blanco es como mirar al sol. Cansa horrores después de varias horas de trabajo, por muchos descansos que una se tome (conste que para los sitios de Internet donde el fondo blanco es inevitable, como Facebook, me pongo unas gafas ligeramente ahumadas). Las pantallas de LibreOffice Writer y el editor de texto simple se pueden configurar para que tengan fondo gris, además.

Bien, después de personalizar el sistema operativo, mi escritorio se ve así:


Instalé una aplicación llamada Variety que cambia el fondo de pantalla cada pocos minutos, así no me aburro :-D Se pueden elegir carpetas locales y/o pedir a la aplicación que baje fondos desde sitios diversos, incluyendo la NASA y Unsplash.

SEXTO PASO: INSTALAR LOS PROGRAMAS FALTANTES

Linux Mint ya instala de buenas a primeras un conjunto de programas, incluyendo LibreOffice, GIMP, Thunderbird y Firefox, pero me hacían falta algunos más, de modo que poco a poco los he ido instalando con el gestor de software o desde sus respectivas páginas web. La instalación de programas fuera del gestor de software puede funcionar como en Windows, en el sentido que sólo hacen falta unos pocos clics después de descargar un archivo, pero otros requieren un poquito más de trabajo o el uso de la terminal. No he tenido problemas, sin embargo, dado que uno puede mirar en los foros y por algún lado se encuentran las instrucciones. Basta con copiar las líneas de comando correspondientes, pegarlas en la ventana de la terminal y presionar Intro. Es posible que la terminal demande la contraseña que uno estableció durante la instalación; en tal caso, hay que escribirla y presionar Intro una vez más (la contraseña no aparece en la pantalla, ni siquiera como asteriscos, pero funciona).

Ahora mismo estoy usando un programa que, de hecho, funciona solamente desde la terminal: el medidor de tráfico de Internet (dado que tengo un plan con tráfico limitado y me sale caro pasarme). Entro a la terminal, escribo "vnstat", y de pronto aparecen un montón de números que me indican el consumo de datos del mes y el día. Ya me he acostumbrado a eso.

El antivirus tuve que reinstalarlo de nuevo desde su archivo de instalación para Linux, con extensión LINUX en lugar de EXE, pero el proceso no fue muy diferente a lo que se hace en Windows (clics y más clics, y por último ingresar mi clave de licencia). Para los programas que funcionan con Wine, hay que hacer clic con el botón secundario sobre el archivo EXE y luego clic en Abrir con / Wine Cargador de programas de Windows. De nuevo, clics y más clics.

El administrador de actualizaciones funciona como funcionaban las actualizaciones antes de Windows 10: muestra las actualizaciones nuevas (junto con su tamaño y descripción) y da la opción de descargarlas cuando uno quiera o no descargarlas en absoluto. Como este sistema al parecer no da ningún problema, hasta ahora he aceptado todas actualizaciones menos la de una función que no uso y que, según la descripción, podía ser algo riesgosa en caso de tener bugs.

CONCLUSIÓN

Hasta ahora todo va bien, y ya no tengo que preocuparme por lo que Windows 10 haga o no haga a mis espaldas en cuanto a actualizaciones forzadas o descargas de datos a lo bestia (y sin ningún propósito aparente, además). Las amenazas de seguridad serán menos que antes, hay programas compatibles con Linux para todas las tareas que hago en la PC, y ya he entendido cómo funciona el sistema operativo (para mi condición de usuaria promedio). Lo mejor es saber que tampoco tendré que preocuparme en el futuro por cualquier otra burrada que a Microsoft se le ocurra hacer con Windows.

¡¡ME SIENTO LIBREEEEEEEEEEEE!! :-D

En caso de que ustedes también se harten de Windows y no puedan pagar una Mac, sepan que Linux es una buena alternativa en este momento, y no cuesta tanto hacer la transición. Y en cuanto al precio... ¡no cuesta NADA!

G. E.

PD: Que te den otra vez, Microsoft.

PPD: El sistema operativo y los programas que funcionan en Linux son gratuitos, pero sus creadores agradecen la donaciones. O sea, ¡compren mis libros para que yo pueda a mi vez colaborar con toda esa gente! :-D (también me gusta donar a Wikipedia y los refugios de animales).

¿Buscas más entretenimiento? Haz clic AQUÍ para echar un vistazo a mis libros. ¡Cada compra me permite seguir escribiendo! ¡Gracias!

4 comentarios:

  1. Hola Guissel!
    Yo podría haberte dicho lo de linux lo que pasa es que como no soy informática pero tengo una amiga que si y fue el que me recomendó...pero no le hice caso XD.
    Pues yo entiendo todo lo que me estas contando porque ya te digo tengo una amiga que me ayuda mucho con esas cosas y yo siempre voy preguntándole. Pero estoy segura que lo de grabar el disco yo no hubiera podido llegar a ese paso.
    Aunque llegando y pasando ese paso me hubiera enganchado otra vez en el DOS porque si aunque en mi época de administración en mi grado lo estudie lo tengo muy básico y encima lo estudie hará unos 10 años..
    Si yo hace mucho tiempo que ya uso libreoffice desde que me lo pusieron en el ultima trabajo ya lo uso hasta en casa.
    Mi madre también echa de menos lo de las letras en las ventanas ...
    El mio cada día me abre con un fondo diferente XD pero en el fondo mio del escritorio no me atrevo XD mejor pongo a mi Dean.
    Ya aquí en España gracias que no hay limites tu pagas un dinero y te dan ilimitado...ya ni hay que estar mirando la hora como cuando empezamos con net.
    Jjejeje me alegro que ya seas libre.La verdad yo no sería capaz de hacer eso que has hecho tu acabaría en casa de mi amiga y si ella no puede en una tienda de informática. XD
    Eres una artista.
    besis.

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    1. Hola, guapa. Gracias por el comentario :-) Mira, yo tampoco soy informática, simplemente he aprendido cosas por mi cuenta (aunque a menudo la información está en inglés, no en español). Aquí también tenemos tarifa plana de Internet, pero como tengo TV por cable, no me da para pagar la dos cosas, así que mi plan de Internet es chico y tengo sí o sí que controlar el tráfico. De todos modos, aunque tuviera tarifa plana, seguiría sin gustarme la posibilidad de que una mala actualización de Windows me descalabrara algo en la PC, como les ha pasado a muchos. En fin, si necesitas ayuda con algo, me avisas. ¡Besis!

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  2. Parece bastante complejo. Pero es toda una satisfaccion deshacerse de algo molesto.asi que te felicito. Besos.

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    1. Parece complejo pero en realidad es bastante fácil, si uno tiene práctica instalando cosas. Gracias por el comentario, y besos para ti también :-)

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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